El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) según la CIA, 1967-1971

por Eduardo Téllez Lúgaro, Felipe Novoa Saldía y Nicolás Iturra Fonseca

El juicio de Dios le corresponderá, como siempre, al lector una vez quetermine el abordaje de este reporte de la Agencia Central de Inteligencia, escrito a cien días de la asunción de Salvador Allende al gobierno, en torno al discurrir del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), desde sus orígenes hasta el verano caliente de 1971. Ese reconocido derecho no impide que, pensando en el beneficio de ese lector imaginado, llenemos antes unas pocas cuartillas anticipatorias. No a modo de prólogo, un ejercicio por lo corriente farragoso para el que lee, también, para el que la escribe, son, lo dejamos aclarado de partida, notas al margen, que pudiesen contribuir a atender ciertos aspectos, logrados o defectuosos, de la pieza compuesta por los funcionarios de Langley. Nos asiste la esperanza, que nunca se pierde, de calzar una buena idea y sumar algún antecedente descuidado. Quien lea o escuche, sabrá, es nuestra fe, apreciarlo.

Una primera constatación: el dossier de febrero de 1971 refleja bien las virtudes, intuiciones y desaciertos de la CIA, todavía en ascuas sobre un actor insurgente que les pareció, a primera vista, lleno de aplomo, desenfado y eficiencia en su desafío armado a la “institucionalidad burguesa”. Sobre todo, durante el corto pero intenso interregno de clandestinidad que debió sobrellevar en el tercio final del gobierno de Eduardo Frei Montalva (1969-1970). Una circunstancia perniciosa para la salud del sistema imperante temía la CIA. El MIR, a entender de los oficiales de la Agencia, había ganado prestigio e influencia durante esa experiencia entre los estudiantes y los sectores marginados del país, fruto de su desempeño, caracterizado, aparte de su habilidad para eludir el accionar represivo, por sagaces técnicas de comunicación política y un manejo apropiado de la guerra sicológica, dirigida a intimidar a jueces, personal de gobierno y académicos reaccionarios. Aparte de esto, la organización subversiva se les representaba, al nacer 1971, un satélite de la Cuba castrista, apoyado en dos considerables poderes terrenos: el recién asumido presidente Salvador Allende G., y el imperioso secretario general del partido Socialista chileno, Carlos Altamirano O. Uno y otro, a juicio de la CIA, protegían con indisimulada largueza al ente revolucionario, en disparejo crecimiento, de acuerdo con las estimaciones disponibles (intenso en los medios más vulnerables-mapuches, pobladores y campesinado sin tierra; escaso en la clase obrera y los trabajadores establecidos).

Según el escrutinio de la agencia, la formación “terrorista” no sobrepasaba los seiscientos militantes (nacidos en los estratos medio y medio-alto) participaba de una embrionaria red partisana internacional con referentes de Brasil, Bolivia, Uruguay y de algún otro país vecino (¿Argentina?); gozaba de la generosa contribución (armas, documentación, insumos) de una activa cuota de “ayudistas” europeos; dominaba a unos veinte mil pobladores de campamentos y “tomas” y recibía instrucción y armamento de los aparatos secretos cubanos. A esto se añadía que el partido revolucionario, a través de su operador encubierto, Jorge Fuentes, por intercesión de La Habana, había conseguido, recién no más, alzar un comité de apoyo efectivo al nuevo foco guerrillero levantado por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano en el Alto Beni, a cuya cabeza se hallaban –nada menos– Salvador Allende y Carlos Altamirano.

Dentro de su actividad subversiva, por demás, mantenía una variedad de campos rurales de entrenamiento militar, algunos detectados por las fuerzas de seguridad. Hasta aquí el resumen, no exhaustivo, del reporte preparado por la CIA, una presentación que revela buena información, algunas lagunas, ciertos errores y uno que otro dato enigmático. Dicho esto, nos hacemos cargo, con la menor extensión posible, de un número de ángulos abordados por la inteligencia estadounidense que merecen, pensamos, ser evaluados más de cerca.

Ambigüedades del reporte de febrero

Es llamativa, por ejemplo, la gélida desaprensión que la CIA muestra al abordar los tiempos embrionarios del MIR. Lisa y llanamente los borra del resumen. Salvo una ligera alusión al comienzo de los sesenta y no a mediados de estos (agosto de 1965), como sería pertinente, la rama de la inteligencia estadounidense se concentra en 1967, el hito que sí le interesa. Para esa fecha, es el núcleo granítico de Miguel Enríquez Espinoza. La toma del control de la Secretaría General, Comisión Política y Comité Central del conglomerado, acontecimiento que traerá, en breve, un vuelco en la actividad del referente. Sin embargo, cuando afirma que “el MIR se formó a principios de los años 60’s por un grupo de diversos izquierdistas radicales” está demostrando harto más que una mera equivocación.

