Lucha de clases, revuelta y movimiento popular autónomo

de Izquierda Guevarista

“Sabemos que las elecciones nunca resuelven por sí mismas los problemas de las clases, sólo los plantean”

Miguel Enríquez

“La existencia del Estado y la existencia de la esclavitud son inseparables”

K. Marx

“La concepción estereotipada, burocrática y mecánica quiere que la lucha sea solamente producto de la organización (…). La evolución dialéctica viva, por el contrario, considera que la organización nace como producto de la lucha”

R. Luxemburgo

MODO DE ACLARACIÓN

El presente documento sintetiza parte importante de una serie de debates que hemos llevado como organización el último tiempo (2020-2021), los cuales versan sobre la coyuntura política que atraviesa nuestro territorio más allá de lo electoral, pero también en relación a otras cuestiones de tipo estratégicas y programáticas, y no tan solo tácticas (también teóricas y filosóficas). Ello no es casual ni superfluo. Y es que, precisamente, pensamos que en medio de este intenso ciclo de lucha de clases, las cuestiones más “profundas” o de largo plazo deben cobrar una mayor importancia, pues la coyuntura, el período y sus dinámicas sólo pueden ser enfrentadas en toda su complejidad manteniendo la vista puesta en el proceso histórico global del proyecto comunista emancipador1.

Este documento se puede considerar, a grandes rasgos, como una suerte de borrador, o sea, un documento a medio camino que da cuenta de ciertas coordenadas parciales en medio de un enorme océano de conflictos de clase. Lo lanzamos públicamente por ello, precisamente para dar cuenta de nuestros debates y perspectivas (en su parcialidad y pleno desarrollo), de manera, incluso, de disponernos a enfrentar la crítica por parte de aquellos sectores y personas que también intentan impulsar la lucha revolucionaria. De algún modo, también abrimos públicamente la forma en la cual debatimos y resolvemos internamente (en Izquierda Guevarista) nuestras ideas, propuestas y tácticas para lo inmediato y lo futuro2.

Por supuesto, como siempre nos lo hemos propuesto, lejos de pretender entregar un recetario de verdades “científicas” indiscutibles (ni “la línea revolucionaria” que supuestamente ilumina, en sus claridades indiscutibles, al pueblo y el campo revolucionario); sólo entregamos una mirada, una perspectiva que pensamos y esperamos pueda contribuir a ir resolviendo el laberinto de la lucha de clases en el cual nos encontramos inmersos.

1 Ciertamente, pretender escindir proyecto y táctica, so pretexto de la “urgencia de lo inmediato” es, por lo bajo, un error estratégico (u oportunismo).

2 Ello explica la enumeración de los párrafos, pues facilita el debate puntual y específico sobre cada tesis.page6image24825024

I. UN NUEVO PERÍODO DE LUCHA DE CLASESALGUNOS ELEMENTOS:

  1. Desde el comienzo de la Revuelta Popular hemos planteado que, en Chile, atravesamos un nuevo período de lucha de clases caracterizado, en lo fundamental, por una profunda crisis de dominación que atraviesa a prácticamente la totalidad del régimen burgués, su Estado, sus agentes políticos y organismos represivos y su élite económica. Ello representa, en el concepto gramsciano, una crisis orgánica puesto que involucra a la totalidad del poder dominante y no solamente a una fracción específica de ella.
  2. La cuestión central de una crisis orgánica es que la clase dominante pierde, en los hechos, su capacidad de dirección histórica (ya no es clase dirigente pese a detentar el poder material), pero sin que ello signifique, a la vez y necesariamente, que lo que hay en curso es una suerte de crisis revolucionaria o momento revolucionario, o incluso período pre- revolucionario. Para que exista una situación revolucionaria debe también existir una voluntad importante (no necesariamente mayoritaria) por parte de las fuerzas sociales subalternas por hacerse del poder y/o construir, en su reemplazo y oposición, un poder propio antagónico al poder burgués. Ello supone, aclaramos, un horizonte programático emancipador meridianamente claro (al menos para los sectores de vanguardia del propio movimiento popular) y un marco estratégico coherente a ello, el cual también se oriente en un sentido emancipador y revolucionario. Si bien, la mayor parte de las veces se presentan estos elementos de manera difusa y en disputa, lo más importante es la cuestión de la voluntad emancipadora, lo que no es otra cosa que la expresión política de la propia consciencia histórica, base de cualquier proyecto revolucionario3. La crisis orgánica, por tanto, no necesariamente abre un período revolucionario, de hecho, perfectamente puede ser todo lo contrario, pues pudiera -en potencia- desembocar en la apertura de un período

3 Sabemos muy bien que existe otra “mirada” respecto a este problema, la cual más bien establece que el “período revolucionario” se define por la incapacidad de los de “arriba” de poder mantener la dominación y la de los de “abajo” de soportar (es una vieja simplificación de la teoría leninista de los “periodos de la lucha de clases”). A nuestro modo de ver, en la clave de la tradición guevarista si así se quiere, entendemos la revolución (y el comunismo) como un fenómeno de consciencia, y no solo como una “oportunidad” para “asaltar el poder” (el Estado, más bien) que se abre ante la incapacidad de seguir gobernando por parte del poder burgués. Es por ello que la definición gramsciana nos puede entregar, sin duda, mayores luces respecto a la posibilidades reales que se abren ante la crisis de dominación y hegemonía en el seno mismo de las estructuras del poder burgués.page7image24793408

protagonizado por fuerzas reaccionarias con una amplia base de apoyo social-popular (como lo fue, precisamente, el fascismo en las décadas de los 20’s y 30’s en Europa). Sin embargo, no pensamos que ese sea el camino que la lucha de clases vaya a tomar en la región chilena, ni en el corto ni en el mediano plazo, de modo que no nos detendremos en ello.

  1. Ninguna crisis en el capitalismo por sí misma es terminal. Al contrario, la crisis presenta siempre nuevas oportunidades al poder burgués para reconstruir su poder y su fuerza (y también al movimiento popular para desarrollar su organización y proyecto). En medio de la polarización de clase y la violencia, también se puede gobernar en crisis (permite un gobierno de “excepción”4), incluso por sobre cualquier marco mediocre de legitimidad política o democrática (“Estado de Derecho”). Podemos ver ello en Colombia o México, por citar ejemplos cercanos, pues observamos allí claramente cómo durante décadas se ha extendido, sin resolverse en absoluto, la crisis orgánica. La única crisis terminal para el capitalismo, si así se quiere indicar, es la concreción de una revolución que barra con el capital y el Estado. Todo el resto de las crisis, por ende, son solo parciales, ello pese a la profundidad que puedan tener o su extensión temporal.
  2. En la Revuelta de Octubre el movimiento popularsaltó a una nueva fase de organización, movilización y consciencia. La crisis del sistema político (que se arrastra por años) es la consecuencia de la falta mayoritaria de confianza, por parte del pueblo “chileno” en general, respecto a la capacidad efectiva de producir y conquistar demandas y transformaciones estructurales dentro de los marcos institucionales actualmente existentes y mediante los agentes políticos que hoy actúan como mediadores entre el pueblo (en general) y el régimen democrático burgués. A la vez, la energía transformadora, ahora radicalizada, es producto de años de organización y movilización protagonizada por diferentes fuerzas sociales que se han articulado en torno a demandas principalmente sectoriales. En el movimiento popular, la transversal idea de dignidad, pese a lo amplio del

4 Donde las míseras libertades burguesas son “congeladas” en aras del “orden público” y la estabilización de su régimen.

El cual está compuesto por múltiples grupos y fuerzas sociales antagónicas al poder burgués.page8image24827328

concepto, viene precisamente a sintetizar el deseo y la voluntad de un vivir mejor6, en un contexto donde, muy claramente, el “modelo neoliberal” (sistema capitalista7, en rigor) ha producido enormes condiciones de riqueza y privilegio para los grupos minoritarios dominantes y sus agentes sistémicos orgánicos y/o funcionales; mientras, por otro lado se ha extendido un mundo de miseria (el nuestro), explotación, exclusión, dominación, invisibilización y marginación.

  1. Dentro de los marcos generales de la crisis orgánica, el elemento de mayor ruptura en términos históricos, es la mayoritaria toma de consciencia respecto a la necesidad (política) y el derecho (ético/moral) de hacer uso de la violencia como instrumento (medio de lucha), especialmente en el plano de la autodefensa popular frente a la represión, pero también, aunque no tan ampliamente, en la línea de la acción directa ofensiva contra el Estado y los símbolos del poder burgués. Nunca antes en nuestra historia, ni siquiera en los momentos más críticos de la dictadura de Pinochet, la violencia populagozó de tan amplio apoyo social. Ello, por supuesto, condiciona en gran medida el futuro de las formas de lucha que se desplieguen y que se seguirán desplegando debido a la ruptura del consenso respecto al monopolio del uso de la violencia por parte del Estado8.
  2. Un segundo elemento de ruptura que constatamos en este nuevo período de lucha de clases es la predilección de las formas de organización popular directas y horizontales, extendidas en oposición y desmedro de las formas hegemónicas/tradicionales de organización de clase. Las cuales sabemos han sido históricamente muy marcadas por los mecanismos propios de la democracia liberal representativa y la constitución de estructuras orgánicas verticales “gobernadas” por grupos/élite burocráticas/os, también propias de todas las formas de pensamiento burgués, incluso las que se reivindican de izquierda o hasta “marxistas”, pero que no terminan (por incapacidad política o ideología) de romper con estos dispositivos burocráticos de dominación política.

6 Ese “vivir mejor” está claramente marcado por las condiciones materiales de existencia; es el retorno al centro del debate de la disputa entre capital y trabajo; entre clase explotadora y la clase explotada; entre burguesía y proletariado.

7 Colonial-racista y hetero-patriarcal, en nuestra definición.

8 Pensamos que este elemento de consciencia se superpone incluso respecto a la institucionalización relativa de la lucha que se viene dando a raíz del itinerario electoral y constituyente empujado por el poder burgués y sostenido por otros sectores políticos y sociales (de forma consciente o inconsciente).page9image24824448

Si bien la tendencia de la organización independiente de clase se ha extendido de una forma notable en el último ciclo de luchas, no es de ningún modo un catalizador determinante (desequilibrante) del movimiento popular, ello debido a que son (somos) en su mayoría grupos pequeños y disgregados. Dichos espacios los podemos definir, sin duda, como embriones de organización popular autónoma; núcleos que, a la vez que se articulan para resistir las arremetidas del Estado, enfrentan y resuelven desafíos propios de la crisis económica y/o reivindicaciones locales, constituyendo también, en muchos casos, nuevas y/o ancestrales formas de vida comunitaria con un enorme potencial estratégico y programático. Estos espacios de organización de clase constituyen en este momento el punto más avanzado del movimiento popular autónomo9. Es por ello que, desde nuestra perspectiva, creemos que las nociones teóricas y estratégicas de resistencia, autonomía, acción y democracia directa, horizontalidad y auto-organización/auto-gestión son conceptos centrales para comprender y fortalecer el camino estratégico del poder revolucionario en nuestro territorio.

