Archivo de la etiqueta: Revolución proletaria

León Trotsky: «Los soviets y la Asamblea Constituyente»

Esperamos que no sea necesario plantear aquí el problema general de la democracia formal, es decir, de la democracia burguesa. Nuestra actitud con respecto a ella no tiene nada en común con la negación estéril del anarquismo. La consigna y las normas de la democracia se presentan bajo formas diversas para los diferentes países, según la etapa en que se encuentre la evolución de la sociedad burguesa. Las consignas democráticas contienen durante cierto tiempo ilusiones y engaños, pero encierran en su seno una fuerza política animadora: “Mientras la lucha de la clase obrera por todo el poder entero no esté a la orden del día, tenemos el deber de utilizar todas las formas de la democracia burguesa.” (Lenin, Obras, Vol. XX, 2a parte, pág. 297)

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El último año en la vida de Trotsky

por David North

Hace ochenta años, el 20 de agosto de 1940, León Trotsky, el colíder exiliado de la Revolución de Octubre de 1917 y fundador de la Cuarta Internacional, fue herido de muerte por un agente de la policía secreta de la Unión Soviética, la GPU. El líder revolucionario murió en un hospital de la Ciudad de México 26 horas después, la madrugada del 21 de agosto.

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A 50 años de la Unidad Popular y el inicio de la Revolución Socialista en Chile

por Juan Carlos Gómez Leyton

A la memoria de mi padre  Luis Gómez Plaza (1930-2019) obrero allendista y  socialista constructor del siglo xx.

“Chile es hoy la primera nación de la tierra llamada a conformar el segundo modelode transición a la sociedad socialista… edificada según un modelo democrático, pluralista y libertario”. Salvador Allende, mayo de 1971.

Presentación

Hace 50 años el triunfo electoral de la Unidad Popular, el 4 de septiembre de 1970, posibilito un hecho político inédito en la historia de Chile, latinoamericana y mundial, al acceso al gobierno de un Estado capitalista, de un presidente socialista, Salvador Allende G. y de una coalición de partidos políticos marxistas y revolucionarios, la Unidad Popular (UP); a través de los mecanismos democráticos liberales representativos tradicionales, o sea, mediante el sufragio en una elección presidencial. El candidato de la UP, Salvador Allende G., obtuvo la primera mayoría relativa, con el 36,2%, seguido por el candidato derechista, Jorge Alessandri con el 34,9% y en tercer lugar lo ocupó el candidato oficialista, el demócrata cristiano Rodomiro Tomic, con el 27,8% de los votos. Un triunfo electoral estrecho e insuficiente para ser designado de manera inmediata como “presidente electo”, pues, al no obtener la mayoría absoluta (50%+1), la decisión ciudadana pasaba a una segunda vuelta electoral de carácter parlamentaria. Diputados y Senadores reunidos en Congreso Pleno debían elegir entre las dos mayorías, o sea, al igual que en 1958, entre Alessandri y Allende, pero en una relación invertida, en 1970, sería entre Allende y Alessandri.

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León Trotsky: «Lecciones de octubre»

Debemos estudiar la Revolución de Octubre

Aunque nos ha acompañado la suerte en la revolución de Octubre, no la ha tenido ésta en nuestra literatura. Todavía no poseemos una sola obra que ofrezca un cuadro general de tal revolución y que haga resaltar sus momentos más culminantes desde el punto de vista político y organizativo. Mas aún, hasta el presente no se han editado los materiales que caracterizan las diferentes fases preparatorias de la revolución y la revolución misma. Publicamos muchos documentos y materiales sobre la historia de la Revolución y del Partido antes y después de Octubre; pero se consagra mucha menos atención al propio Octubre. Llevada a cabo la insurrección, parece que hemos decidido no tener que repetirla ya. Diríase que del estudio de Octubre, de las condiciones de su preparación inmediata, de su realización y de las primeras semanas de su consolidación no esperamos una utilidad directa para las tareas urgentes de la organización ulterior.

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Una contribución significativa a la comprensión de la Revolución Permanente

por David North

La publicación de Testigos de la revolución permanente: el registro documental es un acontecimiento importante en el estudio de los fundamentos teóricos de la Revolución de Octubre de 1917. Los documentos presentados en este volumen sustancial (677 páginas) —recopilados, traducidos e introducidos por los historiadores Richard B. Day y Daniel Gaido— brindan una revisión completa de las controversias y polémicas de las que surgió la teoría de la revolución permanente. Day y Gaido han elaborado un libro indispensable para quienes deseen comprender el desarrollo de la teoría marxista y la estrategia revolucionaria en el siglo XX.

