El golpe militar se pone en marcha en Valparaíso

por Manuel Salazar Salvo

Desde septiembre de 1970 el Partido Socialista mantuvo en Valparaíso un rudimentario aparato de inteligencia. Uno de sus integrantes era el abogado Luis Vega quien, luego de asumido el presidente Allende, pasó a desempeñarse como asesor jurídico del Ministerio del Interior, adscrito a la Intendencia local. El 19 de octubre de ese año uno de los integrantes de aquella estructura informó que en el número 995 de la calle Blanco se habían reunido dos oficiales en retiro de la Armada; varios ejecutivos de empresas pertenecientes a la Asociación de Industriales de Valparaíso y Aconcagua, Asiva; miembros de la revista Tizona; otros del Movimiento Revolucionario Nacional Socialista, (MRNS) y algunas personas más que conformaron la jefatura de Patria y Libertad en la zona. El grupo tenía como sitios de enlace una casa en el Pasaje Naylor, en el cerro Alegre, y una iglesia ubicada en el Barón, en el corazón del barrio Portales. Ambos lugares fueron vigilados, pero nada más se descubrió.

Vega cuenta en su libro (La caída de Allende. Anatomía de un golpe de Estado; La Semana Publicaciones Ltda.; septiembre de 1983; Jerusalem, Israel.)  que por esos mismos días el Comando de Abogados del PS en Valparaíso le propuso a Allende que llamara a retiro a tres almirantes, a diez generales de Ejército, a ocho de la Aviación, a cuatro de Carabineros y a diez jueces de la Corte Suprema. “Habíamos conversado con capitanes de navío, ministros de cortes de Apelaciones, coroneles de las otras ramas, y teníamos información de que estaban de acuerdo con estas peticiones de retiro”, relata. 

Todos los esfuerzos para impedir que el Congreso ratificara en noviembre el triunfo de Allende en las urnas fracasaron, pese al decidido apoyo que los conspiradores recibieron del gobierno de Estados Unidos. Desde fines de 1970 comenzaron entonces a actuar diversos grupos que no estaban dispuestos a aceptar al gobierno de la Unidad Popular.

Todos los esfuerzos para impedir que el Congreso ratificara en noviembre el triunfo de Allende en las urnas fracasaron, pese al decidido apoyo que los conspiradores recibieron del gobierno de Estados Unidos. Desde fines de 1970 comenzaron entonces a actuar diversos grupos que no estaban dispuestos a aceptar al gobierno de la Unidad Popular. La coordinación entre ellos empezó a fraguarse rápidamente con el concurso de dos agencias norteamericanas de inteligencia que operaban desde comienzos de los años 60’ en Chile: la CIA y la Agencia de Inteligencia de la Defensa (Defense Intelligence Agency), DIA. 

En el alto mando de la Armada, desde antes de las elecciones del 4 de septiembre de 1970, los oficiales más dispuestos a impedir que gobernara Allende fueron Patricio Carvajal Prado, Ismael Huerta Díaz, Arturo Troncoso Daroch, Hugo Castro Jiménez y Sergio Huidobro Justiniano. Varios de ellos estaban estrechamente vinculados a la Cofradía Náutica del Pacífico que había creado Agustín Edwards en 1968 y que desde fines de 1970 encabezaba el vicealmirante José Toribio Merino, luego de la partida del dueño de El Mercurio a Estados Unidos.

Dos de los integrantes de la Cofradía –los ex oficiales de la Armada Roberto Kelly y Hernán Cubillos, ambos empleados de Edwards- fueron el puente de plata entre los empresarios y los altos mandos de la marina en las gestación y desarrollo de la creciente oposición organizada para derrocar a Allende, a la que también se sumaron, inicialmente, sólo algunos oficiales del Ejército, la FACh y Carabineros.

