¡Fuera Nancy Pelosy de Taiwán!

por Andre Damon

La presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., Nancy Pelosi arriba hoy a Taiwán respaldada por un portaaviones, un buque destructor y docenas de aviones de guerra F-35, como parte de un esfuerzo para provocar una escalada del conflicto entre EE.UU. y China. La llegada de Pelosi en Taiwán es una provocación deliberada y calculada contra China. Las consecuencias podrían ser catastróficas.

Los trabajadores en Estados Unidos deben oponerse a esta provocación deliberada que cuenta con el visto bueno de la Casa Blanca. Esta acción podría salirse de control, poniendo en riesgo incontables vidas en Taiwán, China, la región de Asia-Pacífico y el propio EE.UU.

El portaaviones USS Abraham Lincoln de clase Nimitz (CVN 72) en formación durante el RIMPAC en el Pacífico, el mayor ejercicio internacional de guerra marítima del mundo, el 28 de julio de 2022. (Foto de las Fuerzas Armadas canadienses por el cabo Djalma Vuong-De Ramos, 220728-O-CA231-2003) 

Varios personajes de la élite política estadounidense han dejado en claro que habría una respuesta militar estadounidense a cualquier respuesta militar china. Zack Cooper, exoficial del Consejo de Seguridad Nacional, comentó al Washington Post, “Si los chinos realizan una respuesta intencional o alguna clase de accidente conduce a un choque real —un contacto entre buques o aviones o los radares captan automáticamente algún avión o misil que vuele muy cerca de Taiwán— creo que EE.UU. se vería obligado a responder contundentemente”.

“Los riesgos de una escalada son inmediatos y sustanciales”, advirtió Evan Medeiros, exasesor para Asia del presidente Barack Obama, en una declaración al New York Times. “Es una situación excepcionalmente peligrosa, quizás más que la de Ucrania”.

Por su parte, los oficiales chinos han declarado que consideran que la visita de Pelosi cruza una “línea roja”. Famosamente, el presidente estadounidense Joe Biden declaró en diciembre de 2021 “No aceptó las ‘líneas rojas’ de nadie”, lo que condujo a la guerra de la OTAN con Rusia para disputar Ucrania.

El portavoz de la Cancillería china, Zhao Lijian, afirmó: “Si EE.UU. insiste, China tendrá que tomar medidas firmes y contundentes para defender su soberanía nacional e integridad territorial”.

El diario Global Times de China, que representa a facciones importantes del Estado y el ejército chinos, respondió a los planes de la visita declarando que la respuesta de China sería “militar y también estratégica”.

En una llamada la semana pasada con Biden, el presidente Xi Jinping le dijo a Biden que, “Los que juegan con fuego por fuego perecerán”. Es la amenaza de represalias militares más abierta realizada por un presidente chino en la historia reciente.

La afirmación de que la Casa Blanca no puede hacer que Pelosi no vaya a Taiwán es una mentira. Pelosi viaja en un avión militar apoyado por al menos media docena de buques de guerra y será escoltada por aviones de caza. Como “comandante en jefe”, Biden tiene toda la autoridad para prevenir el uso de estos activos militares.

En cambio, la Casa Blanca tomó la decisión de permitir el viaje a pesar de las reservas manifestadas por varios oficiales de la Casa Blanca. El New York Times indicó esto esta mañana, señalando, “Esencialmente, dijeron varios oficiales, el Gobierno concluyó después de la llamada que los posibles riesgos nacionales y geoestratégicos de intentar detener la visita… son mayores que los de permitir que la Sra. Pelosi proceda”.

El viaje de Pelosi es la más reciente y peligrosa de una serie de provocaciones contra China. Se produce junto a mentiras ridículas y descaradas de los funcionarios estadounidense.

“No hay razón para que Beijing convierta una posible visita consistente con la política que EE.UU. ha mantenido por mucho tiempo en algún tipo de crisis o que la utilice como pretexto para aumentar sus actividades militares agresivas dentro y en torno al estrecho de Taiwán”, dijo John Kirby, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional.

¿No hay razón? Cabe recordar que el Gobierno estadounidense respondió en 1962 al despliegue de misiles nucleares en Cuba por parte de la Unión Soviética con un bloqueo que casi provoca un conflicto nuclear. ¿Cómo respondería EE.UU. hoy si China estuviera armando masivamente a Cuba o, quizás una analogía más apta, Puerto Rico, como parte de una política explícita para encercar Estados Unidos militarmente?