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Octubre de 1917: el disparo de apertura de la revolución socialista mundial

por Nick Beams 

La siguiente es la primera conferencia dada por Nick Beams en línea el 2 de junio , sobre o ctubre de 1917: El disparo de apertura de la revolución socialista mundial.

Hoy, el 2 de junio en este país [Australia], el 1 de junio en los Estados Unidos está destinado a pasar a ser un punto de inflexión decisivo en la historia del mundo.

Porque en este día el presidente de los Estados Unidos Trump cruzó el Rubicón, declarando que usaría al ejército para suprimir las protestas y manifestaciones a nivel nacional por el asesinato policial de George Floyd en Minneapolis hace una semana.

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Lenin: su último discurso público ante el pleno del Soviet de Moscú

(Clamorosos aplausos. Se canta La Internacional.) Camaradas: Lamento mucho no haber podido venir antes a vuestra reunión y os pido mil perdones. Estoy enterado de que hace unas semanas teníais el propósito de ofrecerme la posibilidad de visitar el Soviet de Moscú. No he podido hacerlo porque, después de mi enfermedad, a partir de diciembre, hablando en el lenguaje de los profesionales, perdí la capacidad de trabajo para un período prolongado, debido a lo cual he tenido que ir aplazando de una semana para otra mi discurso de hoy. He tenido también que cargar adicionalmente sobre el camarada Kámenev una parte muy considerable del trabajo que, en un principio, como recordaréis, había encomendado al camarada Tsiurupa y, después, al camarada Rykov. Y he de decir, recurriendo a la comparación que ya he utilizado, que el camarada Kámenev se vio de pronto uncido a dos carretas. Si bien, continuando la comparación, debo agregar que el caballejo ha resultado capaz y brioso en grado sumo. (Aplausos) Pero, de todos modos, no está bien tirar de dos carretas a la vez, y espero con impaciencia el momento en que regresen los camaradas Tsiurupa y Rykov para distribuirnos el trabajo con algo más de equidad. Por mi parte, y a causa de la disminución de mi capacidad de trabajo, debo dedicar al examen de los asuntos mucho más tiempo del que quisiera.

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León Trotsky: El Marxismo y nuestra época

Este libro de Otto Rühle expone de una manera compacta las doctrinas económicas fundamentales de Marx. Después de todo nadie ha sido todavía capaz de exponer la teoría del trabajo mejor que el propio Marx.I

Algunas de las argumentaciones de Marx, especialmente en el capítulo primero, el más difícil de todos, pueden parecer al lector no iniciado demasiado discursivas, ociosas o “metafísicas”. En realidad, esta impresión es la consecuencia de no tener la costumbre de considerar de una manera científica los fenómenos familiares. La mercancía se ha convertido en una parte tan universalmente difundida y tan familiar de nuestra vida diaria que ni siquiera se nos ocurre considerar por qué los hombres ceden objetos importantes, necesarios para el sostenimiento de la vida, a cambio de pequeños discos de oro o de plata que no se utilizan en parte alguna de la tierra. El asunto no se limita a la mercancía. Todas y cada una de las categorías de la economía del mercado parecen ser aceptadas sin análisis, como evidentes por sí mismas, y como si fueran las bases naturales de las relaciones humanas. Sin embargo, mientras las realidades del proceso económico son el trabajo humano, las materias primas, las herramientas, las máquinas, la división del trabajo, la necesidad de distribuir los productos terminados entre los participantes en el proceso de producción, etcétera, las categorías como mercancía, dinero, salarios, capital, ganancia, impuesto, etcétera, son únicamente reflejos semi-místicos en las cabezas de los hombres de los diversos aspectos de un proceso económico que no comprenden y que escapan a su control. Para descifrarlos es indispensable un análisis científico completo. 

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Argentina: ausencia de un debate estratégico en la crisis del Partido Obrero

de Partido Obrero Revolucionario

Las rupturas despolitizadas de los partidos que se reclaman obreros son una tragedia política para el conjunto de la clase. La dirección de PO acusa a la fracción de no disciplinarse a las resoluciones de su último Congreso y de hacer una campaña crítica contra las posiciones oficiales. La Fracción de J. Altamira a su vez dice que los quieren excluir del Partido por sus posiciones políticas.