Los agentes de la DIA estadounidense –unos 200 según Vega-, tenían su dirección de operaciones en los pisos once y doce de un céntrico edificio de Valparaíso, en calle Prats N°773, pero la mayoría de ellos se dispersó por casi todas las reparticiones de la Armada. Daban instrucción a los buzos tácticos, a la infantería de marina, asesoraban a la inteligencia naval y se relacionaban con los diversos estamentos de la oficialidad. El marino chileno que jugó un papel clave en los vínculos con la DIA fue el capitán de navío Arturo Troncoso, el último agregado naval del gobierno de Frei Montalva en Washington. El mismo que desde las 20 horas del 10 de septiembre de 1973 dirigió la Operación Cochayuyo, el golpe militar en Valparaíso.

Abogado Luis Vega

Aparentemente, la primera idea que esparcieron los agentes norteamericanos entre los mandos medios de la marina fue el riesgo de un ataque de las fuerzas armadas peruanas. Confidenciaron que sus servicios secretos tenían informaciones clasificadas de que el gobierno del Perú había adquirido gran cantidad de armamento convencional, en especial tanques y blindados, en la Unión Soviética y que con la asesoría de técnicos israelíes en la guerra del desierto, el ejército del Perú se entrenaba para invadir Chile y recuperar así los territorios perdidos en la guerra del Pacífico antes de cumplirse el centenario, es decir, antes de 1979. Agregaban que los comunistas eran dentro de Chile un ejército enemigo, el enemigo interno, y como el gobierno de la Unidad Popular estaba en manos de los comunistas y ellos eran fieles a la Unión Soviética, en caso de guerra los comunistas ayudarían a Perú. 

Estos argumentos, que hoy parecen una locura, estaban perfectamente vigentes en aquellos años y eran parte del adoctrinamiento sobre la Seguridad Interior del Estado que habían impuesto los gobiernos de Estados Unidos en casi todas las fuerzas armadas de América Latina.

Ismael Huerta Díaz

La coordinación entre ellos empezó a fraguarse rápidamente con el concurso de dos agencias norteamericanas de inteligencia que operaban desde comienzos de los años 60’ en Chile: la CIA y la Agencia de Inteligencia de la Defensa (Defense Intelligence Agency), DIA. 

En el primer semestre de 1971 Allende y la Unidad Popular lograron entenderse relativamente bien con la Democracia Cristiana, pero el 8 de junio de 1971 ocurrió un hecho que cambió significativamente el escenario político. Un comando de la Vanguardia Organizada del Pueblo, VOP, un grupúsculo de ultra izquierda que consideraba al gobierno de Allende como reformista y un obstáculo para lograr la revolución socialista, asesinó a Edmundo Pérez Zújovic, ex ministro del Interior de Frei Montalva, un connotado empresario que tenía muy buenas relaciones con la derecha. Aquel crimen distanció del gobierno a buena parte del PDC y sirvió como acicate para acelerar los preparativos del golpe en la Armada.

La revista Punto Final, medio de difusión del MIR, editorializó: “Los que arrastraron a la VOP a una brutal provocación contra el pueblo, deben sentirse satisfechos. Después de utilizar a ese grupo, de intoxicarlo con una ideología ajena a la revolución, lo condujeron a su exterminio. Es éste, desde luego, el método de la CIA, a cuyas criminales maniobras estaremos sometidos largo tiempo, al menos hasta que se consolide el poder popular. Como suele ocurrir en estos casos, en escena aparecieron algunos agentes extranjeros, un argentino (que sería el «instructor político» del grupo), un japonés y una mexicana. También están detenidos; pero al cierre de esta edición de PF no se disponía de mayores antecedentes sobre el papel de estas personas”. Los extranjeros vinculados a la VOP sorpresivamente fueron dejados en libertad y abandonaron rápidamente el país. Nunca se supo más sobre ellos.

Un mes después, el 11 de julio de 1971, el Congreso aprobó por unanimidad la nacionalización del cobre y el gobierno de Allende inició una nueva y dura batalla en contra de la Casa Blanca y las transnacionales norteamericanas que se vieron afectadas. Luis Vega cuenta en su libro que “en ese tiempo desde la Primera Zona Naval se enviaban informaciones a la Kennecott en Nueva York sobre la salida de barcos chilenos llevando cobre a Europa desde Valparaíso. Y según el Times del 6 de noviembre de 1972, así pudieron embargar en París el cobre transportado por seis barcos chilenos”.

