El impulso utópico de Franc Jameson

por Víctor Atobas

Aunque la producción utópica se ha interrumpido históricamente y el género literario vinculado con ella se encuentra en crisis, la pulsión utópica sigue expresándose en nuestra época posmoderna. En este sentido, la obra de Jameson proporciona una referencia ineludible para la investigación sobre la utopía, puesto que los análisis jamesonianos proporcionan reflexiones de hondura filosófica y política que tratan de ayudar al lector a que trace su lugar en el complejo mundo de la posmodernidad, forzándolo a pensar en un futuro en el que sea posible la libre y diversa autorrealización de las capacidades humanas. Jameson muestra cómo incluso en textos hegemónicos en el capitalismo tardío –tales como las ficciones apocalípticas– pueden detectarse signos del impulso utópico.

Para el pensador norteamericano, la narrativa y la poesía tienen un componente utópico en el sentido de que expresan los signos del impulso utópico. Sin embargo, Jameson no focaliza sus análisis en las imágenes de la felicidad, que articulan –por ejemplo– los textos que considera provisionalmente dentro del género de la pastoral. Respecto a las obras utópicas, señala que “es un error abordar las utopías con expectativas positivas, como si ofrecieran visiones de mundos felices” (Jameson, 2005: 12). Por tanto, las interpretaciones jamesonianas no se centran en el contenido positivo de las utopías, ni tampoco en los programas políticos que estas proponen.

Lo que más interesa a Jameson de las utopías es que estas fuerzan a pensar en el futuro utópico. En este sentido, Ian Buchanan (2007) señala que el proyecto dialéctico de Jameson diagnostica el doble fracaso de la representación: por una parte, la utopía enfrenta al sujeto ante el debilitamiento de la imaginación, pues este experimenta la imposibilidad de concebir la sociedad utópica del futuro; por otra, los sujetos posmodernos no pueden tampoco representarse el presente ni trazar biografías lineales, pues se encuentran insertos en la temporalidad del presente perpetuo en la que fluyen continuamente imágenes, signos y estímulos transmitidos por los medios de comunicación, el ciberespacio o el sistema financiero. En lo concerniente al fracaso de la imposibilidad para representar el presente, Jameson defenderá la categoría de totalidad, basándose en la obra de Kevin Lynch The Image of the City (1960) para ampliar el concepto de mapas cognitivos, cuya acuñación original hacía referencia a una realidad urbana en la que los sujetos no pueden cartografiar mentalmente su posición en la ciudad, y que Jameson ampliará para referirse a campos más amplios que la urbe, como los espacios nacionales o planetarios, dado que el capitalismo tardío se ha expandido a nivel global. De esta manera, Jameson articula el concepto de mapeado cognitivo para estudiar la relación del sujeto con la nueva totalidad de la posmodernidad. En este sentido sugiere que “nuestra tarea como artistas, críticos, etc., es hoy tratar, en cierta medida, de recapturar o reinventar una nueva forma de representación de esta nueva totalidad global” (2007: 85).

La tarea de Jameson, su proyecto dialéctico, comparte la misma exigencia utópica que podemos encontrar en Marx, un deseo que es colectivo: el anhelo de una sociedad sin clases en la que sea posible la autorrealización de las capacidades humanas. Sin embargo, Terry Eagleton considera que “el trabajo de Jameson se muestra demasiado dispuesto a sustituir el juicio moral y político por la explicación histórica” (Eagleton, 2006: 223). Podemos responder que resulta dudoso que el pensamiento jamesoniano se pueda desvincular completamente de la moral, dado que sus análisis se sitúan entre el ser y el deber ser, de manera que podría entenderse que la obra del norteamericano comparte la exigencia utópica marxista de una asociación libre de productores en la que sea posible el desarrollo de las capacidades y habilidades humanas. 