Con alta probabilidad, la CIA había rastreado una saga que se iniciaba con el pequeño Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), derivado de una agrupación mínima, autonombrada Socialistas de Izquierda (Bautista van Schouwen, Miguel Enríquez, su hermano Marco Antonio, Marcello Ferrada de Noli y Jorge Gutiérrez). Pensado para ser levadura en la masa, el MSR, formalizado en 1962, y que para septiembre de 1963 poseía diecisiete miembros repartidos en Concepción y Santiago, se dedicó, de manera consciente a hacer “trabajo fraccional” dentro de la Federación Juvenil Socialista (FJS) de la provincia penquista, tanto en el núcleo Espartaco de la antedicha Federación, cuanto en el núcleo Sierra Maestra, de la escuela de Medicina de la Universidad de Concepción, alma mater del grupo. Aparte de penetrar en la FEC y ser impulsor del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), luego relevante ariete político de las posiciones revolucionarias más avanzadas dentro de las organizaciones estudiantiles de nivel universitario.

Expulsos de la FJS, debido a su actividad fraccional, se incorporaron a la Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM), a la cual no tardaron en fracturar y aglutinarse en la VRM-El Rebelde. Como tales concurrieron a la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (Santiago 14 y 15 de agosto de 1965), evento que el balance de la CIA pasa por alto. Cuatro años después, la organización, pese a intensas luchas fraccionales, tendencias centrífugas y graves escisiones, pastoreada ahora por Miguel Enríquez, que se aseguró el dominio de su dirección, había generado una dinámica revolucionaria “a la izquierda de la izquierda instituida” lo suficientemente agresiva como para que el gobierno de Eduardo Frei Montalva dispusiera su proscripción política y desatara un intenso cerco policial en torno a ella. El MIR contestó con una seguidilla de atracos a bancos y acciones de propaganda armada que puso en jaque la ofensiva gubernamental.Avanzado 1969 el Movimiento se ha convertido en la principal, aunque no única, formación partisana –“terrorista” en el argot de la CIA– del país y sale airosa, un año después, de esta, su primera clandestinidad. De pronto, sin embargo, tras el afortunado triunfo electoral de la Unidad Popular, se halla colocada al lado de un gobierno regentado por el tipo de izquierda que siempre ha denostado.

¿Por qué? La CIA y sus hipótesis acerca de la “entente” Allende-MIR

En el análisis estadounidense, SAG (el acrónimo de Salvador Allende Gossens, usado por cierta prensa para referirse al presidente) buscaba satisfacer tres prioridades del momento: I. tonificar la orgánica de seguridad que sus asesores estaban terminando de diseñar; II. contrarrestar a través del MIR, con la complacencia de la nutrida corriente izquierdista del partido socialista (PS), el influjo desmovilizador del más moderado Partido Comunista de Chile (PCCh) sobre el movimiento de masas, atendidos sus parámetros excesivamente cautelosos y disciplinarios; III. Precaver una maniobra golpista y la actividad conspirativa, amenazas que a SAG le producían una profunda ansiedad, por medio de las redes miristas de inteligencia y contrainteligencia, de probada capacidad en el pasado inmediato (el complot de R. Viaux contra el general Schneider); un rasgo manipulado por la comisión política [CP] de la organización, conforme a los norteamericanos.

A la CIA, entre paréntesis, le admiró mucho la cómoda libertad con la que procedió (y procedía) el MIR en esos primeros cien días del mandato allendista.En lo cual no estaba sola. Tan extrañado como este brazo de la inteligencia norteamericana se mostró el MIR-Frente revolucionario (FR) –una tendencia disidente del MIR “oficial”– y su caudillo, el respetado dirigente trotskista Humberto Valenzuela, uno de los fundadores del partido en 1965, marginado de la tienda tras los fuertes desacuerdos que mantuvo con las políticas “foquistas” y centralizadoras, acusó, de su secretario general.

