¿Por qué Oppenheimer ha llegado a una audiencia global tan grande?

por David Walsh

Oppenheimer, la película biográfica de J. Robert Oppenheimer, un físico y “padre de la bomba atómica”, escrita, dirigida y coproducida por Christopher Nolan, sigue afectando la sensibilidad de audiencias de todo el mundo.  La película ha recibido numerosos honores críticos y ha sido nombrada a 377 premios en todo el mundo. Recientemente, este 24 de febrero, Oppenheimer obtuvo 4 premios importantes, en la ceremonia del Screen Actors Guild en Los Ángeles (el evento solo considera las actuaciones).

La película de Nolan competirá para 13 premios de la Academia y se espera que gane en varias categorías en el evento, que tomará lugar el 10 de marzo.

La muy merecida atención que ha recibido esta cinta es genuina. Oppenheimer es una obra que merece ser vista varias veces. La segunda o tercera vez revela elementos que pueden pasar desapercibidos. Cillian Murphy, en el rol de Oppenheimer, brinda una actuación poderosa y con muchos elementos de esa personalidad extremadamente complicada. También hay importantes actuaciones de Robert Downey, Jr., Florence Pugh, David Krumholtz, Tom Conti, Benny Safdie, Gary Oldman, Kenneth Branagh y otros (algunos de ellos representando roles menores). 

El drama está lleno de elementos fascinantes y pertinentes. Oppenheimerexamina una amplia gama de temas: tales como el desarrollo de la bomba nuclear, los debates de física teórica, la Guerra Fría, el macartismo, y más. Además de presentarnos a Albert Einstein (Conti) tanto como un científico brillante y como profundo pensador social. Edward Teller (Safdie) representa un oportunista ambicioso y desagradable. Harry Truman (Oldman) aparece como la figura criminal y miserable que realmente fue.

Oppenheimer nos presenta la manera en que el establishment estadounidense persuadió y engatusó a destacados científicos, muchos de ellos judíos y de izquierda, a menudo políticamente ingenuos, para que trabajaran en la bomba atómica en base a su profundo odio hacia Hitler y temor de que los nazis fueran los primeros en crear esa terrible arma. En todo eso, el Partido Comunista estalinista, al falsificar la naturaleza de la segunda guerra mundial imperialista y del Gobierno de Roosevelt-Truman, jugó un papel devastador, desorientando a los físicos, y a muchos otros, dejándolos completamente desprevenidos para la caza de brujas y las represiones que vendrían. 

Aún así, muchos se negaron a unirse al Proyecto Manhattan y lo condenaron. La película de Nolan ofrece una imagen relativamente matizada de los numerosos conflictos y contradicciones. En una escena, para convencer a un científico a que se una al proyecto, Oppenheimer dice: “Así que eres un acompañante de viaje [del Partido Comunista], ¿y qué importa? Esta es una emergencia nacional. A mí, con mis esqueletos, me han puesto a cargo. Nos necesitan”. El otro responde proféticamente: “Hasta que no nos necesiten”. Frente a un Oppenheimer, en uniforme militar, su colega, el físico Isidor Rabi (ganador del Premio Nobel en 1944, interpretado por Krumholtz) dice: “Quítate ese ridículo uniforme: eres un científico”.

Oppenheimer trata con gran seriedad a estas personas extraordinarias, muchas de ellas sintiendo el conflicto de impulsos contradictorios, especialmente el personaje principal. Luego de caer la bomba sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, Oppenheimer se dirige a una multitud de científicos que lo vitoreaban con estas palabras: “El mundo recordará este día. Aunque aún sea muy temprano para determinar cuáles son los resultados de la explosión… estoy seguro de que a los japoneses no les gustó”. Con su guion, Murphy pudo caracterizar la conciencia de Oppenheimer, de la horrible insensibilidad de su comentario. Continua el diálogo (escrito en primera persona): “Veo CARNE ARRANCADA DE LOS CARAS JÓVENES SONRIENTES… EL PLASMA TURBULENTO y LA GARRA DEL DIABLO alcanzando el cielo nocturno… veo montones de CENIZAS donde aplaudía la multitud juvenil”. 