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León Trotsky: Por qué los marxistas se oponen al terrorismo individual

Nuestros enemigos de clase acostumbran a quejarse de nuestro terrorismo. Lo que entienden por esto no está muy claro. Ellos querrían calificar de terrorismo todas las actividades del proletariado contra sus enemigos de clase. A sus ojos, la huelga es el principal método terrorista. Una amenaza de huelga, la organización de piquetes, el boicot a un patrón esclavista, el boicot moral a un traidor que ha salido de nuestras propias filas, dicen que todo esto es terrorismo. Si se entiende por tal toda acción que inspira temor o daña al enemigo de clase, entonces, naturalmente, toda la lucha de clases no es otra cosa que terrorismo. Y entonces ya sólo quedaría por saber si los políticos burgueses tienen derecho a derramar a raudales su indignación moral mientras que todo el Estado, sus leyes, su policía y su ejército no son más que un aparato de terror capitalista.

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La estrategia revolucionaria en Chile

por José J. Moro

La reproducción ampliada de la formación social chilena sobre bases específicamente capitalistas constituye el rasgo fundamental del actual periodo histórico; reproducción cuya dinámica genera una acumulación desigual de contradicciones económicas, políticas e ideológicas, y la simplificación del antagonismo de clases en el enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado. Este es el punto de partida de la estrategia de poder del proletariado revolucionario en Chile.

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Nahuel Moreno: Tesis sobre la construcción del partido revolucionario

TESIS XXXI
Ha llegado la hora de construir partidos trotskistas de masas utilizando las oportunidades

uestros partidos y la Internacional no han logrado en estos casi cuarenta años de ascenso revolucionario transformarse en fuertes partidos con influencia de masas. Aparentemente esto es imposible. Si ahondamos el análisis, descubriremos las profundas razones objetivas que se ocultan en esta dificultad. Esa razón objetiva ha sido, para nosotros, el fortalecimiento de los aparatos contrarrevolucionarios al compás de los triunfos revolucionarios de esta postguerra. La voluntad revolucionaria por sí sola no puede vencer los procesos objetivos. La voluntad revolucionaria es una condición, pero por sí sola no basta para construir partidos revolucionarios marxistas de masas si la situación objetiva no lo posibilita. Si los aparatos contrarrevolucionarios burocráticos siguieran consolidándose cada vez más, abarcando mayores sectores del movimiento de masas bajo su control, la Cuarta Internacional no podría construir partidos con influencia en el movimiento de masas. Felizmente no es así. Seguir leyendo Nahuel Moreno: Tesis sobre la construcción del partido revolucionario

Bolsonaro y las lecciones de Brasil

de POR-Argentina//

Brasil se ha convertido en las últimas semanas en el centro de atención política a nivel internacional. Desde fi nes de septiembre, en la víspera de la primera ronda electoral, hasta fi nes de octubre, una vez concluida la segunda vuelta, ha dejado mucha tela para cortar. En el presente artículo, intentaremos complementar todo el abundante material que elaboró nuestra sección hermana brasileña, con las posiciones levantadas por los pretendidos revolucionarios de Argentina. El abandono de la estrategia revolucionaria y, por tanto, de la estructuración del Partido/ Programa por aquellos partidos que se autoproclaman del trotskismo, se refl eja evidentemente en la política levantada para Brasil. Seguir leyendo Bolsonaro y las lecciones de Brasil

Argentina: ya tiene media sanción la ley de aborto legal, seguro y gratuito.

de Partido Obrero Revolucionario (Argentina) //

Por 131 votos a favor, 123 en contra y 1 abstención se voto en la cámara de diputados este elemental derecho. Es una victoria de los miles de trabajadores que nos movilizamos y fundamentalmente de las mujeres trabajadoras que desde los sindicatos, desde los barrios y lugares de estudio se pusieron a la cabeza de esta lucha. Seguir leyendo Argentina: ya tiene media sanción la ley de aborto legal, seguro y gratuito.