Para Valenzuela resultaba incomprensible el nuevo entendimiento de Enríquez con el establishment de la “izquierda reformista”, el desdeñado adversario de ayer. Lo evidente, asegura, fue que Allende y la Unidad Popular mantuvieron fría distancia con el MIR-FR, pese al decidido apoyo que esta formación mirista le diera durante la campaña electoral del 70. Con la facción más crítica –la liderada por Miguel Enríquez– lucieron, en cambio, harto más obsequiosos. Hasta los ortodoxos comunistas, pese a su aversión a la “ultraizquierda”, se habían tragado, de momento, el orgullo y acatado el raro conchabo.

El acertijo, empero, tenía su explicación. De las tres hipótesis presentadas por la CIA en su informe de febrero, la I y III parecen esconder la clave. La II, es, al contrario, inconsistente con los hechos. Allende, lejos de usar al MIR para radicalizar el proceso, estaba interesado en contenerlo y darle estabilidad a través de la validación de tácticas “persuasivas”. La aproximación del mandatario al MIR obedecía más bien a un plan de defensa común de la izquierda ante un golpe militar “preventivo”, luego del triunfo electoral del 4 de septiembre, algo que Allende, las fuerzas de la UP y la CP mirista creían inminente. A partir de ese temor se forjó una “alianza de hecho” (la afirmación pertenece a Enríquez), no programática, entre el PS, el PCCh y el MIR, cuya dirección ahora valoraba las posibilidades que el triunfo socialista de septiembre instauraba: producía una coyuntura que permitía, suponía, empujar al gobierno entrante y a las masas hacia posiciones revolucionarias.

Para el MIR, con todo, esa posibilidad no pasaba por sumarse a la UP sino mantener una relación personal con el presidente, llave, por sus poderes institucionales, del proceso. Allende, por su cuenta, sumaba, con la integración del MIR al plan de disuadir o contener un golpe contrarrevolucionario, fuerzas de refresco con preparación bélica, un original y populoso sistema de “frentes” y un trabajo, ya iniciado, de inteligencia y penetración en las FFAA. No es que el MIR se estuviese pasando al “campo reformista” y Allende al de la “ultraizquierda”. Todos, en apariencia, ganaban algo con ese acomodo inusual.

La Tropa o Tropita mirista

La CIA estaba sobre la pista correcta, de acuerdo con la información recibida de sus difusas sources, algunas plantadas dentro de los partidos de la UP, y aún del MIR. Conforme a estos flujos, Salvador Allende, con fuerte y comprometido respaldo técnico y material de Cuba, había dado forma a su escolta personal (GAP) y se hallaba empeñado en un diseño de seguridad mucho más extenso y ambicioso. Kissinger y Nixon estaban al tanto de este proyecto defensivo merced a oportunos informes del Departamento de Estado y de la misma CIA10. Esos menesteres permiten entender la incorporación del MIR a la columna de protección del presidente, pero también el establecimiento de la Tropa (o Tropita, por otro nombre), una unidad militar especial. Allende, a solicitud de M. Enríquez otorgó al MIR la tuición exclusiva sobre seis propiedades en la capital, convertidas pronto en casas de seguridad o “cuarteles”, además de depósito de arsenales y centros de entrenamiento militar, inclusive para efectivos llegados de provincia.

El contingente que tuvo a cargo esta empresa fue, en el dialecto bélico de los miristas, la antedicha Tropa, conformada por secciones bien armadas, cuyo adiestramiento corría de cuenta de asesores cubanos y chilenos. Una parte del contingente de la unidad provenía del complejo maderero de Panguipulli, Osorno, Valdivia y Temuco11. El grueso, sin embargo, conforme a los indicios, salió de los regionales de Santiago y Concepción. La subunidad mínima de la Tropita o “Fuerza Central”, como también se la nombra en los papeles, fue la escuadra, cuyos voluntarios se agolpaban en los citados cuarteles (casas), el principal de los cuales, “la Catedral”, se alzaba en La Reina, muy rural por entonces.

Max Marambio, exmiembro del MIR y durante un tiempo largo jefe de la escolta personal de Allende, ratifica que la Tropa formaba una rama aparte dentro del organigrama de la seguridad presidencial. Se disimulaba como GAP (Grupo de Amigos Personales) pero conformaba una entidad separada de la escolta directa del presidente. “Al GAP, escribe Marambio, también se agregó un grupo operativo del MIR que no estaba bajo mi mando. Su función no era escoltar al presidente, sino aumentar la capacidad de respuesta armada ante la eventualidad de una asonada, pero su existencia provocó muchos desacuerdos. En realidad, la formación de este grupo fue una excusa para entrenar a los hombres del MIR bajo la sombrilla de la Presidencia, ya que los cubanos se negaban a hacerlo si Allende no los autorizaba. Este grupo no se sentía subordinado al presidente, actitud que provocó mi rechazo y fue causa de constantes contradicciones entre nosotros”. “Ese grupo” era la Tropa (o Tropita), ingrediente principal de aquel o que en el dialecto mirista se denominaba, además, “Fuerza Central”.