7. No explicaremos acá la importancia y las fortalezas que el movimiento mapuche autonomista ha tenido durante las últimas dos décadas, esas ideas las hemos trabajado con suficiente profundidad en muchas ocasiones. Solo agregaremos, a modo de contextualizar el último ciclo de luchas abierto a partir de la Revuelta de Octubre, que el movimiento mapuche autonomista vive su momento de: (a) mayor desarrollo y fortaleza histórica; (b) mayor legitimidad social y; (c) mayor claridad estratégica respecto al enfrentamiento contra el Estado colonizador y racista chileno. En ese contexto, de fortalecimiento y ampliación de las formas radicales de lucha, donde el uso político de la violencia es cada vez más generalizado y legitimado10, es que el Estado chileno, aliado a los intereses burgueses locales y transnacionales, expresados en la explotación y ocupación material del Wallmapu, viene llevando adelante una política de conformación de fuerzas paramilitares, representadas públicamente sobre todo por el grupo fascista autodenominado como “Asociación Para la Paz y la Reconciliación en La Araucanía” (APRA), aunque no únicamente. La traducción concreta de dicha política de paramilitarización se materializa

9 Más adelante nos vamos a la idea de movimiento popular autónomo.

10 Todo en el marco global del proyecto mapuche de liberación, basado en la propuesta estratégica de control territorial, la organización autónoma y la reconstrucción histórica de la organización comunitaria ancestral (sin clases).page10image24837888

en la agudización y extensión de la violencia racista-colonial en prácticamente todos los sectores más combativos del Wallmapu. Si bien, la alternativa paramilitar siempre ha estado presente en la política colonizadora chilena, ante el claro y rotundo fracaso de la estrategia policial-militar del Estado chileno sobre las comunidades más radicales11, cobra actualmente una centralidad que antes no había tenido dentro de la estrategia más amplia de ocupación y represión estatal. Ello significa un claro salto en el fortalecimiento de una política de características cada vez más contrainsurgentes y terroristas, muy similares a las que se despliegan en Colombia, México y Paraguay (o Euskal Herria, Palestina, Kurdistán).

  1. De todos modos, reiteramos lo central de esta coyuntura y período para el caso mapuche: el movimiento mapuche autonomista, el cual basa su acción en una estrategia que se sustenta en la reconstrucción de su pueblo-nación mediante la recuperación territorial, el ejercicio efectivo de la autodeterminación y la resistencia material y cultural, vive su más importante momento histórico de crecimiento y fortalecimiento, erigiéndose además como un ejemplo estratégico y moral inconmensurable para el movimiento popular autónomo chileno/mestizo, el que recién da sus primeros -pero firmes- pasos en el camino de su liberación y construcción de proyecto propio, indudablemente unido de manera humana, histórica, material y culturalmente al pueblo nación-mapuche. El Estado burgués se debilita en medio de la crisis orgánica, mientras, por la vía de los hechos, se va lentamente poniendo en movimiento la alianza plurinacional que, sin mediar mayor coordinación, se cristaliza en la acción radical de ambos pueblos contra el poder dominante y sus agentes sociales y políticos.
  2. En esa línea, por supuesto, no podemos sino reafirmar el carácter programático- estratégico de la alianza plurinacional de nuestros pueblos frente al Estado chileno y toda su maquinaria represiva, política e ideológica. A ello, que no es nuevo, agregamos un componente de diferenciación unitaria importante: la unidad no se dará desde la totalidad de los pueblos mapuche y chileno, tampoco de manera exclusiva desde las organizaciones políticas revolucionarias de ambos pueblos; sino por medio de la unidad práctica, concreta, del movimiento autonomista mapuche y nuestro movimiento popular autónomo, o sea, la

11 La “Operación Huracán”, el asesinado del weichafe Camillo Catrillanca y el fracasado allanamiento sobre Temucuicui marcan los hitos principales de esta bancarrota.page11image24985152

unidad entre ambos proyectos de liberación cuajados en el fragor de la acción revolucionaria.

II. LA ESTRATEGIA DEL PODER BURGUÉS

  1. A estas alturas resulta obvio el doble carácter de la estrategia de contención y enfrentamiento del poder burgués contra nuestro movimiento popular y el movimiento mapuche, sobre todo contra sus sectores mayormente activos y combativos: el movimiento popular autónomo. El doble carácter de la estrategia burguesa se deslinda en una clara línea de naturaleza (a) institucionalizante (democrático liberal) de la movilización y la protesta popular; mientras la otra tiene una naturaleza más bien (b) represiva (policial y contrainsurgente) contra el movimiento popular y mapuche.
  2. En el campo de la institucionalización democrático burguesa12, la principal apuesta, con efectos a corto y mediano plazo, es el proceso de reformulación constitucional. Como lo hemos dicho ya en múltiples ocasiones, la discusión constituyente es el último recurso estratégico que posee el sistema político para intentar contener y controlar la movilización popular. La apuesta del poder burgués y la mayor parte del sistema político es reconstruir un “amplio consenso” en torno a una pretendida dinámica de conciliación de clases, similar a la política de transición pactada entre el pinochetismo y la oposición burguesa a fines de los 80’s y principios de los 90’s, la que aseguró la continuidad y profundización del modelo (y sus brutales tasas de ganancia para los grandes grupos económicos), además de la impunidad a los agentes represivos y principales líderes e ideólogos de la dictadura cívico-militar. La diferencia, muy sustantiva cabe enfatizar, respecto a ese momento histórico, es que hoy día la crisis del sistema político es transversal, no existiendo en los hechos agentes políticos con real capacidad hegemónica-dirigente como sí lo existía en el período antes mencionado.
  3. De todos modos, por sobre las intenciones del régimen y el poder burgués, los resultados electorales para la Convención Constitucional dan cuenta clara de una serie de cuestiones que es necesario poner sobre la mesa, pues expresan -en cierto modo- los límites y las posibilidades que se abren en los marcos del camino de reformulación constitucional (otro

12 En este análisis no nos referiremos a las pre-candidaturas presidenciales, ese tema lo dejaremos para cuando este proceso tenga ya un mayor desarrollo.page12image24983040

camino, mucho más importante, es el que se abre para el movimiento popular autónomo y la política de independencia de clase que desde allí es impulsada). Por tanto, cabe detenerse un momento en varios de los datos “duros», para luego interpretar algunos de sus aspectos mayormente difusos respecto a la fracción de “independientes” y la representación de cambio o “transformación” radical que en varios casos se les confiere o se autoproclaman.

12.1. Para las elecciones de convencionales, alcaldías, concejalías y gobernaciones (primera vuelta), el resultado de participación rondó apenas el 41,5%, una de las cifras más bajas desde que se impuso el voto voluntario en Chile13. La segunda vuelta de gobernaciones (las cuales abarcaron más del 85% del padrón) resultó aún más desastrosa, pues la participación fue inferior al 20% del padrón potencial. El hecho es claro: la crisis de representación no sólo permanece sino que además muestra visos de profundización crítica (por ello la transversalidad -entre los partidos del sistema- de la idea de retornar a la obligatoriedad del voto, y de ese modo forzar el «compromiso con la democracia”). Por supuesto, que el 41,5% ubica a este proceso muy por debajo de las expectativas mínimas de una democracia liberal/ republicana relativamente “sana”; más aún cuando lo que se buscaba era precisamente dar un salto adelante en términos de legitimación del proceso, la democracia burguesa y los resultados finales de las nuevas condiciones del juego institucional. Aún más grave para el régimen burgués, cuando los índices de participación son más bajos entre los sectores populares (protagonistas de la movilización durante los últimos años), donde la participación cae fácilmente por debajo del 40%, incluso acercándose en regiones completas al 33% (mismo nivel pre- octubre). Esto significa que las fuerzas políticas “ganadoras”, en el mejor de los casos, penden apenas de un 10%-15% del total electoral (tampoco sabemos cuánto de esto

13 Sin perder de vista que además esta elección era, supuestamente, la “más importante de la historia” de la era post-Pinochet.page13image25017152

fue resultado de un voto con la lógica del “menos malo”, es decir: sin convicción alguna)14.

12.2. El dotar de legitimidad a la totalidad del proceso es fundamental para que cambios constitucionales tengan15, en efecto, un piso de apoyo social lo suficientemente robusto como para operar con un marco normativo subjetivamente aceptado (construir o reconstruir la hegemonía necesaria para dominar en relativa “paz”). Si ello no ocurre, el resultado es que las nuevas “condiciones del juego” serán otra vez rechazadas, socialmente despreciadas por el pueblo. Pero además de ello, la legitimidad de los partidos políticos tradicionales también se juega en el plano de la “medición” electoral, no tan solo por lo que eso significa en términos de candidaturas electas efectivamente16, sino que además, y sobre todo, porque ese tipo de “mediciones empíricas” dan cuenta real de la fuerza y el arraigo que tienen como fuerzas políticas entre diferentes sectores de esta sociedad de clases. En ambos aspectos de “medición” los resultados son idénticos: la escisión social entre el régimen político (y sus agentes mediadores) y las mayorías populares es de total radicalidad, ello explica en importante medida la reorientación del voto hacia las candidaturas

14 Esto se puede graficar muy nítidamente en la elección que ganó Claudio Orrego para la Región Metropolitana, donde la derecha tradicional terminó entregando sus votos sin ninguna convicción para frenar la “amenaza de izquierda”; mientras, por el otro lado, Karina Oliva, vacía totalmente de contenidos políticos y programa, terminó desmovilizando a sus propias bases electorales potenciales al no ser capaz de esbozar ninguna propuesta clara, en medio de una moderación discursiva aguda y un populismo patético. Quedará en la retina histórica su apoyo a Rubén Urrutia acusado de violencia intrafamiliar, a Camila Polizzi opositora al aborto, y su intento de ampliar su llegada comunicacional (sobre todo hacia la juventud) mediante la realización de un “live” con la influencer Naya Fácil (más tarde se daría una voltereta respecto a esto: http://www.lanacion.cl/las-interpelaciones-a-karina-oliva- por-su-live-con-naya-facil-se-equivoco-al-decir-que-es-un-referente/)

15 Tanto los escaños reservados para pueblos originarios como la paridad de género intentaron operar en este sentido. Respecto a la paridad de género es muy relevante destacar que finalmente terminó favoreciendo a los varones, pues mediante la aplicación de la corrección a 17 cupos, solo 5 de ellos fueron entregados a mujeres, mientras 7 a varones. Por cierto, no podemos dejar de mencionar el evidente binarismo del criterio de corrección, el que se ajustó a la convención tradicional y conservadora de “hombres” y “mujeres” (que se ven y se sienten como tal). En los hechos, el mecanismo de corrección resultó claramente regresivo en términos de los objetivos que supuestamente buscaba, y un golpe contra el sector del feminismo que apuesta centralmente a mecanismos de este tipo como medio principal de lucha.

16 Además de que el financiamiento de cada partido depende, en gran medida, de la cantidad de votos que conquisten.page14image25034304page14image25034496page14image25031808

“independientes”, quienes precisamente -teniendo aquello en vista- se han presentando como “outsiders” frente al “establishment”, pese a que en muchos casos representan más o menos las mismas ideas que ya han gobernado en el país durante años y décadas.

12.3. Pese a la crisis de participación electoral que vive el régimen político burgués y los agentes políticos orgánicos y no-orgánicos del sistema, los resultados expresan internamente otro fenómeno: una clara ruptura de la subjetividad popular (dominación ideológica) respecto y frente al modelo y sus representantes y administradores políticos tradicionales (partidos)17. En efecto, el crecimiento exponencial de las candidaturas (auto)proclamadas como “independientes” (aunque más del 60% de estas personas tienen apoyo de los partidos tradicionales), se entrecruza con el discurso anti-neoliberal y anti-Piñera que la mayoría de estas fuerzas levantaron para ganar esta contienda electoral.

