por Pablo Torres
La debilidad que habíamos señalado en una nota anterior, en sentido de ausencia de un proyecto hegemónico por parte de Kast, y su acelerado debilitamiento y desplome en su apoyo social, se materializó en el cambio de gabinete más rápido desde la instalación de la transición pactada a la democracia chilena. Iremos a eso.
Mientras tanto en el vecino país de Bolivia se está desarrollando una rebelión obrera, campesina, indígena y popular contra las medidas neoliberales del Presidente Rodrigo Paz. Asumido hace apenas seis meses tras el fracaso del proyecto del MAS, el nuevo presidente, como parece seguir Kast, confundió ganar elecciones con construcción de hegemonía. Apenas asumido el gobierno en Bolivia, el presidente Paz realizó un gasolinazo contra la población que llevo a un proceso de lucha solo abortado por el acuerdo entre las burocracias y el gobierno. Tan solo unos meses después de eso, Paz siguió avanzando con su agenda neoliberal, por la privatización de la tierra campesina y de comunidades indígenas, saqueo de tierras, privatización del litio, minas y bienes comunes naturales.
Ahora dicho proyecto está enfrentado una resistencia aún mayor. Las comunidades indígenas y campesinas desde inicios de abril iniciaron la movilización hacia La Paz. Se unieron mineros, industriales, trabajadores, estudiantes. Se han sucedido marcha, paros, huelgas y bloqueos. Hoy en todo el país son casi 50 puntos de bloqueo de carreteras, concentraciones multitudinarias intentan llegar a la sede de Gobierno y se suceden enfrentamientos entre fuerzas armadas y policías con manifestantes, que marchan al grito de Fuera Paz. Empiezan a surgir comités de bloqueos y advertencias a los dirigentes sindicales y campesinos que no traicionen.
Bolivia es el espejo de América Latina. Aunque esto no sea mecánico y hay particularidades en cada formación social y política, se trata de una tendencia a ataques y ajustes más duros por parte de las clases dominantes, y luchas de resistencia frente a ellos, que marcan límites a esos proyectos y que si se desarrollan puede llevar al fracaso estrepitoso a todo el proyecto regional de Trump y las extremas derechas presentes en países Chile, Argentina y Bolivia, y puede abrir un camino hacia una salida por izquierda basada en la lucha de clases. Bolivia es un espejo en sentido que marca un ejemplo de tendencias a la lucha de clases y de acción directa de explotados y oprimidos frente a la guerra de las burguesías contra las masas. De allí que es un aviso al propio Kast en el país. También para Trump y sus planes de fortalecer su “patio trasero” como se ve ahora con las amenazas de intervención y endurecimiento contra Cuba.
En el marco de estas tendencias, Kast en el país acaba de realizar un cambio de gabinete, el más rápido desde 1990 en que inició democracia pactada (con los militares y el imperialismo). Es producto de un desplome acelerado de la popularidad del gobierno y de Kast. Brunner habla de «una inquietud creciente respecto del liderazgo presidencial».
El propósito es iniciar una nueva fase que pueda superar las crisis y capitalizar el triunfo político que está cosechando en la Reforma tributaria —el llamado proyecto de Reconstrucción Nacional—. Esta ya fue aprobada por la Cámara de Diputados en un acuerdo con el PDG de Parisi. Ahora en el Senado, donde no existe tal partido, buscará negociar con la oposición de la ex Concertación, que por ahora se debate entre llegar a un acuerdo o rechazar.
No obstante, y aunque pueda tomar un cierto respiro en lo pronto tanto por el cambio gubernamental como por el triunfo parlamentario y presentar ambas hacia un nuevo momento en la cuenta presidencial del 01 de junio, se trata de un proyecto senil que pretende retomar lo que llaman la “senda del progreso” de un modelo basado en la extracción de materias primas, en el saqueo de los recursos naturales y estratégicos, en precarización y bajos salarios.
La semana pasada se dio a conocer el IMACEC (índice mensual de actividad económica) que dio un crecimiento de 0,5% en el primer semestre del 2026 respecto al primer semestre del 2025. Aún con el triunfo de Kast, es posible que continúe el estancamiento, pues es la expresión nacional del “estancamiento secular” o de la “gran recesión” de la economía mundial pos crisis del 2008, y que en nuestro país golpeó fuerte el 2009, último año del primer gobierno de Bachelet. Por aquel entonces Chile tenía la doctrina de aprovechar el ciclo de altos precios del cobre para ahorrar en fondos como el FEES (fondo de estabilización económico social). Dichos ahorros se fueron gastando para contener la caída económica del 2009 y para inyectar recursos al consumo. La economía, aunque luego se recuperó, jamás volvió a una dinámica de crecimiento orgánico como en los 90 y los 2000.
Las protestas estudiantiles del 2011, que también se desarrollan en el marco de un ciclo mundial de revueltas tras la crisis de 2009, no solo denunciaron el “lucro” en la educación y plantaron la bandera de la educación gratuita, sino que enfrentaron la represión y cuestionaron el gobierno de Piñera I y al sistema político abriendo la primera gran crisis de representación en el régimen de la transición pactada, que sufría su primera gran impugnación en las calles.