Este relato debe ser hoy una lección apasionada para quienes eligen creer las mentiras sobre las intenciones “democráticas” de Estados Unidos con respecto a Ucrania o Gaza. Oppenheimer y los demás se alinean obedientemente, convenciéndose de la historia oficial. El imperialismo estadounidense los manipula y posteriormente, en muchos casos, se deshace de ellos, a menudo con dureza. Mientras los militares preparaban la bomba para usarla en Hiroshima, con Oppenheimer dando consejos prácticos, un oficial de la Fuerza Aérea, responde: “Con todo respeto, Dr. Oppenheimer. Nosotros nos encargaremos desde aquí”. Exactamente.

Nolan y sus colegas tratan a su público con sinceridad. Organizan los temas y argumentos de manera accesible, si alcahuetear ni vulgarizar. El público ha respondido con interés y apoyo.

Oppenheimer ha recaudado alrededor de 960.000.000 de dólares en la taquilla internacional. Es posible, con un estreno en Japón previsto para marzo (un acontecimiento controversial), que la película sobrepase mil millones de dólares. 

Es difícil estimar con precisión cuantas personas han visto Oppenheimer.

A la industria cinematográfica estadounidense en particular solo le interesan los “ingresos brutos”. Con 330.000.000 de dólares recaudados en la venta de entradas en Estados Unidos y un precio medio de entrada al cine de 10 dólares, se puede estimar un público aproximado de entre 30 y 40 millones de espectadores.

A nivel mundial, aunque las entradas promedian aproximadamente $5 por boleto, esa cifra no es muy útil (el costo de las entradas es mucho más alto en Europa occidental y Japón). En algunos países el cálculo es más preciso. En Francia, las cifras publicadas por el Centro Nacional de Cine a principios de año, indican que Oppenheimer es la quinta película más taquillera, con un público de 4,39 millones. También en Alemania: según la Federal Film Board (FFA), la película salió cuarta, con 4,1 millones de videntes. 

En Reino Unido, se recaudó 74.872.624 dólares el año pasado y los boletos promediaron 10,04 dólares, dándonos una audiencia de 7,45 millones. En Italia, Oppenheimer en sus primeros cinco días “representó el 70 por ciento de todas las entradas”; “y registró el mayor fin de semana de estreno en los cines IMAX” (Collider). Más de dos millones de australianos han visto el filme, lo mismo que en Corea del Sur. Según Korea Times en agosto, “Oppenheimer encabezó la taquilla local durante sus primeros cinco días, vendiendo más de 1,5 millones de entradas”. Según mis cálculos, cinco millones de espectadores han asistido a funciones de Oppenheimer en México. 

El número en China probablemente supera los 10 millones, (tal vez con creces). The Hollywood Reporter señaló en septiembre que “A pesar de ser una película larga y de pesado tema histórico (que muchos analistas esperaban que aburriría en China), Oppenheimer fue recibida con entusiasmo. En la influyente revista de cine, Douban, ha recibido casi medio millón de reseñas con un índice promedio de 8,8, uno de los índices más altos de cualquier película de Hollywood de los últimos tiempos. En los servicios de entradas de Maoyan y Tao Piao Piao de Alibaba, el promedio es de 9,4 y 9,6, respectivamente”. Un gran número de espectadores también han visto Oppenheimer en India, Brasil, España, Países Bajos, Arabia Saudita, Polonia y Suecia. 

Además, dadas las realidades actuales, es probable que millones de personas en todo el mundo hayan visto la película en versiones “pirateadas”, y millones más a través de plataformas de transmisión en directo (streaming).

Desde un punto de vista conservador, en seis meses más de 100 millones de personas han visto en la película de Nolan, una obra realmente intensa y llena de actividad que trata sobre acontecimientos histórico-mundiales.

