Bolaño con «B» de Borges

por Maximiliano Castillo

Es indudable que uno de los escritores que tuvo mayor influencia dentro de la narrativa bolañesca fue Jorge Luis Borges. Para Roberto Bolaño: “Borges es y debería ser el centro de nuestro canon”. En esta oportunidad intentaremos realizar un diálogo entre los dos autores, repasando sus temáticas literarias y sus formas de comprender la literatura.

¿Por qué hablamos de Borges cuando hablamos de Bolaño?

En “Consejos sobre el arte de escribir cuentos” [1], Roberto Bolaño recomendaba leer a Quiroga, a Felisberto Hernández y a Jorge Luis Borges. Porque al igual que Borges se sentía más orgulloso por las páginas que había leído que por las que había escrito. Según Borges: “Leer, por lo pronto, es una actividad posterior a la de escribir: mas resignada, mas civil, mas intelectual” [2].

Ambos autores se consideraban con la capacidad de leer infinitamente cualquier tipo de literatura con el fin de ampliar sus conocimientos, de abarcar una mayor amplitud de temas, de considerar su propio mundo a través de los libros, como afirmó Ignacio Echevarría en el ensayo Bolaño Internacional:

Su voracidad lectora, su nomadismo tanto biográfico como literario, su asimilación y combinación de modelos procedentes de una y otra orilla del Atlántico, el modo en que su propia literatura navega entre esas dos orillas en un constante recorrido de ida y vuelta, son elementos todos ellos que sirven para explicar la aceptación y el aplauso prácticamente unánime que Bolaño ha cosechado en buena parte del mundo, donde lectores de todo tipo detectan en su obra resonancias que les son familiares [3].

Borges, para Bolaño, sería el canon de su literatura, serviría de gran influencia para sus escritos narrativos, como la asimilación en su forma de concebir la escritura cercana a los tópicos borgeanos: la infamia, los libros y las reseñas apócrifas junto a personajes de la realidad, y el lector como detective.

Y a pesar de ciertas diferencias ideológicas y políticas entre ambos escritores, mientras Borges se dedicó al texto breve y Bolaño realizó publicaciones extensas, hay similitudes que trazan sus vidas de forma paralela. Fueron lectores y escritores autodidactas con una vasta publicación de sus libros, dedicaron gran parte de sus vidas no solamente a la narrativa sino también a la poesía, participaron en movimientos literarios: Roberto en los Infrarrealistas y Jorge Luis en el Ultraísmo en torno a la revista Ultra durante su estadía en España. También podríamos recordar que ambos vivieron en España, recorrieron Europa, siendo que Buenos Aires fue la ciudad de Borges, mientras Chile, México y España fueron las residencias de Bolaño.

A pesar de todas estas similitudes, Borges nunca conoció a Bolaño y Bolaño fue un gran asiduo de la literatura borgeana.

La literatura como el lugar de lo apócrifo

La infamia denomina aquello que posee vileza en cualquier línea, es decir, aquella persona que no inspira confianza para nadie. Borges, en Historia universal de la infamia, escribe sobre personajes viles de la historia universal, a través de un compendio de retratos menores sobre rufianes, piratas, falsos profetas y asesinos, a través de mínimas pistas sobre la vida de cada uno. Borges lo sintetiza en el Prólogo a la primera edición de la siguiente manera: “La reducción de la vida entera de un hombre a dos o tres escenas” [4], considerando que se tratan de ejercicios influenciados por sus relecturas de Stevenson, Chesterton y tal vez de cierta biografía de Evaristo Carriego.

Originalmente la obra fue publicada en 1933 y revisada por el autor en 1954, a los primeros siete relatos se le suman “Hombre de la esquina rosada”, para finalizar con seis relatos titulados “Etcétera”, denominados por el autor como ejemplos de magia que se debe a sus traducciones y lecturas.

