por Artemio Rojas Pontie
El martes 17 de septiembre pasado era otro día más de esos que vive el Líbano desde que las acciones de guerra de Israel comenzaron en Gaza. Esa sensación que cruza el ambiente de que en cualquier momento todo puede volar por los aires, una tensión constante que poco a poco ha oscurecido el cielo con los vientos de la guerra. El Líbano, otrora apodado «El París de Medio Oriente» —un título que reflejaba su vibrante vida cultural, su atmósfera cosmopolita, un destino perfecto para las vacaciones de miles de europeos y asiáticos—, hoy muestra al visitante las cicatrices abiertas por decadas de guerras, invasiones, y masacres tan horrendas como las de Sabra y Chatila, marcadas para siempre en su historia, y abre las puertas a un nuevo infierno con Israel.
A eso de las 15:50, los bippers de miles de militantes, combatientes, funcionarios y oficiales de Hezbollah comenzaron a vibrar. Parecía un llamado más, uno de esos que se originan desde el mismo centro de comunicaciones de la organización de resistencia en el Líbano. El mensaje esta vez era diferente, testigos indican que en cuestión de segundos, esos aparatos, que alguna vez fueron la vía de comunicación más segura frente al espionaje israelí, explotaron simultáneamente en diversas partes del país. Era un ataque calculado, frío, como sacado de las páginas de un guion escrito por veteranos de la guerra sucia.

Los explosivos, instalados dentro de los beepers, habían sido activados de manera remota, generando un caos instantáneo. Las explosiones se sucedieron no solo en las calles, sino dentro de comercios, viviendas, e incluso en instituciones sanitarias y educativas.
Las cifras del horror llegaron pronto: 12 militantes muertos, dos niños, y más de cuatro mil personas heridas en diversos puntos de Líbano y Siria. La sofisticación de esta operación, según los informes, fue obra del Mossad, la inteligencia israelí, que con paciencia había seguido durante meses el recorrido de los beepers. Estos dispositivos, comprados meses atrás por Hezbollah para evitar el rastreo de llamadas en sus celulares, habían sido su talón de Aquiles. El Mossad se las arregló para insertar los explosivos en la fase de producción, aprovechando un punto débil en la cadena de suministro. La empresa Gold Apollo, con sede en Taiwán y señalada como la fabricante de los dispositivos, negó cualquier responsabilidad, alegando que la producción fue licenciada a una empresa húngara, BAC. La trama se iba enredando.
El miércoles, un día después, se produjeron nuevas explosiones en handies, paneles solares y otros aparatos de Hezbollah en Beirut, el norte y el sur del país. Agregando muertos y heridos.Varias de las explosiones se produjeron en el funeral de tres miembros de Hezbollah y un niño, asesinados el dia anterior
«Si Netanyahu cree que con esto los colonos del norte de Palestina podrán volver a sus hogares, le decimos que está muy equivocado», declaró uno de los líderes chiitas mientras despedía a los suyos. El Líbano estaba herido, pero la resistencia no había sido quebrada.
Los analistas internacionales comienzan a especular: un ataque como este requiere un nivel de infiltración considerable en la cadena de aprovisionamiento de Hezbollah. Para plantar explosivos en miles de beepers y luego detonarlos de manera sincronizada, se necesita un acceso meticuloso y prolongado a las fuentes de suministro de la organización. Este grado de infiltración podría formar parte de un plan mayor, destinado a sembrar el caos en Hezbollah, paralizando cualquier respuesta coordinada ante una posible invasión terrestre de Israel ¿es este ataque el preludio de una invasión más amplia del sur del Líbano? El comandante Orin Gordin, del ejército israelí, lo había sugerido en más de una ocasión. La presión crecía, las ventanas diplomáticas se cerraban. Yohav Gallant, ministro de Defensa de Israel, advirtió que el tiempo para negociar se estaba agotando. El conflicto en Gaza, en Cisjordania y ahora en el Líbano parece ser parte de un plan mayor, uno que tiene a Irán en la mira.
El martes, cuando los beepers comenzaron a estallar, las calles de Beirut se llenaron de personas heridas, sangrando profusamente, muchas con lesiones graves en los ojos y el rostro. Según el Ministerio de Salud libanés, se realizaron más de 460 operaciones ese día, tratando de salvar a quien pudiera. Para el gobierno israelí todos aquellos que usaban beepers eran, inevitablemente, terroristas. Para otros, eran trabajadores de salud, niños, ancianos, víctimas de una accion terrorista.
Cuando se dice «fuentes de inteligencia dicen» se esta hablando de un relato entre muchos otros, que los servicios de inteligencia tratan implantar en la opinion publica. Segun esas fuentes Israel decidió activar los explosivos después de obtener información de que los dispositivos habían comenzado a despertar sospechas entre algunos oficiales de Hezbollah, quienes se disponían a revisarlos. Israel habria desperdiciado, entonces, meses de trabajo de inteligencia para asesinar a 9 libaneses y herir a mas de tres mil? una accion rimbombante sin ningun objetivo real, mas que sembrar el terror? la interrogante queda dando vueltas y los dias y semanas que vienen daran la respuesta.

No es la primera vez que se ve este tipo de operaciones, que aunque técnicamente impresionantes, parecen no tener un fin real más allá de enviar un mensaje de fuerza. Este ataque podría ser, por un lado, una prueba del alto nivel de sofisticación alcanzado por las operaciones de inteligencia y militares de Israel, pero Tambien podria mostrar su contracara: la desesperacion frente a una Resistencia a la que no logra derrotar, la presion que se deja ver por miles en las calles de Israel para negociar una tregua,la decisión de «arrancar hacia adelante», la brutal y casi psicopática determinación de un actor clave en la escena mundial de empujar un poco más a la humanidad hacia el borde del abismo de una conflagración global total.