12.4. La base del triunfo electoral por parte de estos sectores no estuvo en levantar un programa o una política radical o anticapitalista/antipatriarcal o clasista (una suerte de “programa mínimo de ruptura radical”), sino en agitar una serie de consignas generales instaladas en la consciencia colectiva desde antes y después del 18 de Octubre del 2019. Es más, ninguna de las candidaturas electas -ni siquiera las de más de “izquierda”- se presentan directa y públicamente a sí mismas como una amenaza a los pilares del capitalismo, el patriarcado o el colonialismo/racismo que azota a toda nuestra región. Ninguna tampoco se asume de manera consecuente como instrumentos/medios de ruptura frente al sistema y sus administradores orgánicos; todos y todas van a la Convención con el objetivo de hacerse parte de la gestión del capitalismo y su régimen, o de arrancarle algunas demandas que amortigüen de algún modo las expresiones más rapaces del neoliberalismo.

12.5. En la misma línea debemos también preguntarnos: ¿qué ideas representan las fuerzas colectivas y personas electas para la Convención Constitucional? Este punto es clave, pues lo más importante para reconocer de manera clara cuál es la

17 De hecho, en esta misma línea, agudizado aún más por la crisis económica en medio de la pandemia, es que la sensación -real, por cierto- de que existe el “poder” por un lado (gobierno, Estado y agentes políticos, y élite políticas, económicas, sociales y culturales) y el “pueblo” por otro lado, está cada vez más instalada en la subjetividad colectiva y en lo discursivo.page15image25025664

correlación de fuerzas en la Convención no es detenerse en qué partidos son mayoritarios o minoritarios, o en quienes son independientes (de todos modos es importante), sino respecto a cuáles ideas son mayoritarias, minoritarias, dominantes y/o hegemónicas. Antes de respondernos a ello, debemos señalar en primer plano que las ideologías dominantes y hegemónicas del sistema político durante toda la transición pactada fueron las liberales, en primer término, y las socialdemócratas, en segundo. Las expresiones orgánicas de estas ideológicas fueron los partidos políticos tradicionales ya conocidos, sobre todo los más fuertes: UDI-RN, DC y PS. Pero lo más importante no son los partidos como expresiones orgánicas, sino las ideologías que ellos portan y representan.

12.6. El eje liberalismo-socialdemocracia dominó el sistema político, aunque el centro hegemónico se fuere trasladando gradualmente del liberalismo a la socialdemocracia (de la DC al PS) durante la década de los 2000s en adelante18, ello como una suerte de respuesta a destiempo frente a la presión social por transformaciones económicas y políticas cada vez más sustantivas y estructurales. Ahora bien, roto el “consenso” social respecto a la alianza ideológica dominante -lo cual podemos observar con claridad durante la última década19-,se abre una nueva alianza que se consolida en la última elección. Observando los resultados electorales es sumamente claro que las ideologías ganadoras han sido la socialdemocracia y el reformismo20; desplazando al liberalismo a una posición más bien secundaria (mas no marginal) dentro del propio sistema político.

12.7. La socialdemocracia abarca -dentro de la Convención- desde la DC, PR, PPD y PS (25 Convencionales), “Independientes No Neutrales” muy cercanos

18 También hubo una fluctuación del “conservadurismo” cultural al “progresismo”, que tiene una fuerza muy grande entre las personas más jóvenes.

19 La irrupción electoral del FA fue el resultado institucional más claro de ello; fue precisamente allí, en ese momento (en los códigos institucionales), donde se terminó de cerrar la política del “consenso”; pero la ruptura es mucho más amplia, sus primeros pasos se dan a comienzos de los 2000s, cerrándose diez años después en octubre del 2019.

20 Las elecciones de Elisa Loncon (presidencia) y Jaime Bassa (vice-presidencia) en la Convención Constitucional (CC), dan cuenta precisamente de dicho eje hegemónico, pues articulan la alianza socialdemocracia y reformismo como bloque de dirección al interior de la CC.page16image24908672

ideológicamente a la DC21 (11 Convencionales), además de 9 RD (lista Apruebo Dignidad). Por el lado del reformismo ubicamos al otro sector de Apruebo Dignidad: PC, CS, Comunes, etc., (15 Convencionales) además de algunos sectores más “duros” de La Lista del Pueblo, que suman 26 convencionales más22 23.

12.8. Con la La Lista del Pueblo debemos hacer un énfasis especial, pues este espacio, si bien suma 26 Convencionales, no es posible ubicarlos “ideológicamente” en un sector determinado (a la izquierda del sistema), como se ha instalado en medios de comunicación. Esto ya que precisamente su “unidad” se basa en la ausencia de un programa de cualquier tipo (se articulan en torno a una plataforma de lucha amplia y genérica). Conviven desde representantes de la socialdemocracia hasta reformistas, es una lista básicamente populista que tiende hacia un punto intermedio y ampliamente fluctuante entre la socialdemocracia y el reformismo. Podemos ver en su programa desde críticas al modelo, hasta posicionamientos “estructurantes” (pues se encuentran entre sus definiciones elementales) que les acercan ideológicamente a formas arquetípicas del pensamiento burgués, podemos ver en su página web, en la sección llamada “Quienes somos”, ideas y propuestas programáticas de este calibre, citamos: “Somos un movimiento pacifista con profunda vocación democrática, que considera fundamental la actividad política como principal antídoto ante la corrupción que viene dañando la adhesión de la población con el sistema democrático”; “Para enfrentar los desafíos del futuro no cabe la disyuntiva entre el mercado y el Estado, ambos son pilares del desarrollo, sin embargo, el abuso de los oligopolios y monopolios (…). El mercado sólo debe ser visto como uno más de los instrumentos que operan en la actividad económica”; “El Estado y la sociedad debe asumir el desempleo que acarreará la sustitución de mano de obra como consecuencia de estas transformaciones. También es necesario establecer apoyos eficientes para pequeñas y medianas empresas que se desenvuelven en mercados poco transparentes y en que operen grandes oferentes. Desde el punto

21 Benito Baranda, principal líder de este grupo y convencional electo, dio su apoyo a Claudio Orrego para la segunda vuelta de las elecciones de gobernaciones, así de claro.

22 Con las candidaturas con “cupos indígenas” la situación se da más o menos del mismo modo; las más radicales, sin serlo en absoluto, según como el propio movimiento autonomista lo ha criticado.

23 Para un análisis más detallado en lo “electoral”, recomendamos el artículo referido al tema de la edición No9 de la Revista Apuntes Críticos, disponible en: https://apuntescriticos.com/page17image25052480page17image25053056

de vista empresarial daremos incentivos para la formación y consolidación de las llamadas empresas B por su compromiso con la transparencia y el medio ambiente”; “Las Fuerzas Armadas deben contribuir al fortalecimiento de la cultura democrática y de derechos humanos que deben inspirar toda la actividad estatal, lo que implica una profunda revisión de la doctrina de la seguridad nacional por su carácter antidemocrático, y su reemplazo por una concepción coherente con los valores que se promueven democráticamente en la sociedad civil”; “Las fuerzas de Orden y Seguridad deben ser reorganizadas de forma tal que la sociedad civil las reconozca como un legítimo brazo armado del Derecho y como respetuosas de los derechos civiles y políticos de la población, así como instituciones eficaces y respetadas en el combate de las nuevas formas de delincuencia que amenazan con destruir la familia, la propiedad fiscal y privada, la paz y la seguridad de la vida cotidianaEl combate al narcotráfico y a la corrupción deben ser prioridad, por el severo daño que provoca a las personas, familias, los colectivos y al país en general”24.

No responderemos nada de las propuestas o “perspectivas” ideológicas que hemos citado de la Lista del Pueblo, pues estamos en total oposición a estos planteamientos burgueses; los que además nos parecen absolutamente ofensivos, reaccionarios y opuestos a los intereses históricos de nuestra clase, del actual movimiento popular y de la revolución25.

12.9. De todos modos, volviendo más atrás, resulta sumamente claro que ideológicamente quienes “ganaron” fueron las fuerzas socialdemócratas secundadas por el reformismo26, el viejo liberalismo queda restringido a un 20%-25% (hace poco más de 10 años eran el 80%); mientras la socialdemocracia se queda con un 60% (aprox.) y el reformismo con un 20% (aprox.), según los cálculos que señalamos. Pues, entonces, cabe preguntarnos: ¿qué constitución podemos esperar? Una

24 Disponible: https://www.lalistadelpueblo.cl/somos/

25 ¿Cómo se puede explicar, entonces, el apoyo de sectores (autoproclamados) revolucionarios a esta Lista y sus propuestas? La respuesta, enfatizamos, resulta tan evidente que la dejaremos abierta, no amerita detención.

26 Cuestión que se reafirma con el triunfo en las elecciones de gobernaciones en segunda vuelta, donde Unidad Constituyente se quedó con 10 de las gobernaciones, mientras el FA con el PC con 2 (de las 16 en disputa).page18image25072128

mayoritariamente socialdemócrata, por supuesto, tipo Argentina o Uruguay con visos liberales en algunos aspectos y reformistas en otros, un híbrido entre capitalismo neoliberal y capitalismo socialdemócrata. O sea, una constitución burguesa en pleno, la que lejos de responder o resolver problemas estructurales reajustará el modelo para salvar el sistema en conformidad del poder capitalista y los intereses de los grandes grupos económicos. ¿Significa ello que no tiene importancia -el proceso constituyente- o que es una cuestión secundaria para el desarrollo de la lucha de clases? Para nada, pues todo ello da como resultado nuevos escenarios de lucha y movilización con un nuevo marco de correlaciones de fuerzas en el sistema político y el régimen de dominación. ¿Aquello es “bueno” o “malo” para nuestros intereses de clase? Ni lo uno ni lo otro, simplemente es un escenario diferente que abre nuevos desafíos para el movimiento popular y la franja revolucionaria; el que esto nos permita avanzar -estratégicamente- depende, en realidad, de las fuerzas y la consciencia clasista que los pueblos en lucha vayamos forjando en medio de la lucha de clases en esta región de Nuestra América27.

13. Sabemos que hay un viejo debate respecto al “carácter táctico” de la lucha electoral, una idea muy presente en la memoria ideológica de la izquierda revolucionaria28. Sin profundizar mucho en este debate histórico (por ahora), queremos señalar que -al menos en los márgenes de esta coyuntura electoral, donde el régimen se juega su propia re- legitimación en medio de su crisis histórica de más profunda escala- la cuestión deja por mucho de ser un asunto “meramente táctico” para cobrar una dimensión estratégica que involucra a la totalidad del desarrollo de la lucha de clases en este territorio. Pues allí, que nuestra apuesta estratégica es, y sigue siendo, centrar nuestros esfuerzos en los espacios de organización clasista y autónoma que el pueblo impulsa, sin desconocer la importancia que tiene el proceso democrático burgués para una parte importante del pueblo, ni desconocer tampoco las debilidades y contradicciones que estos espacios tienen. Eso ha

27 En aquel sentido, va el epígrafe de Miguel que abre este documento. 28 Sobre todo en el marxismo-leninismo.page19image25152320

significado, ahora sí en lo táctico29, la no participación de nuestra organización en la farsa democrático- burguesa, en ningún nivel y de ninguna forma. Por el contrario, hemos intentado llevar y hacer extensiva nuestra lectura crítica respecto al proceso en su conjunto y a sus -relativamente- predecibles resultados.

En la vereda contraria, hemos visto cómo un sector de la (ex) izquierda revolucionaria se ha reorientado hacia una política oportunista que supuestamente pretende “utilizar” tácticamente30 las “tribunas” que ofrecería la democracia burguesa, para agitar algunas de las demandas del movimiento popular (arguyen). En realidad, en los hechos, ha ocurrido todo lo contrario: estos sectores han sido completamente absorbidos por la dinámica electorera, al punto que sus propios objetivos programáticos han sido reducidos a superfluas plataformas populistas de agitación de consignas parciales e incluso reaccionarias y burguesas31. Han abandonado, por ende, los espacios de organización de clase en detrimento de sus prioridades electorales supuestamente de “uso táctico”. Sin detenernos demasiado en esto (no lo amerita), queremos dar cuenta que les vemos cada vez más cerca del reformismo pequeñoburgués, que incluso de un “reformismo de clase”.

