“Por hebrero deste presente año de 1552 poblé la ciudad de Valdivia, tienen de comer cient vecinos”.Pedro de Valdivia. Cartas .I)
Me despido de la ciudad
Deberé alejarme de ella
Sin volver jamás la cabeza.
Estatuas de sal decoran el camino.
Sólo muy a la distancia te será permitido recordarla.
Quizás muera en el camino.
Un pequeño túmulo marcará la distancia
exacta.
¿Cuánto te habrás alejado?
Pero tú o alguien, alguna vez, te retornará.
Me despido de la ciudad
Reconciliándome con la lluvia,
Con la niebla que recubre los ríos
Con las doradas espigas del islote
Sobre los puentes, trampolines del instante,
Abrevio toda otra consideración.
Un semáforo en rojo
impide tu retorno,
amarillo es el horizonte.
Me despido de la ciudad.
Pido excusas por arrogarme ese derecho.
Ese derecho me lo da mi nacimiento
¿A. y de quien ose arrebatarlo!
Que todas mis palabras lo condenen.
Me despido de la ciudad.
Recordando el gesto del fundador,
No el índice extendido que muestran los billetes,
Sino el sueño pesado del cansancio,
La primera noche, el ruido horrible
De la primera soledad y de la vigilia.
Nadie cruzando sus calles,
Sólo su oído pegado a la tierra
Y al alcance de la mano, las armas,
Mientras el fuego crepita y confirma su presencia.
Me despido de la ciudad.
Nada es pequeño para el que ama,
hasta el desecho pedrusco que arrastra la corriente
hasta el rostro que pasa y nos inquiere.
Mi boca se cierne para cantar lo fundado
Y se retrae en la muda despedida.
Me despido de la ciudad.
Ningún recuerdo especial dejo en ella.
Ya no me esmero por saludar a nadie
O quizás sea que ahora los saludo a todos.
En quien no conozco me preparo
Para habitar otros rostros, otras sombras,
Otras ciudades adivino
En esos rostros que desconozco,
Pero igual los saludo.
Me despido de la ciudad.
En ella nací.
Ahora corto al parecer todo vínculo.
Estoy seguro ya de mis huesos no le pertenecerán.
Nada deben ya sus calles a mis ojos somnolientos.
Ya no le cobro ninguna imagen,
ya no cierro mis párpados para verla mejor
Todo se hace claro como el viento.
Alguien debe haber decidido por ti.
Sólo cabe aceptarlo.
Hay frases de consuelo:
¡Será para mejor, te hacen un favor!
Me despido de la ciudad.
y ya he llegado a otra
donde no podré repetir con orgullo:
aquí he nacido, aquí moriré.
Es una frase tonta, pero tendré que empezar de nuevo,
empezar por imitar el gesto de un nuevo fundador,
terminar de quemar mis naves,
reservándome el último fósforo.
Me despido de la ciudad.
de sus precoces genios,
de sus pequeños fariseos.
Mis palabras no saben odiar.
Aún con mis enemigos soy capaz de brindar por el porvenir.
Todavía confío en que nadie es culpable,
ni esos dioses, tan indiferentes.
Me despido de la ciudad.
y ya avizoro otras murallas,
los rostros solidarios,
las manos amigas que saludan tu llegada,
pero allí sólo podré beber por el pasado,
el porvenir sólo lo veo desde aquí.
Quiera alguien que ese momento sea dispensado.
Me despido de la ciudad.
Unas pocas frases silenciosas,
unas pocas letrillas que nadie leerá.
Me despido casi en secreto,
dejando apenas este legado de palabras.
Me despido de la ciudad.
Me despido de sus muertos que conozco,
me despido de los que medran a la sombra de los muertos,
Me despido de los muertos, los vivos de mañana.
Me despido de la ciudad.
Ya me queda poco tiempo,
He empacado mis cosas
Mi familia está también dispuesta. ´
Espera que mi pasaporte esté completamente en regla,
Pero para circular por otras partes sólo requiero de unas pocas
Palabras que siempre me permitirán retornar.
Me despido de la ciudad.
ya hemos limpiado la casa,
ya hemos entregado las llaves.
– Mira, ahí queda una telaraña.
– No la saques, que al menos ella
tenga un buen recuerdo.