Jameson es un pensador marxista que, en cierto modo, retoma el legado de Bloch, quien en El principio esperanza (1959) propuso una enciclopedia de las huellas del impulso utópico de principios y mediados del siglo XX. Así, tanto Bloch como Jameson recurrirán al concepto hegeliano de actualidad para concebir que las potencialidades y posibilidades de esta no son algo separado, en tanto que la posibilidad ya se encuentra incorporada en lo real. Además del método blochtiano, que referiremos a continuación, Jameson articula otras dos metodologías de interpretación del impulso utópico; se trata de herramientas complementarias entre sí que, aunque no fueron ideadas por el norteamericano, contribuyen al aprendizaje del análisis del impulso utópico. 

Tres métodos de interpretación del impulso utópico

1. El método de Ernst Bloch en El principio esperanza (1959)

Bloch entiende que el impulso utópico es la pulsión a la colectividad y hacia el todavía-no-ser. Jameson articula el método blochtiano con un doble propósito: mostrar la tendencia del objeto hacia la utopía mediante la detección de imágenes de la colectividad lograda, así como las huellas de la experiencia interna de la subjetividad, detectando figuras simbólicas como la belleza, la integridad o la perfección que luego interpretará como expresiones de deseos en esencia utópicos.

Cabe señalar que Jameson entiende que los análisis de Bloch no resultan pertinentes en la posmodernidad, en tanto que el sujeto no experimenta de manera autoconsciente sino fragmentaria, de forma semejante al esquizofrénico ideal de Deleuze. Otra crítica que resulta de interés consiste en que Jameson afirma que Bloch concibe el impulso utópico como parte de la naturaleza humana: “los intentos de hacer realidad la utopía, sin embargo, han sido históricamente más intermitentes” (Jameson, 2005: 11). No obstante, sostiene que la obra de Bloch resulta de utilidad en tanto vuelve a insertar la dimensión política en la hermenéutica marxista. 

Sostiene que la obra de Bloch resulta de utilidad en tanto vuelve a insertar la dimensión política en la hermenéutica marxista

Aunque Jameson abandonó el lenguaje de la mediación, cercano al de Bloch, resulta de interés señalar que analiza la serie televisiva The Wire (2002-2008) detectando figuras de la colectividad lograda en la clase trabajadora que depende del puerto de Baltimore, entendiendo que el sueño utópico del líder sindical –Frank Sobotka– no debería interpretarse como un sueño subjetivo, ni tampoco como una obsesión o un rasgo de la caracterización del mencionado personaje; sino como “un sueño objetivo que lleva en su interior toda la objetividad, de modo tal que, si la trama de The Wire tuviera que mostrar su éxito, la representación implicaría la transformación y reconstrucción utópicas (y revolucionarias) de toda la sociedad” (Jameson, 2015: 253).

2. Jameson en Arqueologías del futuro (2005)

El lenguaje desde el que Jameson interpreta el impulso utópico no puede ser el mismo que en el caso de Bloch, pues las condiciones históricas, sociales y económicas han cambiado; de ahí que abandone el lenguaje de la mediación –más cercano al lenguaje de Bloch– y reescriba el método blochtiano en términos figurados. Hacemos así referencia a lo que hemos denominado, a modo expositivo, segundo método o método jamesoniano de interpretación del impulso utópico. 

Dicha metodología consiste en la reescritura del método de Bloch en términos alegóricos. Jameson distinguirá dos líneas de descendencia a partir del texto fundacional de Tomás Moro. Mientras que la línea de programa incluye tanto los textos que llaman a la práctica revolucionaria como los intentos programáticos de las comunidades intencionales y las utopías de la ciudad que tratan de proyectar “nuevas totalidades espaciales, en la propia estética de la ciudad” (Jameson, 2005: 3), la línea del impulso utópico incluye los reclamos ideológicos que recurren a la retórica de la esperanza, al igual que la teoría política y las reformas sociales en los casos en que constituyen textos alegóricos de la transformación de la totalidad social.

