Brasil: no hay mal menor

por Paulo Valentim

El próximo 2 de octubre se realizarán las elecciones presidenciales en Brasil, cuyo resultado tiene importancia continental. Las encuestas indican una gran ventaja para Lula, aunque se supone difícil un triunfo en la primera vuelta. Los medios de difusión contribuyen a sostener la fábula de que Lula y el PT son de “izquierda”. Sin embargo, Lula lleva como candidato a vicepresidente a Geraldo Alckmin (ahora PSB; antes PSDB. Considerado un “ícono de la derecha”), ex gobernador de San Pablo en dos ocasiones (en 2001 y 2011), y católico conservador vinculado al Opus Dei.

En su candidatura presidencial de 2018 Alckmin prometía luchar contra corrupción, aun cuando su primera gestión como gobernador de San Pablo (2001-06) se vio envuelta en múltiples “escándalos” de corrupción: desde desvíos de fondos en la construcción de una carretera de circunvalación, hasta irregularidades en el reparto de comida en las escuelas públicas​. Y durante su segundo gobierno (en 2014) fue imputado judicialmente por recibir coimas y financiación ilegal para su campaña política de parte de la constructora Odebrecht, implicada en casos de corrupción en Brasil y otros países sudamericanos. Apoyado por los grandes medios de comunicación tradicionales y el sector financiero Alckmin-2018, también prometía seguir con las reformas reaccionarias impulsadas por Temer y restringir el gasto del Estado. destinado a la asistencia social.

No es la primera vez que Lula y el PT llevan en su fórmula presidencial a candidatos de “la derecha”. Lula fue presidente durante dos mandatos entre 2003 y 2010 y su vicepresidente en ambas ocasiones fue José Alencar, un empresario vinculado al Partido Liberal, que fue presidente de la Federación de las Industrias de Minas Gerais y vicepresidente de la Confederación Nacional de Industria.

En las elecciones de 2011 y en 2015 la sucesora de Lula como candidata del PT fue Dilma Rousseff. Su vicepresidente fue Michel Temer del PMDB cuyo programa incluía la reforma del código laboral, la revisión del sistema de pensiones, la privatización de empresas públicas y la reducción de derechos sociales. El propio Temer en 2016 -siendo vicepresidente- apoyó el proceso de destitución de Dilma.

Por lo tanto, nadie puede decir que criticar a Lula y al PT es “hacerle el juego a la derecha” porque es el mismo Lula y el PT quienes van asociados a la derecha y los llevan como aliados al poder, no solo ahora “para derrotar al fascista Bolsonaro”, sino desde por lo menos el 2003. Es por eso que recibe apoyos de representantes probados de la gran burguesía, como Fernando Enrique Cardoso (PSDB-la derecha “tradicional”), y de Enrique Meirelles, representante del capital financiero. En el plano internacional Lula tiene el apoyo del imperialismo europeo y el propio Biden se manifestó a su favor. Y mientras que Bolsonaro conserva el aval mayoritario de la iglesia evangelista, Lula ha logrado el apoyo de un 30%.

Bolsonaro en sus discursos dió a entender que si pierde las elecciones podría desconocer los resultados alegando fraude. Pero para contrarrestar cualquier posibilidad de golpe, Lula ni siquiera intentó movilizar a la clase trabajadora y a los sectores pobres del pueblo, sino que se reunió con representantes del Departamento de Estado de EEUU, quienes ya habían hecho pública su oposición a cualquier interrupción (léase golpe) del proceso electoral, y apeló a la cúpula militar a través de intermediarios para que se pronunciara en el mismo sentido.

