El Banco Mundial rebaja el pronóstico de crecimiento mundial

por Nick Beams

Mientras la variante ómicron del COVID-19 se extiende rápida por la población mundial, el Banco Mundial ha pronosticado una ralentización del crecimiento mundial para 2022 y el año siguiente en su informe Perspectivas de la Economía Mundial publicado el martes.

Aunque ciertamente no era su intención, el informe pone en evidencia las afirmaciones de los gobiernos capitalistas de que no se pueden tomar medidas serias de salud pública para eliminar la pandemia porque serían perjudiciales para la ‘economía’.

De hecho, como dejan claro las cifras del informe, la política de ‘dejar correr’ que siguen prácticamente todos los gobiernos está produciendo un empeoramiento de las condiciones económicas. Sin embargo, no se producirá ningún cambio, ya que la economía está completamente subordinada al capital financiero, que se opone a cualquier medida que impida la acumulación de riqueza en manos de una oligarquía rapaz.

El resumen del informe del Banco Mundial sobre el estado de la economía mundial se lee como una acusación a las autoridades políticas y financieras responsables de las políticas económicas.

Señala que después de crecer un estimado 5,5 por ciento en 2021, ‘se espera que el crecimiento mundial se desacelere notablemente hasta el 4,1 por ciento en 2022, reflejando los continuos brotes de COVID-19, y se desacelere aún más en 2023’.

El resultado podría ser peor porque, como señala el informe ‘Varios riesgos a la baja empañan estas perspectivas, entre ellos las perturbaciones económicas simultáneas provocadas por el ómicron, nuevos cuellos de botella en la oferta, un desanclaje de las expectativas de inflación, tensiones financieras, catástrofes relacionadas con el clima y un debilitamiento de los motores del crecimiento a largo plazo’.

El informe afirma que la economía mundial está preparada para experimentar su mayor desaceleración después de la recuperación inicial de una recesión mundial desde al menos la década de 1970. El crecimiento se reducirá al 3,2% en 2023.

En las economías avanzadas, la tasa de crecimiento de 2023 caerá hasta el 2,3 por ciento a medida que disminuya la demanda reprimida y se retire el apoyo de la política fiscal. La situación es peor en los llamados países en desarrollo.

En su prólogo, el presidente del Banco Mundial, David Malpass, escribe que el gasto en estas economías se disparó a niveles récord durante la crisis, ‘pero muchos países se enfrentan ahora a niveles récord de deuda externa e interna’. A estos riesgos relacionados con la deuda, prosigue, se suma la posibilidad de que suban los tipos de interés a medida que los países avanzados endurezcan sus políticas monetarias.

‘Con la política fiscal y monetaria en territorio desconocido, las implicaciones para los tipos de cambio, la inflación, la sostenibilidad de la deuda y el crecimiento económico probablemente no sean favorables para los países en desarrollo’.

Esto es un gran subestimación. Según el informe, se espera que la producción anual para 2023 en todas las llamadas economías de mercado emergentes y en desarrollo se mantenga por debajo de la tendencia anterior a la pandemia.

Con los ‘riesgos a la baja dominando las perspectivas’, se espera que, sobre una base per cápita, cualquier recuperación mundial ‘deje atrás a los de las economías que experimentaron las contracciones más profundas en 2020′. La mitad o más de las economías de Asia Oriental y el Pacífico, América Latina y el Caribe, y Oriente Medio y el Norte de África, y dos quintas partes de las economías del África Subsahariana, seguirán estando por debajo de sus niveles de PIB [producto interior bruto] per cápita de 2019 en 2023’.

En cuanto a la inflación, el informe prevé que los precios sigan subiendo, golpeando de nuevo a los países menos desarrollados.

‘El aumento de los precios de los alimentos afectará más a las poblaciones más pobres, aumentando la inseguridad alimentaria y acentuando el impacto de la pandemia en la desigualdad de ingresos’, señala el informe. Lo mismo ocurre con los países avanzados, donde la inflación de los alimentos y otros productos básicos está aumentando a niveles no vistos en cuatro décadas.

Los dirigentes de las instituciones del capitalismo mundial, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, afirman estar de alguna manera por encima de la política y preocupados únicamente por los resultados económicos. Pero siempre tienen un ojo puesto en el desarrollo de la lucha de clases.

Esto da lugar a algunas preocupaciones. Como señala Malpass en su prólogo, ‘el auge de los precios de los activos está aumentando la riqueza de los segmentos más ricos de la sociedad, lo que se suma a la inflación’ y esta ‘divergencia de fortunas es especialmente preocupante, dada la posibilidad de descontento social en los países en desarrollo’. Lo mismo podría decirse de las economías avanzadas.

