A propósito de la ausencia del movimiento sindical en el alzamiento popular: algunas lecciones para la acumulación de fuerza

por Pedro Molina

Se puede hacer callar a los defensores de un ideal cuando son pocos y estos pocos carecen de energía y valor. Mas cuando son muchos y no se acobardan por nada, la persecución resultaría inútil (Luis Emilio Recabarren)

La acumulación de fuerza en el campo de las y los trabajadores, y en general en el pueblo, es una tarea de gran relevancia para quienes nos posicionamos desde la vereda anticapitalista, pues asumimos que para acabar con la explotación asalariada y la dominación que la patronal ejerce en sus diversas formas, se requiere de la unidad y la elevación de las capacidades de organización y lucha de las y los trabajadores. En este camino, el movimiento sindical debe cumplir un rol fundamental, sobre todo en torno a las capacidades de paralizar y obstaculizar la producción como medida de presión y demostración de fuerza que tenemos las y los trabajadores cuando tomamos conciencia del rol que debemos ocupar en la historia. 

La acumulación de fuerza, es decir, de experiencia de lucha y desarrollo de conciencia de clase, así como de herramientas de organización y combate, deben ir de la mano de un proyecto de sociedad que se presente en nuestro horizonte e impulse las tareas del andar. Es así como las y los clasistas nos proponemos avanzar desde lo básico, es decir, levantar sindicatos de lucha por las reivindicaciones inmediatas, pero también, buscamos avanzar en impulsar luchas de carácter político que vayan cimentando un camino contra la base de nuestra explotación, y poder proponer una sociedad en donde las y los trabajadores vivamos digna y plenamente. 

Este proyecto, ha ido perdiéndose en el movimiento sindical, lo que quedó claro en su ausencia durante lo que fueron las protestas de octubre del 2019, en donde el pueblo en pleno salió a la calle, pero queda evidenciada la debilidad y carencia de alternativa que pudiese aglutinar a las masas en lucha y encaminarse hacia un programa de transformación profunda de la sociedad y no su maquillaje electoral como finalmente sucedió. 

De esto debemos aprender, y como AIT consideramos que discutir cómo el movimiento sindical debe buscar recomponerse y acumular fuerza es una tarea urgente. A partir de esto, considerar la construcción ramal y geográfica aparecen como relevantes de caracterizar.

La estrategia ramal es la forma tradicional o histórica de construir sindicalismo en Chile. Consiste en la organización por rama productiva, es decir, minería, puertos, agricultura, salud, educación, como por ejemplo la FENATS[1], ANEF[2], SUTE[3], entre otros. Fue la forma predominante del sindicalismo en Chile hasta el golpe cívico militar, estableciéndose como una estrategia que comenzó a desarrollarse por la vía de los hechos y que luego se legalizó. En el período de la Unidad Popular fue donde más se masificó, pero institucionalizándose a través de desarrollo de comisiones tripartitas.  El objetivo de esta forma de organización es el establecimiento de sindicatos únicos y /o federaciones, teniendo como demandas principales el tarifado, es decir, instalación de remuneraciones y condiciones mínimas para toda la rama productiva. 

Si analizamos esta estrategia hoy, podemos ver que tiene la ventaja de que fortalece el poder de negociación de las y los trabajadores en cuanto a sus luchas reivindicativas, facilita la paralización en sectores estratégicos y permite un despliegue nacional del movimiento sindical, favoreciendo de manera efectiva la acumulación de fuerza por medio de articulación y luchas concretas. Asimismo, permite el desarrollo de identidad de clase y permite incorporar en su seno a las y los cesantes, manteniéndolos anclados en el movimiento de trabajadores/as. Sin embargo, toda esta acumulación si no es fortalecida por una línea clasista puede derivar en problemas como el gremialismo o incluso la gesta de una “aristocracia obrera” debido a las conquistas que puede tener un sector productivo respecto de otros. A su vez, estas limitaciones también hacen más propenso el desarrollo de la burocracia sindical como práctica concreta. 

Por su parte el desarrollo de acumulación de fuerza sindical geográfica ha tenido momentos relevantes en Chile, pero ha sido menos desarrollada a lo largo de la historia. Algunos ejemplos que se destacan son las mancomunales obreras a principios del siglo XX y los cordones industriales de la década de 1960 y 1970, como ejemplos de construcción sindical con arraigo territorial. 

Esta estrategia de lucha sindical consiste en vincular los sindicatos de un mismo territorio geográfico, pero, además, vincularse con otros actores del territorio, como pobladores o estudiantes, en donde debieran ser los sindicatos quienes cumplan un rol protagónico, partiendo de la potencialidad del sector en la paralización del país. Esta forma de organización apunta a resolver la necesidad de articularse con otros para fortalecer la lucha y compartir un proyecto en común en tanto clase. Las y los pobladores son también parte de la clase trabajadora y el pueblo, al igual que las y los estudiantes. La experiencia de los cordones industriales, por ejemplo, fue una apuesta que se planteó el control obrero de la producción desde una concepción dual e intentó avanzar en la construcción de poder no solo en la toma de fábricas y su administración, sino también en la colaboración entre industrias vecinas, la distribución de los productos, el establecimiento de mercados, la resistencia al ataque de la patronal, todas estas acciones potenciadas en el marco del desarrollo de los comandos comunales. Esto también tuvo un correlato organizativo, en donde la creatividad comienza a romper con la burocracia sindical y se desarrollan coordinaciones con delegados zonales, asambleas, entre otras formas de democracia obrera.

Esta forma de acumulación permite salir del gremialismo ramal y proyectar de manera más concreta la construcción de poder popular con anclaje territorial y articulación intersectorial, esto considerando las potencialidades de impulsar una huelga general combinada con protesta popular.

Tomando lo anterior, es posible mencionar que tanto la acumulación ramal como la geográfica son necesarias, y las y los clasistas debemos tener la capacidad de desarrollar ambas formas de manera simultánea.  La organización ramal tiene un aporte en el fortalecimiento de las luchas reivindicativas y políticas de tipo democráticas. A su vez, es un aporte importante para avanzar en superar los problemas actuales como la atomización y la carencia de fuerza. Por tanto, la estrategia ramal no debe circunscribirse solo a la búsqueda de la legalización de la negociación por rama, que es lo que el sindicalismo de conciliación ha promovido, sino más bien se refiere a una estrategia de organización y de lucha que retoma el desarrollo histórico del movimiento obrero.  

Por su parte, la acumulación de fuerza geográfica también es fundamental para la necesaria articulación del campo popular y todos sus actores y romper con el gremialismo. Asimismo, para que esta articulación vaya dando origen a un proyecto y una alternativa clasista y combativa común a todos los sectores que se encuentran luchando por sus reivindicaciones, unificando las luchas y cimentando las condiciones para proyectar un programa para una nueva sociedad que supere la explotación y opresión del capitalismo. 


[1] Federación Nacional de Trabajadores de la Salud

[2] Asociación Nacional de Empleados Fiscales

[3] Sindicato Único de Trabajadores de la Eduación