G. Munis: «Tras la derrota, ¿por dónde comenzar?»

El catastrófico fracaso de la política de Frente Popular en España deberá ser en el futuro inmediato objeto de minucioso estudio y discusiones prolongadas por parte de la vanguardia revolucionaria internacional, en primer término de la española. Salvo la revolución rusa, la española es el acontecimiento del siglo que mejores experiencias suministra al proletariado internacional; y en un sentido inverso a aquella, es decir, como experiencia negativa, su valor didáctico no es menor. De fracaso en fracaso, bajo la égida perversa del stalinismo, la revolución española es como un refrendo tácito de los principios bolcheviques que condujeron al Poder al proletariado ruso y la condenación más estentórea de la casta burocrática que hoy lo usurpa.

Esto es evidente, lo han sentido y vivido hasta adquirir plena evidencia los trabajadores más ingenuos políticamente. Pero no puede explicar por sí sólo el fracaso de la revolución española. De este fracaso es directamente responsable el Frente Popular y todo el círculo de partidos y organizaciones que lo constituían; pero lo determinante en el proceso de la lucha de clases en España no ha sido en última instancia la política de Frente Popular, sino la inexistencia de una política revolucionaria opuesta a la de aquel.

La guerra civil fue el punto culminante de las contradicciones de clase puestas de relieve con la caída de la monarquía. Su aparición demuestra irrefutablemente que tales contradicciones no podían ser resueltas sino por el poder socialista de los trabajadores, o dominadas, a costa de estos, por la violencia de una dictadura de matiz fascista. En otros términos: la guerra civil puso el país ante la alternativa, socialismo o fascismo, eliminado la posibilidad de todo régimen democrático-burgués. El hecho de que el Frente Popular, Poder, programa y represión burgueses, en agudo conflicto con la situación objetiva, y en parte incluso con la subjetiva, lograra imponerse a éstas y dominarlas, constituye la clave fundamental de la derrota de la revolución española. A partir de este punto, el estudio y la discusión entre la vanguardia revolucionaria dará por resultado el esclarecimiento dialéctico de los acontecimientos y se entrará en camino de la formación de un partido obrero que impida en el futuro la repetición de la experiencia del Frente Popular o sus sucedáneos.

Es precisamente un problema sobre el que urge llamar la atención de los militantes antes de que la discusión se inicie. La tendencia a descargar todo el fardo de la responsabilidad sobre el Frente Popular, el stalinismo, etc., ha hecho ya su aparición con las primeras palabras del CE del POUM. Es cómoda y socorrida para dirigentes políticos en la emigración, pero los militantes conscientes no pueden permitir que se les escamotee el problema mediante la sustracción de uno de los factores principales. El Frente Popular, guiado por el stalinismo consumó por sus propias manos la represión anti-proletaria y auxilió poderosamente a Franco. Un desacuerdo sobre este punto no sería ya un desacuerdo sino diferentes posiciones de clase. Este no puede ser sino el fondo sobre el que la discusión se desarrolle. La cuestión litigosa, el nudo gordiano del

problema consiste en saber por qué las organizaciones obreras de extrema izquierda, los anarquistas y en particular el POUM, partido marxista, fueron incapaces de alterar lo más mínimo la situación. Plantear el problema de otra forma es falso, oportunista y embrollador.

Los anarquistas, capaces por sí solos al principio de la revolución de aplastar el Frente Popular como una cucaracha, traicionaron a la clase obrera en nombre de la unidad con el stalinismo, para traicionarla nuevamente en nombre de la lucha contra el mismo. En conjunto representan una tendencia definitivamente muerta para la revolución social. Sólo con algunos grupos disidentes como “Los Amigos de Durruti”, la discusión puede y debe establecerse. Pero sin que hayan enunciado sus primeras opiniones después de la derrota, debemos limitarnos por ahora al POUM.