​La referencia que mencionamos, acerca de que la respuesta a la película en China confundió las “expectativas” de los analistas, es válida en todas partes. En Estados Unidos, sobre todo, los críticos superficiales aún se hacen los asombrados. The Associated Press dice, con indudable precisión, aunque con crudeza, que “nadie en la industria esperaba que un drama tan largo, con tanto diálogo y restringida para menores, que apareció en plena temporada de verano obtuviera más de 900 millones de dólares en taquillas”. La revista Variety, comenta que los “números” de la película eran “más o menos insólitos tratándose de un drama histórico increíblemente denso, de tres horas y restringido para menores”. 

La Motion Picture Association de Estados Unidos, inyectando sus prejuicios, describe el “recaudamiento” de taquilla de Oppenheimer como algo “asombroso” para una película “sobre una figura tan complicada y sin superhéroes”. Incapaz de evitar su sorpresa, la asociación cinematográfica señala que una “película larga, a menudo técnica y complicada sobre una persona histórica de la que mucha gente sabe poco no debe ser el tipo de película que encante al público de todo el mundo”.

Según Box Office MojoOppenheimer es 62 en la lista de películas con “mayores ingresos brutos de todos los tiempos” en todo el mundo. Para ser franco, en verdad es la única película importante para adultos entre las primeras 100 películas en la lista; las demás son adaptaciones de historietas, películas para niños, los miserables esfuerzos de James Cameron (Titanic, Avatar, etc.) y similares. De hecho, hay que bajar mucho más en la lista para encontrar películas serias como Rain Man (Cuando los Hermanos se Encuentran) es número 428, por ejemplo. La lista de Schindler es 494, Green Book (Una Amistad Sin Fronteras), 496, Lincoln, 599, The Truman Show: Historia de Una Vida, 631. La inflación de los precios de las entradas a través del tiempo nubla un poco el panorama. Aun así, el logro de Oppenheimer sigue siendo significativo. ¿Cómo es que película de Nolan resuene con tanta fuerza entre tantos, independientemente de la geografía? 

Verla una segunda vez confirma que Oppenheimer sobresale, en primer lugar, por su complejidad y su carácter desafiante. Despierta los poderes mentales del espectador, en condiciones en las que la producción cinematográfica actual está cada vez más dominada por éxitos de taquilla ruidosos y vacíos que insultan o entorpecen la inteligencia. Su éxito demuestra una vez más que existe un hambre genuina, constante y creciente, por obras cinematográficas con sustancia.

La cinta de Nolan trata la vida política de manera convincente y objetiva, tanto a través de su mordaz retrato de figuras como el presidente Truman, Lewis Strauss (Downey) y toda una colectividad de matones macartistas, militares y gubernamentales, propios de una dictadura autoritaria. Y también su mirada comprensiva hacia la intelectualidad de izquierda en los Estados Unidos en la década de 1930. Estas son algunas de las escenas más íntimas y fascinantes. Alex Wellerstein, historiador de la ciencia, especialista en la historia de las armas nucleares del Stevens Institute of Technology en Hoboken, Nueva Jersey, dijo a la revista Time que cada persona en el “círculo cercano de Oppenheimer es o fue en algún momento miembro del Partido Comunista o muy cercano a este. Es muy probable que él también lo fuera”. En las palabras de uno de los personajes de la película, el expediente de seguridad de Oppenheimer revela que eran comunistas “su hermano, cuñada, prometida, mejor amiga y esposa”. 

A ninguno de los expertos se le ocurre que las razones por las que algunos anticiparon que Oppenheimer fracasaría —por ejemplo, según un sorprendido crítico, “es una película biográfica sobre un científico, una historia moral sobre la creación de la bomba atómica y un drama sobre una persecución anticomunista” (AV Club)—son precisamente las que ha atraído a una amplia audiencia: en otras palabras: la seriedad de los temas de la película y el contexto histórico, y la seriedad de su presentación. 

Como argumentó el WSWS en una reseña inicial en julio, Oppenheimer es una “película apropiadamente inquietante sobre las armas nucleares y la guerra nuclear. Su objetivo es estremecer a los espectadores; y lo logra”. En un momento en que, con temeridad criminal, “los Gobiernos de Biden y de sus aliados de la OTAN insisten que no serán ‘disuadidos’ por la amenaza de un conflicto nuclear” con Rusia, el hecho de que la película de Nolan haya “alcanzado a un público tan numeroso revela sentimientos diferentes en la población, que está profundamente preocupada ante la posibilidad del uso de bombas atómicas”. 

