¿Son los tambores de guerra en el frente entre Israel y el Líbano el preludio de una guerra total?

por Gabriel Achcar

Las últimas semanas han sido testigo de una fuerte escalada del intercambio de fuego entre la resistencia libanesa y las fuerzas israelíes en el sur del Líbano/norte del Estado sionista. Esta escalada ha ido acompañada de una intensificación de las declaraciones y amenazas entre ambas partes, con crecientes amenazas israelíes de lanzar una guerra total contra todas las zonas en las que Hezbolá está desplegada e infligirles un destino similar al de la Franja de Gaza en cuanto a la intensidad de la destrucción. Sin embargo, aunque fuentes del ejército israelí afirman que está plenamente preparado para librar esta guerra, estas afirmaciones se contradicen con los esfuerzos que se están realizando para aumentar el número de reservistas movilizados de 300,000 a 350,000 elevando la edad de salida de la reserva (de 40 a 41 años para los soldados, de 45 a 46 para los oficiales y de 49 a 50 para los especialistas tales como los médicos y los miembros de las tripulaciones aéreas).

Además, estos esfuerzos siguen chocando con la insistencia del mando militar sionista en la necesidad de poner fin a la exención del reclutamiento para los estudiantes de yeshiva ultraortodoxos, lo que aumentaría el número de soldados sin incrementar la carga sobre las familias y los puestos de trabajo de los actuales reclutas y, por tanto, sobre la economía del país. Así pues, aunque los esfuerzos por aumentar la movilización indican ciertamente la determinación de la cúpula militar de completar los preparativos para una guerra total contra el Líbano, indican al mismo tiempo que la escalada de amenazas por parte israelí no refleja una intención real de lanzar una guerra a gran escala contra el Líbano en las circunstancias actuales, sobre todo porque todo el mundo está consciente de que el costo de una guerra de este tipo para el Estado sionista será mucho mayor que el costo de invadir Gaza, tanto en términos del costo humano (incluso si el ejército sionista se abstiene de invadir territorio libanés y se limita a un bombardeo intensivo, como es probable, el número de víctimas de los bombardeos dentro del Estado de Israel será inevitablemente mayor que en la guerra contra Gaza); del costo militar (el tipo de equipamiento que el ejército sionista necesitará utilizar contra Hezbolá); o del costo económico.

Esta realidad crea un grave problema para Israel, ya que no puede librar una guerra total contra el Líbano sin un aumento masivo de la ayuda de Estados Unidos en comparación con la gran ayuda ya proporcionada por Washington en la guerra genocida librada contra Gaza. Además, dado que Hezbolá está vinculado orgánicamente a Teherán, una guerra total de las fuerzas sionistas contra el Líbano podría ampliarse para incluir a Irán, que podría disparar cohetes y aviones no tripulados (drones) contra el Estado de Israel, como hizo el pasado mes de abril. A la luz de esta dependencia del ataque israelí de la ayuda estadounidense, la repentina escalada retórica de Netanyahu contra la administración Biden en los últimos días es una prueba más de la falta de voluntad del gobierno sionista de lanzar una guerra total contra el Líbano en las actuales circunstancias, ya que el comportamiento de Netanyahu hacia Washington contradice la necesidad de su ejército de contar con un apoyo estadounidense aún mayor del que ha recibido hasta ahora.

Así pues, ha quedado claro que Netanyahu apuesta por que Donald Trump gane un segundo mandato en las elecciones estadounidenses previstas para principios de noviembre. Está actuando como un jugador que decidió tirar todo lo que tenía sobre la mesa apostando a doble o nada. Además, Netanyahu se está beneficiando políticamente de su propia escalada de tensiones contra la administración Biden, que aumenta su popularidad al presentarlo como un gobernante sionista que resiste las presiones externas incluso en las circunstancias más difíciles. Se está preparando para una nueva ronda de este juego político mostrando el importante apoyo político del que goza en el Congreso estadounidense contra la administración Biden cuando vaya a Washington a pronunciar su cuarto discurso ante una sesión conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado el 24 de julio.

Si Trump gana las elecciones, Netanyahu buscará un apoyo libre del tipo de limitaciones y presiones que la administración Biden ha intentado imponerle recientemente. Si Trump no gana, es probable que Netanyahu negocie con la administración Biden y la oposición sionista para obtener garantías que le permitan romper su dependencia de la extrema derecha sionista en su gobierno y formar un gabinete de «unidad nacional» que presidiría hasta las próximas elecciones de 2026. La oposición, por su parte, intentará sin duda deshacerse de él, dividiendo la coalición en la que se basa su actual gobierno en la Knéset y forzando elecciones anticipadas.

No piensen, sin embargo, que la lucha política dentro de la élite política sionista es entre halcones y palomas: es más bien entre halcones y buitres. Ambas partes, Netanyahu y la oposición, creen que no existe una tercera opción en su frente norte, salvo que Hezbolá consienta y acepte retirarse hacia el norte en aplicación de la Resolución 1701 adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU tras la guerra de 33 días de 2006, o que libren una guerra encarnizada contra Hezbolá a un alto costo, que todos consideran necesario para reforzar la capacidad de disuasión de su Estado, que ha sido rebajada significativamente en el frente libanés desde el 7 de octubre.

(Fuente: Bolg de Gabriel Achcar)

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