El fin del ahorro, el gasto fiscal y el aumento de deuda emergieron para evitar tanto una recesión más profunda primero, como luego para dar respuestas parciales “desde arriba” (desde palacio) y desviar los procesos de lucha de clases que empezaron a emerger en el país, ciclos de lucha estudiantiles, obreros, populares y de movimientos sociales y que fueron la base de la revuelta de 2019.
La gratuidad en la educación superior en 2014 fue una medida para contener los procesos de lucha de clases de los estudiantes y para sacarlos de las calles y meterlos en la institucionalidad, estrategia que seguía tanto el bacheletismo como los sectores reformistas del Partido Comunista o el Frente Amplio. El Gobierno de Bachelet II de la Nueva Mayoría fue un gobierno burgués reformista que intentó mayor protección social sin tocar las bases del modelo: gratuidad manteniendo sistema de voucher, reforma tributaria progresiva manteniendo el dominio y saqueo de la economía nacional por los grandes grupos económicos.
Boric siguió el modelo Bachelet II: reformas que puedan ampliar cobertura social pero sin tocar el modelo ni las ganancias capitalistas. Como en la reforma del sistema de pensiones, aumento de plata a jubilados a costa de aumento del negocio a las AFP. Desde la revuelta del 2019, desviada a los salones parlamentarios, los gobiernos han tenido incluso que aumentar pequeños beneficios sociales, como la PGU de Piñera a los jubilados, pero sin tocar el modelo.
Hoy las bases económicas, sociales y políticas para volver a un neoliberalismo recargado como quiere Kast son débiles, por no decir inexistentes. No hay motores de crecimiento orgánico y es improbable que ocurra un aluvión de inversiones como dijo Kast. Aunque hayan destrabado inversiones en poco más de 20.000 millones de dólares, están localizados en energía y minería y por ahora no constituyen un salto orgánico. El Mercurio, en su editorial del día Sábado 22/’5 dice que, más allá de la reforma tributaria, «es posible que sea necesario hacer esfuerzos institucionales aún mayores durante los próximos años», porque puede «que no sea suficiente corregir solo ciertos errores cometidos en la última década». Según este discurso «el daño infligido a nuestro motor de crecimiento puede haber sido estructural». Lo que están tramando de decir, es que no basta con la reforma tributaria, sino que hay que ir más allá en medidas de ajustes y ataques más duros contra la población.
Es toda una confesión de que pueden venir un momento de ajustes más duros, como se expresa en América Latina con Trump y los gobiernos de derecha. De allí que la resistencia en Bolivia sea tan importante como ejemplo a seguir.
El gran límite de Kast, además del económico que señalamos más arriba, es que se están incubando condiciones de malestar y descontento en un momento donde las mayorías trabajadoras y populares no apoyan la agenda de ataques y recortes sociales. Aunque aún no se exprese en lucha de clases y si bien los últimos años la se pasivizaron y cooptaron los movimientos sociales vía las burocracias, no hemos vivido una derrota histórica como fue el Golpe de 1973 que permita decir que estamos atravesando hoy una derrota estructural.
Si bien las clases dominantes y su prensa ni siquiera nombran lo que en algún momento denominaron “estallido”, es la lucha de clases la que definirá el rumbo estratégico del gobierno. Si Kast quiere avanzar, se encontrará con ella. Por ahora la resistencia inicia por el movimiento secundario y un poco menos el universitario. Como indica correctamente el analista Carlos Correa “se está articulando el estamos movimiento estudiantil”. Este ha sido un poderoso actor social y política que mediante paros, tomas y movilizaciones en las calles, cuestionó la herencia de la dictadura y abrió un cuestionamiento más profundo, animando a su vez luchas de trabajadores y distintos sectores. Ese movimiento estudiantil poderoso sin embargo y contradictoriamente, por el peso del PC y el FA en su dirección, ha sido domesticado y debilitado en los salones institucionales, en la presión parlamentaria, el diálogo social y en la estrategia de “unidad de la oposición”. De quedar atrapados en esta política, difícilmente se desarrollará como una fuerza independiente, combativa, autoorganizada. La jornada de movilización del 02 de junio convocada por la Confech, debe ser tomada ampliamente en esta perspectiva.
También trabajadores empiezan a luchar y organizarse como el sector de áreas verdes de las municipalidades de la zona sur de Santiago, como en La Florida o Puente Alto, que empiezan a dar luchas. Un sector precario, con menos mediación y que desarrollan acciones combativas son un ejemplo que debe ampliarse, unificarse y coordinarse.
La salida, como muestra Bolivia, es mediante la lucha y la autoorganización, con un movimiento estudiantil y de trabajadores independiente al gobierno y a todos los partidos del viejo régimen. Hay que construir una oposición de lucha y combativa.
Fuente: Izquierda Diario
