por Jorge Monetealegre Iturrra
Preocupados -principalmente con Hervi y Pía- por la falta de noticias de Rufino, decidimos ir a su casa. Con Hernán Venegas, como lo habíamos hecho en otra oportunidad, lo vistamos a su domicilio en Cerrillos, ayer, 20 de junio. Nos encontramos con la sorpresa de que había fallecido en el mes de abril. No nos enteramos en su momento, como la mayoría de quienes lo admirábamos y le teníamos afecto. Lamentamos compartir la triste noticia.

Los anteojos negros con que Rufino caracterizó a los Civiles No Identificados (CNI), más acá de la sátira, hoy son anteojos de luto. Llegamos a su casa y nos enteramos de que falleció en abril, hace un par de meses. Noticia tardía y muy triste. Sabíamos de su aislamiento y lo respetábamos, hasta que sin tener señales de vida golpeamos a su puerta y nos enteramos de su ausencia definitiva. Rufino merecía más reconocimiento y compañía.
Los dibujos humorísticos de Rufino dan cuenta con espíritu satírico de la historia sociopolítica reciente de Chile. La dictadura cívico-militar y la transición a la democracia la recogen sus ilustraciones perspicaces e irónicas que publicó principalmente -entre 1976 y 1990- en la revista Hoy, de la cual fue socio fundador, diagramador y director de arte. Además de dibujante humorístico. También colaboró en Ercilla, La Castaña y los diarios Las Ultimas Noticias, La Nación. Publicó libros: “Pssst…” (1983), “Rufino ataca de nuevo” (1986) y “Civiles no Identificados” (2009). Hizo libretos para programas humorísticos de televisión (“De chincol a jote”, “los Toppins”) y para el café concert de Maitén Montenegro “Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario, entre otros” (con la cacofónica firma de Montenegro-Montealegre-Montenegro).
Alejandro Montenegro adoptó el nombre de su abuelo materno como seudónimo. Estudió en la Escuela de Publicidad de la Universidad Técnica del Estado. Participó en exposiciones (Buenos Aires, Río de Janeiro, París, Museo de Bellas Artes); tuvo premios (el de la Sociedad Interamericana de Prensa “Pedro Joaquín Chamorro” (1986) y el premio “Jorge Délano, Coke” a la trayectoria en el humor, del Instituto de Estudios Humorísticos.
El humor de Rufino contribuyó a que la ciudadanía le perdiera el miedo a la dictadura, cuando había que tener coraje para reírse de la dictadura. Él y sus otros colegas, planamente identificados (Hervi, Guillo, Palomo, Mico, El Gato y otros) son héroes civiles de la resistencia democrática. Merecen mayor reconocimiento y consideración, especialmente en estos días en que imitan sus dibujos con inteligencia artificial y nos enteramos tardíamente de sus destinos.

