por Fernando López Mackenzie
Durante agosto se materializa un hecho de gran trascendencia para la clase trabajadora chilena: la conformación de la Federación de Sindicatos BHP Chile (Fesin BHP), que agrupará a más de 5.000 trabajadores de Minera Escondida y Spence. Tras haber acordado en mayo las bases estatutarias, los sindicatos involucrados iniciaron el proceso de votación que permitirá constituir formalmente esta nueva organización interempresas.
El proceso se desarrolla en dos etapas. Entre el 11 y 14 de agosto votaron el Sindicato de Trabajadores de Minera Spence, el Sindicato 2 de Supervisores y Staff de Minera Escondida y el Sindicato de Supervisores de Spence. En tanto, el Sindicato 1 de Minera Escondida votará entre el 12 y el 22 de agosto. Con este paso, se concreta un anhelo largamente expresado por las dirigencias sindicales: unificar fuerzas en una federación capaz de actuar de manera transversal y coordinada frente a la patronal.
Un salto en la unidad obrera
La importancia de este hito no radica únicamente en el número de trabajadores involucrados —más de cinco mil entre operadores, mantenedores y supervisores—, sino en lo que expresa como tendencia: la clase obrera chilena, enfrentada a procesos de externalización, automatización y despidos masivos, comienza a responder con mayores niveles de organización y unidad.
BHP, una de las mayores transnacionales mineras del planeta, ha impulsado en Chile un modelo de producción que descansa en la fragmentación laboral, la subcontratación y la precarización. En ese escenario, la constitución de Fesin BHP significa recomponer la fuerza social de los trabajadores desde abajo, reforzando su capacidad de resistencia y negociación.
Más allá de lo sindical
La experiencia demuestra que cada paso hacia la unidad sindical abre un espacio para discutir no solo reivindicaciones inmediatas, sino también la proyección política de la clase trabajadora. Así ocurrió con la Federación de Trabajadores del Cobre en décadas pasadas, y así puede volver a ocurrir hoy, si los trabajadores de la minería logran articularse en un frente común capaz de disputar poder a las grandes mineras que saquean nuestras riquezas.
La nueva federación se levanta, por lo tanto, no solo como un organismo sindical, sino como un embrión de organización política de clase en un sector estratégico de la economía nacional. Es un paso necesario para superar el aislamiento y fragmentación que el capital ha impuesto a la fuerza laboral, y para afirmar que la unidad de los trabajadores es la condición de cualquier salida revolucionaria a la crisis.