Obviamente que Bolsonaro es una basura repugnante, de una extrema derecha recalcitrante, racista, antiobrera y reaccionaria en todo sentido, que implementó un ajuste liberal y antiobrero (reforma jubilatoria, reducción salarial, leyes de precarización laboral), tal como plantean Milei y Espert, y como piensan no pocos elementos de JxC, en Argentina. Pregona el desprecio hacia los negros, las mujeres, a la población LGBTQ+, lo que ha provocado varios asesinatos de personas de estos sectores oprimidos y de militantes ambientalistas -a los que también se opone-, por parte de sus seguidores fascistas. Su bonapartismo reaccionario se apoya en las FFAA, y para asegurarlo ha ubicado a militares de alto rango (unos 8 mil) en distintos estamentos del Estado.

Está bien claro el carácter burgués reaccionario de Bolsonaro ¿Pero en qué sentido se puede decir -como hace el MRT*- que la lista de Lula y Geraldo Alckmin es de “conciliación de clases”? Para decir eso hay que considerar al PT un partido obrero.  Sin embargo, desde que Lula asumió su primer mandato presidencial gobernó claramente para la burguesía y el imperialismo,integrándose totalmente al régimen burgués. Inclusive Lula ha declarado que “no tiene problemas con los militares” y que no los removerá de sus cargos.

Entonces, considerar al PT un partido obrero sería una fuente de nuevos errores.  En una nota escrita en septiembre de 2018 titulada “Debate con Atilio Borón: el malmenorismo, enfermedad senil del reformismo”, Gilson Dantas del MRT, critica la posición de Borón, quien directamente llamaba a votar por Fernando Haddad (candidato presidencial del PT) desde la primera vuelta electoral contra Bolsonaro. La crítica además se extiende a la política del malmenor, y dice de Borón que: “En su imaginario solo hay lugar para una izquierda que le haga seguidismo al PT, a los Kirchner y así en adelante, es decir, una izquierda “adulta”, que se aliñe con alguna fracción burguesa “progresista”. En otras palabras, una izquierda que se precie de tal tiene que respetar los límites dados por la burguesía a la política. Tiene que ser “posibilista”.

En buena parte de su artículo Dantas se dedica a cuestionar que el gobierno del PT haya sido un “malmenor”, haciendo referencia “al papel que jugó el PT y Lula en todos sus mandatos: contener la lucha de clases, cooptar y estatizar la CUT y la UNE, impedir la masificación de las huelgas (contra la reforma previsional, por ejemplo) y, en caso de que las masas se rebelaran por fuera del PT, avalar la represión (como lo hizo en junio de 2013, lo que incluyó al alcalde de la ciudad de San Pablo, Fernando Haddad, lado a lado con el neoliberal Geraldo Alckmin del PSDB, gobernador del estado de San Pablo, operando la logística de la represión en las calles), así como también la sanción a leyes que criminalizan –como nunca– los movimientos sociales (caso de la ley “antiterrorismo” de Dilma)…¿Cómo lidió el gobierno petista con las grandes huelgas salvajes que estallaron luego de aquel gran movimiento callejero de 2013? Avalando la represión de las policías estaduales y, en el caso de las luchas en las obras de las usinas hidroeléctricas, enviando directamente tropas federales (fuerza nacional)…

Fueron muchas las grandes huelgas que explotaron en las obras donde el PT construía grandes estadios para el Mundial de fútbol (atravesados por gran corrupción, dicho sea de paso) y en otros sectores, todos ellos precarizados, protagonizadas por la juventud, como la monumental huelga de los “garis” (trabajadores de la limpieza urbana) de Río de Janeiro, así como de choferes de colectivos de varias capitales. Y sobre ellas cayó la represión…

¿por qué un gobierno “de los trabajadores” promueve y apoya una amplia base de trabajo tan precarizado, de subempleos y de condiciones de trabajo inhumanas y semiesclavas? ¿Será un pequeño “error en el camino”, como quiere creer Borón? ¿O tenemos en esta esfera la verdadera faceta de un gobierno bajo el cual, como decía Lula, los banqueros nunca ganaron tanto? Y agregamos: las constructoras, el agronegocio y las empresas de tercerización del trabajo, fueron los que más ganaron con el lulismo…

