Con el ejemplo de Juan Pablo Jiménez: a conquistar las demandas de la clase trabajadora

por Nicolás Dresdner

El día 21 de febrero del año 2013 fue asesinado Juan Pablo Jiménez Garrido, dirigente sindical clasista el cual luchó en contra del subcontrato. El asesinato de Juan Pablo fue perpetrado por un disparo ejecutado por el sicariato empresarial de la empresa Azeta subcontratista de Chilectra, este 21 de febrero se cumplen 8 años de este crimen, el cual sigue impune y al cual se le suman el de otros trabajadores subcontratados como lo fue Rodrigo Cisternas trabajador forestal asesinado el 3 de mayo del 2007 por fuerzas especiales en contexto de huelga y Nelson Quichillao trabajador minero asesinado el 24 de julio del año 2015 en circunstancias similares. 

El subcontrato en contra del cual peleó Juan Pablo, solía ser una modalidad contractual limitada en el empleo en Chile, pero fue durante la Dictadura Militar con el plan laboral de José Piñera en 1979, cuando se abrió las puertas para su masificación en diferentes sectores de la economía, el plan laboral eliminó las restricciones existentes, permitiendo incluso que las empresas mandantes puedan subcontratar trabajadores y trabajadoras relacionados con su giro principal. Desde que se quitaron las restricciones a la subcontratación, está se extendió indistintamente a diferentes sectores de la economía como el sector primario exportador (mineros, forestales, pesca, frutícolas) y en los servicios privados (aseo, guardias, alimentación.) e incluso en sectores de los servicios públicos los cuales son tercerizados por el estado.  

Posteriormente la subcontratación fue reglamentada en el año 2006 a través de la ley 20.123 como respuesta a la movilización de los mineros subcontratados organizados en La Coordinadora de Trabajadores Contratistas. El gobierno de Michelle Bachelet con Osvaldo Andrade a la cabeza del Ministerio del Trabajo y Previsión Social respondió a esta movilización con una ley que tuvo un enfoque empresarial donde lo que se buscó fue consolidar la subcontratación en el país. Esta movilización junto con otras desarrolladas en esos años, como la de los forestales donde murió Rodrigo Cisternas, permitieron visibilizar el problema de la subcontratación en el país.  

Básicamente, la subcontratación es una estrategia patronal que busca desregular el mercado del trabajo, flexibilizando y descentralizando, permitiendo aumentar la explotación laboral y la ganancia empresarial. La externalización del trabajo se realiza a través de empresas contratistas y subcontratistas, que prestan servicios a las empresas mandantes, generando trabajadores y trabajadoras de primera y segunda categoría, donde por el mismo trabajo se entrega diferente remuneración. La subcontratación genera una alta precarización laboral en los trabajadores y trabajadoras contratistas y subcontratistas, además parte importante de los trabajadores subcontratados tienen empleos inestables y temporales[1]

En términos sindicales, la subcontratación busca la fragmentación de la clase en diferentes empresas debilitando la unidad sindical, donde antes había una empresa operando hoy hay más de una empresa, generando una división de los intereses inmediatos de la clase trabajadora entre las y los trabajadores de planta y las y los trabajadores subcontratados, y si a esto se le suma la posibilidad de existencia de más de un sindicato al interior de una empresa, la figura de los grupos negociadores, la sindicalización “voluntaria” y la negociación por empresa, esto afecta directamente la fuerza de los sindicatos, viéndose limitados y debilitados. [2]

Sin embargo, en el año 2006 en adelante, con el nuevo ciclo abierto por las movilizaciones sindicales y populares, es donde los trabajadores subcontratados comienzan a asumir prácticas sindicales clasistas y combativas, expresadas en el desborde de la camisa de fuerza impuesta por la legalidad burguesa con la huelga y protesta como instrumentos de lucha para la obtención de derechos. Rescatar estas experiencias de lucha y combatividad en contra del subcontrato desarrolladas por muchos trabajadores y trabajadoras subcontratados es una necesidad histórica desde los sectores clasistas, y asimismo una tarea impostergable es darle continuidad a su lucha. 

La lucha de Juan Pablo en contra del subcontrato es la lucha de los trabajadores y trabajadoras que viven día a día la precarización laboral, la cual se vio agudizada con la crisis económica del capitalismo, y con la ofensiva patronal desarrollada durante la pandemia que instaló leyes como la “ley de protección del empleo” y la “ley del teletrabajo”, la cuales buscaron que el costo de la crisis lo pague la clase trabajadora.