Arturo Troncoso Daroch

Un general clave en el golpe

A comienzos de 1972 llegó a Valparaíso el coronel Sergio Arellano Stark para asumir como comandante del regimiento Maipo, ubicado en Playa Ancha, e hizo rápida amistad con el general Arturo Yovane, jefe de los carabineros en la provincia. Ambos, muy bien relacionados con el cuerpo de almirantes, fueron piezas fundamentales en sus respectivas instituciones para la preparación del golpe de septiembre del 73.

Arturo Troncoso Daroch.

En mayo de 1972, al quedar vacante la Intendencia de Valparaíso por la renuncia del abogado Carlos Soya, Salvador Allende nombró al vicealmirante José Toribio Merino como intendente subrogante. El 21 de ese mes, en la Primera Zona Naval, Allende en presencia de Merino,  le dio las siguientes instrucciones al abogado Luis Vega: «Te pondrás al servicio del almirante no sólo como asesor jurídico del Ministerio sino también como representante personal mío. Te preocuparás de que el almirante no tenga problemas de ninguna especie con la dirección de la UP”.  Según Vega, “el almirante Merino, como intendente, enfrentó con soltura y éxito varios conflictos laborales. En algunas gestiones me designó como su representante aun cuando estas funciones de tipo laboral no me correspondían. Otorgó la fuerza pública para todos los eventos que el gobierno necesitó, y firmó todas las numerosas denuncias que presentamos, incluso una en contra de un parlamentario del Partido Nacional que había pretendido soliviantar a algunos marineros para que no le obedecieran a un oficial. Participó en numerosas reuniones con la dirección regional de la UP, a algunas de las cuales me invitó a asesorarlo. El trabajo fue interesante y fácil con el almirante Merino, y también fue interesante y estrictamente profesional el trabajo con los oficiales del A-2, la inteligencia naval”. Durante el paro de octubre de 1972, el almirante Merino, como jefe de la zona de emergencia, otorgó el auxilio de la fuerza pública y personal de marinería y de soldados para proteger los convoyes. Y si algún problema entre militares y civiles se produjo, todos fueron resueltos por el almirante”.

Los agentes de la DIA estadounidense –unos 200 según Vega-, tenían su dirección de operaciones en los pisos once y doce de un céntrico edificio de Valparaíso, en calle Prats N°773, pero la mayoría de ellos se dispersó por casi todas las reparticiones de la Armada. Daban instrucción a los buzos tácticos, a la infantería de marina, asesoraban a la inteligencia naval y se relacionaban con los diversos estamentos de la oficialidad.

El 11 de noviembre de 1972, siendo el contralmirante Ismael Huerta ministro de Obras Públicas, la inteligencia naval encontró en el jardín de su casa en Viña del Mar, calle Uno Poniente 1240, una bomba fabricada con amongelatina que no explotó.

Merino exigió al gobierno que encontrara a los culpables porque el atentado había causado estupor en la Armada. Insistió en que los autores eran miembros de la ultraizquierda. Una llamada anónima a Juan Bustos, el prefecto de Investigaciones de Valparaíso, le sugirió que “averigüen donde los panquequeros”, refiriéndose a la panquequería Gypsi, en San Martín esquina 8 Norte, en Viña del Mar. El local pertenecía a Jorge Young Montesinos, un ex oficial de la Armada, de 33 años, y a Carlos Jiménez, y era frecuentado por miembros de Patria y Libertad.

El sábado 14 de julio de 1973, Investigaciones detuvo a 12 personas involucradas en el atentado contra Huerta y responsables de otros 20 atentados dinamiteros en la zona, encontrando en su poder un pequeño arsenal de rifles, pistola y explosivos. Las confesiones permitieron establecer que la bomba había sido arrojada por el “Negro” Arturo Pinochet, de 18 años, sobrino del general Augusto Pinochet. El día del atentado Young Montecinos había invitado al joven a la panquequería y tras algunos tragos lo llevaron frente al chalet del almirante y lo desafiaron a lanzar la bomba, cosa que hizo pero antes le torció la mecha para que no explotara. Huerta era pariente con Young Montecinos. La hija del almirante, además, pololeaba con uno de los autores del atentado.