En 1999, Bolaño escribió un artículo, el cual tituló “El bibliotecario valiente”, en el cual no solamente se refirió a la vida y obra del escritor Jorge Luis Borges de forma implícita –es decir, no lo especifica, pero se sobreentiende que habla de él–, definiendo a la primera obra del autor argentino como: “Y entonces se puso a escribir una historia en donde la épica solo es el reverso de la miseria, en donde la ironía y el humor y unos pocos y esforzados seres humanos a la deriva ocupan el lugar que antes ocupara la épica” [5]. Es decir, define a Historia universal de la infamia como aquel libro de biografías semificcionales, producto de la mezcla de realidad y ficción, que a falta de épica, el autor utiliza para dar cuenta de la ausencia del heroísmo y la miseria de aquellos que prefirieron vivir a la deriva a través de la vileza, ocupándose del pillaje y los malos actos.

Continuando con Historia universal de la infamia, el autor agrega un mínimo de elementos ficticios a cada uno de estos personajes, pero se limita al final del libro a dejar las fuentes de donde seleccionó cada una de las historias. A diferencia de Borges, Bolaño en la novela La literatura nazi en América deja un “Epílogo para muertos” donde caracteriza a los personajes, algunas editoriales, revistas y los libros de cada uno de los autores nazis que presenta en su obra.

Bolaño en esta novela, publicada en 1996, profundiza la utilización del mecanismo literario de lo apócrifo, esta vez escritores y editoriales nazis en toda América. En palabras del autor “una antología vagamente enciclopédica de la literatura filonazi producida en América desde 1930 a 2010, un contexto cultural que, a diferencia de Europa, no tiene conciencia de lo que es y donde se cae con frecuencia en la desmesura” [6].

La obra actúa como un pequeño diccionario literario que reseña vida y obra de autores ficticios de tendencias nazis, fascistas o falangistas que no solo son narradores o prosistas sino también personajes marginales que crearon editoriales y publicaron revistas de derecha. El autor permite observar las distintas vicisitudes que desafiaban a diario estos escritores en los círculos de lectura de América y los aportes que realizaban a las derechas que se iban perpetuando en el continente. Quizás Roberto Bolaño hoy tendría bastante para hablar en una época donde el autoritarismo y las derechas extremas intentan fortalecerse en una coyuntura de crisis orgánica.

Nota sobre los libros imaginarios

Una de las características más importantes dentro de la escritura de Borges es la reseña apócrifa o biografía ficticia, elemento que utiliza el autor para darle estructura a sus escritos y, al mismo tiempo, para lograr introducir diversas temáticas a la obra ficcional. Tal es el caso de la reseña que realiza sobre “El acercamiento a Almotásim” en el libro de ensayos Historia de la Eternidad de 1936, en el cual el protagonista, que no se nombra pero profesa la infamia “comedores de perros y de lagartos, hombres al cabo tan infames como nosotros dos” [7], es invención del escritor ficticio Mir Bahadur Alí, de Bombay, por el cual, según cuentan, Adolfo Bioy Casares escribió a la editorial londinense de Gollancz solicitando el envío de la novela de Alí.

Como se logra ver, tanto el autor como el libro son invenciones de Borges y en sus propias palabras aclara que este cuento: “Prefigura y hasta establece el modelo de los cuentos que de algún modo me esperaban, y sobre los que se asentaría mi fama como narrador” [8] es decir, encuentra una forma de narrar sus ficciones a través de personajes reales o semificticios, con la utilización de libros apócrifos en sus narraciones.

Lo mismo sucede con “Examen de la obra de Herbert Quain», en que el autor realiza una reseña necrológica del escritor ficticio Herbert Quain con un análisis crítico de sus producciones, incluso valorando las obras de Quain –como sucede en la novela de Bolaño La literatura nazi en América, permitiendo que el narrador reseñe las producciones de escritores de derecha de América, haciendo una evaluación crítica de sus obras–.

En el prólogo “El jardín de senderos que se bifurcan”, Borges se excusaba de la siguiente manera cuando hacía referencia al “Examen de la obra de Herbert Quain”: “Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios” [9].

