Chile, en su laberinto político e histórico

por Juan Carlos Gómez Leyton

La sociedad chilena a siete mes del primer año de gobierno de la extrema derecha que preside José Antonio Kast y el Partido Republicano comienza a mostrar signos de un agotamiento prematuro. Este se expresa, por una lado, en el constante crecimiento de la desaprobación y descontento ciudadano de la gestión gubernamental, que según la última encuesta de Criteria, llega al 60%; y por otro, en la masiva movilización de estudiantes universitarios, secundarios y funcionarios de la salud primaria como de profesores en protesta por los “recortes” de beneficios y de programas sociales de diferentes áreas en el presupuesto 2027, que inicia su discusión parlamentaria.

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El PCR chileno desde dentro: memoria, revolución y derrota de una generación militante

por El Porteño

El Porteño presenta la primera parte de un extraordinario testimonio colectivo registrado en 2017: siete antiguos militantes del Partido Comunista Revolucionario de Chile —Salvador Misleh, Sergio Grez, Eduardo Artés, Hugo Valenzuela, Patricia Soto, Julián Gonzalorena y Patricio Silva— reconstruyen desde su propia experiencia la historia de una organización que intentó levantar, durante los años sesenta y setenta, una alternativa revolucionaria al reformismo del Partido Comunista y a la estrategia institucional de la Unidad Popular. El resultado constituye mucho más que un documento testimonial: abre una discusión acerca del partido revolucionario, la relación entre programa y masas, el carácter del Estado y las derrotas estratégicas de la izquierda chilena.

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Chacha Sandoval, la memoria de la derrota y una discusión que la transición quiso clausurar

por Gustavo Burgos

La muerte del compañero Héctor Luis “Chacha” Sandoval y la reedición, a propósito de ella, de la declaración suscrita en 2017 por numerosos y respetables antiguos militantes y dirigentes del MIR, contra las tesis contenidas en su controversial libro Un viaje a los sótanos de la dictadura vuelven a colocar sobre la mesa un  problema que sería un error reducir a una disputa entre antiguos camaradas. Las acusaciones formuladas por Sandoval acerca de una supuesta penetración de niveles relevantes de la Dirección Interior del MIR por los organismos represivos son suficientemente graves como para exigir pruebas igualmente graves; allí donde éstas no existan, corresponde decirlo con claridad. Pero limitar nuevamente la discusión a determinar quién dijo la verdad, quién difamó a quién o quién actuó con mayor consecuencia reproduciría precisamente uno de los problemas que atraviesan la elaboración histórica de la derrota revolucionaria chilena: la sustitución del análisis político por el juicio moral. La declaración de 2017 contiene, en cambio, un punto mucho más fecundo cuando reconoce que, junto con la acción devastadora de los organismos represivos, existieron “errores políticos de evaluación de la fuerza propia y de la del enemigo”. Allí comienza una importante discusión política, porque obliga a abandonar el cómodo territorio de héroes, traidores, culpables y mártires para ingresar en otro mucho más relevante: estrategia, programa, dirección, relación con las masas, correlación de fuerzas y derrota.

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Allende: el discurso final, la derrota del reformismo y la memoria confiscada

por Gustavo Burgos

Cada 11 de septiembre el último discurso de Salvador Allende vuelve a escucharse como si el tiempo se hubiese detenido a las nueve de la mañana de 1973. Su voz sobreviviendo al estruendo de los Hawker Hunter, el palacio en llamas, las últimas palabras transmitidas por Radio Magallanes y la decisión personal de no rendirse han adquirido la condición de una escena fundacional de la memoria política chilena. Pero precisamente porque se trata de una escena extraordinaria, cargada de una potencia moral difícilmente comparable en la historia universal, existe la obligación de hacer con ella algo más que emocionarse. Allende no habló únicamente como un hombre que sabía que iba a morir. Habló como jefe de un proceso político derrotado y, en sus palabras finales, quedaron condensados tanto la extraordinaria dignidad personal del Presidente como los límites históricos de la estrategia que había conducido a la Unidad Popular hasta aquel callejón sin salida. Ya hemos sostenido que la grandeza moral de Allende no puede ocultar el contenido político de aquellos discursos: mientras el golpe destruía materialmente el gobierno, la convocatoria a los trabajadores continuaba subordinada hasta el último instante a la institucionalidad y a las instrucciones presidenciales; el poder independiente de la clase obrera, cuya expresión embrionaria habían sido los Cordones Industriales, nunca apareció como alternativa estatal frente al derrumbe del aparato constitucional.