Sin embargo, Jameson señala que esta separación en dos líneas podría conducir al platonismo de distinguir entre deseos buenos y malos, de modo que prefiere plantear la cuestión en términos espaciales: “En ese caso, el programa o la realización propiamente utópicos implicarán una aceptación del cierre” (Jameson, 2005: 4). Se está refiriendo a la categoría de totalidad; a este respecto, solo el foso que mandó cavar el rey Utopo posibilita el cierre espacial y la construcción del modelo de la totalidad social por parte de Moro.

Además de la categoría de totalidad, Jameson considera al espacio enclave y la vocación como prerrequisitos del surgimiento del texto utópico. En cuanto a la vocación, se refiere a la llamada, a la obsesión de Tomás Moro por tratar de ofrecer soluciones a los males y las contradicciones sociales de su época. En lo referente al espacio enclave, este consistiría en el momento de pausa en el proceso de diferenciación social en el que se sitúa el autor utópico, como Moro; en este ejemplo, el espacio enclave sería el monetario, pues la moneda aparecía de forma esporádica en la época del autor de Utopía.

Pero si el intérprete centrara el análisis en las condiciones de posibilidad del texto utópico, entonces estaría limitándose a interpretar la línea programática que mencionábamos anteriormente; por tanto, en este sentido, lo que pretende Jameson es que el proceso de análisis de la línea del impulso utópico sea concebido como un método de dos pasos en el que “en un primer momento, los fragmentos de experiencia delatan la presencia de figuras simbólicas […] que solo posteriormente serán identificadas como las formas por las cuales se puede transmitir un deseo en esencia utópico” (Jameson, 2005: 5-6). Como vemos, estas indicaciones recuerdan mucho a la labor hermenéutica de Bloch; sin embargo, en su reescritura del método blochtiano, Jameson introduce las categorías de cuerpo, tiempo y colectividad para realizar en lenguaje figurado la interpretación del impulso utópico.

3. Jameson en su artículo “La utopía como replicación”, incluido en Valencias de la dialéctica

Jameson comentó que algunos lectores de Arqueologías del futuro (2005) habían criticado el enfoque formalista allí articulado, argumentando que apenas analizaba el contenido de las utopías y mostrándose perplejos ante la insistencia de Jameson en afirmar que lo importante para el análisis no consistía en aquello imaginado positivamente en las utopías, sino en el hecho de que nos forzaba a enfrentar el límite de nuestro pensamiento acerca del futuro. En este sentido, Jameson pretende aportar una metodología complementaria que requiere del estudio de las precondiciones lógicas de aparición de un determinado fenómeno, de manera que la operación “consiste en un esfuerzo prodigioso de cambiar las valencias de fenómenos que hasta ahora solo existen en nuestro propio presente, y de declarar como positivas cosas que claramente son negativas en nuestro propio mundo, afirmar que la distopía es en realidad utópica” (Jameson, 2009:434).

Un ejemplo de este enfoque lo encontramos en el análisis jamesoniano de Wal-Mart, que incorpora tanto las críticas que se han vertido contra dicha cadena, así como la perspectiva propiamente utópica, mostrando que invenciones del capitalismo como el código de barras, el container o la logística inteligente que posibilitaron la irrupción de Wal-Mart pueden ser concebidas como tecnologías cuyo desarrollo apunta hacia un nuevo concepto de producción que se encontraría emergiendo en nuestro propio presente, y que se encontraría caracterizado por la eliminación o reducción de la tensión entre producción y distribución.

Podemos interpretar la seudocolectividad de la sociedad del espectáculo como lo contrario a la colectividad utópica

Resulta de interés remitir al ensayo de Cockshott y Maxi Nieto Ciber-comunismo (2017), entendiendo que puede leerse como una aplicación de este enfoque, en el sentido de que los autores son capaces de proporcionar imágenes de la emergencia del futuro utópico en nuestro propio presente recurriendo a un uso positivo de los inventos asociados a la tecnología cibernética: el big data, el cálculo algorítmico, la computación, entre otros ejemplos, son invenciones que no son interpretadas como negativas, sino como condiciones de la irrupción utópica de una economía socializada y planificada, donde la totalidad social decide democráticamente sobre los objetivos de la producción, el destino del excedente o la inversión social, mediante la decisión colectiva de los planes macroeconómicos a largo plazo. De esta manera, Wal-Mart y Amazon aparecen como figuras que contribuyen a ilustrar los principios de la economía planificada de una futura sociedad utópica.