El estatus de la Tropa se mantuvo incólume hasta el Viernes Santo de 1972 en que el renombrado “incidente de Curimón” expuso de tal manera las relaciones MIR- Allende, que obligó al presidente disolver la sociedad subrepticia. Los miristas dejaron los inmuebles y el entorno del mandatario. Al retirarse del GAP se apropiaron de pertrechos, fusiles y dos cañones sin retroceso; además de las pistolas y subametralladoras que el jefe del Estado les regalara a la CP del partido. Desde entonces, aunque no rompió relaciones, Salvador Allende se resistió a entregarle al MIR más armas que las hasta allí suministradas para servir a la autodefensa de la Presidencia. No quería que los miristas se metieran en otro brete con un arsenal de esa procedencia, en medio del cerco asfixiante de la prensa de derecha. No obstante, Miria Contreras, la secretaria privada del presidente, alojó a los reclutas de la Tropa, en secreto y por un tiempo, en el Cañaveral, predio de su propiedad. La retirada “sin monos y petacas”, diría José Bravo, y más bien “infame” (expulsión) se consumó en abril de 1972, luego del affaire de Curimón.

Los “campos”

El recuento de la CIA les reservó un lugar a los centros de adiestramiento guerrillero, develados por las agencias del gobierno demócrata cristiano, actividad que podría haberse extendido a inicios de la administración allendista. “Durante los últimos dos años, establece, en varios lugares de Chile se han descubierto vestigios de campos de entrenamiento, que se cree han sido establecidos por el MIR para otros grupos revolucionarios. Estos demuestran una preparación acuciosa y uso de métodos paramilitares”. Es de lamentar que la CIA haya renunciado a nombrar la identidad y ubicaciones de tales “campos”, que comenta sin detallar. Queda la sensación, dado el tono asertivo del pasaje, que manejaba más antecedentes, sonsacados, con alta probabilidad, a los servicios chilenos.El secretario general del MIR, en una evaluación retrospectiva, admitió que entre diciembre de 1967 y marzo de 1969 el movimiento había desarrollado sobre quince “escuelas rurales” y dos urbanas de “tipo especial” (preparación castrense), todas ellas –sentencia– mediocres. Pascal Allende, reconoce que mantuvieron puntos de adiestramiento en los alrededores de San Felipe y Los Andes, y en el Cajón del Maipo, sin condescender a confesarnos otros probables parajes16. En el Senado se ventiló, poco después, que seis de esas “escuelas” fueron develadas por la policía y el Ejército. ¿A ellas aludía la Agencia? Sumados estos enclaves a los implementados por otras agrupaciones de tipo clandestinas.El total de los emplazamientos ilegales localizados en el mandato de Eduardo Frei habría llegado a unas dieciocho “escuelas”. Acaso una proporción de estos justifica la aseveración de la CIA17. Motu proprio, la representación senatorial de la Democracia Cristiana, apoyada en insumos de inteligencia propios, delató la presencia de bases guerrilleras en la precordillera de Valdivia en el verano encendido de 1971. El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) del Ejército rastreó, inclusive, la zona comprometida, y resulta evidente que mantuvo intercambios oficiosos con la bancada socialcristiana. A nuestro juicio, en Neltume y área adyacente, en esta fase, había autodefensas campesinas, supeditadas al MIR, y no un maquis criollo. Sí es inobjetable que, en 1968, 1969 y parte 1970, el regional Valdivia del MIR intentó poner en marcha un “foco guerrillero” en la precordillera andina (Neltume y adyacencias), proyecto congelado al advenimiento de la campaña presidencial de Salvador Allende19.

