Argentina: ¿Cuáles son las causas de la inflación?

de Masas

Los economistas y políticos burgueses repiten siempre las mismas recetas para enfrentar la inflación, desde hace décadas, fracasando una y otra vez. Más allá de las diferencias superficiales que pueda haber entre uno y otro sector, todos tienen en común que plantean una liberación de los precios de las mercancías y un congelamiento de los salarios (suspensión o techo para las paritarias), lo que en definitiva significa un retroceso en el poder adquisitivo de los trabajadores.

Bajo los gobiernos de Macri y de Fernández se operó una distribución del ingreso a favor de los grandes propietarios, es decir, que los ricos se volvieron más ricos, y los pobres más pobres. En promedio los salarios perdieron un 20% de su poder adquisitivo. Esto no se hizo mediante un decreto que redujo los salarios, sino que el mecanismo fue la inflación: los precios de las cosas que compramos fueron aumentando más rápidamente que nuestros salarios. Comprender esta cuestión es fundamental: no todos pierden con la inflación, hay algunos, pocos, que ganan, y mucho.

La inflación en la Argentina es una expresión anárquica de la lucha de clases por el reparto de la plusvalía, entre los propietarios de las tierras y de las fábricas por un lado y la clase obrera y el conjunto de los oprimidos por el otro, e inclusive entre las distintas fracciones de la clase dominante. Así como la burguesía expresa su política de acuerdo a sus intereses, el proletariado debe enarbolar la suya de acuerdo a los propios, antagónicos a los de los patrones.

El proletariado para liberarse y liberar a la nación oprimida necesita comprender con precisión cuál es la base material de este ataque constante a las condiciones de vida, rechazar las explicaciones “monetaristas” que encubren la naturaleza del fenómeno y dar su propia respuesta.

¿QUIÉNES PROVOCAN LA INFLACIÓN?

– Los terratenientes y la burguesía agroexportadora. 500 familias son dueñas de la mitad de las tierras productivas del país, una clase parasitaria que obtiene su riqueza por el simple hecho de ser propietaria de la tierra, de millones y millones de hectáreas. El interés de la clase social propietaria de la tierra y de los grandes capitales que se invierten en la producción agraria es bajar las retenciones, presionar por una devaluación para obtener más pesos por cada dólar que reciben por exportar y aumentar los precios de los alimentos dentro del país de acuerdo a la cotización del dólar. Como no hay ningún tipo de control sobre las exportaciones a ellos les da igual vender el trigo acá, en China o en Europa. Ellos actúan como si el mercado interno fuera otro país, y nos venden en dólares los alimentos (los pagamos en pesos pero su equivalente en dólares, como si los importáramos del extranjero). Es uno de los mayores crímenes que la clase dominante puede cometer. Contar con una capacidad de producción de alimentos que excede en 10 veces las necesidades de su población y haya niños con hambre.

Hay un mito muy difundido y es que la devaluación en sí misma es inflacionaria. Esto no es cierto. La devaluación afecta nuestra relación económica con el resto del mundo, haciendo más caras las importaciones y el turismo en países extranjeros. ¿Pero qué tiene que ver la devaluación con que aumente el precio de los alimentos o del combustible? El aumento del dólar afecta a una pequeñísima parte de los bienes importados necesarios para la producción, como fertilizantes o máquinas, pero el grueso de los costos de producción del trigo o del petróleo es en pesos (la tierra es nuestra, el trabajo es nuestro, buena parte de los insumos se producen localmente). Entonces la única razón por la cual la devaluación es inflacionaria es por el poder de terratenientes, cerealeras agroexportadoras y petroleras que imponen precios locales en dólares junto a los monopolios de la producción y distribución de alimentos.

Los que plantean una “dolarización” ocultan que el gran problema es que buena parte de la economía ya se mueve en dólares, que la inflación es el producto de la presión por imponer los precios en dólares en el mercado interno. La dolarización de la economía no es más que la realización del programa de terratenientes y de la burguesía agroexportadora, imponiendo un brutal retroceso del poder adquisitivo de los salarios.

– El otro gran responsable del proceso inflacionario es el propio Gobierno Nacional y su sometimiento al programa colonial del FMI. Fue una burla a todos los trabajadores la “declaración de guerra” a la inflación que hizo Alberto Fernández hace un año. El plan de ajuste que ordenó EEUU se tradujo en un conjunto de medidas absolutamente inflacionarias: disponer aumentos periódicos de las tarifas de los servicios, del transporte público, de la telefonía, del combustible, las altas tasas de interés y el negocio de los banqueros con las Leliqs, etc. A lo que debemos sumar las concesiones que hizo a los terratenientes y exportadores (Dólar Soja 1, 2 y 3) que en los hechos fue y será un mayor precio de los alimentos.

Como dijimos en un principio no todos pierden con la inflación. En los hechos, las clases propietarias de los grandes medios de producción se han beneficiado. Los trabajadores vemos día a día reducirse la capacidad de compra de nuestros salarios. Se ha operado una distribución de la riqueza a favor de los capitalistas y el proceso inflacionario fue su mecanismo. La burguesía se ha unificado tras el programa del FMI y nos ha declarado la guerra a todos los trabajadores. La clase obrera y el conjunto de los oprimidos debemos enfrentarlos como clase, unificados desde abajo, organizando la lucha por el salario mínimo igual al costo de la canasta familiar para todos los trabajadores, ajustado mes a mes según la inflación. Pelear por el reparto de todas las horas de trabajo para terminar con la desocupación e impedir que se exporten alimentos hasta que estén garantizadas las necesidades alimentarias de nuestra población.

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