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A cuarenta años del atentado a Pinochet: la revolución que la transición quiso borrar

A la memoria de José Carrasco Tapia, Gastón Vidaurrázaga Manríquez, Felipe Rivera Gajardo y Abraham Muskatblit Eidelstein, secuestrados y asesinados por agentes de la dictadura en una operación de terror de Estado desplegada inmediatamente después del atentado y que acompañó la declaración del Estado de Sitio ordenada por el régimen de Pinochet.

por Gustavo Burgos

El 7 de septiembre de 1986, hace exactamente cuarenta años, un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez emboscó la comitiva de Augusto Pinochet en la cuesta Las Achupallas, en el Cajón del Maipo. La llamada Operación Siglo XX movilizó a una veintena de combatientes, armas automáticas, explosivos y lanzacohetes contra el núcleo material del poder dictatorial. Pinochet sobrevivió; cinco integrantes de su escolta murieron y otros resultaron heridos. La operación fracasó en su objetivo inmediato, pero consiguió algo que la reconstrucción posterior de aquellos años se ha empeñado sistemáticamente en disminuir: demostrar materialmente que la dictadura podía ser golpeada, que su jefe no era intocable y que, en el Chile de 1986, la cuestión del poder no se planteaba exclusivamente —ni siquiera principalmente— en los términos electorales mediante los cuales posteriormente sería narrado el final del régimen. La Operación Siglo XX se produjo, además, en el punto culminante de un ciclo de movilización iniciado con las protestas nacionales de 1983 y desarrollado mediante paros, barricadas, enfrentamientos poblacionales, movilizaciones estudiantiles, huelgas y formas crecientes de autodefensa popular. No fue un meteorito militar caído desde fuera de la lucha de clases, sino una de sus expresiones más extremas.

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Camilo Escalona: una tradición política que corresponde sepultar

por Valeria Menéndez

La muerte de Camilo Escalona Medina, ocurrida este 4 de septiembre, ha dado lugar a una sucesión previsible de homenajes en los que se lo presenta como uno de los grandes dirigentes del socialismo chileno contemporáneo. La fórmula se repite: dirigente popular, resistente a la dictadura, constructor de la unidad socialista, presidente del Partido Socialista, parlamentario y presidente del Senado. Todo ello es, formalmente, cierto. Pero justamente por eso resulta insuficiente. Porque si alguna significación histórica posee la trayectoria de Escalona no radica simplemente en la continuidad de una militancia iniciada en su adolescencia, sino en la formidable transformación política experimentada por una parte sustancial de la izquierda chilena durante las últimas décadas del siglo XX: aquella que comenzó hablando en nombre de la clase trabajadora y terminó administrando, legitimando y defendiendo las instituciones económicas y políticas del orden capitalista.

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La mano izquierda del capital, de Ceibo Ediciones: ensayo sobre el progresismo neoliberal chileno, de la Concertación a Gabriel Boric

Fernando Leiva Letelier hace en este libro (512 págs.) de Ceibo Ediciones una invitación imprescindible para comprender las dinámicas de cooptación que fracturaron el vínculo entre la élite y el pueblo de Chile a partir de fines dela década de 1980. Antes de aquella fractura, la izquierda chilena prometía convertirse en “sepulturera” del sistema neoliberal. Una vez iniciada la transición a la democracia en 1990, e incluso desde antes, mientras se negociaba la salidadel dictador, y luego a lo largo de los últimos 36 años, la izquierda chilena ha sido arquitecta, defensora y renovadora fundamental del mismo sistema. Una metamorfosis que la transformó en la mano izquierda del capital. 

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