En entrevistas, Nolan (nacido en 1970) ha revelado que tales preocupaciones lo han acompañado durante décadas. Creció en Reino Unido en la década de 1980, “una época de gran temor a las armas nucleares”, dijo en una entrevista con Deadline. “Fue como crecer en los años 1960, con la crisis de los misiles cubanos”. Continua Nolan: “Los años 1980 fueron algo muy similar. Hubo protestas y en la cultura pop se hablaba mucho de armas nucleares. Fue en la canción de Sting “Russians” [1985] donde escuché por primera vez el nombre de Oppenheimer, y había un miedo muy palpable a un Armagedón nuclear”. 

En una intrigante conversación con John Mecklin, editor jefe del Bulletin of the Atomic Scientists, antes del estreno de la película, Nolan es bastante específico e insiste que “nuestra intención con la película –cualquiera que sea el mundo en el que estrene– en parte es reiterar el peligro único y extraordinario de las armas nucleares. Eso es algo en lo que todos deberíamos pensar todo el tiempo y preocuparnos muy, muy profundamente. Obviamente, es extraordinariamente preocupante que la situación geopolítica de nuevo se ha deteriorado tanto hasta el punto de que se habla de ello en las noticias”. 

Nuestro guionista-director condena una situación en la que los funcionarios gubernamentales y militares “empiezan a verlas [las armas nucleares] como armas comunes y corrientes… Se está normalizando la muerte de decenas de miles de personas. Se creando equivalencias morales, falsas equivalencias con otros tipos de conflictos, etcétera, etcétera”. Se refiere a los portavoces del ejército que “empiezan a hablar de armas nucleares tácticas; esa es la conversación que ahora más temo, porque la escucho de ambos lados del espectro político, no solo de [el presidente ruso Vladímir] Putin. Siento que ahora estamos en un mundo donde la gente está empezando a hablar una vez más de esas cosas como si fuera una posibilidad aceptable para nuestro mundo”.

Nolan sugiere que es improbable que se produzca un apocalipsis nuclear mediante “algún escenario tipo Dr. Strangelove en el que los bombarderos reciben una señal equivocada”. Es mucho más probable, dice, “que se trate de la normalización de las armas atómicas, comenzando con el uso de armas nucleares tácticas que conduzca a un conflicto cada vez mayor que en última instancia destruirá el planeta”. Salió de hacer Oppenheimer, declara el cineasta, “con una comprensión diferente, una colección de miedos diferente que, en última instancia, se basan en el mismo miedo final, que el mundo va a ser destruido por estas cosas”. 

Time, en su artículo sobre Nolan, comenta que “la pequeña bomba de Hiroshima de Oppenheimer tenía un poder explosivo de 15 kilotones, o 15 mil toneladas de TNT. Un solo misil Trident II estadounidense moderno puede transportar hasta 12 ojivas nucleares, con 475 kilotones de potencia cada una”. En otras palabras, cada misil de este tipo (de los cuales existen cientos) contiene más de 380 veces el poder destructivo de la bomba que demolió una ciudad importante y mató a unas 100.000 personas.

El cineasta comienza con todas esas preocupaciones, que afectan a la humanidad, y las presenta con conciencia y rigor. Toda película importante empieza con elaboradas y complejas cuestiones artísticas, más de las que se puedan imaginar, con un enorme número de partes móviles. Nuestro guionista-director concentra su atención en esa temática y encauza en la misma dirección los esfuerzos y habilidades de cientos de colaboradores, implementando un sinnúmero de tecnologías, para que el espectador reviva y reelabore este mismo problema, este complejo racimo de estados de ánimo e ideas sobre acontecimientos históricos y también sobre el presente. La película de Nolan comunica con gran efecto un sentido de urgencia porque los realizadores descubrieron una manera de materializar esa urgencia propia en la forma de una obra artística paciente y cuidadosamente construida.

