A seis meses del Gobierno de Milei, Argentina rumbo a una depresión económica

de Corriente Obrera Revolucionaria

Milei llega a sus primeros 6 meses de gobierno envuelto en una crisis política, social y en una estanflación que va directo a una depresión. El gobierno plantea que “lo peor ya pasó”, pero ese no es un mensaje para los miles de jubilados, cuyos salarios están por debajo de la línea de pobreza, ni para los miles de despedidos o suspendidos, a los que se le niega la comida, sino para los mercados que ya le están quitando el apoyo ante un escenario de ingobernabilidad.

La Ley bases, que es una ley antiobrera, está empantanada en el Senado y el miércoles 12/6, cuando se trate, movilizaremos a Congreso para que no salga. No nos movilizaremos porque tengamos confianza en que así lograremos conmover a la casta de senadores, como pretende la burocracia sindical de la CGT y CTAs, que no llamaron a paro para garantizar la masividad. Nos movilizaremos para expresar que somos un sector que impulsa la independencia de clase en contra de este gobierno y de los que defienden a este Estado burgués.

Milei dice que él “odia al Estado” y que es un “topo” que actúa por dentro para destruirlo. Él ama al Estado, a una de las variantes del Estado burgués, que hace años dejó de existir, que es el Estado del libre comercio. Hoy el capitalismo monopolista no se basa en la competencia ni en la libre iniciativa privada, sino en una dirección centralizada. Dentro del capitalismo existe lo que los marxistas denominamos “centralidad reaccionaria”, es decir, la acción del Estado para salvaguardar la propiedad privada de los medios de producción. Pero ese sueño de regresar a un Estado que sólo sea el garante de los negocios de los capitalistas también es un utopía reaccionaria.

El delirio de Milei que dice ser un “Terminator” capitalista que combate al Estado, en su versión del subdesarrollo, también encendió las alarmas de toda el ala de la oposición burguesa en el Parlamento. De hecho, están funcionando como una especie de régimen parlamentario (aunque inviable en una semicolonia), que se postulan como garantes de las instituciones y el Estado ante la crisis de gestión del gobierno de Milei (como se vio en la crisis de los alimentos). Por eso votaron una ley de movilidad previsionaly plantean avanzar en una ley de presupuesto para las universidades o para reponer el FONID, que les sacaron a los docentes. Es un intento burgués, ante la crisis terminal de la reforma constitucional del ‘94, de crear una oposición parlamentaria que garantice gobernabilidad, en caso de que la crisis se acelere, y para evitar a toda costa que sean los trabajadores organizados y con sus métodos los que resuelvan el dilema.

Por eso, mientras en el Parlamento deliberan y debaten cómo negociar los nichos de poder de sus verdaderos jefes, que son los grandes capitales internacionales y nacionales, nosotros debemos abrir un gran debate al interior de nuestra clase sobre cómo enfrentar la caída del salario, las suspensiones, los despidos y la pauperización de nuestras condiciones de vida. Pero la salida no es por el camino de confiar en el Parlamento ni en la oposición burguesa, sino confiando en nuestras propias fuerzas. Que hay fuerzas para enfrentar a este gobierno y sus aliados lo demostraron las movilizaciones masivas que se han venido haciendo estos meses, con los paros, la marcha universitaria, el enfrentamiento al protocolo de Bullrich, la lucha de los trabajadores estatales de Misiones, las luchas en el movimiento obrero industrial como el SUTNA y los trabajadores metalúrgicos, los piqueteros ante el ataque del gobierno y los jubilados plantándose firmes en el Congreso todos los miércoles.

Para que esta dinámica no se diluya ni se desgaste, debemos organizarnos en las estructuras con objetivos a la altura de la situación convulsiva en nuestro país. Uno de los principales objetivos es recuperar nuestros sindicatos de manos de la burocracia sindical, que hoy se ubica, por un lado, como contención (el ala de Pablo Moyano y las CTAs) y, por otro, como los dialoguistas que negocian con las patronales y el gobierno sobre nuestras luchas. Hay muchos compañeros que se han destacado en las luchas en curso, un nuevo activismo que se está fogueando contra este gobierno y haciendo la experiencia con las instituciones burguesa y sus defensores; ellos son los posibles futuros delegados que deberán desbancar a la burocracia sindical. Tenemos que impulsar asambleas en los lugares de trabajo para enfrentar la ley bases e impulsar la lucha por aumentos salariales. Tenemos que preparar un Congreso de delegados de base con mandato, donde no sólo se expresen las luchas en curso, sino que se discuta un programa obrero de salida a la crisis e imponer un paro general para mostrarle al “topo del Estado” que nosotros somos los únicos que realmente luchamos por destruir al Estado burgués y organizar el trabajo sobre nuevas bases sociales. y, obviamente, mandar a este experimento anarcocapitalista al basurero de la historia.

Corriente Obrera Revolucionaria

Trabajadores Trotskistas

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