Disputa electoral en Venezuela

por Andrea Lobo

El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, controlado por el presidente Nicolás Maduro, bloqueó el lunes la inscripción de Corina Yoris como candidata de la oposición patrocinada por Estados Unidos en las elecciones presidenciales programadas para el 28 de julio.

Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y jefe negociador, anuncian acuerdos recientes con la oposición respaldada por EE.UU. y el Gobierno de Biden, 20 de octubre.  [Photo: @NicolasMaduro]

Yoris, profesora de filosofía de 80 años, fue designada en el último minuto como reemplazo homónimo de María Corina Machado, quien había sido elegida como candidata por la Plataforma Unitaria opositora pero sigue inhabilitada por los tribunales.

El martes, el CNE otorgó una prórroga y permitió a la coalición inscribir como candidato al exembajador Edmundo González Urrutia. La Plataforma Unitaria aceptó esto como una decisión provisional “hasta que logremos inscribir nuestra candidatura unitaria”. Machado declaró que continuará haciendo campaña para que Yoris aparezca en la boleta, aprovechando una regla de que el candidato puede ser cambiado hasta 10 días antes de la votación, es decir, el 18 de julio.

Machado y su partido Vente Venezuela representan el ala más radical y fascistizante de la coalición. Ha sido una de las más firmes defensoras de las operaciones golpistas contra Maduro respaldadas por Estados Unidos, incluyendo sanciones socialmente devastadoras, llamamientos a un golpe militar e incluso a una intervención militar extranjera.

Junto a figuras como Giorgia Meloni, Javier Milei y Eduardo Bolsonaro, es firmante de la carta del “Foro de Madrid” creado por el partido fascistoide español VOX, y Machado aboga por privatizar la petrolera estatal PDVSA y otras empresas.

El hecho de que una figura así esté organizando mítines cada vez más multitudinarios, incluso en zonas profundamente empobrecidas, y que las encuestas muestren que derrotaría a Maduro no refleja un apoyo masivo a su política de derechas, sino más bien la disposición popular a aceptar a cualquiera con posibilidades de derrotar a Maduro y cambiar las insoportables condiciones sociales y económicas actuales. La elección del presidente fascistizante Javier Milei contra el peronismo se debió a tendencias similares en Argentina.

Sin embargo, las acciones del Gobierno de Maduro carecen de todo contenido progresista. Ha venido utilizando al CNE como un instrumento en las negociaciones con el imperialismo americano.

Para dividir la Plataforma Unitaria, el CNE aprobó la candidatura de Manuel Rosales, gobernador del Zulia, y de Enrique Márquez, exjefe electoral. También aprobó las candidaturas de los partidos que se repartían el poder antes de Hugo Chávez: la socialdemócrata Acción Democrática (AD) y el socialcristiano COPEI. Varios otros candidatos de partidos alineados con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de Maduro fueron autorizados. Pero tal y como están las cosas, se espera ampliamente que Maduro gane sus terceras elecciones.

La decisión de última hora de permitir que la Plataforma Unitaria registre un candidato sirve para ganar tiempo. El Gobierno de Biden ha declarado que, a menos que se permita que la oposición presente a su candidata elegida, dejará que la licencia estadounidense que permite a Venezuela vender petróleo y gas expire el 18 de abril. Esto significaría la reimposición del régimen de sanciones total. Por su parte, Maduro espera una renovación antes de que se agote el tiempo para el cambio de candidatura.

El Gobierno de Maduro también ha reprimido cualquier oposición desde la izquierda. El CNE bloqueó la candidatura de Manuel Isidro Molina para el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y la coalición Movimiento Alternativa Popular (MPA) que lidera. La dirección estalinista del PCV rompió con Maduro en 2020, en un momento en que el acercamiento del Gobierno a Washington y a la AD, COPEI y otros partidos de la oposición, incomodaba su propia posición y privilegios dentro del Gobierno.