Asertos y márgenes de error de la CIA

El recuento de la CIA sobre los pasos dados y la posición alcanzados por la formación de Miguel Enríquez seis meses después del triunfo de la Unidad Popular en la elección presidencial de septiembre, dejan la impresión de estar muy cercano a la realidad del momento. Y lo mismo puede decirse de la anticipación de escenarios futuros. Por ejemplo, en relación con las componendas preliminares de los guerrilleros chilenos con otras organizaciones armadas del medio sudamericano, sin duda una intuición profunda y exacta acerca de los primeros balbuceos de aquello que, no mucho después (1974), desembocará en la Junta Revolucionaria del Cono Sur (JCR). Es suficiente, por lo demás, con recorrer las minuciosas memorias del tercer secretario general del MIR, Andrés Pascal Allende, para corroborar hasta qué punto las novedades transmitidas por la estación de Santiago daban en el blanco. Así, la desautorización de Allende al PCCh luego del asesinato del militante mirista Arnoldo Ríos en Concepción; los métodos de trabajo aplicados en los campamentos de pobladores en toma; o la fecha precisa en que la comisión política del partido y Allende acordaron el cese de los asaltos para no “ensuciar” la campaña presidencial de este. Tal precisión da pie a pensar en una penetración de la CIA en el MIR y los círculos reservados de la Unidad Popular menos superficiales de cuanto pudiera creerse. Un quehacer muy conocido de las agencias estadounidenses y la policía política chilena en el pasado inmediato. Empero, junto a tales aciertos, en el informe de 26 de febrero figuran lagunas, datos dubitativos, y cuando no, errores expresos. El apoyo cubano anterior a 1970, por ejemplo, aparece inflado; la agrupación rebelde, de otra parte, estaba a mucha distancia de ser la coherente unidad que los norteamericanos presuponen.A decir verdad, antes de la toma de posesión de Salvador Allende, escasos aliados del MIR habían peregrinado hasta Cuba y el partido contó con poca asistencia del Estado antillano. Asimismo, la historia del movimiento estaba signada por fracturas, intensas luchas fraccionales y deserciones tumultuarias. La cohesión de la agrupación no pasaba de ser un fuselaje engañoso. Los papeles del partido, los escritos de su segundo secretario general y la lúcida biografía de Naranjo sobre este “jefe de revoluciones”, lo dejan bien asentado.Otras dimensiones, a lo que se ve, estaban todavía fuera del radar de la Agencia. Como la silente extensión de la contextura mirista a las provincias del Norte Grande y el brinco cualitativo dado por los regionales del sur.

Claro que estas eran, dicho en lenguaje periodístico, noticias en desarrollo. Preocupaciones y asechanzas para el día de mañana. La CIA podía esperar. Formaba parte del oficio.

INFORME SEMANAL REPORTE ESPECIAL EL MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA CHILENO BAJO EL GOBIERNO DE ALLENDE

SecretoN° 66126 de febrero de 1971No. 0359/71BCopia expurgada aprobada para su lanzamiento24 1/07/2011: CIA RDP85T00875R001500030008(Temuco, Valdivia, Osorno y P. Montt), que acogió activos comités locales. Algunos consiguieron protagonismo nacional con sus frentes masivos y movimientos agrarios: el de Valdivia en la precordillera comarcana y el de Cautín, muy desarrollado, en la Araucanía; cfr. Morales, 2015, op. cit., pp. 57-58; CODEPU, 1991; Bravo, 2012, op. cit.; Roberto Moreno, entrevista, 1998.24 N. del. T.: Se habla de copia expurgada cuando parte de la información original de un documento ha sido censurada por el organismo autor del texto al objeto de excluir información EL MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA CHILENO BAJO EL GOBIERNO DE ALLENDEDurante sus primeros cien días como presidente, uno de los logros más importantes de Salvador Allende ha sido manejar con habilidad las diferentes fuerzas políticas dentro de la Unidad Popular, coalición política gobernante. Al mismo tiempo, ha optado recientemente por otorgar una sorprendente vía libre al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), un pequeño y controvertido grupo de extremistas externos a la UP. Las dos facciones dominantes, y a la vez rivales dentro de la UP, ven al MIR de manera bastante diferente. El ortodoxo Partido Comunista de Chile (PCCh) condena enérgicamente a los revolucionarios como una amenaza a los métodos propio de influencia del partido. Por otro lado, el más extremista Partido Socialista (PS), y particularmente la facción más dura que ahora lo domina, considera al MIR un apadrinado favorito. Según se informa, Altamirano, secretario General del PS, y sus seguidores ven al MIR como un instrumento para acelerar el paso a una revolución marxista en Chile y para asegurar que el proceso sea irreversible.Allende ha entregado un rol importante al MIR en su seguridad personal y en lo relativo al nuevo mecanismo de seguridad interno chileno que se está desarrollando con el “apoyo técnico” de Cuba. En enero, indultó a cerca de 50 jóvenes terroristas –en su mayoría miembros del MIR– que habían sido imputados y encarcelados por cargos criminales por los gobiernos anteriores. Durante muchas semanas, el gobierno de Allende no realizó acción alguna para frenar la creciente ola de ocupaciones violentas de tierras agrícolas que han sido incitadas, en gran medida, por el MIR. No obstante, a mediados de febrero, los comunistas mostraron su malestar por las acciones de este movimiento y las designaciones gubernamentalesTachadosensible. Por lo anterior, cierta información puede verse descontextualizada al momento de ser traducida. (Tachado)