14. Cabe indicar además, que tanto los mediocres resultados de la elección pasada como también los resultados de la segunda vuelta de gobernaciones32 dan cuenta de un proceso con escaso arraigo socio-electoral. Cuestión que incluso se ha ido verificando y profundizando en medio de una campaña mediocre que no logró movilizar siquiera a una

29 No hace falta hacer un recorrido histórico de los fracasos a los cuales ha llevado esta perspectiva oportunista y muchas veces reformista que muchos grupos defienden hasta el día de hoy en nuestro continente. Cabe, quizás, hacerse la pregunta de forma inversa ¿cuándo y dónde ha servido realmente? ¿Acaso en Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil o Chile, por ejemplo? La bancarrota de esta táctica en nuestro continente está invariablemente unida al reformismo abyecto.

30 También es interesante revisitar (recordar) las viejas teorías marxista-leninistas y trotskistas sobre las políticas de alianzas más “amplias”, pues se supone que ellas se dan siempre sobre la base de un programa socialista o que, al menos, tiende hacia el socialismo al corto o mediano plazo, salvo cuando la táctica de alianzas es la de “frente popular” (la más reformista y moderada de todas las “teorías de alianzas” de la tradición marxista). Podemos ver, de acuerdo al marco programático de la Lista del Pueblo, que en realidad ni siquiera puede ser considerado como una representación táctica del frentepopulismo. Digámoslo de una buena vez, por más que se cite intempestivamente al Lenin de “La enfermedad infantil del izquierdismo (…)”, en realidad no hay teoría política revolucionaria que pueda dar sustento serio a una subordinación programática populista de esta naturaleza.

31 Recordemos las definiciones contenidas en el “Quienes somos” de la Lista del pueblo, antes citadas. 32 Las cifras fueron antes ya citadas.page20image25135168

parte importante de los sectores más activos y pro-electorales del movimiento popular. Por el contrario, hemos visto un grotesco desfile de candidaturas autoproclamadas populares, de clase, feministas o del “pueblo” que no son otra cosa que las mismas burocracias que durante años han saboteado la organización popular y la lucha de clases33. Al grupo anterior, se suma una serie de candidaturas oportunistas y sin un real respaldo de base. En el fondo, reproducen una parte importante de los mismos vicios que justamente caracterizan a la democracia burguesa y que la han llevado a su actual ruina política y moral.

  1. En segundo término, en la línea del fortalecimiento del Estado policial y contrainsurgente, como antes adelantamos, hemos visto el despliegue de una imparable batería ofensiva contra el movimiento popular y el pueblo en general. Para que se entienda de mejor modo, se ha sucedido durante el último año y medio lo siguiente: a) el mantenimiento y la naturalización del toque de queda y la militarización de las calles; b) la extensión de las medidas que limitan las ya escuálidas “libertades civiles”, como el libre desplazamiento o la libertad de reunión, todo bajo la excusa de la pandemia pero que en realidad, como bien se sabe, no tienen sino por objetivo el mantenimiento del control policial sobre el conjunto de la población, sobre todo hacia los sectores populares, la clase trabajadora y el pueblo mapuche organizado. Todo ello dentro del marco de una impunidad generalizada sobre los mandos políticos y los ejecutores materiales de miles de violaciones de derechos humanos que se han sucedido desde la Revuelta de Octubre hasta la actualidad. Cabe nuevamente destacar, como ya lo hemos hecho en múltiples ocasiones, que la mayoría del sistema político, incluidos los partidos de “izquierda” y las fuerzas autodenominadas “progresistas”, han amparado de manera activa o pasiva la política represiva de este gobierno y el Estado, incluso entregando sus votos a las medidas tendientes al fortalecimiento del Estado policial y contrainsurgente.
  2. Debido a la importancia que tiene para nuestro proyecto, tomamos como un punto aparte la cuestión de la prisión política en particular (y el encierro en general) en el actual ciclo de luchas. Es un hecho ampliamente conocido que existe un número importante de personas privadas de libertad, desde el inicio de la Revuelta Popular y hasta la actualidad. Son miles de procesos que hoy siguen en curso, decenas de personas que han sido

33 Podemos indicar acá, como ejemplo, al No+AFP, la CF8M y la CUT.page21image25134784

condenadas y varios cientos (o miles) de personas con prisión efectiva o arresto domiciliario, que aguardan las resoluciones del Poder Judicial. La extensión extraordinariamente larga de la prisión preventiva (o variables similares) es reconocida, por muchos juristas liberal burgueses y organismos internacionales lejanos de cualquier posición de “izquierda”, como una forma de castigo deliberadamente ejecutada con el fin de dañar física y mentalmente a quienes hoy están bajo encierro por el Estado de Chile. En definitiva, reconocen el actuar político del Estado chileno contra personas que en muchos casos están siendo procesadas tan solo por insubordinarse en un contexto general de, precisamente, protesta y justa rabia desatada.

  1. A todo lo anterior, sumamos que en muchos de los casos ha ocurrido que realmente no hay pruebas suficientes para decretar ningún tipo de culpabilidad, en la lógica del derecho burgués, por supuesto. Peor aún: las “pruebas” aportadas por las fuerzas represivas se han demostrado falsas (montajes, como es recurrente). De todos modos, en cualquier caso, todas las personas detenidas y perseguidas se movilizaron haciendo uso del legítimo derecho a rebelión de los pueblos contra cualquier forma de tiranía y régimen opresivo34, tal cual lo ha sido y lo es el gobierno de Piñera, y como lo es también cualquier gobierno burgués y/o burocrático autoritario.
  2. Ciertamente, la no apelación al derecho a rebelión por parte de las llamadas “fuerzas progresistas”, “democráticas” y “socialistas” del sistema (casi toda la vieja Concertación más el PC y el Frente Amplio y sus grupos disgregados) solo se explica por el reconocimiento explícito a la legitimidad del régimen en materia represiva, por tanto no puede sino ser entendido como un respaldo claro y abierto a la gestión del gobierno y las fuerzas del Estado a la hora de reprimir al conjunto de nuestros pueblos35. Criticar los “excesos” no es equivalente, de ningún modo, a oponerse al uso de la violencia estatal contra la población

34 Solo como dato agregamos que el derecho a rebelión está incluso consagrado en el “Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos” de las Naciones Unidas (1948), al cual adhieren prácticamente todos los Estados del mundo (incluido el chileno). O sea, incluso el derecho internacional burgués reconoce este recurso como legítimo y necesario. Copiamos un extracto: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. https://www.un.org/chinese/center/chbus/events/hurights/spanish.htm

35 A esto se suma el apoyo parlamentario a leyes represivas como la “ley anti-barricadas” y “anti- capuchas” que apuntan, claramente, a reprimir la movilización de clase.page22image25126656page22image25126080

o poner en primera línea el derecho primordial e inalienable que tenemos como pueblos oprimidos a defendernos frente a la violencia política burguesa36.

19. A partir de ello, en lógica de ir desarrollando posicionamientos más complejos y de largo aliento en torno a los escenarios inmediatos que la coyuntura nos presenta, es muy importante poner en primer orden para nuestra organización, la cuestión de la cárcel y el encierro en general (como medio de castigo), y no tan solo en los marcos más acotados de la represión política contra la izquierda o los sectores que luchan y protestan en particular, sino en general y en contra todo el pueblo. Y es que la llamada “cuestión carcelaria” ha sido un tema escasamente desarrollado por la izquierda revolucionaria, el cual es obviamente un problema central en la relación con el poder, el Estado y la dominación social. En ese sentido, nuestra organización viene asumiendo una posición política anticarcelaria que va mucho más allá de la coyuntura, pues tiene que ver con entender y reconocer que ningún tipo de cárcel (o cualquier mecanismo de encierro, insistimos37) resuelve ni resolverá algún problema de fondo. Entendemos que la cárcel y el encierro son más bien una institución y dispositivo propio de la modernidad capitalista, únicamente presente en la historia de la humanidad en medio -precisamente- de la dominación capitalista, y que por lo tanto expresa y representa esa voluntad de poder y dominación que la burguesía y el capital tiene como fundamento y resguardo de sí misma (como clase). No hay cárcel ni encierro “bueno”, “útil” o “necesario”. Un proyecto comunista revolucionario nos convoca a luchar por una sociedad sin ningún dispositivo punitivo de este tipo, los ejemplos alternativos abundan, sobreviven en la memoria histórica y ancestral de nuestros pueblos; no se trata, por tanto, de inventar nada, sino de extender las maneras de resolución de problemas y conflictos basados en el trato humanista y comunitario, donde el respeto por la vida, lapage23image25108160

36 Retomaremos esta cuestión más adelante en este documento.

37 Como psiquiátricos, centros de internación de menores, campos de “reeducación” como supuestamente fueron los Gulags, etc.

dignidad, la integridad física y mental de todas las personas ocupe un lugar central38. Ninguna sociedad que encierra puede ser realmente libre; ninguna sociedad que no sea libre puede ser realmente socialista; ninguna sociedad que no se funde sobre la base del socialismo podrá avanzar hacia el comunismo. El comunismo no es un recetario de medidas, ni un horizonte indefinido ni “sencillamente” la supresión de la explotación de clase39 (entendida puramente como extracción de plusvalía). Para nuestro proyecto, comunismo es sinónimo inmediato de liberación, en todos los sentidos prácticos posibles. El comunismo de liberación que reivindicamos es, por ende, una ética-política puesta ya en la acción y el movimiento transformador de la totalidad práctico-concreta40.

III. CRISIS ECONÓMICA Y (ANTI)MOVIMIENTO SINDICAL
1. Dejamos para este apartado el problema de la crisis económica que actualmente

atravesamos. No necesitamos hacernos de muchas cifras para demostrarnos nada, las

38 Muy bien sabemos que dentro del marxismo hegemónico (durante el siglo pasado) nuestra posición ha sido minoritaria, pese a tener representantes intelectuales tan importantes como Angela Davis (comunista y marxista, quizás una de las teóricas del abolicionismo más contundentes en la actualidad). Pero en ningún caso, el peso de la tradición nos impedirá levantar consecuentemente una política abolicionista; creemos que avanzar críticamente sobre viejas tesis, es una responsabilidad que debemos asumir como movimiento revolucionario. Ahora bien, lo más de fondo es que un proyecto comunista de liberación como el que intentamos impulsar, debe ser capaz de reconocer que el “instrumento” de la cárcel y el encierro es un dispositivo totalmente abominable. Ello es tan importante para nuestro proyecto que creemos que quienes defienden o justifican en algún modo la cárcel o el encierro, no pueden ser considerados como parte del campo revolucionario; pues, en la voluntad represiva, pervive incluso de manera inconsciente, el peligro de la regresión autoritaria. Ejemplo de ello, son los capitalismos burocráticos de Estado que existieron durante el siglo pasado (“socialismo reales”). Incluso más de fondo aún: creemos que el problema de la relación entre socialismo libertad debe estar en el centro del debate programático, pues allí se proyecta el carácter realmente emancipador del comunismo. Por supuesto, para evitar despistes o interpretaciones malintencionadas, debemos decir que nuestra idea de libertad nada tiene que ver con el liberalismo político (o su descendencia más de moda: el posmodernismo), sino con la simple pero profunda proposición de Rosa Luxemburgo: “La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa diferente.”. O sea, el derecho de la alteridad a vivir su propia existencia en tanto tal.