Hugo Castro Jiménez

Los encargados reos fueron: Oscar Campos Fardella, Jaime Codina Díaz, Gonzalo de la Torre Carmona, Carlos Santiago Jiménez Díaz, Fernando Márquez Espinoza, Luis Arturo Pinochet Campos, Ricardo Skewes Montecinos, Juan Antonio Soto Soto, Héctor Torres Saldés, Jorge Luis Young Montecinos y Nilo González. Investigaciones también estableció que el 16 de abril de 1973, Campos, González y Jiménez lanzaron una bomba contra la casa de la inspectora general del Liceo N° 1 de Niñas, Lucía Kirberg, militante comunista; el 24 de mayo Jiménez, Campos, González y Jiménez pusieron una bomba en el domicilio del juez Sergio Agüero, ministro de la Corte de Apelaciones de Valparaíso. Según los autores, el magistrado no actuaba con suficiente rigor en contra de los detenidos de izquierda; el 2 de julio, Campos, Codina, Márquez, Soto y Skewes, lanzaron una bomba que no explotó hacia los garajes de la residencia presidencial de cerro Castillo, en Viña del Mar, donde había un depósito de combustible.

El 11 de noviembre de 1972, siendo el contralmirante Ismael Huerta ministro de Obras Públicas, la inteligencia naval encontró en el jardín de su casa en Viña del Mar, calle Uno Poniente 1240, una bomba fabricada con amongelatina que no explotó.

Ya en ese tiempo la inteligencia naval, Investigaciones y Carabineros sabían que el jefe militar de Patria y Libertad en Valparaíso era un oficial en retiro de la Armada. Sabían también quiénes formaban parte de la jefatura operacional; conocían a los financistas, casi todos miembros de ASIVA; y también habían ubicado el lugar donde recibían adiestramiento en Las Salinas.

En enero de 1973, en los salones del Hotel O’Higgins de Viña del Mar, se realizó una reunión de directorio de la Sofofa con el directorio de Asociación de Industriales de Valparaíso y Aconcagua, Asiva. En el análisis del paro de octubre concluyeron que no habían conseguido hacer caer a Allende, pero que sí lograron golpear duramente al gobierno en el aspecto económico, lo que acarrearía un estruendoso fracaso de los partidos de la UP en las elecciones de marzo. Acordaron trabajar intensamente para ganar el Parlamento y transformarlo en un bastión de la insurrección armada, la única salida que consideraban posible.

A comienzos de enero de 1973 el almirante Patricio Carvajal pasó a ser el jefe del Estado Mayor de la Defensa. Una de sus primeras tareas fue infiltrar a dos marineros como cocineros en la casa de Allende. 

Patricio Carvajal Prado

A fines de ese mes el gobierno presentó su proyecto de Educación Nacional Unificada, ENU, pese a los diversos reparos que había hecho el presidente Allende. En marzo la oposición inició una intensa ofensiva para oponerse a los cambios en la enseñanza. En Valparaíso el arzobispo Emilio Tagle Covarrubias emitió una dura declaración y en la Armada, el contralmirante Ismael Huerta se convirtió en el principal vocero de las Fuerzas Armadas en contra de la ENU. «Recibiremos a los 19 años un contingente marxista egresado de la Escuela Nacional Unificada. No lo permitiremos», dijo el marino en una de las muchas intervenciones que hizo por aquellos días. En Viña del Mar, al mismo tiempo, se inició una serie de maniobras dirigidas desde el Liceo de Niñas por oficiales de la Armada que tenían a sus hijas educándose allí. Miembros de Patria y Libertad ocuparon el establecimiento y hubo un ataque explosivo contra la casa de la inspectora general del plantel. 

Las confesiones permitieron establecer que la bomba había sido arrojada por el “Negro” Arturo Pinochet, de 18 años, sobrino del general Augusto Pinochet. El día del atentado Young Montecinos había invitado al joven a la panquequería y tras algunos tragos lo llevaron frente al chalet del almirante y lo desafiaron a lanzar la bomba, cosa que hizo pero antes le torció la mecha para que no explotara.

