Alemania: ¿Qué viene después de “Die Linke”?

por Nelli Tügel

O una lenta y larga agonía o una escisión. Podrían darse tres escenarios posibles si los grupos enfrentados de Die Linke (La Izquierda) tomaran finalmente caminos separados.

La Izquierda se escindirá. De hecho, ya lleva dividida mucho tiempo y desde su fundación lo ha estado en cuestiones esenciales: La Izquierda siempre ha sido varios partidos en uno. Durante un tiempo funcionó bien, pero desde hace muchos años los síntomas de canibalización han aumentado. Y ahora ha llegado el momento en que la división probablemente también se produzca de iure. Tal vez no inmediatamente, tal vez no hasta dentro de unos meses. ¿Pero qué mantendrá juntos a los diferentes sectores por más tiempo? Cuesta de imaginar.

Tampoco es deseable que se mantenga la situación actual. La alternativa a la escisión sería la lenta descomposición del partido hasta que apenas quede nada. Esto ya ha comenzado: las dimisiones de conocidos y conocidas militantes de izquierda como Fabio De Masi, Ulrich Schneider y varios militantes de Linksjugend Solid[1] son una muestra de ello, así como una carta abierta de tres militantes de La Izquierda, Jule Nagel, Katharina König-Preuss y Henriette Quade, que exigen la expulsión de Sahra Wagenknecht del grupo parlamentario del Bundestag y la dimisión del presidente del grupo parlamentario en el parlamento federal, o las disputas que recientemente se han vuelto a producir en público mantenidas, entre otros, por Dietmar Bartsch (copresidente del grupo de La Izquierda en el Bundestag), Martin Schirdewan (recién elegido copresidente del partido) y Wagenknecht (sin cargo, pero la miembro más conocida de La Izquierda en el país).

Es evidente que el sector de Wagenknecht se ha movido para tomar posiciones en las peleas internas que desde hace tiempo fermentan en el partido, de forma que lo pueda abandonar con un portazo sin parecer un factor de división, dejando toda la tierra quemada posible y llevándose a todos los que pueda para un nuevo proyecto. Seguramente con vistas al «otoño caliente», apuesta por un impulso similar al que tuvo lugar en 2004 con la aparición de la WASG[2], y espera, no del todo injustificadamente, que los manifestantes indignados sean la base de su nuevo proyecto. Resulta chocante el hecho de que las otras corrientes de La Izquierda, durante tanto tiempo vacilantes, carentes de orientación o como parte del ala reformista en torno a Bartsch, hayan sido o sigan siendo unos meros oportunistas sin contemplaciones frente a Wagenknecht por razones de poder político, pero el reloj ya no puede dar marcha atrás.

La izquierda social no debería perder demasiado tiempo buscando culpables del fracaso de La Izquierda, lamentando lo inevitable o celebrándolo (hay buenas razones para ambas cosas). Más bien debemos preguntarnos: qué podría venir después de La Izquierda y cómo cambiaría ello la correlación de fuerzas del poder político en Alemania. Hay tres escenarios posibles en caso de escisión: Como primera posibilidad, pueden surgir dos partidos o, mejor dicho, proyectos electorales -los restos de La Izquierda y una lista de Wagenknecht-, pero ninguno capaz de movilizar una base suficiente para sus respectivos programas llevando a la desaparición y al descalabro uno junto al otro. Por lo que no quedaría nada, en principio, a la izquierda del SPD y de los Verdes a nivel electoral y de partido, lo cual no es una buena perspectiva.

La segunda posibilidad es que el resto de La Izquierda se reduzca a un proyecto de dos o tres puntos electorales, y que Wagenknecht levante una lista nacional-social frente a él, de forma similar a lo que ocurrió en Francia después de que Jean-Luc Mélenchon fundara el movimiento electoral Francia Insumisa a su medida. Las referencias al proyecto fallido Aufstehen[3] no conducen realmente a ninguna parte: Aufstehen fue entendido por muchos como una oportunidad de movimiento participativo con agrupaciones locales, etc., la gente había esperado una participación en ese sentido, algo que Wagenknecht no domina, porque nunca ha organizado una campaña con otros sectores, acompañada de una lucha obrera o algo por el estilo. Una lista electoral confeccionada exclusivamente para ella, en la que los ciudadanos solo tienen que depositar su voto, es algo muy diferente. Desgraciadamente, esto último podría funcionar. Pero tampoco es una buena perspectiva, complicaría la situación de la izquierda social y desplazaría el discurso en su conjunto hacia la derecha.

La tercera opción es el fracaso de una lista de Wagenknecht y la reanimación del resto de La Izquierda, cuando el fin de las destructivas discusiones entre sus grupos rompa por fin la parálisis del partido. Este sería, sin duda, el mejor de los escenarios imaginables (en cualquier caso, que entretanto puedan coexistir dos partidos grandes y de una u otra forma de izquierdas, es poco probable), pero no hay que ser ingenuo: La disputa con Wagenknecht y en torno a ella ha ocultado con demasiada frecuencia el hecho de que las restantes corrientes del partido (y con ellas las partes de la izquierda social de las que son un reflejo) no están en absoluto de acuerdo en cuestiones estratégicas centrales como la participación en el gobierno, y a menudo incluso están en desacuerdo entre sí.  

Omitir las diferencias no es una forma sostenible para que un partido de izquierdas aborde cuestiones estratégicas básicas. Esto debería ser una de las lecciones de toda la debacle del fracaso de La Izquierda.


[1] Linksjugend Solid es una organización política de izquierda juvenil cercana a La Izquierda. Solid refiere a Socialista y Democrática [NdT].

[2] Arbeit & soziale Gerechtigkeit – Die Wahlalternative, Trabajo y Justicia social- la alternativa electoral, fue un partido de izquierdas alemán, formado por sectores del SPD, sindicalistas, etc. y que más tarde se fusionaría con el PDS, (partido del socialismo democrático), fundando La Izquierda. La WASG nació en 2004, en el período álgido de las manifestaciones contra la Agenda 2010 y Hartz IV [NdT].

[3] Aufstehen (Levántate) fue un movimiento en la línea de la Francia Insumisa de Mélenchon o el Momentum de Jeremy Corbin. Iniciado en 2018 por Sarah Wagenknecht y apoyado por miembros de La Izquierda, sectores de los Verdes y algún miembro del SPD así como por sectores sociales y culturales, pretendía ser un movimiento participativo de base y que sirviera de muro de contención contra la AfD. Disputas internas, peleas por protagonismos políticos, sectarismo y miedo a pérdidas de espacio electoral entre los partidos de izquierda que lo apoyaban, además de la salida de Wagenknecht en 2019, llevaron al fracaso del movimiento [NdT].

(Tomado de AKWEB)

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