El alzamiento popular de octubre deja abierta nuevas perspectivas para la clase trabajadora, donde quedó instalado el pliego de demandas de la clase trabajadora, dentro de las cuales, acabar con la precarización laboral como el subcontrato y el trabajo a honorarios son demandas centrales. También, se instalaron demandas inmediatas como el aumento del sueldo mínimo a 500 mil pesos, disminución de 40 horas la jornada laboral, sala cuna universal, pensiones igualadas al sueldo mínimo, pago de locomoción y colación, fin al código del trabajo, entre muchas otras.   

Continuar el camino de Juan Pablo Jiménez es una de las tareas que debemos asumir desde el sindicalismo clasista y combativo, pero para esto es necesario desarrollar una fuerte labor organizativa que implique fortalecimiento de los sindicatos existentes, disputar los sindicatos patronales y la creación de otros donde no se pueda disputar, crear sindicatos en las empresas donde no existan, levantar sindicatos de cesantes entre los trabajadores y trabajadoras desempleados, fortalecer los espacios de articulación de los sindicatos como lo son las federaciones y confederaciones, y articularse en torno a la Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores. 

También urge la necesidad de un espacio de articulación del sindicalismo clasista con el resto del campo popular, como las organizaciones territoriales, de mujeres, estudiantiles, entre otras, desde un enfoque anticapitalista, antimperialista y antipatriarcal, sobre principios sólidos que permitan avanzar desde el pliego de demandas a la construcción de un programa de la clase trabajadora y el pueblo.  

Para esto la táctica fundamental para el sindicalismo clasista es avanzar y organizar una huelga general, huelga que es política y de masas que, articulada con la protesta popular nos permita luchar por el pliego de demandas de la clase trabajadora. El fortalecimiento de la franja clasista y a su vez la articulación de las y los anticapitalistas, posibilitará, en términos estratégicos, avanzar hacia la construcción de poder popular y de un programa de la clase trabajadora y el pueblo, que nos permita avanzar hacia una sociedad libre de explotación y opresión. 

Porque sigue viva en los sindicatos la lucha de Juan Pablo ¡abajo el subcontrato! ¡A conquistar las demandas de la clase trabajadora!

El día 21 de febrero del año 2013 fue asesinado Juan Pablo Jiménez Garrido, dirigente sindical clasista el cual luchó en contra del subcontrato. El asesinato de Juan Pablo fue perpetrado por un disparo ejecutado por el sicariato empresarial de la empresa Azeta subcontratista de Chilectra, este 21 de febrero se cumplen 8 años de este crimen, el cual sigue impune y al cual se le suman el de otros trabajadores subcontratados como lo fue Rodrigo Cisternas trabajador forestal asesinado el 3 de mayo del 2007 por fuerzas especiales en contexto de huelga y Nelson Quichillao trabajador minero asesinado el 24 de julio del año 2015 en circunstancias similares. 

El subcontrato en contra del cual peleó Juan Pablo, solía ser una modalidad contractual limitada en el empleo en Chile, pero fue durante la Dictadura Militar con el plan laboral de José Piñera en 1979, cuando se abrió las puertas para su masificación en diferentes sectores de la economía, el plan laboral eliminó las restricciones existentes, permitiendo incluso que las empresas mandantes puedan subcontratar trabajadores y trabajadoras relacionados con su giro principal. Desde que se quitaron las restricciones a la subcontratación, está se extendió indistintamente a diferentes sectores de la economía como el sector primario exportador (mineros, forestales, pesca, frutícolas) y en los servicios privados (aseo, guardias, alimentación.) e incluso en sectores de los servicios públicos los cuales son tercerizados por el estado.  

Posteriormente la subcontratación fue reglamentada en el año 2006 a través de la ley 20.123 como respuesta a la movilización de los mineros subcontratados organizados en La Coordinadora de Trabajadores Contratistas. El gobierno de Michelle Bachelet con Osvaldo Andrade a la cabeza del Ministerio del Trabajo y Previsión Social respondió a esta movilización con una ley que tuvo un enfoque empresarial donde lo que se buscó fue consolidar la subcontratación en el país. Esta movilización junto con otras desarrolladas en esos años, como la de los forestales donde murió Rodrigo Cisternas, permitieron visibilizar el problema de la subcontratación en el país.  

