por Artemio Rojas Pontie
El martes 17 de septiembre pasado era otro día más de esos que vive el Líbano desde que las acciones de guerra de Israel comenzaron en Gaza. Esa sensación que cruza el ambiente de que en cualquier momento todo puede volar por los aires, una tensión constante que poco a poco ha oscurecido el cielo con los vientos de la guerra. El Líbano, otrora apodado «El París de Medio Oriente» —un título que reflejaba su vibrante vida cultural, su atmósfera cosmopolita, un destino perfecto para las vacaciones de miles de europeos y asiáticos—, hoy muestra al visitante las cicatrices abiertas por decadas de guerras, invasiones, y masacres tan horrendas como las de Sabra y Chatila, marcadas para siempre en su historia, y abre las puertas a un nuevo infierno con Israel.