Oppenheimer se propone discutir dos asuntos históricos para los que un gran número de personas requieren urgentes respuestas, estén o no plenamente conscientes de ello: ¿cómo ha llegado la humanidad a esta situación tan amenazante y qué se debe hacer al respecto? No lo hace como una conferencia o un ensayo, sino como un drama absorbente y humano con múltiples facetas. Inclusive el desacuerdo con la visión demasiado apologética y aceptante de Nolan sobre el papel y el legado de Robert Oppenheimer (“definitivamente fue un héroe” y los científicos del Proyecto Manhattan “tuvieron que hacer lo que tenían que hacer”) no quita méritos a la sutil y extraordinariamente sincera actuación de Murphy, también la actuación de muchos de los demás, como hemos señalado anteriormente.  

La naturaleza repulsiva de la política burguesa contemporánea, y el vasto vacío moral e intelectual que ésta representa, también ayudan a crear una receptividad especial en torno a obras como Oppenheimer. Los principales personajes políticos actuales en un país tras otro son una variedad de alcahuetes corruptos de las grandes empresas, matones fascistas y belicistas. Los partidos políticos dominantes por lo general son detestados y las fuentes oficiales de información son vistas como embusteras y apéndices del Estado. No es sorprendente que millones de personas que buscan una evaluación honesta de la vida, miren en otra dirección, hacia los artistas, tal vez ingenuamente e incluso crédulamente. “El arte”, escribe León Trotsky en Cultura y Socialismo, “es una de las formas de orientación para el hombre en el mundo”. Cuando proviene tan poca orientación racional de las fuentes oficiales, el cineasta puede adquirir una importancia mayor que lo que quizás se merezca.

Sin embargo, también se puede argumentar que la coyuntura inmediata no explica por qué Oppenheimer generó tal recepción. Estamos frente a efectos que se han ido acumulando y que caen “inesperadamente” y “sorprendentemente” solo en la cabeza del filisteo. En las últimas décadas, muchísimas personas han atravesado experiencias traumáticas o han sido testigos de ellas. La guerra es una constante. En todos los rincones del mundo se han producido convulsiones instigadas directa o indirectamente por las grandes potencias. Un cálculo aproximado del número de gente desplazada a la fuerza y apátridas nos da una cifra de 130 millones en 2024, en 133 países y territorios y en más de 500 lugares. 

En eso están involucrados casi todos los habitantes del planeta. Hoy en día el imperialismo sacude, politiza, y radicaliza a muchísima gente, obligándolas a reflexionar sobre cuestiones básicas. No nos referimos a episodios aislados, pequeñas nubes en un cielo lleno de sol, sino que persisten, recurren y son cada vez más violentos. Son décadas de conflicto y desequilibrio, y ahora el surgimiento de una tercera guerra mundial, que transforman el pensamiento popular. La gente empieza a conectar sus experiencias, a sacar conclusiones, a buscar causas que van más allá de las que ofrece la prensa capitalista. El provincianismo, el nacionalismo y el “excepcionalismo” se derrumban. Se trata de experiencias globales y colectivas cada vez más compartidas. ¡No es de extrañar que haya hambre de material artístico mucho más riguroso!

Además, tras la disolución de la Unión Soviética y las enormes cuestiones históricas que esa conmoción produjo, para más y más personas ya no basta el radicalismo barato y demagógico. La restauración del capitalismo en los antiguos países “socialistas”, demanda argumentos muy serios. ¿Cómo fue posible ese “fracaso”? Las acusaciones y las meras consignas ya no sirven. Una vez más, los exámenes precisos y sobrios se ponen “de moda”. Aun cuando todavía no se entiendan todas las cuestiones, aparece una intuición cada vez más compleja de que es necesario resolver problemas difíciles y fregados. Es imprescindible abocarse a una faena dura y agotadora. 

