El número de personas fallecidas ya se cuenta por cientos, y desde todos los rincones de Teherán y otras ciudades de Irán se eleva el humo de la guerra.
Israel, que desde hace meses ha estado masacrando al pueblo de Gaza y empujando a los sobrevivientes hacia la muerte mediante el hambre y el bloqueo, ha extendido ahora el alcance de su agresión y belicismo, bajo el plan del «Nuevo Oriente Medio», al suelo del pueblo iraní. Un pueblo que durante años ha resistido la represión y los crímenes de la República Islámica, ha perdido a sus más hermosos hijos e hijas en las matanzas callejeras, ejecuciones, prisiones y centros de detención, y que al mismo tiempo ha soportado pobreza, corrupción y discriminación sistemática, ahora también siente las botas del enemigo externo sobre su cuello.
La guerra entre un régimen fascista basado en la ocupación y el genocidio, y un gobierno que ha cimentado su poder sobre la sangre de opositores y libertarios, no solo destruye la vida del pueblo, sino que también paraliza —e incluso puede hacer retroceder— años de lucha por la libertad y la igualdad. Hoy existe el temor de que los logros del movimiento libertario de 2022 (1401 en el calendario iraní), que surgió de numerosas revueltas anteriores, se desvanezcan en medio de esta agresión, y que sobre la tierra calcinada que quede tras ella broten el nacionalismo extremo, el racismo violento y un nuevo fascismo. Especialmente considerando que para ambas partes, Israel y la República Islámica, la guerra es una «bendición» de la cual se alimentan.
Israel, siguiendo la doctrina de sus líderes, considera legítimo atacar a todo ser viviente; ahora, con la ayuda de los medios de comunicación dominantes, está logrando marginar la ola de opinión pública contra el genocidio en Gaza. Por su parte, la República Islámica, basada en la lógica del fundador del régimen —“¡Derramad sangre para que se prolongue nuestra existencia!”—, se ha puesto en marcha para preparar el terreno de una nueva ola de arrestos y ejecuciones de sus opositores, y sus agentes en el espacio virtual prometen una nueva masacre como la de 1988.
Todo esto sucede ante los ojos de un mundo en el que dos polos mediáticos, desde extremos opuestos, se tragan las voces independientes: un polo convierte la agresión militar evidente de un régimen infame que asesina niños en la imagen de un “salvador”, y el otro esconde el rostro represivo de la República Islámica bajo la etiqueta de “defensa de la patria”.
La alegría de la gente al ver morir a sus verdugos, nunca debe interpretarse como una bienvenida a la agresión contra su tierra y su vida. Pero ¿cómo puede el pueblo, bajo la censura gubernamental, la inseguridad de la guerra y el bombardeo mediático, encontrar su verdadera voz y posición? ¿Cómo movilizar su inmenso poder de solidaridad para apoyarse mutuamente? ¿Cómo hallar una salida para detener esta máquina de muerte?
Ni el agresor externo ni el represor interno tienen derecho a usurpar la voluntad y la capacidad de autodeterminación del pueblo. Es derecho de todo pueblo resistir la agresión a su territorio, del mismo modo que es su derecho no someterse al poder de un régimen que mata la libertad.
El silencio del mundo frente a esta agresión, bajo el pretexto de la temeridad y el autoritarismo del régimen iraní, no hará más que agravar la magnitud de la catástrofe.
La Asociación de Escritores de Irán condena la agresión manifiesta de Israel al territorio iraní y llama a las y los escritores libertarios, intelectuales y organizaciones afines dentro y fuera de Irán a que asuman su verdadero papel esclarecedor, y rompan la polarización impuesta por los medios para dar voz a las posturas independientes del pueblo y fortalecer sus movimientos por la libertad.
Asociación de Escritores de Irán
15 de junio de 2025