Historia

El MIR se formó a principio de los años 60s por un grupo de diversos izquierdistas radicales cuyo vínculo principal era la poca tolerancia contra la vía política tradicional y legalista tomada por los partidos marxistas chilenos: Socialista y Comunista. Poco se supo del MIR los años siguientes, sin embargo, durante ese período, sus miembros más jóvenes se mantuvieron activos en diversas organizaciones de estudiantes universitarios y en el desarrollo de un proyecto y un potencial revolucionario; otros viajaron a Cuba a recibir entrenamiento. En el congreso del MIR de 1967 estos “jóvenes impetuosos” forzaron la salida de los antiguos líderes y tomaron el control. Ese mismo año, los nuevos líderes, en su mayoría estudiantes de la Universidad de Concepción, se impusieron en las elecciones de la federación de estudiantes. Otros miembros del MIR fueron partícipes de las revueltas estudiantiles que se incrementaban en esos años y, además, han logrado incidir en los giros a la izquierda surgidos inclusive en las universidades privadas y escuelas secundarias más conservadoras de Chile.En 1968, además de su creciente actividad organizacional entre estudiantes, campesinos y pobladores de tomas de terreno, las células del MIR comenzaron una serie de robos en los que demostraban una sorprendente preparación y organización. Estos robos se intensificaron en 1969, logrando reunir automóviles, armas, documentos y significativas sumas de dinero en efectivo. Sólo unos pocos de estos perpetradores fueron apresados. El MIR afirmaba que estos no eran delitos, sino “expropiaciones revolucionarias” para apoyar su programa de movilización y ayuda a las “masas de explotados chilenos”.El terrorismo y la violencia habían sido poco comunes en Chile y existía una marcada tendencia pública y oficial a ignorar o restar importancia a la creciente actividad del MIR, signándola como andanzas juveniles, a pesar de la evidencia que se estaban utilizando técnicas subversivas perfeccionadas. El gobierno de Frei se mostraba ávido por mantener una aparente normalidad antes de las elecciones presidenciales de 1970; era reticente a actuar contra el MIR por miedo a desencadenar secuestros en represalia, como estaba ocurriendo en otros países latinoamericanos. Las fuerzas de seguridad chilena no estaban acostumbradas ni entrenadas para actuar efectivamente contra los grupos terroristas y, por lo demás, no eran instadas a hacerlo.El MIR empleaba además medidas sicológicas. Estas incluían propaganda persuasiva y amenazas implícitas de represalias como mínimo. A mediados de 1969, por ejemplo, el senador Carlos Altamirano, líder del ala radical del Partido Socialista (PS) y principal promotor y protector del MIR, afirmó que, si la policía no suspendía sus investigaciones contra el MIR, se organizaría una “ofensiva” contra el gobierno. Por otro lado, los jueces, muchos de ellos también docentes de Derecho, según se dice, dudaban en aplicar fuertes sentencias a los terroristas por miedo a represalias de los estudiantes.El uso de técnicas subversivas por parte del MIR reflejaba no sólo entrenamiento en Cuba, sino que otros contactos internacionales. En junio de 1969, se descubrió que muchos jóvenes visitantes europeos, que tenían vínculos con el MIR, habrían traído a Chile pasaportes falsos, armas y otros suministros especializados. Otros contactos europeos incluyeron a un profesor francés en Chile, de intercambio cultural oficial, quien fue deportado luego de ser condenado por esconder a un líder fugitivo del MIR. Aun cuando el MIR recibía ayuda extranjera, parecía ser cada vez más nacionalista y seguro en su actuar y, por lo visto, no creció más como grupo a pesar a la mayor frecuencia y éxito de sus acciones.El arresto de algunos ladrones de banco, en 1969 y principios de 1970, reveló divisiones internas dentro del grupo y la presunta existencia de facciones escindidas. Sin embargo, estas revelaciones parecieran haber sido planeadas para confundir a la policía. El descubrimiento de diversos campos de entrenamiento guerrillero, a mediados de 1969, indicaban participación del MIR. Casi al mismo tiempo, diversos incidentes que revelaron actividad del MIR entre unidades militares se convirtieron en motivo de preocupación para algunos oficiales.TachadoPara principios de 1970, el MIR se había transformado en un punto de discordia dentro de la coalición Comunista-Socialista conocida como la Unidad Popular (UP), que apoyaba al socialista Salvador Allende en su cuarto intento por obtener la presidencia. Los comunistas, principales arquitectos de la UP, se mostraban optimistas ante las posibilidades de esta estrategia de frente popular contra la dividida oposición política, no obstante, consideraban una amenaza a la “vía pacífica” al poder, las actividades del disidente MIR.Es más, lo culpaban por el impacto exitoso de la campaña electoral centrada en la ley y el orden que fue librada contra Allende por un candidato conservador. El MIR, a su vez, reiteraba su rechazo a las elecciones, calificándolas como una simple “domesticación de las masas” en lugar de la revolución que se requería. Los revolucionarios criticaban al PCCh calificándolo de rígido, sectario y servil a Moscú y advertían que los derechistas nunca permitirían que Allende asumiera el cargo. Sin embargo, a mediados de 1970, cuando las chances de elección para Allende mejoraron, el MIR fue convencido de restringir sus actividades más llamativas. Tachado.