Otra vez se dan las condiciones para que los seres humanos consideren que sus propias vidas son transformadas en un contexto histórico y social, para que vean que es de vida o muerte comprender y dominar el tema de las decisivas transformaciones históricas y sociales. No es nada accidental que el cine, como actividad de gran escala y de tipo industrial, que tiende a mejorar en condiciones de movimientos populares e inquietudes hirvientes, refleje esta transformación. El mismo Nolan admite sentirse “atraído a trabajar en gran escala” y sentir “la responsabilidad” de utilizar todos esos recursos “en la forma más productiva e interesante”.

Claro está que Oppenheimer no es la única obra de arte que refleja algunas de estas transformaciones, ni donde aparece recién este proceso artístico. Con anterioridad nos hemos referido a otras obras, películas y series de televisión que retransmiten la desazón, la insatisfacción y el disgusto por la situación actual. Sin embargo, la enorme prominencia internacional de Oppenheimer representa un punto transcendental.

No es que la película carezca de debilidades o ángulos muertos. El pasado mes de julio ya habíamos escrito que los problemas de Oppenheimer “no son tanto los fracasos del guionista-director como individuo. Derivan de problemas más generales relacionados con el entendimiento de la Segunda Guerra Mundial y de las realidades políticas de mediados del siglo XX”. En verdad, hay que absolver a Oppenheimer cuando miramos hacia el pasado, como hacen los cinematografistas que asemejan la Segunda Guerra Mundial a la gran batalla por la democracia, y al Gobierno de Roosevelt a una utopía de reformas sociales. Lo más débil de la película, cuando temporalmente se convierte en una especie de fórmula, ocurre durante la organización de la instalación militar secreta de Los Álamos y durante los preparativos para el primer ensayo de la bomba atómica. 

El año pasado insistimos en que “la clase trabajadora no debe convertir propiamente a Oppenheimer en un héroe. A pesar de que a finales de los 1930 defendía sinceramente las ideas izquierdistas, Oppenheimer se convierte en un personaje importante en la maquinaria militar y de inteligencia de Estados Unidos. No perdona a Oppenheimer que la “izquierda” en Estados Unidos en general, y del Partido Comunista en particular, aplaudía las incineraciones de Hiroshima y Nagasaki, y que Oppenheimer pudo pasar más o menos sin problemas del Frente Popular estalinista pro-Roosevelt a la participación directa en la maquinaria de guerra”.

Sobrenadan sin resolver en el Oppenheimer de Nolan enormes cuestiones como la naturaleza de la Revolución de Octubre de 1917 (que todavía influenciaba a personas como Oppenheimer y otros de su generación) el surgimiento del estalinismo en la URSS y la traición de la revolución, el sucio papel del Partido Comunista en Estados Unidos, 

El año pasado, en el Bulletin of the Atomic Scientists, Nolan alude a algunas de esas cuestiones. Hablando de “la naturaleza revolucionaria de la física cuántica en la década de los 1920”, dice: “Se trata de personas que estaban envueltas en una reevaluación revolucionaria de las leyes del universo, al igual que Picasso y otros artistas estaban envueltos en una reevaluación revolucionaria del arte estético, de la representación visual, en tiempos que Stravinsky, escribía toda su música. Agreguemos a Marx; los comunistas, que parten de Marx, los comunistas de la Revolución rusa y de los años veinte”.

Continua: “Fue un momento increíble. Claro está que, cuando comienzas a investigar y observar el drama de su historia [de Oppenheimer] y hacia dónde se dirigió, en dónde acabó realmente su fervor revolucionario, es entonces cuando tantas revoluciones terminaron en un lugar bastante horrible”. 

Ahí está la clave crítica: aunque Nolan no avanza más en sus comentarios o tal vez en su pensar. Realmente existe una conexión profunda entre el “horrible lugar” en el que “terminó” la Revolución de Octubre como resultado de la perfidia y traición del estalinismo, y el terrible dilema histórico en que se estancó una gran tajada de los seres humanos, inclusive científicos e intelectuales, a fines de los 1930, seguido por la carnicería de la guerra mundial y el Holocausto. Estamos convencidos que ese último tema, sin duda cautivará a millones y millones y de seguro merece ser investigado en una película seria (o películas).

Ir al contenido