39 En estricto rigor, la revolución comunista tiene por objetivo la abolición del trabajo: “(…) revolución comunista (…) elimina el trabajo y suprime la dominación de todas las clases, al acabar con las clases mismas, ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no considera como tal, no reconoce como clase y que expresa ya de por sí la disolución de todas las clases”. K. Marx.

40 “Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual”. K. Marx.page24image24956480

imprecisiones de éstas son además históricas, pero resultan aún más agudas en un contexto general donde tanto el gobierno como el gran capital (son lo mismo, lo sabemos) están haciendo ingentes esfuerzos por no crear una alarma tal que crispe aún más los ánimos de la clase trabajadora, quien atrincherada en la deuda y el consumo de sus propios recursos previsionales, apenas resiste. Además, como clase, vemos y vivimos a diario, directamente y en nuestro entorno inmediato, una situación que se vuelve cada vez más grave. Así que indicaremos sólo algunos datos que nos parecen más destacables para hacernos un panorama global: a) Según Techo para Chile y Fundación Vivienda41, entre octubre del 2019 y febrero del 2021 los campamentos aumentaron 73,5% (en relación a los dos años anteriores) a nivel nacional. Siendo las regiones Arica y Parinacota (un 243%) y Metropolitana (224%) las que marcaron una mayor alza; además, la Araucanía tuvo un aumento de 315% en el número de familias viviendo en campamentos y un 128% en el número de campamentos propiamente tal. b) A lo anterior agregamos otro cálculo importante realizado, en este caso, por la Fundación Sol42, que estima que la pobreza, antes del inicio de la Pandemia, alcanzaba un 30% (los cálculos estatales son de apenas 8,9%); no es posible saber aún de cuánto es el aumento en el contexto de la actual crisis, algunas opiniones de “expertos” hablan de un crecimiento de la pobreza hasta en un 50%; c) todo lo anterior, sobre una tasa de desocupación efectiva superior al 13%43d) A todo aquello se suma la caída global del PIB (y por tanto de las ganancias de los grandes grupos económicos), atenuada únicamente por el alza en el precio del cobre debido al problema mundial de stock, pero donde el capital local tiene un bajo grado de inversión (y ganancia, por ende), pues esta pertenece más bien el capital transnacional. En palabras

41 https://www.latercera.com/nacional/noticia/alza-historica-familias-en-campamentos-aumentaron- casi-un-74-desde-2019-tras-la-pandemia-y-estallido-social/ 2PKVALKXDNEG3G2BYXLWBVFB6E/

42 “La Fundación SOL concluyó que si se tienen en cuenta sólo los ingresos autónomos, principalmente del trabajo y las pensiones contributivas, la pobreza pasa de poco más del 8,9 por ciento oficial a casi 30 por ciento”. Revisar acá: https://www.alainet.org/es/articulo/211019

43 https://www.fundacionsol.cl/blog/actualidad-1/post/las-verdaderas-cifras-del-desempleo-en- chile-4855page25image24968384page25image24943744

claras: la miseria y la explotación se extienden en medio de la crisis orgánica44 y la radicalización de la lucha de clases, a la vez que el capital presenta obscenas tasas de ganancia, al punto que la fracción más rica de la burguesía chilena aumentó un 73% su patrimonio en medio de la pandemia45.

2. Por supuesto, la negativa de Piñera, por medio de Mañalich y luego Paris, a implementar medidas de resguardo sanitario realmente consistentes, responde al objetivo de proteger lo más posible el funcionamiento de la economía capitalista local. Dos razones, obviamente unidas, explican aquello: a) por un lado, los grandes grupos económicos, verdaderos dueños de los partidos más relevantes del sistema político nacional, quienes tienen a uno de los suyos como presidente de la república, no presentan ninguna disposición a dejar de lado sus altas tasas de ganancia, menos aún luego de recién pasado el ciclo de luchas más intenso de la revuelta (octubre del 2019 a marzo del 2020) que supuestamente dejó “malheridos” sus bolsillos46; a la vez, en la misma línea, el capital internacional presiona por mantener la producción de materias primas, de cobre ante todo, pues una ralentización productiva afectaría la política acelerada de expansión económica del capitalismo chino (principalmente) en medio de su competencia por ganar posiciones frente a un imperialismo occidental profundamente debilitado debido a la pandemia; b) por otro lado, una caída más aguda de las condiciones materiales de vida y existencia inevitablemente crisparía aún más los ánimos del pueblo y el movimiento popular, incluso

44 Todo lo anterior puede ser complejizado aún más en términos de la interseccionalidad que se da junto al fenómeno de la explotación. En otros documentos antes publicados, ha sido tratado el tema con cifras y datos “duros” (invitamos a revisarlos). De todos modos, vale la pena siempre recordar que no es lo mismo ser clase trabajadora en zonas urbanas metropolitanas que serlo en zonas rurales; o ser mujeres o disidencias, migrantes o pueblos originarios. Todas esas variables, sin las cuales no es posible un análisis cabal, nos permiten comprender cuáles grupos sociales de nuestra clase están siendo más golpeados por el capitalismo y su crisis. La clase trabajadora no es homogénea en términos de su relación con el capital, por ende la comprensión cabal de las diferentes fracciones o grupos sociales de la propia clase, en relación con el poder y el capital, nos permite -por ejemplo- ajustar nuestros impulsos tácticos con mayor precisión política, así como también nos ayuda a entender por qué hay sectores más o menos dinámicos que otros en relación, nuevamente, con la lucha contra el capital y el poder burgués.

45 https://www.cnnchile.com/economia/ranking-forbes-millonarios-chilenos-aumentaron- fortuna-73_20210407/ #:~:text=Con%20esto%2C%20las%20fortunas%20de,de%20d%C3%B3lares%2C%20una%20cifra%20r %C3%A9cord.

46 Esto es real solo para una fracción más “intermedia” de la burguesía chilena, pues la parte “superior” de la propia burguesía ha logrado aumentar su riqueza (como ya fue citado).page26image24923136

de los partidos que se ubican a la izquierda del sistema político47, acelerando, extendiendo y profundizando la protesta radical de masas bajo la forma de revuelta.

  1. La respuesta del movimiento obrero organizado (sindicalismo) a todo lo antes descrito ha sido nula, no tan solo por parte de la CUT y sus partidos dirigentes (PS-PC-FA) sino también, incluso, por parte del sindicalismo “clasista” y combativo”48, como la CCTT u otros espacios de similares características. En realidad, salvo algunos gremios o sindicatos puntuales, la mayoría del movimiento sindical está completamente reducido a direcciones burocráticas y/o comprometidos con el Estado y el capital, vimos esa actitud de forma sumamente clara en los primeros meses de la revuelta y lo hemos seguido observando hasta el presente de forma tan o más grave que ese período49. De hecho, en la mayoría de los casos, tanto la huelga como la protesta en los centros de trabajo -lo vimos con claridad entre octubre y noviembre del 2019- se desató contra los intentos de contención por parte de una amplia mayoría del sindicalismo.
  2. Lo anterior no tiene por qué sorprendernos, en absoluto. Pues es el resultado histórico de la crisis del sindicalismo como método de organización, el cual no solamente no aporta al desarrollo de un movimiento obrero clasista y combativo, sino que, al contrario, limita su potencial y crecimiento como expresión autónoma radical y realmente clasista. El sindicalismo50, por cierto, se encuentra en bancarrota mucho antes de la ofensiva reaccionaria de la dictadura contra el movimiento obrero, como muchas veces se sostiene.

47 Incluso en la propia derecha se viene viviendo una suerte de “izquierdización”, representada sobre todo en Mario Desbordes (RN) y Lavín (UDI). Ello es producto de la necesidad orgánica de este sector de mantener una base electoral mínima que le permita una representación directa y “dura” en el sistema político.

48 Un ejemplo grotesco de esto lo representa el “histórico” dirigente Manuel Ahumada de la CGT; figura mediática que precisamente levanta las banderas del sindicalismo “clasista” y “combativo”, siendo en los hechos -él mismo, su persona- un ejemplo viviente de todo lo contrario, pues no es otra cosa que una representación tangible del estéril e inocuo sindicalismo burocrático, colmado por décadas de personajes que se alimentan como verdaderas anémonas de la fuerza asalariada que supuestamente representan. En el mismo nivel, en términos de miseria moral, podemos ubicar a Luis Mesina y la secta que le secunda por ya casi dos décadas.

49 Esto lo apuntamos, sobre todo en vista de que estamos llevando desde hace un tiempo un ciclo de discusiones internas respecto al movimiento obrero y nuestra política (en lo estratégico y en lo táctico) dentro de estos sectores.

50 Es importante distinguir claramente entre sindicalismo y movimiento obrero, hacemos referencia al sindicalismo de manera específica, no así al movimiento obrero en su conjunto.page27image24922752

En el caso chileno, en realidad el sindicalismo ya en la décadas de los 50’s y 60’s era más bien un instrumento orgánico de los partidos socialista y comunista, que era utilizado como masa de maniobra con objetivos políticos más bien particulares, la mayor parte de las veces electorales. De hecho, la era del movimiento obrero ofensivo y clasista en Chile se reduce más bien al período que va desde fines del Siglo XIX y se extiende hasta apenas la década de los 30’s; el sindicalismo como método y como ideología más bien vino a frenar y desmontar el desarrollo de un movimiento obrero que se había construido por fuera y contra la institucionalidad del Estado burgués; el sindicalismo, por el contrario, se propone mediar entre Estado y movimiento obrero, siendo un “requisito” para ello la legalización de funcionamiento como también la subordinación a élites burocráticas (a veces más o menos combativas) que concentran para sí la facultad de dirección real del movimiento obrero. En el fondo, y a la larga, el sindicalismo no es otra cosa que un mecanismo de anulación de la energía radical del movimiento obrero que se entrega a burocracias profesionalizadas en la gestión de la política y/o al Estado burgués. De hecho, los momentos más “heroicos” de las luchas obreras en Chile precisamente se han dado por fuera de los sindicatos (y, por ende, en contra). Entonces, sin negar una cierta “funcionalidad” práctica, lo cierto es que el sindicalismo y los sindicatos son más bien escollos -estratégicos- que el movimiento obrero debe enfrentar y derrotar51. Una política revolucionaria para el movimiento obrero no se puede limitar a intentar cambiar elpage28image24819584

51 Por cierto, si bien hablamos desde lo local (Chile), podemos observar el mismo fenómeno a lo largo de toda la historia del siglo pasado, en prácticamente todo el mundo, desde el nacimiento de la Segunda Internacional (1889) y también durante la Tercera Internacional (por supuesto que existe una correlación ideológica entre ambos proyectos). Obviamente, dicho fenómeno (el sindicalismo como expresión contrarrevolucionaria en el seno del movimiento obrero) está ligado a ambas experiencias históricas, totalmente contrapuestas -en este aspecto- a la experiencia de la Primera Internacional liderada por Marx, que pregonaba la extensión de “asociaciones” o “sociedades” obreras completamente opuestas (en forma y fondo) a lo que devino el modelo sindical.

“carácter” de sus estructuras organizativas52, debe también y ante todo destruir las formas organizativas que anulan el impulso y la energía autónoma, radical y combativa del movimiento obrero (o sea, los sindicatos), para reemplazarlos por organismos anti- burocráticos, de base, fundados en el funcionamiento horizontal, el apoyo mutuo y la solidaridad de clase, y que tengan como fundamento estratégico y táctico la acción y democracia directas. Aunque el sindicalismo no pocas veces se vista de estos principios (incluso de manera sensata) no puede sino ser su antagonista, del mismo modo y por las mismas razones que no existe -ni ha existido ni existirá- ningún Estado “democrático”, “popular” o “socialista»53, pues su fundamento organizativo es precisamente la anulación de la acción directaentendida como el ejercicio sin mediaciones (reiteramos) del poder político.