Las previsiones para las economías avanzadas son de desaceleración del crecimiento. Tras aumentar un 5% en 2021, se espera que se ralentice hasta el 3,8% en 2023 ‘a medida que el resurgimiento de la pandemia impulsada por el ómicron pesa sobre la actividad a principios de año, la demanda reprimida se reduce gradualmente, el apoyo fiscal y monetario se retira, y las tensiones de la oferta se alivian sólo gradualmente’.

En EE.UU., el tan cacareado plan de infraestructuras a 10 años de 1,2 billones de dólares de la administración Biden ‘se espera que proporcione sólo un pequeño impulso a corto plazo’ y el Banco Mundial ha rebajado su previsión para la economía estadounidense en 0,5 puntos porcentuales en comparación con las estimaciones anteriores.

En cuanto a China, la segunda economía del mundo y uno de los principales motores del crecimiento mundial, el informe afirma que el crecimiento se ha ‘desacelerado más marcadamente de lo previsto’. Tras alcanzar niveles estimados del 8 por ciento este año, se espera que el crecimiento chino caiga al 5,1 por ciento en 2022, habiéndose revisado la estimación a la baja en 0,3 puntos porcentuales.

‘La posibilidad de una marcada y prolongada desaceleración en los sectores inmobiliarios altamente apalancados —y su potencial efecto sobre los precios de la vivienda, el gasto de los consumidores y la financiación de los gobiernos locales— es un notable riesgo a la baja para las perspectivas.’

Tras lo que denomina un notable aumento en el segundo y tercer trimestres de 2021, el informe señala que el crecimiento en la zona del euro ‘se estima que se ha ralentizado en el cuarto trimestre, debido en parte a un fuerte resurgimiento del COVID-19, a un persistente lastre para la producción derivado del estrangulamiento de la oferta en las economías muy expuestas a las cadenas de suministro mundiales, y a unos precios de la energía marcadamente más altos’.

Se espera que el crecimiento en 2022 se ralentice del 5,2% en 2021 al 4,2% este año y luego al 2,1% en 2023, y que el aumento de los precios del gas natural y la electricidad, si se mantiene, suponga un ‘riesgo notable para las perspectivas a corto plazo de la zona del euro.’

Resumiendo la situación de la economía mundial, el informe señala que la tasa de crecimiento mundial prevista será insuficiente para recuperar la tendencia anterior a la pandemia en el horizonte de previsión.

El resurgimiento de la pandemia impulsada por el ómicron podría sobrecargar los sistemas sanitarios, agravar los cuellos de botella de la oferta, elevar la inflación real y prevista y forzar un endurecimiento más temprano y agudo de la política monetaria en muchas economías.

‘Estos mismos vientos en contra del crecimiento mundial también podrían desencadenar y verse agravados por las tensiones financieras, dada la vulnerabilidad de los balances de los sectores público y privado’.

A más largo plazo, el informe explica que ‘la economía mundial se enfrenta al riesgo de un debilitamiento más pronunciado de los motores fundamentales del crecimiento’.

Dados los grandes beneficios para la economía que se derivarían de una política de eliminación del COVID-19 a escala mundial, la pregunta obvia es ¿por qué no se aplica dicha política?

No es porque sea inviable. Las acciones de ‘Cero Covid’ en China, hogar de 1.400 millones de personas en el mundo, donde el total de muertes es de poco más de 5.000 en comparación con los millones de muertos en otros lugares, muestran lo que podría hacerse a escala global.

Pero una política de este tipo tropieza con dos barreras, enraizadas en la propia estructura del capitalismo global.

En primer lugar, la división del mundo en Estados nación y grandes potencias rivales, con agendas económicas y estrategias políticas contrapuestas, hace imposible la colaboración global.

En segundo lugar, el sistema de beneficios no se basa en la producción de bienes y servicios necesarios para el mantenimiento de la sociedad y de los pueblos del mundo. En la medida en que se producen estos valores de uso, sólo son un subproducto de la fuerza motriz esencial del sistema capitalista: la transformación del dinero en cantidades cada vez mayores de dinero.

El centro de este proceso es ahora la acumulación de riqueza a través del parasitismo financiero y la especulación en los mercados financieros, completamente divorciados de la economía real subyacente. Con los vastos recursos económicos de los que se dispone ahora, se podría llevar a cabo una política de eliminación global basada en medidas de salud pública establecidas y probadas desde hace tiempo. Tendrían un coste, pero la economía real podría sostenerse más que adecuadamente.

Sin embargo, los mercados bursátiles y el sistema financiero inflados, donde reside ahora el poder real, no lo harían, y ésta es la base de la política de ‘dejarlo correr’.

El último informe del Banco Mundial subraya la magnitud del desastre económico que se ha creado y establece la necesidad de luchar por una economía socialista. Si el capitalismo no puede proporcionar los requisitos más básicos para la salud y la seguridad públicas y su negativa a hacerlo produce una crisis económica creciente, entonces debe ser sustituido por un orden socioeconómico nuevo y superior.

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