Dilma apoyó el proyecto de ley del entreguista José Serra, un “tucano” (del PSDB), para profundizar la privatización de Petrobras, al mismo tiempo que desataba la represión contra los petroleros que se levantaron contra la privatización del campo de petróleo de Libra…

¿Por qué llamar “error” de un gobierno “progresista” a la ley de Dilma que flexibilizó el seguro de desempleo o a su ley “antiterrorista” que criminalizó de forma amplia e irrestricta a los movimientos sociales y las acciones callejeras del movimiento obrero? En este caso, una ley claramente de ultraderecha, que ahora los generales podrán usar holgadamente contra nosotros, contra el proletariado…

No se trata de “errores rumbo al socialismo” o a cualquier lugar “progresista” que se quiera…Lula y Dilma promovieron el trabajo precario del tipo tercerizado, que afectaba a 2,5 millones de trabajadores con Fernando Henrique Cardoso, y a 12,5 millones con Dilma. Bueno para la burguesía, malo para el proletariado.

…Está en la naturaleza de esos gobiernos “populistas” (de conciliación de clases), que cuando el crecimiento económico lo permite, hacen algunas concesiones a las masas (y al mismo tiempo, muchos más beneficios a la burguesía), pero cuando la misma economía no crece, esos mismos gobiernos avalan o directamente protagonizan la represión contra los trabajadores, y llevan adelante ajustes económicos y recortes presupuestarios en lo social para que los ricos sigan enriqueciéndose”.

Citamos tan extenso para que se pueda apreciar ampliamente la contradicción, ya que al mismo tiempo que decían esto, el grupo del PTS en Brasil (MRT) llamaba al voto “crítico” por Haddad, con este verso típicamente oportunista:

“[El] MRT, vota a Haddad para poder confluir con la voluntad de todo el activismo social, obrero, que aspira a transformarse en una fuerza material para frenar el riesgo de un gobierno de ultraderecha, pero actuando en las calles y a través del fortalecimiento por izquierda de las organizaciones obreras y populares sin dar ningún apoyo político a Haddad. Esa, nos parece, es la política que corresponde a una izquierda anticapitalista”.

En la tradición del marxismo revolucionario, el voto crítico solo se puede plantear para un partido obrero, no para un partido burgués ni para un frente de conciliación de clases entre un partido obrero y un partido burgués. Pero el MRT utilizaba esas categorías de “populistas” o “conciliación de clases” de manera difusa, sin explicitar claramente el carácter de clase del PT, para establecer una analogía entre su llamado al votar críticamente a Haddad, retorciendo, distorsionando, la política recomendada por Lenin de votar al laborismo inglés (basado en los sindicatos) contra los burgueses liberales en 1920.

Mientras que el PSOL desbarranca sin atenuantes llamando de entrada a votar directamente por Lula-Alckmin, el PSTU (que también llamó a votar por Haddad en 2018) llama a votar en primera vuelta a candidaturas obreras y de izquierda independientes y para ello impulsó el Polo Socialista y Revolucionario.

El MRT presenta candidaturas en ese marco. Pero dicen: “En la campaña electoral venimos planteando la unidad de los trabajadores con una política independiente, que enfrente seriamente a Bolsonaro, a los militares y a todo el régimen golpista, sin por eso dar apoyo a la fórmula Lula-Alckmin.”

Esta ubicación política en la cual aparece un “mal mayor” al que hay que derrotar, para dejar pasar un “mal menor” al que no hay que derrotar, sino sólo no darle apoyo político, ya abre la posibilidad de que en caso de segunda vuelta tanto el PSTU como el MRT vuelvan a repetir su posición oportunista de llamar a votar al PT con sus candidatos archi-burgueses, mientras siguen “tratando de superarlo”, algo que nunca podrán lograr con esta política oportunista.

*) MRT: Movimiento Revolucionario de Trabajadores, partido hermano del PST de Argentina e integrante de su corriente internacional

(Tomado de Causa Obrera)

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