La resolución de su Comité Ejecutivo, publicada en el Boletín de información, número 1, dice en el párrafo 11: “El partido estima que, en general, la política que ha presidido su actuación ha sido completamente justa”. Afirmación falsa de medio a medio, con la que están notoriamente en desacuerdo los mejores militantes del propio POUM, y que cierra el acceso al principal problema que es preciso resolver: la formación del futuro partido de la revolución. Si “en general”, la política practicada por el POUM ha sido justa, he ahí que los militantes de vanguardia deberán considerarse perfectamente armados para el porvenir y dedicarse al agradable trabajo de denostar al Frente Popular y sus valedores como únicos responsables de la derrota. En cuanto al POUM, según el CE, “su inferioridad numérica le ha impedido ser un factor decisivo en los principales acontecimientos españoles”. ¡Virginal inferioridad numérica! ¿Fue ella, acaso, la que llevó al POUM al Gobierno de la Generalidad y la disolución de los comités obreros? ¿Fue ella la que aisló a los trabajadores del POUM de las masas revolucionarias de la CNT, fatalmente consumada por el ingreso de los sindicatos poumistas en la UGT? ¿Fue aún la inferioridad numérica lo que impidió al POUM plantear oportuna y adecuadamente el problema del frente único de lucha? Nadie acusa al POUM de no haber tomado el poder. Nosotros le acusamos (y le hemos acusado cuando aún era tiempo de rectificar) de haberse aislado de las masas con su política, condenándose a la “inferioridad numérica” que ahora invoca como un alivio; de haber tomado, en fin, el camino opuesto al poder.

[…] Nosotros, que mientras los acontecimientos estuvieron en curso marcamos en sus líneas fundamentales la política que debió seguirse y nos esforzamos en ayudar la comprensión de los militantes, nos colocamos nuevamente al lado de la base contra la política de la dirección. Ya es hora de terminar con las ambigüedades y paños calientes del centrismo. Los militantes revolucionarios que hay en el POUM deben tomar la palabra y plantear el problema con toda su crudeza. Hablar de “tareas de carácter práctico” que han impedido un justo análisis político, es un subterfugio indigno de un revolucionario. Tras esa declaración resbaladiza oculta el CE los errores de una política que ha permitido al stalinismo dar al traste con el proletariado español. De continuarla aún, tendrá la fuerza mínima indispensable para impedir que los militantes del POUM pisen el terreno del bolchevismo. Las tareas del momento exigen urgente e ineludiblemente decir en alta voz lo que el Comité Ejecutivo oculta.

La pérdida de la revolución española radica en el hecho fundamental de la carencia de un partido revolucionario. El POUM no lo era, no lo es, en la acepción bolchevique de la palabra. […] Un trabajo serio de emigración debe empezar por estudiar la participación del POUM en los acontecimientos, determinar con precisión sus errores, y pasar sobre esa base a la elaboración de un programa bolchevique. Un período de discusión debe declararse abierto y crear un órgano especial para la misma. La discusión verbal entre los militantes debe menudearse todo lo posible. Únicamente la

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comprensión previa de los errores cometidos por las organizaciones que se encontraban en vanguardia podrá explicar con entera satisfacción las causas de la derrota de la revolución española y dejar libre el camino a la formación de los cuadros auténticos de la revolución social. Por ahí es necesario, es indispensable, comenzar el trabajo.

Más que todos los proyectos fabulosos del CE, esto contribuirá a reanudar el trabajo revolucionario ilegal en la España fascista, a devolver la confianza a los trabajadores abatidos y acelerar la descomposición de la dictadura franquista. Los bolcheviques-leninistas reclamamos una parte activa en la discusión. Somos un grupo que en España ha sentado un precedente positivo y continuaremos por todos los medios el trabajo que dio origen a nuestra creación: dotar al proletariado español de un programa, de un partido, junto a la IV Internacional. Queremos discutir este programa con los militantes del POUM.

La Voz Leninista, segunda época, no 1, París, abril de 1939

(Fuente: Alejandría Proletaria)

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