Categorías y teorías que contradicen el impulso utópico 

a) La sociedad del espectáculo

Aunque no tratamos de simular un diálogo entre Jameson y Debord –este no se produjo–, sugerimos que podemos interpretar la seudocolectividad de la sociedad del espectáculo como lo contrario a la colectividad utópica. En la sociedad del espectáculo resulta imposible una auténtica sociabilidad. En este sentido, Debord refiere la “reestructuración sin comunidad” en la que se pretende someter al sujeto a un falso grupo. Debord afirma que en el plano de la seudocultura espectacular, el proyecto general del capitalismo avanzado “se orienta hacia el restablecimiento del trabajador aislado como persona bien integrada en el [falso] grupo” (Debord, 2005: 159), un grupo que carece de autenticidad en tanto los sujetos se encuentran enajenados y no se encuentran entre sí.

A juicio de Debord, “la sociedad del espectáculo es lo contrario [al deseo colectivo de una sociedad sin clases]pues en ella la mercancía se contempla a sí misma en el mundo que ella ha creado” (Debord, 2005: 60). La sociedad del espectáculo, además de expresar lo que se puede hacer, pero en el sentido de lo permitido y no de lo posible, niega el impulso utópico mediante la “falsa ilusión de reunión” que caracteriza a la seudocolectividad. A este respecto, una auténtica sociabilidad resulta imposible y el sujeto niega el reconocimiento del otro. Por el contrario, la colectividad utópica es definida por Jameson como aquella en la que se produce la permanencia del yo, el reconocimiento de la singularidad y la diferencia del individuo, en la colectividad social.

b) El psicoanálisis lacaniano

Según Jameson, el psicoanálisis lacaniano es contrario al impulso utópico puesto que rechaza la categoría de totalidad y repudia el proyecto utópico del comunismo. Señala que Žižek denuncia que las utopías proporcionan soluciones a todos los males sociales a partir de la reificación de un único tema, como el dinero en Moro, pero a juicio de Jameson esta es precisamente una de las condiciones de posibilidad de las utopías: que requieren de un mal específico que aparezca como representante del resto de males sociales. En definitiva, el rechazo a la categoría de totalidad en el psicoanálisis lacaniano acaba conduciendo a la negación de la novedad o novum utópico, caracterizado entre otras cuestiones por su elemento anticipador. Jameson considera la teoría lacaniana como antiutópica, en tanto que acaba conduciendo al presente perpetuo donde nada cambia. 

c) El concepto de multitud

Jameson entiende que el concepto de multitud, que Negri y Hardt toman de Spinoza, es antiutópico. Negri, Hardt, Virno y otros pensadores vinculados al pensamiento operaísta italiano tienden a asociar la utopía con el estalinismo, la defensa de la estructura del partido y la llamada al sacrificio. “La utopía se identifica aquí con los eslóganes de la inevitabilidad histórica y de mañanas luminosas, el sacrificio de las generaciones actuales en beneficio de un Estado utópico futuro, y, particularmente, de la estructura de partido” (Jameson, 2009: 425). Es decir, el concepto de multitud es contrario al novum utópico y, por tanto, al impulso utópico. 

A modo de conclusión señalaremos que una de las críticas realizadas por las y los lectores de la obra de Jameson Arqueologías del futuro (2005) sostenía que el enfoque formalista de este acababa por dejar de lado las utopías representacionales; otra de las críticas, que exponemos ahora, consistía en que también había aparcado la defensa de las utopías de los grupos pequeños. Pero, aunque Jameson defiende la importancia del lazo social, entiende que el contenido de esas utopías de colectivos pequeños se basa en tratar de regresar a un pasado: el de las pequeñas comunidades, que ya no existen en el capitalismo tardío. Por tanto, Jameson sugiere en su análisis la detección de un síntoma, a saber, la dificultad para pensar el problema de la superpoblación; en último término, esto muestra los obstáculos que experimenta el pensamiento utópico a la hora de pensar la cantidad. 

