Patti Smith: «Para mí las drogas siempre tuvieron que ver con la experiencia, nunca con sus virtudes»

por Christian Fevret

Patti Smith, “la madrina del punk”, la leyenda ha refrendado un legado cultural intergeneracional de mas de 5 décadas. No se trata solo de música o poesía, fotografía, performance o visuales, nel. Patti Smith es todo eso y más. Es también conexión, reclamo, protesta, revolución, resiliencia, sensibilidad bohemia y Beat, amalgama cultural y una demostración del poder femenino que ha trascendido barreras y fronteras. Jefa pues.

En una entrevista en 2018 le preguntaron:

-Cuando se mira hoy en el espejo, ¿qué es lo que ve?:

“Alguien que ha sobrevivido a muchas cosas y pudo salir adelante. Antes, al ser considerada una “rock star”, era espiada, fotografiada permanentemente. Hoy, todavía me concentro en mi trabajo y mi escritura, pero estoy menos preocupada por mí misma. Además, el hecho de tener hijos no deja demasiado tiempo libre. Me siento mucho más fuerte que en el pasado. Estoy más vieja, mi pelo está más gris, pero no me molesta. De estos últimos años tan difíciles, creo que he sacado mucho provecho.


-¿Qué es lo que la diferencia de la Patti Smith que se retiró en el 79?:

“Ya no tengo la misma arrogancia juvenil, una arrogancia que, sin embargo, es necesaria para sobrellevar la adolescencia y que genera a veces grandes obras: gracias a ella, Rimbaud escribió Una temporada en el infierno. Me siento mucho más cerca de los problemas de la gente. Cuando se tiene hijos, una ya no se puede dar el lujo de vivir en su pequeño mundo. Como artista, podría sentirme al margen de la sociedad; como madre, me gustaría volver el mundo mejor. Puedo seguir siendo una inadaptada por dentro, pero mis ocupaciones son más universales que antes: siento que me conciernen los combates que deben llevarse contra los que estrangulan nuestro planeta. Porque me hago mala sangre por mis hijos. Aunque la autodestrucción tenga un lado muy romántico cuando se es un artista joven, estoy contenta de haber dejado ese período atrás y de haber salido con vida. Sobre el escenario, aún puedo compartir con el público sentimientos extremos. Pero en la vida real, para mi familia, debo cuidarme. Ya no tengo derecho a ser tan irresponsable.”

-Usted era considerada un verdadero ícono. ¿Hizo algo para ello?:

No, simplemente era yo misma. No actuaba. Hacia fines de los años 60 y a principios de los años 70, cuando algunos de mis héroes murieron –Brian Jones, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin– temía que desapareciera el lado heroico del rock’n’roll. Nada de lo que hicimos, mi grupo y yo, estaba motivado por el deseo de volvernos héroes, sino por la voluntad de ver a otros emerger y retomar la antorcha. Yo nos veía como una transición. Cuando grupos nuevos como los Sex Pistols, The Clash o Television llegaron, me sentí aliviada. Pensaba que ellos representaban el futuro, nosotros no. Sólo éramos la vieja guardia que les había abierto el camino. Siempre alenté a la gente a olvidarnos y a crear su propio grupo. Todo el mundo puede hacerlo: yo no era nada, no sabía tocar, ni cantar, sólo tenía las ganas y algo que expresar.

-¿Qué fue lo que la volvió diferente?

Tal vez ciertas aptitudes, ciertas aspiraciones. Yo quería ser escritora, viajar. Vivía en una zona rural al sur de Nueva Jersey pero amaba a los poetas beat, William Burroughs, el jazz, Coltrane. En mi casa a nadie le interesaba este tipo de cosas, me miraban como un bicho raro. Cuando descubrí a Rimbaud, pensé que existía por fin alguien que sentía las mismas que yo, que hablaba un idioma que yo comprendía. La primera vez que escuché a Jim Morrison por la radio, me sentí menos sola. Gracias a Bob Dylan y a los Doors, la poesía comenzaba a ser integrada al rock. Más tarde, con mi grupo, sabía que ayudábamos a algunas personas a sentirse menos solas: estaba orgullosa de retribuir lo que todos estos artistas me habían brindado. Sé lo que significa sentirse excluido, extranjero, fuera de lugar. Hay gente que todavía me dice: “Tu primer disco me salvó la vida”. No entiendo muy bien por qué, pero recuerdo que Highway 61 y Blonde on Blonde me salvaron la vida. Para mí, contribuir al bienestar de otra persona es el mejor de los éxitos.

¿Cuál fue durante todos esos años su relación con la droga?:

Había muchísima a mi alrededor y muchos quedaban pegados. Yo no quería tomar. A partir del 74 y durante algunos años, fumé marihuana. Con la cocaína y otras sustancias hice algunas pruebas que inmediatamente traducía por escrito. Pero la idea de inyectarme productos químicos en el cuerpo no me seducía en absoluto. Nada de esto le venía bien a mi salud tan frágil. Para mí las drogas siempre tuvieron que ver con la experiencia, nunca creí en sus virtudes para la convivencia o el placer. Incluso había abandonado la idea de fumar cigarrillos porque me enfermaban. Había visto a mi madre, adicta al tabaco, explotar en llanto cuando no tenía plata suficiente para comprarse un paquete: muy temprano pensé que si me volvía tan dependiente, me jodería la vida. En cambio, la marihuana y su lado espiritual me gustaban, me sentía cercana a la filosofía de los rastas, con los que pasaba mucho tiempo. Muchos de mis héroes tenían una relación muy íntima con la droga, pero nunca fue lo que me interesó de ellos. Ver a alguien morir por sobredosis o abuso de alcohol no tiene nada de romántico. Les otorgaba una dimensión romántica a su trabajo, sus escritos o su música, jamás a su estilo de vida. No buscaba vivir como ellos sino crear, expresarme como lo habían hecho de ellos. Los dones de un artista nunca vienen de la droga. Rimbaud nunca la necesitó, era muy austero y las drogas le parecían aburridas. Pienso que sin ellas Beaudelaire igual hubiera alcanzado lo que buscaba. Hacia fines de los años 70 creí que fumar marihuana era importante para mi escritura. Pero cuando paré, me di cuenta de que seguía escribiendo bien, incluso mejor.