Básicamente, la subcontratación es una estrategia patronal que busca desregular el mercado del trabajo, flexibilizando y descentralizando, permitiendo aumentar la explotación laboral y la ganancia empresarial. La externalización del trabajo se realiza a través de empresas contratistas y subcontratistas, que prestan servicios a las empresas mandantes, generando trabajadores y trabajadoras de primera y segunda categoría, donde por el mismo trabajo se entrega diferente remuneración. La subcontratación genera una alta precarización laboral en los trabajadores y trabajadoras contratistas y subcontratistas, además parte importante de los trabajadores subcontratados tienen empleos inestables y temporales[1]

En términos sindicales, la subcontratación busca la fragmentación de la clase en diferentes empresas debilitando la unidad sindical, donde antes había una empresa operando hoy hay más de una empresa, generando una división de los intereses inmediatos de la clase trabajadora entre las y los trabajadores de planta y las y los trabajadores subcontratados, y si a esto se le suma la posibilidad de existencia de más de un sindicato al interior de una empresa, la figura de los grupos negociadores, la sindicalización “voluntaria” y la negociación por empresa, esto afecta directamente la fuerza de los sindicatos, viéndose limitados y debilitados. [2]

Sin embargo, en el año 2006 en adelante, con el nuevo ciclo abierto por las movilizaciones sindicales y populares, es donde los trabajadores subcontratados comienzan a asumir prácticas sindicales clasistas y combativas, expresadas en el desborde de la camisa de fuerza impuesta por la legalidad burguesa con la huelga y protesta como instrumentos de lucha para la obtención de derechos. Rescatar estas experiencias de lucha y combatividad en contra del subcontrato desarrolladas por muchos trabajadores y trabajadoras subcontratados es una necesidad histórica desde los sectores clasistas, y asimismo una tarea impostergable es darle continuidad a su lucha. 

La lucha de Juan Pablo en contra del subcontrato es la lucha de los trabajadores y trabajadoras que viven día a día la precarización laboral, la cual se vio agudizada con la crisis económica del capitalismo, y con la ofensiva patronal desarrollada durante la pandemia que instaló leyes como la “ley de protección del empleo” y la “ley del teletrabajo”, la cuales buscaron que el costo de la crisis lo pague la clase trabajadora.

El alzamiento popular de octubre deja abierta nuevas perspectivas para la clase trabajadora, donde quedó instalado el pliego de demandas de la clase trabajadora, dentro de las cuales, acabar con la precarización laboral como el subcontrato y el trabajo a honorarios son demandas centrales. También, se instalaron demandas inmediatas como el aumento del sueldo mínimo a 500 mil pesos, disminución de 40 horas la jornada laboral, sala cuna universal, pensiones igualadas al sueldo mínimo, pago de locomoción y colación, fin al código del trabajo, entre muchas otras.   

Continuar el camino de Juan Pablo Jiménez es una de las tareas que debemos asumir desde el sindicalismo clasista y combativo, pero para esto es necesario desarrollar una fuerte labor organizativa que implique fortalecimiento de los sindicatos existentes, disputar los sindicatos patronales y la creación de otros donde no se pueda disputar, crear sindicatos en las empresas donde no existan, levantar sindicatos de cesantes entre los trabajadores y trabajadoras desempleados, fortalecer los espacios de articulación de los sindicatos como lo son las federaciones y confederaciones, y articularse en torno a la Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores. 

También urge la necesidad de un espacio de articulación del sindicalismo clasista con el resto del campo popular, como las organizaciones territoriales, de mujeres, estudiantiles, entre otras, desde un enfoque anticapitalista, antimperialista y antipatriarcal, sobre principios sólidos que permitan avanzar desde el pliego de demandas a la construcción de un programa de la clase trabajadora y el pueblo.  

Para esto la táctica fundamental para el sindicalismo clasista es avanzar y organizar una huelga general, huelga que es política y de masas que, articulada con la protesta popular nos permita luchar por el pliego de demandas de la clase trabajadora. El fortalecimiento de la franja clasista y a su vez la articulación de las y los anticapitalistas, posibilitará, en términos estratégicos, avanzar hacia la construcción de poder popular y de un programa de la clase trabajadora y el pueblo, que nos permita avanzar hacia una sociedad libre de explotación y opresión. 

Porque sigue viva en los sindicatos la lucha de Juan Pablo ¡abajo el subcontrato! ¡A conquistar las demandas de la clase trabajadora!

(Sindicato de Cesantes de Concepción, Miembro de la Asociación Intersindical de Trabajadoras y Trabajadores Clasistas)

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