Es más, EE.UU. ha amenazado con invadir las Islas Salomón, a 12.000 kilómetros de EE.UU., por su pacto de seguridad con China.

Las declaraciones de Kirby, que ni él ni nadie más en la Casa Blanca cree realmente, están dirigidas completamente para el público, como argumento para os noticieros y los partidarios del imperialismo estadounidense en la clase media-alta.

Después de la Revolución china, Taiwán se convirtió en la sede del Gobierno en el exilio patrocinado por EE.UU. Entre 1949 y 1987, el país fue sometido a una brutal dictadura militar respaldada por EE.UU., en “la imposición de ley marcial más larga de cualquier régimen en el mundo”. Hasta la fecha, el Gobierno taiwanés afirma que toda la China continental se encuentra bajo su control.

La visita de Pelosi se suma a una serie de acciones estadounidenses para desmantelar sistemáticamente la política de “una sola China”, en primer lugar, bajo el Gobierno de Trump y después bajo Biden, que rigió las relaciones estadounidenses con China por décadas.

La política de una sola China fue establecida por el Comunicado de Shanghái de 1972. Se concretó aún más con el Comunicado Conjunto sobre el Establecimiento de Relaciones Diplomáticas de 1972, que promete que “Estados Unidos de América reconoce al Gobierno de la República Popular China como el único Gobierno legal de China”, al tiempo que afirma que Estados Unidos mantendrá “relaciones no oficiales” con Taiwán.

Desafiando estos acuerdos, Estados Unidos ha iniciado una serie de provocaciones destinadas a establecer vínculos diplomáticos formales con Taiwán:

· En mayo de 2020, el secretario de Estado, Mike Pompeo, felicitó a la presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen.

· La Administración d Trump invitó a los diplomáticos taiwaneses a asistir a actos en el Departamento de Estado y otros edificios federales, una práctica que continuó bajo la Administración de Biden.

· En septiembre de 2021, el secretario de Estado estadounidense Antony Blinken se refirió a Taiwán como un país.

· La Administración de Biden invitó por primera vez al representante de Taiwán en Estados Unidos a asistir a la toma de posesión de Biden.

· Varios funcionarios de la Administración de Biden han filtrado a los medios de comunicación estadounidenses que hay personal militar de Estados Unidos en Taiwán entrenando a sus fuerzas y, desde entonces, ha anunciado la duplicación de las fuerzas estadounidenses en Taiwán.

Está claro que la Administración de Biden quiere provocar algún tipo de conflicto militar con China. Si no fuera así, no aceptaría tal riesgo como el viaje de Pelosi.

La clase dominante estadounidense no ve otra forma de mantener su hegemonía mundial más que a través de una confrontación con China. Desde el punto de vista de los estrategas militares estadounidenses, una guerra con China no es una cuestión de si ocurrirá o no, sino de cuándo.

Más allá de las consideraciones geopolíticas, la imprudencia del imperialismo estadounidense está impulsada por factores internos. Cuanto más profunda es la crisis económica y social en Estados Unidos, más escala los conflictos internacionales hasta el punto de llegar a la guerra.

Una consideración clave para el Gobierno de Biden es retener el apoyo de un Partido Republicano dirigido por fascistas, en condiciones en las que la Casa Blanca teme una ola de oposición de la clase trabajadora. El senador republicano de Florida, Marco Rubio, dejó claro que apoyaría inequívocamente a la Administración de Biden en su conflicto con China, declarando: “Podemos tener profundas diferencias políticas internas… pero responderemos con una unidad inquebrantable si nos amenazan desde el exterior”.

Los continuos esfuerzos de Estados Unidos por intensificar sus conflictos con Rusia y China, día tras día, mes tras mes y año tras año, dejan claro que la clase dominante estadounidense busca deliberadamente avivar las llamas de la guerra.

Los trabajadores de todo el mundo deben oponerse a la temeraria provocación militar del capitalismo estadounidense. Una guerra contra las masas de China sería al mismo tiempo una guerra contra la clase obrera de Estados Unidos, cuyos únicos beneficiarios serían la oligarquía financiera estadounidense.

Cuando los trabajadores entran en lucha en Estados Unidos y en todo el mundo, deben plasmar en sus banderas la lucha contra la guerra.

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