Al mismo tiempo, las vergonzosas apelaciones del Gobierno a Washington, así como sus zonas económicas especiales, los masivos beneficios fiscales a la patronal, las privatizaciones, los ataques a los niveles salariales y los recortes sociales, todo ello mientras sus socios de la boliburguesía siguen enriqueciéndose mediante contratos corruptos, han hecho casi imposible encubrir al PSUV desde la “izquierda”.

Mientras que las brutales sanciones económicas impuestas por EE.UU. son las principales responsables del empobrecimiento masivo de los trabajadores venezolanos, el principal servicio de Maduro al imperialismo ha sido imponer una “terapia de choque” con la que el Milei argentino solo podría soñar mientras sofocaba la lucha de clases con la ayuda del PCV y los apologistas de la pseudoizquierda.

Tras una limitada “recuperación” en 2022, la tasa de pobreza estimada por la Universidad Católica Andrés Bello ha vuelto a “estancarse”. El año pasado, el 82,8 por ciento de los hogares eran pobres o no podían pagar la canasta básica de bienes y servicios, mientras que más de la mitad se enfrentaba a la pobreza extrema, lo que significa que no podían comprar alimentos básicos. Además, desde 2014, más de 7 millones de venezolanos han abandonado el país.

Ahora el PSUV busca mantenerse en el poder para que la boliburguesía recoja los frutos de la superexplotación de los trabajadores venezolanos.

El Gobierno de Joe Biden ha dado una respuesta relativamente silenciada a la crisis electoral, ansiando consolidar su acceso al petróleo venezolano para compensar los efectos de su guerra contra Rusia en Ucrania, y una posible guerra más amplia en Oriente Próximo, así como otras consideraciones geoestratégicas.

La visita clandestina del ex primer ministro británico Boris Johnson a Venezuela para persuadir a Maduro de que no profundice sus relaciones con Rusia se realizó, sin duda, con la aprobación de los gobiernos británico y estadounidense. Además, las empresas británicas Shell y British Petroleum están negociando con Caracas la explotación de yacimientos de petróleo y gas.

Milei da refugio a la ultraderecha venezolana

Actuando a instancias del imperialismo estadounidense, los Gobiernos de Uruguay, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Paraguay y Perú emitieron una declaración para protestar por la decisión de bloquear a las candidatas elegidas por la Plataforma Unitaria.

Los Gobiernos de los presidentes Lula da Silva, de Brasil, y Gustavo Petro, de Colombia, habitualmente amigos de Maduro, se unieron a las demandas que Caracas permita la candidatura de Corina Yoris. En respuesta, el canciller venezolano, Yván Gil, dijo que Colombia actuaba “por la necesidad de complacer los designios del Departamento de Estado de los EEUU”.

Cabe notar que, en diciembre, Lula colaboró estrechamente con Washington para hacer frente a las amenazas de Maduro de invadir y tomar territorios en disputa con Guyana, una antigua colonia británica situada entre Venezuela y Brasil.

El martes, el presidente de tinte fascista Javier Milei permitió que seis socios de Machado que enfrentan órdenes de arresto se refugiaran en la Embajada argentina en Caracas.

La semana pasada, la agencia de inteligencia venezolana SEBIN había detenido a la presidenta y al vicepresidente del partido de Machado, Vente Venezuela, y emitió órdenes de detención contra siete de sus asociados, entre ellos varios que habían sido mencionados como posibles sustitutos de Machado. Esta detención se produce después de la de seis directores regionales de campaña de la oposición y decenas de personas más, entre ellas militares.

Los fiscales del Gobierno afirman que estas figuras han estado implicadas en diversos complots para desestabilizar el Gobierno, dar un golpe de Estado y asesinar al presidente.

Maduro dijo que dos individuos armados que supuestamente confesaron pertenecer a Vente Venezuela, que describió como un “partido fascista de extrema derecha”, fueron detenidos el lunes a pocos metros de donde él hablaba en una tarima en Caracas.