Entendemos que las utopías de los grupos pequeños se encuentran vinculadas al anarquismo, que trata de regresar a un pasado extinto; por el contrario, Jameson opera el método del cambio de valencias mostrando tendencias actuales, como la extinción del mercado por obra del mercado mismo, en una actualidad –en el sentido hegeliano del término– en la que las posibilidades ya se encuentran incorporadas a lo real y, por tanto, no son únicamente posibles. Así, pese a los obstáculos del pensamiento utópico para pensar la cantidad, Jameson entiende la Grandeza o lo Enorme como respuesta al problema de lo cuantitativo, más concretamente al de la superpoblación.

Pero lo que nos interesa ahora es señalar que la crítica, dirigida contra la dialéctica marxista, de que el comunismo conservaría el capitalismo –muy especialmente el alto desarrollo de la productividad capitalista–, no puede aplicarse al pensamiento jamesoniano. A este respecto, podemos mencionar aquí lo que Žižek considera como un “malentendido realmente utópico de la Aufhebung”, a saber, “distinguir en el fenómeno tanto su núcleo saludable como las desafortunadas condiciones particulares que impiden la realización completa de su núcleo, y después librarse de tales condiciones para permitir que el núcleo desarrolle plenamente su potencial” (Žižek, 2012: 793). Así, en el comunismo, el capitalismo estaría asumido –aufgehoben–, negado al mismo tiempo que conservado. De esta manera, Žižek parece reprochar al pensamiento utópico que intente conservar el alto nivel de productividad capitalista, al tiempo que pretende librarse de las consecuencias sociales y ecológicas de esta. Sin embargo, el método de interpretación del impulso utópico a través del cambio de valencias no consiste en una operación de asunción; no trata, por ejemplo, de conservar la producción o el concepto de producción. Gracias al análisis que Jameson realiza de Wal-Mart comprendemos que este trata de captar la forma emergente de un nuevo concepto de producción en el que habría desaparecido la contradicción o tensión existente entre producción y distribución; es decir, intenta captar las formas de emergencia del futuro utópico en nuestro presente, sin pretender conservar, en tanto que negada, la producción capitalista contemporánea; precisamente, el pensamiento utópico nos permite concebir el futuro emergiendo en nuestro propio presente. Por tanto, consideramos que el reproche que hace Žižek al pensamiento utópico de raíces marxistas podría aplicarse a Lenin –en tanto este pretendía amputar los aparatos capitalistas como el monopolio, para utilizarlos en la sociedad del futuro–, pero esa crítica no podría sostenerse en el caso de la obra jamesoniana, ya que no pretende conservar la productividad y los aparatos capitalistas como negados, sino que utiliza diversos métodos de interpretación del impulso utópico para captar la emergencia del futuro.

Si Jameson entiende que la utopía es un requisito para la política revolucionaria, actualmente nos encontramos con que las organizaciones y partidos de izquierda han sido incapaces de vincularse a un proyecto utópico que dote de energía y pasión a la militancia, como ocurría en el siglo pasado. A pesar de su vinculación con el marxismo, Jameson entiende que este se encuentra en crisis actualmente, aunque con esto se refiere a que la ideología marxista se ha mostrado incapaz de proporcionar una concepción utópica de cómo debería ser una sociedad diferente ni de qué manera cambiarían las relaciones sociales; no obstante, los instrumentos de análisis del marxismo –la dialéctica– siguen siendo productivos. Por eso propone que cambiemos el lenguaje del comunismo por el utópico, aunque sin llegar a descartar completamente el eventual regreso del vocabulario socialista. 