5. En rigor, todos los modelos de democracia poseen su fundamento en cierta idea de representación políticadelegación de poder a un grupo especializado en la gestión de lo “político”, dependiendo el caso a veces puede ser más o menos limitado, pero de cualquier modo es siempre excluyente. Ello aplica desde los fundadores de la democracia (la aristocracia esclavista griega) hasta los regímenes burocráticos autoritarios, como lo fueron los auto-denominados “socialismos reales”; pasando, con mayor razón, por todos los modelos republicanos, liberales o incluso fascistas. Sin excepción, todos estos modelos, poseen un ethos común, el cual encuentra su génesis en la concepción filosófica -griega- de la democracia y la ciudadanía, y que atraviesa, determinando y condicionando, a la totalidad del pensamiento filosófico-político fundante del mundo occidental. En lo anterior, debemos incluir también a las teorías radicales o revolucionarias como lo son el

52 Por cierto, el anarquismo revolucionario tampoco ha escapado -en los hechos- a este problema, no pocas de las más nefastas burocracia han provenido o reivindicado lo “libertario” o lo anarquista. En Chile tenemos ejemplos vergonzosos de ello, el movimiento libertario local (varias organizaciones e individuos), con ya más de 20 años de trayectoria, en su mayoría impulsa políticas reformistas (el mejor ejemplo es Izquierda Libertaria-FEL), a la vez que reproduce prácticas burocráticas completamente virulentas en el seno del movimiento popular (como Solidaridad); mientras, por el otro lado del mundo libertario, la mayoría de las fuerzas e impulsos más radicales se encuentran sumergidos en una dinámica regresiva que combina lo peor del liberalismo y el individualismo pequeñoburgués (habrá excepciones, por supuesto, pero son minoritarias y marginales). Un matiz a todo lo anterior, quizás lo podría expresar la Federación Anarquista de Santiago (FAS), aunque sin dejar del todo la tensión hacia posiciones reformistas y gradualistas.

53 Allí, por cierto, el epígrafe que acompaña este texto: “La existencia del Estado y la existencia de la esclavitud son inseparables” (K. Marx)page29image24819968

marxismo y el anarquismo en sus distintas vertientes. Una ruptura radical comunista y anticolonial supone, por supuesto, una crítica radical a la idea en sí de democracia (y de la noción de la “representación”). Se trata, epistemológicamente, de no limitarnos tan sólo a los problemas referidos a su aplicación práctica (la democracia como “método”), sea en condiciones de aguda lucha de clases (capitalismo) o en medio del proceso de abolición de las clases sociales (socialismo). ¿Entonces, en un sentido aún más profundo, rechazamos la “democracia”? Pues sí, en la medida que efectivamente contiene, sin excepciones, la idea de “representación”, y por tanto de supresión/exclusión de una parte de la sociedad (incluso en una sociedad sin clases, insistimos en el punto). ¿Qué proponemos entonces? La gestión directa, sin mediaciones, de la vida cotidiana por parte de la mancomunidad humana54. Ello, evidentemente, supone la supresión de toda forma de opresión, explotación y dominación social y de clase, o sea, supone la revolución y la puesta en movimiento del comunismo como proceso transformador y no como programa55.

6. En la práctica, volviendo atrás, hace más de 100 años56 que en todo el mundo el modelo de sindicato no ha hecho otra cosa que asimilar la misma estructura del poder burocrático, autoritario y patriarcal del Estado moderno; o sea, una forma de gobierno exclusivo de “profesionales” de la gestión política, expertos y técnicos, dedicados por completo a la “administración” del instrumento organizativo; por cierto, no hay perversión alguna en la mayoría de estos agentes; en realidad se encuentran subsumidos por el fetichismo del poder,

54 Resulta interesante que, frente a esta perspectiva política, surja muchas veces la respuesta -casi instintiva- de que no es posible la gestión directa de la vida colectiva por parte de la humanidad emancipada. Pues entonces resulta que podemos imaginar un mundo, por ejemplo, sin opresión de género o explotación de clase, pero no podemos imaginar uno donde nos hagamos cargo de nuestra propia vida y existencia colectiva. El alegato no posee fundamento, salvo la pretensión de dominación que se oculta en la subjetividad, sin que los portadores lo noten siquiera (esa capacidad de ocultamiento es precisamente la principal característica de la alienación y la ideología).

55 Recetario de medidas ad hoc, al estilo de todas las “Internacionales”.

56 Imposible no recordar las palabras de Rosa Luxemburgo (en 1918), respecto a los sindicatos: “No son más organizaciones obreras [los sindicatos], son los más sólidos protectores del Estado y de la sociedad burguesa […]. La lucha por el socialismo no puede ser llevada a cabo sin incluir la lucha por la liquidación de los sindicatos”. (André y Dori Prudhommeaux, Spartacus et la Commune de Berlin).page30image24820928

precisamente por ello no lo saben, no lo reconocen como tal57. La acción directa obrera, o sea la práctica política sin mediaciones ha sido reemplazado por un verdadero gobierno -dominación política- de funcionarios que exigen obediencia y subordinación a “sus” trabajadores afiliados, quienes sumergidos en las miserias de la explotación diaria del capital, terminan delegando su poder decisional a la capa de dirigentes “profesionales” y “especialistas” que hacen de su vida el sindicato58, manteniendo y reproduciendo, por ende, la división entre dirigidos y dirigentes; entre quienes piensan y quienes sólo ejecutan; entre quienes poseen el “saber” y quienes “no-saben” lo suficiente; en el fondo: entre una autocracia y el pueblo trabajador. La división entre el trabajo intelectual y el trabajo manual está en la base del capitalismo y el poder burgués y burocrático; el comunismo, desde sus orígenes, precisamente se propone frente a ello la destrucción de la división entre ambas formas de trabajo59, así como también de la división sexual, “racial” o cultural del mismo. ¿Es posible luchar por un proyecto revolucionario, de liberación, sin que sus premisas políticas y éticas no tengan un correlato concreto en nuestra práctica inmediata? No. La política revolucionaria no se trata únicamente de ir ganando consciencias para la revolución, o ir asestando “golpes letales” al enemigo de clase y por medio de ello “acumulando fuerzas” ciclo a ciclo de luchas60. Se trata, por el contrario y ante todo, de ir poniendo en movimiento en cada lugar y momento que sea posible lo que proponemos como horizonte histórico general. Nuestro rechazo al sindicalismo no responde, como es

57 Recordemos que la enajenación significa el extrañamiento respecto a sí mismo, pero también respecto al entorno material (natural) y humano, y al conjunto de las relaciones sociales en las cuales se desenvuelve la vida humana. Marx lo define de este modo: “Una consecuencia inmediata del hecho de estar enajenado el hombre del producto de su trabajo, de su actividad vital, de su ser genérico, es la enajenación del hombre respecto del hombre (…) En general, la afirmación de que el hombre está enajenado de su ser genérico quiere decir que un hombre está enajenado del otro, como cada uno de ellos está enajenado de la esencia humana” (Manuscritos económicos filosóficos, 1844). En definitiva, siguiendo la teoría marxista de la alienación, el sindicalismo no aliena tan solo a sus afiliados, sino que también a su propia dirigencia.

58 A veces por el simple placer del privilegio, otras por corrupción. En ambos casos, no excluyentes, hablamos de la seducción propia del fetichismo del poder.

59 «La división del trabajo sienta ya de antemano las premisas para la división de las condiciones de trabajo, las herramientas y los materiales (…) La división del trabajo sólo se convierte en verdadera división a partir del momento en que se separan el trabajo físico y el intelectual» K. Marx.

60 Esta noción abstracta y mecanicista es absurda, por cierto. Es un resabio del positivismo burgués que se ha “colado” en las corrientes hegemónicas del marxismo y algunas también anarquistas (como el plataformismo).page31image24773184

posible observar, tan solo a una cuestión puramente “táctica” o “estratégica”; tiene que ver con el horizonte comunista y cómo éste va tomando forma concreta, inmediata, en cada una de nuestras acciones.

IV. NUESTRA POLÍTICA, ALGUNOS ESBOZOS

  1. Una de las ideas de mayor fuerza que hemos propuesto e impulsado -desde nuestros orígenes- es aquella que hemos caracterizado bajo el concepto de movilización radical de masas. Esta propuesta, estratégica y táctica a la vez, la hemos definido como una suerte de ejercicio y despliegue ofensivo, que implementando múltiples formas de lucha, en lo esencial converge en torno a las dimensiones más radicales y confrontacionales que un período de lucha de clases y sus respectivos ciclos políticos nos permiten (como clase). Bien sabemos que las formas pacíficas y violentas, rupturistas e institucionales, están presentes de manera constante en el seno de la movilización (nos guste o no). Siempre ha sido así y difícilmente dejará de serlo, el asunto en realidad es cómo se combinan (o anteponen), cómo priorizamos o cómo ponemos en el centro de la acción unas formas por sobre otras, siempre en la línea, por supuesto, de empujar con más energía aquellas que mayormente sirven en el marco de profundizar la organización clasista, la ampliación de la consciencia de clase y las ideas y prácticas revolucionarias antagónicas al poder dominante.
  2. Entendemos, profundizando lo anterior, que tanto la organización y la consciencia de clase son producto y resultado del ejercicio práctico de la lucha, y no consecuencia de la simple propaganda, la agitación o la formación teórica61. Para las formas mecánicas de pensamiento, la relación entre conciencia, organización y lucha responden a una suerte de escalón evolutivo: primero la consciencia, luego -por medio de la consciencia dada- se produce la organización y, mediante el impulso combinado de consciencia y organización,

61 Con ello no queremos decir, en absoluto, que estos aspectos no deban ser tratados con fuerza y empeño. Por el contrario, pensamos que todas estas “líneas” deben ser trabajadas con mucha fuerza y empeño, sobre todo en este contexto histórico donde vivimos un desarme teórico tan importante en el seno de la clase misma, una crisis en gran medida desatada por las diferentes derrotas estratégicas y la bancarrota ideológica que significó el comunismo dogmático del siglo pasado.page32image24774144

se produce la acción62. Pero la realidad es dialéctica, todos esos aspectos aparecen a la vez con diferentes grados de profundidad y complejidad, y lo hacen de manera dinámica, muchas veces incluso caótica. Ello no tiene nada de “malo” o “bueno” por sí mismo, simplemente es así, es la manera en la cual transcurre la lucha (y la vida). Sin embargo, pese a esta intensa y compleja dialéctica de la lucha de clases, lo cierto es que en esencia es la acción consciente (praxis) la que tiene mayor preponderancia en términos históricos. Dicho de otra manera, tanto la consciencia como la organización se adquieren principalmente mediante el ejercicio de la práctica transformadora (praxis), o sea, el impulso concreto de la lucha concreta. A veces, la mayor parte de las veces, son luchas parciales movilizadas por reivindicaciones aparentemente “menores” (no debemos menospreciar nunca ninguna lucha), sin embargo, tras todo impulso movilizador que empuja hacia un mejor vivir, va la consciencia madurando, a veces de manera espontánea (instinto de clase) o a veces por el impulso y la claridad que puede (y debe) aportar la franja revolucionaria inserta en el propio movimiento histórico de la lucha.