Organización

Además de ser un grupo pequeño y de estricta disciplina, uno de los activos más destacados del MIR es la compartimentación que ha protegido su seguridad.

Aparentemente, cuenta con un núcleo de cerca de 600 militantes, cuyo énfasis en movilizar, entrenar y organizar a otros ha formado un grupo más grande de partidarios. Muchos de estos son campesinos o integran organizaciones en poblaciones marginales controladas por el MIR.

A mediados de 1970 se estimaba que el MIR controlaba alrededor de 20.000 pobladores en tomas de terreno ubicadas en y los alrededores de Santiago. Al mismo tiempo, el grupo iniciaba un trabajo importante para organizar campesinos e indígenas descontentos en el sur de Chile.Gran parte de los 600 miembros del MIR son, o fueron hasta hace poco, estudiantes universitarios de origen socioeconómico y político privilegiado. Su compromiso al cambio revolucionario urgente se combina con el conocimiento de las vulnerabilidades y complejidades de la política y sicología chilena, buenos contactos en círculos influyentes y la capacidad de utilizar frecuentemente este conocimiento en su beneficio. A pesar de las diferencias en cuanto a las tácticas, el grupo original que tomó el control del MIR en 1967 aún está al mando en gran medida. El secretario general es Miguel Enríquez, hijo del ex rector de la Universidad de Concepción (quien fue obligado por el MIR a dejar el cargo) y sobrino de dos exlegisladores influyentes del Partido Radical. Otros líderes conocidos son el hermano de Enríquez, Edgardo y su cuñado; además de Andrés Pascall que es sobrino de Allende, hijo de un diputado socialista y yerno del rector izquierdista de la Universidad Católica. Otros son hijos de conocidos miembros del Partido Demócrata Cristiano (PDC) y Partido Nacional (PN).

Aparentemente, el principal rival de Enríquez por el liderazgo es Luciano Cruz Aguayo, medio hermano de un oficial que fue apartado del ejército en 1970 por involucrarse con el MIR. Otro líder es Jorge Fuentes, hasta hace poco presidente de la federación de estudiantes de la Universidad de Concepción. Al retornar, en enero, de un encuentro en la Habana de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE) apoyada por Castro, Fuentes anunció la formación de un comité chileno de apoyo al grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional de Bolivia. Altamirano y Allende fueron nombrados directores del Comité. Se cree que el MIR colabora con este y otros grupos que cuentan con el apoyo de los socialistas, aun cuando conserva su propia identidad.La función didáctica del MIR, esto es el entrenamiento de guerrillas y la organización de los pobres concientizándolos de sus problemas e incitándolos a a acción violenta, pareciera ser lo principal de su programa. Tanto en Santiago como en Concepción estos grupos, organizados por el MIR, realizaban tomas de terreno y establecían campamentos.

Los miembros del MIR acompañan a los ocupantes proveyéndoles servicios médicos y de salud, estableciendo escuelas, planificando y construyendo casas de seguridad, plantando jardines y ayudándolos a organizarse y cuidar a sí mismos. La instrucción ideológica era probablemente otra ofrenda. Bajo el gobierno de Frei, el MIR organizó además milicias que patrullaban los perímetros de los asentamientos irregulares para impedir el paso de la policía, de este modo, proveían de refugio a los fugitivos de su organización.