La Presidencia argentina ha denunciado el corte del suministro de agua y electricidad de su Embajada en Caracas y ha advertido contra “cualquier acción deliberada que ponga en peligro la seguridad del personal diplomático argentino y de los ciudadanos venezolanos bajo protección”.

El Gobierno de Milei anunció entonces el envío de dos gendarmes (policía militar) a la Embajada y a la residencia diplomática en Caracas. Además, durante una entrevista concedida el martes a la CNN, Milei afirmó que Venezuela se había convertido en una “carnicería”, mientras que Israel no había cometido ningún “exceso” en Gaza.

Después arremetió contra los presidentes de la región. Sobre el presidente colombiano Petro, Milei dijo que “no se puede esperar mucho de alguien que fue un asesino terrorista, un comunista”, en referencia a su pasado en la guerrilla del M-19 durante los años ochenta. Por último, el presidente argentino dijo sobre su homólogo mexicano: “Que un ignorante como López Obrador hable mal de mí me enaltece”.

Estas acciones siguen a la visita del director de la CIA, William Burns, a Buenos Aires el 20 de marzo, confirmando que el régimen argentino se está convirtiendo en un centro de conspiraciones antidemocráticas a instancias del imperialismo estadounidense, al igual que en la década de 1970.

Después de la entrevista, Petro retiró a su embajador en Buenos Aires y expulsó a todos los diplomáticos argentinos de Colombia.

Sin embargo, la casi ruptura de relaciones diplomáticas entre el segundo y el tercer país más grandes de Sudamérica no puede explicarse por meros insultos verbales.

El brote de conflictos diplomáticos en América Latina solo puede entenderse como un dolor de parto en el estallido de una guerra mundial. Refleja las maniobras de facciones de la clase dominante al interior y entre los distintos países en respuesta a la ruptura del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial y al impulso del eje EE.UU.-OTAN para recolonizar y repartirse el mundo, que actualmente adopta la forma de conflicto económico y militar contra Rusia, Irán y China.

Como todas las formas de regionalismo burgués tercermundista –panarabismo, panafricanismo, etc.— las pretensiones del “bolivarianismo” de aspirar a una unidad latinoamericana sobre bases capitalistas como contrapeso al imperialismo han llegado al final de su callejón sin salida.

Además, mientras algunos como Maduro cubren sus intereses de clase con demagogia “proobrera”, todas las facciones compiten por un trozo más grande del pastel de la explotación de la clase obrera, mientras sus apologistas pseudoizquierdistas barren el suelo por las migajas.

Ya con el estallido de la guerra de la OTAN en Ucrania contra Rusia, como explicó Eduardo Parati en el Mitin del Primero de Mayo del WSWS del año pasado, “América Latina se está transformando en un escenario de disputas diplomáticas, económicas y militares cada vez más intensas”. El discurso continuó:

Las oscilaciones del presidente venezolano Nicolás Maduro entre denuncias del régimen de sanciones impuesto por EE.UU. al país y un acercamiento al Gobierno estadounidense que sigue buscando su derrocamiento refleja la crisis que enfrentan los Gobiernos burgueses en todos los países latinoamericanos.

Con las élites dominantes tratando de hacer pagar a los trabajadores por la profundización de las crisis geopolíticas y económicas, las mismas contradicciones que arrastran a la región y al mundo a la guerra impulsarán nuevas luchas revolucionarias de la clase obrera contra la opresión imperialista y el sistema de lucro capitalista.

Para luchar contra la guerra y la amenaza del fascismo, se debe construir una dirección trotskista armada con un programa para unir a los trabajadores de toda América Latina, Estados Unidos y a nivel internacional para derrocar al capitalismo. Un paso fundamental consiste en extraer las lecciones necesarias de la traición de los levantamientos sociales de masas del último cuarto de siglo mediante promesas de “socialismo” y “antiimperialismo” bajo Hugo Chávez y otros movimientos nacionalistas burgueses de la llamada “marea rosa”.

(Fuente: WSWS)

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