3. El ejercicio de la movilización radical de masas, retomamos, se plantea en todo el marco estratégico antes descrito, pues entendemos que lo demás -incluida la consciencia histórica de la necesidad de la revolución como objetivo programático- sólo irrumpirá en la medida que la acción política desate sus formas de lucha más directas y radicales. Y “más directas” y “radicales” quiere decir en este contexto, acción directa63 combinada con formas de organización popular que se plantean en lo práctico y lo teórico la subversión de las “métodos” de organización de base burguesas (o sea, toda forma burocrática e hiper

62 Dentro de la amplia escuela dogmática, además hay un sector ideológico que plantea que la consciencia se va conquistando por medio de la agitación y propaganda dirigida hacia el movimiento de masas desde un partido que posee, por sí mismo, todas las certezas históricas (científicas) necesarias para resolver los problemas inmediatos y de largo alcance que presenta (y presentará) la lucha de clases, el socialismo y el comunismo. O sea, una vanguardia preclara constituida únicamente, o prioritariamente, por especialistas y “profesionales” de la política. Dicha orientación, en el mejor de los casos, opera como una suerte de aristocracia política en ciernes, que suplanta a la religión por una doctrina, y a sus sacerdotes por dirigentes portadores de las verdades reveladas de manera exclusiva a ellos mismos (usamos pronombres masculinos de manera deliberada, por cierto). Esto no responde a una suerte de “mala fe” o intención oculta, es -nuevamente- el fetichismo y la alienación que opera sin que el portador sea (auto)consciente de ello.

63 Anteriormente ya definimos qué entendemos por este concepto.page33image24774720

vertical64, además institucionales o institucionalizantes). El producto político, histórico, más importante que nos entrega la movilización radical de masas como ejercicio ofensivo de lucha, es el desarrollo de la fuerza social revolucionaria65, la cual alimenta el proceso revolucionario mediante el impulso consciente y organizado de ideas y prácticas revolucionarias. No está demás recordar que nuestro propio proyecto es una expresión de la fuerza social revolucionaria; somos una expresión orgánica de ello. La tarea del movimiento revolucionario, por supuesto, es entonces buscar dinamizar la lucha lo más posible, lo que más nos permitan nuestras propias fuerzas y capacidades, pues mediante cada salto cualitativo que se produce en la lucha de clases (la Revuelta de Octubre es un ejemplo de ello) el pueblo crece en organización y consciencia, madurando, una parte al menos, como fuerza social revolucionaria.

4. Algo similar ocurre con el problema de la organización, en este campo también podemos reconocer grados de organización espontánea66, movilizados por un instinto de clase explosivo, el que muchas veces responde a situaciones contingentes, pero no pocas a una auto-consciencia histórico-cultural. Hablando más en concreto, la misma proliferación de las asambleas populares de base no se puede entender sino como producto directo de la

64 También podemos definir esto mismo simplemente como “patriarcal”, pues las formas de organización social burguesas derivan todas de las anteriores formas de organización patriarcal.

65 Entiéndase por fuerza social revolucionaria a todos aquellos sectores de clase que se organizan y luchan por la revolución asumiendo una estrategia de poder. Una parte de ella se agrupa en torno a proyectos políticos, otra sin asumir militancias orgánicas se despliega en distintos frentes de lucha con el mismo objetivo. Además, la fuerza social revolucionaria puede estar compuesta por diferentes fracciones sociales de los grupos explotados, oprimidos, marginados e invisibilizados por el régimen burgués (generalmente es así), y no solo por una fracción de clase determinada (clase obrera industrial o campesinado, por ejemplo). Dicho de otro modo: la fuerza social revolucionaria es una forma de alianza ofensiva de todos aquellos sectores históricos antagónicos al poder burgués que desarrollan una consciencia-práctica de la necesidad de la revolución.

66 Muchas veces el concepto “espontáneo” es entendido como algo irracional, irreflexivo o desordenado, antepuesto a lo consciente, planificado y organizado. Más bien, debe ser entendido como la acción política autónoma e inmediata del pueblo. Para efectos prácticos, y para no inducir confusiones escolásticas, utilizaremos la noción o la definición de acción política autónoma del pueblo, la cual posee alto grado de consciencia y ciertos grados de planificación y organización.page34image24775488

lucha de clases en el contexto de la Revuelta Popular67, pero que a la vez encuentra sus antecedentes, y en cierta medida su “acumulación” de experiencias, en los ciclos más recientes de luchas, no solo de los últimos 10 años, sino que también de las últimas dos o tres décadas de movilización. La Revuelta nos permite representar muy claramente nuestro concepto de la movilización radical de masas y de la dialéctica de acción-organización- consciencia68: a) el 18-19 octubre revienta la rabia, luego, como complemento y respuesta a todo ello se produce rápidamente la b) organización de base, con la intención de responder a la represión y como forma de ir materializando políticamente la energía desatada. En medio de todo ello, durante los momentos siguientes, producto de la lucha y la organización que se va multiplicando en medio de la protesta popular se van c) produciendo saltos históricos de consciencia, que a la vez alimentan la organización y la lucha sobre la cual se produce, repitiendo y profundizando la mediación dialéctica entre acción-organización-consciencia, la que a su vez produce un ciclo más agudo e intenso, nuevamente, de: acción-organización-consciencia. Todo es un puro movimiento histórico, sin etapas ni fases, pero que se produce siempre dinamizado por la acción política que, por supuesto, contiene algún grado de consciencia y experiencia organizativa histórica69.

5. Es por lo dicho anteriormente que siempre hemos entendido y definido que la organización política revolucionaria partido revolucionario no es otra cosa que un producto histórico de la lucha de clases. En ningún caso se le superpone, antecede o supera en términos de sus límites y posibilidades reales, concretas y prácticas. La ilusión de “construir partido” de manera independiente a los procesos de lucha no es otra cosa que una fantasía ideológica que esconde el dogma y el sectarismo. El movimiento revolucionario, todas aquellas fuerzas sociales y políticas que apuestan a la revolución, no somos otra cosa que el resultado

67 Dichas experiencias están lejos de sorprendernos, no son otra cosa que la puesta en movimiento de formas organizativas que vienen madurando durante, al menos, 10 años en Chile, apareciendo cada vez que se abre un ciclo de lucha más intenso. A su vez, a propósito de la memoria histórica, estas respuestas no pueden sino ser entendidas como la consecuencia de décadas de experiencias de resistencia y lucha ofensiva, donde precisamente el pueblo y la clase fue conformando formas organizativas propias en medio de una intensa crisis de las formas de organización burocráticas e hiper verticales tradicionales del movimiento obrero del siglo pasado.

68 Escribimos las tres categorías unidas por un guión, pues no son etapas diferenciadas; se dan al unísono, como un sólo fenómeno complejo, pero que a la vez posee ciertos centros dinamizadores (acción, organización o consciencia).

69 Ningún movimiento popular es una hoja en blanco que nace o muere a la luz de cada ciclo de luchas.page35image24776448

dialéctico del estado de organización, consciencia y disposición de lucha presente en el propio movimiento popular y sus sectores de avanzada. De allí resulta, precisamente, que todos los esfuerzos políticos del movimiento revolucionario deben ir dirigidos hacia el fortalecimiento y el crecimiento del movimiento popular en el despliegue mismo de la lucha de clases.

6. Todo lo anterior lo señalamos sólo para sostener una tesis muy concreta e importante para nuestro proyecto: la Revuelta Popular es la forma concreta que la movilización radical de masas ha tomado en nuestro territorio; es la acción política autónoma y ofensiva del movimiento popular en el marco de la lucha de clases contra el Estado y el capital. La revuelta, como forma histórica de lucha, precisamente posee todas las características y consecuencias (y límites) que veníamos planteando desde nuestro proyecto, pues precisamente combina, básicamente, múltiples formas disruptivas de lucha contra el poder y sus agentes represivos y símbolos políticos, económicos y culturales, convergiendo en torno a la radicalidad política en todas sus dimensiones y complejidades materiales, políticas y subjetivas. ¿A qué nos referimos más concretamente con “radicalidad»? Pues, la organización democrática y directa (anti-burocrática de base), la que además se intenta organizar bajo principios políticos transformadores como lo son el feminismo, la plurinacionalidad/antirracismo, la autogestión, la autonomía y la acción y democracia directas. Todo este proceso histórico nos ha permitido avanzar desde ser un “simple” movimiento de masas a constituirnos como movimiento popular. Por cierto, hay diferencias, para nada menores, entre uno y otro momento de consciencia/organización. ¿En qué observamos ese camino cualitativo? lo vemos en (a) el reconocimiento de un identidad común como pueblo(s) explotado(s); (b) la identificación de formas de lucha radicales y populares como legítimas, necesarias y útiles70; (c) la voluntad transformadora profunda; (d) y la articulación nacional y plurinacional que, pese a lo débil, se articula como núcleos de avanzada que son parte del pueblo movilizado que ambiciona pasar de la resistencia a la lucha por el poder71. Pero lo más importante, lo que de algún modo sintetiza y explica todo lo antes dicho, es la identificación amplia y colectiva de un enemigo común: los ricos y poderosos, el poder burgués racista, colonial y patriarcal amparado y

70 Sobre todo al uso de la violencia política.
71 A corto, mediano o largo plazo, según el caso y el sector.page36image24777024

representado por el sistema político72, medios de comunicación y otras instituciones y fuerzas dominantes; ello desde una identidad de clase en construcción: el concepto de pueblo73 renace como un sentimiento común y colectivo que abarcaría a todos aquellos sectores aplastados por ese enemigo poderoso, violento y destructivo. Esa identificación es cada vez más nítida, azuzando en la profundización de la crisis del sistema y el desarrollo de la lucha violenta y radical contra el poder dominante. Lo último, más en simple: de un modo aún muy difuso, crece la idea, la sensación, el sentimiento, el instinto, de que tenemos que liberarnos de aquello que nos explota y oprime mediante la organización, la unidad, la lucha y la fuerza74. Todo ello, insistimos, representa un cambio cualitativo de dimensiones históricas, no libre de múltiples límites, en la ampliación y desarrollo de la consciencia de clase.

7. Nada de lo anterior quiere decir que no existan límites o contradicciones en el movimiento popular. El actual movimiento popular no posee mayores grados de articulación y unidad interna sustantivas, pese a los esfuerzos que se hacen (y hacemos) en el sentido de esa superación. Es muy claro que mantiene un alto grado de fragmentación orgánica sumado a una atomización local (localista) que se viene agudizando en medio de la pandemia y frente a las necesidades que se nos presentan para poder enfrentar la creciente crisis económica y sanitaria. Además, en un sentido aún más profundo, es obvio que no existe tampoco un horizonte programático común (de clase) ni una idea más clara de emancipación (o proyecto político) que permita articular los diferentes esfuerzos en torno a un objetivo, a largo plazo, que sea transversal a todo el movimiento popular75. Todos estos desafíos son los que actualmente estamos intentando enfrentar y sobrellevar, algunos representan tareas inmediatas, como la unidad más amplia posible, de lo local hasta lo plurinacional de los pueblos en lucha desde sus franjas más organizadas y conscientes; mientras otras son más

72 A veces llamada “clase política” pero que en realidad es el cuerpo burocrático-político de la clase burguesa, la que en su mayoría no participa -pues no lo necesita- de la administración del Estado; para ello sus lacayos a sueldo, la mayor de las ocasiones, obedientes y disciplinados.

73 Aún como idea imprecisa, pero no por ello menos importante y profunda.

74 Es por ello que cuando se comete una injusticia, un abuso, el pueblo, de la manera que sea, responde de inmediato y con violencia contra los símbolos del poder. Tal cual ocurrió con el asesinato de Francisco en Panguipulli.

75 Esa es una diferencia muy sustantiva respecto al movimiento obrero, popular y campesino chileno de las décadas de los 60’s y 70’s, incluso parcialmente en la década de los 80’s.page37image24777792

bien objetivos a largo plazo, como el poder dotarnos de un horizonte común emancipatorio como pueblos y clase.