Jameson se sitúa, por tanto, en una posición utópico-revolucionaria muy distinta del reformismo de la socialdemocracia

Jameson se sitúa, por tanto, en una posición utópico-revolucionaria muy distinta del reformismo de la socialdemocracia. Comparte la exigencia mínima de la utopía que teoriza Marx, a saber, una “asociación de hombres libres” en la que sea posible el pleno desarrollo de las capacidades y habilidades humanas. De igual manera, comparte la idea marxista de que en la producción capitalista son los trabajadores quienes se forjan sus cadenas de oro. En este sentido, podemos mencionar que en Representar el capital (2011), Jameson se refiere a la “máquina infernal” del capitalismo como sistema autotélico que extingue sus elementos constitutivos en el pasado. Así, explica la idea de Marx de que son los proletarios quienes se forjan sus cadenas de oro, en el sentido de que el obrero empieza a trabajar, es decir, produce plusvalor, pero al mismo tiempo produce el fondo con el que se le paga –el capital variable–. Por tanto, no se puede detectar el origen de ese intercambio de dinero por fuerza de trabajo: “No es el capitalismo sino el trabajo lo que se halla al principio de este proceso; el momento en que por fin se materializan los salarios y tiene lugar realmente el intercambio de dinero por fuerza de trabajo es algo que siempre ha sido” (Jameson, 2011: 106). El capitalismo borra esos “primeros momentos” en un pasado inescrutable. Mientras que las políticas reformistas tratan de regular el capitalismo, afianzan de esta manera las cadenas de oro de los trabajadores; a juicio de Jameson, la socialdemocracia trata de evitar el colapso del sistema. Afirma que “la enseñanza de que el capitalismo es un sistema total apunta a demostrar que no es posible reformarlo, y que sus reparaciones, en un principio concebidas para prolongar su existencia, necesariamente terminan por fortalecerlo y acrecentarlo” (Jameson, 2011: 146-147). Considera que una de las enseñanzas políticas del primer tomo de El Capital (1867) consiste en captar como una evidencia el hecho de que “las injusticias y las desigualdades forman parte estructural de este sistema total, con lo cual nunca pueden ser reformadas” (Jameson, 2011: 147), apareciendo entonces el argumento de la regulación del capitalismo como un argumento que trata de evitar el colapso del sistema. Jameson, por tanto, apuesta por que las fuerzas políticas de izquierdas no se limiten únicamente a las luchas sindicales y laborales; se sitúa en una posición utópica, es decir, revolucionaria, entendiendo que debemos enfrentarnos a los límites de nuestro pensamiento para de esta manera ser forzados a pensar en la ruptura. En resumen, la filosofía de la esperanza –el marxismo– debe situarse en la línea de frente de la historia y pensar necesariamente la revolución. Precisamente, el pensamiento utópico nos enfrenta a la necesidad de pensar la ruptura. 

Referencias

Bloch, Ernest (2004) El principio esperanza. Vol. 1. Madrid: Trotta.

Buchanan, Ian (comp.) (2007) Jameson on Jameson: conversations on cultural Marxism. Durham: Duke University Press.

Cockshott, Paul y Nieto, Máximo (2017) Cibercomunismo. Madrid: Trotta.

Debord, Guy (2005) La sociedad del espectáculo. Madrid: Pre-textos. 

Jameson, Fredric (2005) Archaelogies of the Future: The Desire Called Utopia and Other Science Fictions. Londres: Verso.

(2009) Valences of Dialectics. Londres: Verso [citamos también la versión en español, en concreto cuando nos refiramos a la edición de 2013: Valencias de la dialéctica. Buenos Aires: Eterna Cadencia].

(2009) “Utopia as Replication”, en Valences of Dialectics, Londres: Verso.

(2011) Representing Capital. A Reading of Volumen One. Londres: Verso.

(2015) The Ancients and the Postmoderns. On the Historicity of Forms, Londres: Verso.

Lynch, Kevin (1960) The Image of the City. Cambridge (Massachusetts): Harvard University Press.

Marx, Karl (1978) El Capital. Crítica de la Economía Política. Madrid: Siglo XXI.

Žižek, Slavoj (2012). Less than nothing: Hegel and the shadow of dialectical Materialism. Londres: Verso.

(Tomado de Viento Sur)

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