Otros cuadros del MIR permanecieron activos entre estudiantes y campesinos en el período anterior a las elecciones presidenciales. Los acercamientos con los trabajadores urbanos parecen haber sido menos exitosos que otras actividades organizacionales. En 1969 un grupo de trabajadores– miembros cortó relaciones con el MIR para formar su propio grupo revolucionario, reclamando que los líderes mejor educados los hicieron sentir inferiores. Aparentemente, no les pareció la crítica del MIR sobre que la organización de los trabajadores chilenos era materialista y adormecida por el PCCh y los Socialistas, moderados mediante actitudes “burguesas”.El MIR y el presidente Allende Tachado

Cuando la UP ganó las elecciones presidenciales no se notó un mayor interés hacia el MIR ni estos mostraron disposición de unirse a la coalición. Por otro lado, PCCh mantuvo su determinación en distanciarse de este molesto grupo.Sin embargo, no tardó en evidenciarse que el MIR estaba adquiriendo un rol en el gobierno del presidente Allende, particularmente en el campo de la seguridad interna y que buscaba utilizar su influencia para asegurar que se mantuviese el ímpetu revolucionario por parte del gobierno. Miguel Enríquez anunció recientemente que la lucha del MIR no habrá terminado hasta que se considere muerto el sistema capitalista en Chile.

La designación del MIR como su escolta personal es una muestra de confianza por parte de AllendeEsta confianza proviene en gran parte por la acertada percepción del MIR que alertó del complot que terminó con la muerte de Schneider, comandante en jefe del Ejército, y donde el fracaso de esta misión fortaleció la ratificación constitucional de Allende en la presidencia. Aprovechando el miedo obsesivo de Allende a una conspiración en su contra, el MIR ha convertido sus acusaciones de continuas conspiraciones contra el gobierno, por parte de los “derechistas reaccionarios y ambiciosos”, en un arma sicológica, amenazando a una amplia gama de opositores a Allende, incluyendo al Expresidente Frei.

En sus esfuerzos por incitar al nuevo gobierno, el MIR se ha comprometido a mantener su “estructura político militar” intacta siempre y cuando sus líderes lo consideren necesario. Utilizando su órgano frecuente de difusión periodística y colaborador, la revista pro-Castro Punto Final, el MIR ha dejado en claro su posición postelectoral de constante crítico y protector de la revolución. Rechazó de antemano la validez de cualquier concesión por parte de la UP. Al igual que el PS, el MIR se opuso al apoyo del PDC a Allende en la segunda vuelta del Congreso de octubre que confirmó su elección.

Ni Allende ni el PS se sumaron a las críticas de la UP a la agitada organización de las ceremonias conmemorativas del Che Guevara por parte del MIR y sus adherentes en octubre de 1970.Poco después de asumir el cargo, Allende adoptó medidas claras en ayuda del MIR. A solicitud de la organización, disolvió la unidad de control de disturbios e indultó a los líderes acusados o encarcelados por delitos penales y de seguridad por el gobierno anterior. A principios de diciembre Allende entregó apoyo tácito que dio al MIR la victoria sobre el PCCh en una violenta confrontación electoral estudiantil en la Universidad de Concepción en noviembre de 1970.

Actualmente, el MIR tiene un rol importante en la incitación generalizada de ocupaciones de tierras rurales y ha creado un grupo de campesinos revolucionarios que exige una ley de reforma agraria más drástica. Un líder del PDC calificó la presente utilización del MIR, por parte de Allende, como una jugada políticamente brillante señalando que el Presidente está utilizando las actividades del MIR como vanguardia para mantener el impulso revolucionario, en tanto que el gobierno se apega a los procesos legalistas.

El ideólogo revolucionario francés Regis Debray al arribar a Santiago, luego de su liberación en Bolivia donde cumplía condena por su vínculo con la nefasta “guerra de guerrillas” del Che Guevara, elogió al MIR calificándolo como el núcleo estructural en el proceso de revolución de Chile.

La astucia política de Allende es una de sus virtudes más efectivas en un gobierno de facciones en contienda. Puede haber visto al MIR como un arma para evitar la dominación del PCCh dentro de la administración y el tratamiento favorable hacia ellos como una forma de ganar aprobación de los extremistas en su propio Partido Socialista. Sin embargo, actualmente los líderes comunistas y del Partido Radical de la UP se muestran muy preocupados por las continuas reuniones de los miembros del MIR y otros extremistas para concertar puestos de gobierno.Texto censurado

(Texto Original ACÁ)

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