Otro ejemplo que podría tomarse de Borges sobre la utilización de la biografía ficticia es la trascripción de la silueta de la educadora (personaje ficticio) señorita Adelma Badoglio sobre Honorio Bustos Domecq (autor ficticio) en Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), en la cual realiza una pequeña síntesis de la vida del autor nacido en Pujato y que precede a una colección de varios relatos en colaboración entre los escritores Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, como también en el indispensable vademécum “Crónicas de Bustos Domecq” de 1967, en el cual los autores presentan de forma enciclopédica las crónicas, como lo define el título, del autor ficticio que publica en el suplemento literario de Última Hora sobre extravagantes personajes y sus obras.

El lector como detective

“El fantasma cada día más vivo de Pierre Menard, la validez de muchos párrafos repetidos” [10]. Así comienza Estrella distante, la novela de Bolaño que amplía el último capítulo de la Literatura nazi en América, que intenta ser, en palabras del autor, espejo y explosión en sí misma.

En este caso Arturo B, alter ego del autor chileno, cuenta la historia del piloto Carlos Wieder o Teniente Ramírez Hoffman de la FACH, quien también usó el seudónimo de Alberto Ruiz-Tagle, a Roberto Bolaño, y componen Estrella distante. Como tantas veces comenzó sus cuentos Borges, aquí lo hace Bolaño, contando una historia que le contaron, además de citar a Pierre Menard, escritor ficticio de Borges –quien escribe capítulos de un Quijote que coincidiera, palabra por palabra y línea por línea, con el original de Cervantes–, como fuente de influencia para narrar la novela.

En la novela Roberto Bolaño utiliza personajes reales como Iván Cherniakovski, Sophie Podolski o Enrique Lihn, al mismo tiempo que los involucra con sus personajes de ficción que son escritores, poetas, militantes de izquierda, trotskistas, socialistas, comunistas que fueron asesinados, perseguidos y, en algunos casos, se perdieron durante la dictadura de Chile que comenzó el 11 de septiembre de 1973.

Carlos Weiber, poeta aéreo y militar de las FACH, es el personaje principal de la novela y es la antítesis de los intelectuales de izquierda que fueron perseguidos, participando en la desaparición de personas e intentando vincular el arte de vanguardia con el régimen de terror, ya que como dice el crítico literario Ignacio Echevarría: “El proyecto revolucionario, pues, era inseparable, para Bolaño, del proyecto artístico. Y el fracaso de uno conlleva el del otro” [11]. El fracaso de la vía pacífica al socialismo el Chile, para Bolaño significaba en consonancia el fracaso de la vanguardia artística del país. Cabe recordar que el 2 de junio de 1982, cinco aviones surcaron el cielo por encima de los edificios de Queens, Nueva York, y escribieron quince versos que componen el poema «La Vida Nueva», del poeta Raúl Zurita, detenido y torturado en 1973 por las fuerzas del golpe de estado de Augusto Pinochet y que formó parte del Colectivo de Acciones de Arte (CADA).

El narrador de Estrella distante, a través de las cartas que le envía Bibiano O´Ryan –quien calificó al poeta aéreo de la dictadura chilena con la cita borgeana que hace alusión al Vathek de William Beckford: “Yo afirmo que se trata del primer Infierno realmente atroz de la literatura” [12]–, en las que por medio de recortes de diarios o de sus recorridas por el Archivo de la Biblioteca Nacional, intentan trazar las huellas de Carlos Wieber; logra que la novela sea un campo de investigación sobre la vida del poeta, obteniendo su paradero hacia el final de la novela, por medio de la lectura de revistas que le acerca el policía Abel Romero para vengar sus asesinatos.

En los cuentos policiales de Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), los cuales fueron escritos por el autor ficticio Honorio Bustos Domecq, se presenta la misma estrategia del uso de la lectura de las noticias publicadas por el periodista Aquiles Molinari, que sirven como uno de los elementos que toma Isidro Parodi para resolver los casos policiales que le llegan a su celda N.° 273 de la Penitenciaría Nacional. Isidro Parodi, al igual que el narrador de Estrella distante, utiliza sus lecturas para resolver los casos que se le presentan.

El gaucho insufrible

En el cuento “El Sur” del libro “Artificios” –segunda parte de Ficciones (1944)–, Borges narra la experiencia que sufre Juan Dahlmann a través de la discordia entre los dos linajes de sus antepasados, el culto a los libros y el culto al coraje, postergando su secretaría en la biblioteca municipal para elegir la muerte romántica después de un duelo a cuchillo en el campo, que parecería ser soñada después que el protagonista sufriera una septicemia. Juan Dahlmann pasa a ser una figura apoyada en la biografía propia de su autor, Jorge Luis Borges.

