Carta abierta a la Dirección del Partido Comunista de Chile: «No, no en nombre de nuestro padre»

por Ilich y Mario Galdámez

La participación del Partido Comunista de Chile en el infame pacto acordado recientemente por la corrompida élite política, interesada en perpetuar el orden constitucional pinochetista, no es más que la consumación de una traición anunciada desde mucho antes. Baste recordar la actitud servil de los honorables de la bancada comunista, (a excepción de Camila Vallejo, entonces joven y , en cierto grado, rebelde) cuando en 2014 se sumaron al homenaje del tristemente célebre Jaime Guzmán Errázuriz, autor intelectual de la actual constitución dictatorial, o el apoyo explícito o con el silencio cómplice, pero siempre incondicional, a gobiernos de «izquierda”, meros administradores de turno del modelo neoliberal y represor.

Tal es el caso ahora, cuando de hecho y de palabra apoya a un gobierno que, si bien se presentó como rupturista de la decadencia concertacionista-nuevo mayorista, en la práctica ha demostrado ser más de lo mismo. Resulta difícil creer que a las cabezas pensantes del PC les faltó imaginación para no percatarse que un gobierno como el actual era, para la élite de diverso pelaje confabulando esa noche del 15 de noviembre de 2019, uno de los escenarios posibles para aplastar el estallido social y salvar el modelo garante de sus privilegios.

Oculto bajo un barniz de trasnochado progresismo light, el nuevo gobierno consecuentemente reafirma los pilares esenciales del modelo económico- político neoliberal que tanto afecta a la mayoría de la población y en especial a los trabajadores. De una plumada se aprueban fraudulentos tratados de «libre» comercio, los recursos estratégicos de la nación y la banca en manos del capital foráneo no serán recuperados, las AFP 2.0 continuarán saqueando las pensiones, el mar que tranquilo nos baña seguirá siendo propiedad de un puñado de familias privilegiadas.

En el orden político, en lugar de ampliar mecanismos de participación popular, se busca consolidar las instituciones del Estado, y en particular las actuales instituciones castrenses y de policía, que no obstante culpables de violación a los derechos humanos y corroídas por la corrupción, cuentan con la plena confianza del presidente. En ese espíritu, el Wallmapu seguirá ocupado militarmente, los prisioneros políticos de la revuelta seguirán siendo tratados como delincuentes, la represión a la resistencia popular será tanto o más dura que la que conocieron Boric, Vallejo y Jackson cuando estudiantes.

En la arena internacional, la política exterior del Estado se alinea clara y llanamente a las estrategias hegemónicas de los centros de dominación global, en particular a las de Estados Unidos. Una muestra de ello es la posición del gobierno de Boric , y del PC en tanto aliado, frente al conflicto en Ucrania o al derrocamiento del presidente Castillo en Perú.

Es evidente que el actual Partido Comunista no es ni la sombra de aquella organización política de la clase trabajadora y de los desposeídos de Chile. El partido revolucionario, antioligárquico y antiimperialista de Recabarren, de Corvalán y de Gladys. Ahora es un partido de “operadores políticos” que en su enajenada ambición de lucro, han tirado por la borda los ideales, una historia heroica junto con sus miles de héroes y mártires, y la perspectiva de la revolución. El Partido Comunista de Chile ha pasado a ser parte del problema, que tarde o temprano el pueblo sabrá resolver.

Ante estos hechos, nosotros, Ilich Galdámez M. y Mario Galdámez M. como hijos del que fuera militante destacado del Partido Comunista y que se encuentra desaparecido desde que lo secuestraran agentes de la DINA en 1974, ANDRÉS GALDÁMEZ MUÑOZ, explícitamente exigimos de la Dirección del PC que por respeto a su memoria, a su dignidad y los ideales por los que ofrendó su vida, no le considere, ni interna ni públicamente, como miembro de dicha organización.

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