8. En nuestro planteamiento inmediato, pero siempre de alcance estratégico, pensamos que debemos jugarnos por el desarrollo de un movimiento popular autónomo, o sea, que junto con la independencia de clase76 se plantee también, como forma de organización política, la autonomía y la autodeterminación del pueblo respecto a todas las formas de poder, no solo las del Estado, el capital o el patriarcado, sino también incluso respecto a las fuerzas políticas que -con buenas o malas intenciones- pretende cooptar o hacerse de su “dirección” o “conducción” para “dirigirlo” (dirigirnos) hasta la “revolución”; para luego, obviamente, gobernarnos “revolucionariamente”. La vieja idea de Marx y la Primera Internacional de que: “La emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos o no lo será” puede utilizarse como una gran meta-crítica al conjunto de las experiencias autodenominadas “socialismos reales”77 del siglo pasado, a la vez que le da sustento a la tesis del movimiento popular autónomo, que terminaron enterrando desde adentro mismo los procesos

76 Condición básica y excluyente para la conformación de cualquier movimiento popular.

77 Una definición más exacta sería la de “capitalismo burocrático de Estado”, podríamos adosar los conceptos de “autoritarios” o “totalitarios”, sin embargo es un aspecto más bien consustancial al “modelo” de organización burocrática de Estado; pues supone, tanto el autoritarismo en lo político como el totalitarismo en lo ideológico; la base de la dominación política de estos regímenes se encuentra ubicada precisamente en dichos pilares.

Por supuesto, los conceptos trotskistas de “socialismo burocrático” o “Estado obrero degenerado” resultan por lo bajo parciales, insuficientes o mediocres (irracionales, más bien). Ahora bien, para efectos prácticos, la radical distancia entre las nociones de “Estado obrero degenerado” y de “capitalismo burocrático de Estado” nos ubican en dos posiciones completamente opuestas: para el trotskismo, se trataba -en el marco de este problema- de avanzar hacia la democratización (“ajuste” relativamente pacífico, por ende) de un proceso que en “algún punto” había perdido el correcto rumbo; en cambio, desde nuestra posición, no existe democratización posible; la respuesta de clase no puede sino ser una revolución violenta contra la clase burocrática y su Estado, pues representan -ni más ni menos- que la contrarrevolución.

Creemos que en ese sentido va precisamente la herejía crítica del Che, cuando en 1966 indica lo siguiente: “Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) [impulsada por Lenin desde 1921] han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez más de forma más marcada las relaciones de producción, y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo”. No es objetivo de este material desarrollar largamente este asunto (aunque lo amerita), por ahora nos conformamos simplemente con dejar categóricamente destacada nuestra posición al respecto, en un futuro retornaremos a esta cuestión de manera más pormenorizada.page38image24778752

revolucionarios que se suponía “vanguardizaban». No se trata de negar la idea de “vanguardia”, por cierto, sino de significarla de manera tal que no se traduzca en la supresión del papel central e irremplazable de la clase en su propio proceso de emancipación, como a menudo ocurrió. A nuestro modo de ver, siguiendo muy de cerca las ideas de Rosa Luxemburgo en este aspecto, el papel de la organización política revolucionaria partido revolucionario es, en palabras sencillas, la de ir abriendo nuevos caminos mediante el impulso de objetivos, ideas y consignas claras, pero ante todo mediante nuestro propio ejemplo, el cual tiene como un único escenario posible y legítimo el ejercicio concreto de la lucha de clases.

9. Dentro del actual movimiento popular se plantea una “línea liquidadora”, impulsada desde sectores políticos organizados y no organizados, que movilizan bases populares hacia la institucionalidad democrática burguesa desde el inicio de la Revuelta Popular78 hacia al proceso constituyente, y seguro que el día de mañana hacia otros escenarios de similares características (democrático-burgueses). Pero también hay sectores, parte importante del que identificamos tradicionalmente como “movimiento revolucionario”, que aunque rechazando ese camino, de igual modo pretenden constituirse como los espacios que “dirigen” al conjunto del movimiento popular. En algunos casos incluso excluyéndose de la organización popular de base misma para posicionarse por sobre ella (sobre los procesos históricos), y en otros casos con un trabajo de base popular real pero que en realidad tiene por objetivo movilizar maniqueamente hacia ese mismo sentido subordinador y burocrático. En cualquier caso la respuesta de clase es la misma: autonomía.

10.A propósito de esto último, es sumamente destacable que la mayoría de los núcleos más avanzados de la organización popular de base adoptaron la idea (y los nombres) de “autonomía”, “auto-convocado”, “auto-organizado” o incluso “autogestión» para referirse a sus espacios territoriales. Pensamos que ello responde, tanto a una situación contextual y coyuntural que lleva -a los sectores más conscientes- a tomar distancia respecto a los partidos del sistema y los organismos de clase burocratizados (que tanto mal han hecho a la movilización popular a lo largo de toda historia reciente y anterior), pero también a un instinto crítico clasista que es capaz de reconocer que los procesos históricos de lucha nacionales e internacionales, recientes e históricos, han fallado precisamente por ceder su

78 Podemos reconocer ello en la política pequeñoburguesa de “Asamblea Popular Constituyente”, agitada desde el Partido Igualdad, la CF8M, Solidaridad, C2A y otros grupos.page39image24779328

soberanía a grupos humanos que supuestamente nos “representan” de mejor modo que nosotros mismos, pues serían los portadores del “conocimiento”, la “razón”, la “verdad”. La diferencia entre nuestro proyecto y otros, es que el nuestro efectivamente confía en la capacidad de los pueblos de liberarse a sí mismos79. ¿Significa aquello que las organizaciones políticas revolucionarias o partidos revolucionarios no juegan ningún rol importante en la lucha de clases? En absoluto, de lo que se trata es de ubicarnos correctamente en la línea de la revolución, en el seno del pueblo, en el centro de la lucha de clases; alimentando, mediante nuestra práctica, ejemplo, palabra, consciencias y propuestas políticas; el camino de la liberación, el cual la clase y los pueblos deben transitar por sí mismos para, de ese modo, asegurar su propia emancipación respecto a todo poder y toda dominación80.

11.Entonces, la movilización radical de masas debe orientarse, en este nuevo período de lucha de clases, hacia la maduración de un movimiento popular autónomo que apueste al ejercicio de la autodeterminación y la auto-organización política81, la que comienza con la organización local hasta alcanzar un nivel plurinacional y viceversa, libre y en oposición a todo tipo de burocratización y aparatismo. Sin lugar a dudas, el mejor ejemplo de ello es la trayectoria recorrida por el movimiento mapuche autónomo durante los últimos 20 años en Wallmapu, donde la autonomía ha sido definida como: a) autonomía de pensamiento (descolonización ideológica); b) independencia organizativa (independencia de clase, en nuestro caso); c) reconstrucción de identidad82. Los dos primeros puntos los recogemos sin

79 Nuevamente citamos al Marx de la Primera Internacional: “La emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos o no lo será”.

80 La última idea resume, de un modo concreto y “aplicado”, nuestro balance histórico respecto al fracaso del comunismo atávico del siglo pasado; y, sobre sus miserias, establece también los fundamentos de un comunismo de liberación para el presente siglo.

81 Lo que también supone la gestión de las necesidades materiales que se presentan.

82 La unidad plurinacional, precisamente, se debe dar entre el movimiento mapuche autonomista y el movimiento popular autónomo; no entre la totalidad del movimiento mapuche ni el movimiento popular, en ambos “movimientos” existen yanaconas y fuerzas enemigas que, pese a pertenecer a nuestros mismos pueblos, en realidad operan -consciente o inconscientemente- para la contrarrevolución.page40image24780096

mayores explicaciones, el tercero, en nuestro caso, se trata más bien de dar un largo debate respecto a nuestra identidad como pueblo trabajador83.

7. A nuestro modo de ver y en línea con nuestros debates de los últimos años, se trataría, en lo concreto, de constituir un movimiento popular autónomo ampliamente heterogéneo, complejo y dinámico, donde el conjunto de las identidades, formas de vivir y habitar el mundo convivan de manera compleja y creativa84. Identidades culturales, históricas, de género, raza, nacionales, internacionales, migrantes, etc. Todas valen y deben abrirse un espacio propio sin que signifique subordinar o relegar a nadie en el ejercicio propio de autoliberación, proceso que debe darse, por supuesto, en coherencia, concordancia y equilibrio con la naturaleza y todos los seres vivos que la habitan. Se trata, en el fondo, de poner movimiento en todos los espacios posibles; de manera extensiva y generalizante, una ética que se oriente bajo los principios de la pluriversidad o, si lo queremos decir de otro modo más preciso aún, del Itrofill mogen85. Ética que, por cierto, en muchos casos no es nueva ni “futura” sino que, por el contrario, ha sobrevivido por siglos resistiendo en los márgenes de la modernidad capitalista. Casi como una nota al margen, a propósito de la pluriversidadvale la pena preguntarse: ¿cuándo “homogéneo” pasó a ser una buena palabra? o peor: ¿por qué lo “monolítico” pudiera ser entendido como una suerte de

83 Ya en curso en el seno del movimiento popular, por cierto. De todos modos, cualquiera sea el camino a tomar, se debe fundar siempre sobre la base primera de una identificación histórica como proletariado internacional e internacionalista.

84 Y no libre de choques, contradicciones, debates.

85 “En el idioma castellano, podemos definir itro como “composición de muchas vidas que comparten simultáneamente el mismo espacio”, se podría traducir como multiversidad. Fill quiere decir que todos tienen vida propia, pero que interactúan entre sí y son interdependientes, se podría traducir como pluriversidad; por tanto, son millones de pequeñísimas vidas manteniendo toda la vida, que en suma es una sola gran vida. Para ejemplificar, nuestros cuerpos físicos se componen por muchas vidas (y la misma ciencia occidental así lo confirma, somos verdaderos cúmulos de bacterias), cada una de ellas en función de las otras, que nos permiten sentir, pensar, hacer y mantener la pervivencia del Ser. Esta afirmación de la multiversidad y pluriversidad se diferencia de la clásica idea de uni-verso y uni- versalidad, o única afirmación, única ideología, en donde se sobrepone el interés uniformista por sobre la diversidad en el ser humano”. Recomendamos la lectura completa de este artículo al respecto: https:// www.endemico.org/itrofill-mogen-toda-la-vida-sin-excepcion/page41image24780864

objetivo político? Cualquier forma de uniformidad86 es enemiga de la revolución. Nuestro proyecto es y debe ser de liberación, un comunismo de liberaciónNo apostamos a conformar una suerte de nueva identidad única o uniforme (“chilena”, por ejemplo) que reemplace a otra anterior. Nos disponemos a subvertirla, a negarla violentamente mediante una creativa amalgama, mestiza y champurreada de formas de vivir y sentir la existencia. La revolución, en nuestra definición, es el proceso radical de liberación histórica de todas las energías históricas contenidas. Por ello mismo, dicho proceso, por supuesto, no tan solo es enormemente dinámico sino también subversivo e incluso caótico.

¡QUÉ VIVA LA REVUELTA POPULAR!
¡POR UN MOVIMIENTO POPULAR AUTÓNOMO! ¡POR EL COMUNISMO Y LA LIBERTAD!
page42image24781824

86 Y, por supuesto, que tenemos en mente nuevamente a los “socialismos reales”, pero también en este caso a todos aquellos sectores que también identifican hoy día ello como un valor u “objetivo estratégico” a cumplir en sus respectivos proyectos. Tras estas ideas, nuevamente lo decimos, se esconde el totalitarismo ideológico y el autoritarismo político; dominando y subsumiendo, alienación mediante, a sus portadores.

Ir al contenido