Por otra parte, Héctor Pereda, protagonista del cuento “El gaucho insufrible” (2003), de Bolaño, lector de Borges y del cuento “El sur”, abogado distinguido de Buenos Aires que a través de la lectura de la literatura gauchesca secuestra su propia realidad, como el Quijote de Cervantes donde la literatura caballeresca lo lleva a pelear contra molinos de viento, decide irse a vivir a la pampa y convertirse en un gaucho como los personajes de la poesía gauchesca, encontrándose con un campo muy distinto, donde los gauchos no crían vacas sino se dedican a la caza de conejos.

En este cuento Bolaño construye una parodia de la literatura gauchesca tomando algunos elementos del cuento de Borges “El sur”, siendo que el protagonista sufre el mismo destierro de la ciudad a la pampa que Juan Dahlmann, aunque el campo no es el mismo y Pereda asesina a un escritor cocainómano al volver a su ciudad de visita en una escaramuza nocturna y Dahlman se trenza en lucha con un compadrito de estancia.

El rol de la ficción

Por último, Ricardo Piglia en la clase abierta dedicada a la vida y obra de Jorge Luis Borges: “Borges, por Piglia”, se pregunta sobre la necesidad de pensar más que cómo está la realidad en la ficción, el problema es cómo está la ficción en la realidad, es decir, cómo actúa la ficción en la realidad.

Para Piglia, Borges reproduce una ficción que permite modificar la realidad en sus narraciones, donde esta es modificada por un nuevo texto ficcional, al mismo tiempo, que modifica el hacer literario, dando como ejemplo el cuento “Tlon, Orbis Tertius”, donde una nota al pie puede ampliar el texto original o abrir nuevas interpretaciones.

Por esto mismo, podemos considerar que Borges originó una nueva forma de narrar, capaz de producir un universo borgeano con temas como el héroe, la biblioteca, el infinito y los laberintos, y de manera simultánea, Bolaño logra producir narraciones basadas en sus propias lecturas que no escapan del universo borgeano, que ocurren en su mundo, con sus propias reglas, entre hechos reales, conjeturas y personajes apócrifos. Confirmando que los autores intentaron explorar los límites de la tradición literaria para lograr un nuevo canon en sus lectores y diversificar sus temas sosteniendo características de una literatura anterior.

NOTAS AL PIE

[1] Roberto Bolaño, “Consejos sobre el arte de escribir cuentos” en A la intemperie, Barcelona, Editorial Alfaguara, 2019, p. 36.

[2] Jorge Luis Borges, Historia universal de la infamia, Buenos Aires, Emecé Editores S.A., 1974, p. 8.

[3] Echevarría Ignacio, “Bolaño internacional: algunas reflexiones en torno al éxito internacional de Roberto Bolaño” en Estudios Públicos, 130 (otoño 2013), p. 18.

[4] Jorge Luis Borges, ob. cit., p. 7.

[5] Roberto Bolaño, “El bibliotecario valiente” en A la intemperie, ob. cot., p. 109.

[6] Roberto Bolaño, La literatura nazi en América, Barcelona, Anagrama Editorial, 2017, contratapa.

[7] Jorge Luis Borges, “El acercamiento a Almotásim” en Obras Completas I, Buenos Aires, Emecé Editores S.A, 2007, p. 496.

[8] Jorge Luis Borges, Autobiografía 1899-1970, Buenos Aires, El Ateneo, 1999, p. 82.

[9] Jorge Luis Borges, Prólogo de “El jardín de senderos que se bifurcan” en Obras CompletasI, ob. cit., p. 511.

[10] Roberto Bolaño, Estrella distante, Barcelona, Anagrama, 1996, p. 5.

[11] Echevarría Ignacio, ob. cit., p. 23.

[12] Roberto Bolaño, Estrella distante, ob. cit., p. 55.

(Tomado de Izquierda Diario)

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