Poco después, el almirante Merino, quien desde fines del año 72 se alineó progresivamente con los oficiales golpistas de su institución, ordenó al jefe de Estado Mayor, comandante Guillermo Aldoney y al jefe de Operaciones, comandante Ramón Undurraga Carvajal, que elaboraran un plan anti insurgencia que incluyera, además, un estudio de inteligencia sobre las “fuerzas paramilitares que constituyen un grave peligro para la conducción de la nación”. A mediados de mes estuvo listo el plan que dividía a Valparaíso en siete sectores y enumeraba las acciones a seguir. Más tarde, ese plan –denominado inicialmente Pri-Ancla- pasaría a llamarse “Plan Cochayuyo” y sería completado en sus detalles por los capitanes de navío Jorge Camus y el mismo Ramón Undurraga.

En el “Plan Cochayuyo” los trabajadores de casi todas las industrias de Valparaíso fueron calificados como enemigos y se planificó el uso de “todos los recursos” contra ellos, incluyendo bombardeos de poblaciones civiles con la artillería de los buques de la Escuadra. El plan definió como “Probables Objetivos de Ataque” a todos los complejos industriales –los llamados cordones- de Valparaíso, Viña del Mar y del interior.

El almirante Merino proporcionó en sus memorias la lista de sus “objetivos probables”:

-El cordón marítimo portuario, que se extendía desde Puertas Negras a la Plaza Sotomayor, su centro –la “fuerza de choque”- sería el astillero Las Habas y los trabajadores de la construcción, y el “centro de informaciones” la Escuela de Aduanas de la Universidad de Chile.

-El cordón Centro-Almendral, que comprendía el sindicato de la industria Hucke, la Dirección de Vialidad y la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile.

-El cordón Placeres – Portales de la Av. Argentina a El Sauce, centrado en la industria Chamy, los trabajadores de la construcción, la empresa Estelaris y la Universidad Santa María.

-En Viña del Mar, el cordón Quince Norte, desde El Sauce a Reñaca, centrado en la industria metalúrgica Concón, la textil Sedamar, Aceites Patria y en las escuelas de Ingeniería y de Bibliotecas de la Universidad de Chile.

-El cordón Concón, que iba de Concón a Quintero, centrado en la Enami y en la Enap.

En enero de 1973, en los salones del Hotel O’Higgins de Viña del Mar, se realizó una reunión de directorio de la Sofofa con el directorio de Asociación de Industriales de Valparaíso y Aconcagua, Asiva. En el análisis del paro de octubre concluyeron que no habían conseguido hacer caer a Allende, pero que sí lograron golpear duramente al gobierno en el aspecto económico, lo que acarrearía un estruendoso fracaso de los partidos de la UP en las elecciones de marzo.

-El cordón Quilpué, de Paso Hondo a El Belloto, donde el centro era la KPD, los fideos Carozzi y empresas Guzmán. Como estaban cerca de El Belloto las operaciones comenzarían allí.

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Sergio Huidobro Justiniano.

Sergio Huidobro Justiniano.

Merino explicó que -según sus cálculos- sus fuerzas eran minoritarias, ya que los cordones podían movilizar fácilmente de 20 mil a 30 mil irregulares, entre ellos unos cinco mil armados y entrenados. La Armada, por su parte, sólo podía movilizar a seis mil efectivos, excluyendo los marinos de la Escuadra, de los que desconfiaba porque “no eran una fuerza adecuada para el combate en tierra”. Tampoco confiaba en “unos militares medio dudosos del regimiento Maipo”, pero en cambio sí estaba seguro de la adhesión al golpe del regimiento Coraceros y de la Escuela de Caballería de Quillota. 

El martes 5 de junio fue detenido en Quilpué el jefe provincial de Patria y Libertad, identificado como Claudio Fadda Cori. Se declaró subteniente de reserva de la Armada.

(Tomado de Interferencia)

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