Guillermo Lora: Tesis de Pulacayo (1946)

TESIS CENTRAL DE LA FEDERACION SINDICAL DE TRABAJADORES MINEROS DE BOLIVIA

(Aprobada por el congreso de trabajadores mineros sobre la base del proyecto presentado por la delegación minera de Llallagua)

Bolivia – Noviembre de 1946

1. FUNDAMENTOS

1.- El proletariado, aún en Bolivia, constituye la clase social revolucionaria por excelencia. Los trabajadores de las minas, el sector más avanzado y combativo del proletariado nacional, define el sentido de lucha de la FSTMB.

2.- Bolivia es país capitalista atrasado. Dentro de la amalgama de los más diversos estadios de evolución económica, predomina cualitativamente la explotación capitalista, y las otras formaciones económico-sociales constituyen herencia de nuestro pasado histórico. De esta evidencia arranca el predominio del proletariado en la política nacional. Seguir leyendo Guillermo Lora: Tesis de Pulacayo (1946)

León Trotsky: Comunismo y sindicalismo

El problema de los sindicatos es uno de los más importantes para el movimiento obrero y por lo tanto también para la Oposición. Si ésta no tiene una posición clara sobre este tema no podrá ganar una influencia real sobre la clase obrera. Por eso quiero plantear aquí, para la discusión, algunas consideraciones sobre la cuestión sindical.
1. El Partido Comunista es la herramienta fundamental para la acción revolucionaria del proletariado, la organización de combate de su vanguardia que debe erigirse en dirección de la clase obrera en todos los ámbitos de su lucha, sin excepción, y por lo tanto también en el campo sindical. Seguir leyendo León Trotsky: Comunismo y sindicalismo

Guillermo Lora: el marxismo en Bolivia (1985)

1. El fantasma del comunismo

Los bolivianos llegaron a conocer la palabra comunismo por obra de los gobernantes y de los teóricos de la clase dominante, esto ya en el siglo XIX. Era evidente que el fantasma del comunismo recorría Europa y llenaba de terror a los potentados bolivianos que lograron bucear en la cultura. Las más de las veces era utilizado el término como espantapájaros por los gobernantes demagogos, buscando alertar a propios y extraños sobre un hipotético peligro de pérdida de la propiedad privada. Seguir leyendo Guillermo Lora: el marxismo en Bolivia (1985)

Marx y la primera mundialización

por Alain Bihr //

Este título puede parecer enigmático a la mayor parte de lectores. ¿Qué es esta primera mundialización? ¿Y qué nos puede decir Marx? Para comenzar a responder a estas dos cuestiones, partamos de lo que Marx nos dijo sobre el origen del capitalismo.

De hecho, nos dijo relativamente poco. A la vista de la miles de páginas que dedicó al capitalismo, las alrededor de cuatrocientas páginas en las que aborda las sociedades precapitalistas, por lo demás, dispersas a lo largo de su obra, parecen parientes pobres. Está a la vista que el problema no le interesaba mucho Seguir leyendo Marx y la primera mundialización

Trotsky: el pensamiento vivo de Karl Marx

¿QUÉ OFRECEMOS AL LECTOR?

Este libro expone de una manera compacta las doctrinas económicas fundamentales de Marx según las propias palabras de Marx. Después de todo nadie ha sido capaz de exponer la teoría del trabajo mejor que el propio Marx. Algunas de las argumentaciones de Marx, especialmente en el capitulo primero, el mas difícil de todos, pueden parecer al lector no iniciado demasiado digresivas, quisquillosas o “metafísicas”. Seguir leyendo Trotsky: el pensamiento vivo de Karl Marx

Marxismo: el valor explicativo de la teoría del desarrollo desigual y combinado

por Susan Dianne Brophy //

 

El capitalismo no se desenvuelve de forma lineal ni uniforme. La desigualdad, que se manifiesta con diferentes niveles de penetración de los mercados o de desarrollo industrial, puede estar presente en un solo ámbito, mientras que elementos no capitalistas pueden combinarse en grado diverso con fuerzas productivas capitalistas. Articulado de este modo, el desarrollo desigual y combinado (DDC) del capitalismo es un hecho demostrable y tan asumido como tal que algunos sostienen que es una ley del desarrollo 1/. El DDC es tan de sentido común que hace dos décadas Justin Rosenberg se preguntaba en las páginas de New Left Review por qué una perspectiva histórica que proporciona tal “simplicidad retrospectiva” tardó tanto en aparecer 2/. Sin embargo, esta supuesta simplicidad nos lleva a otra curiosidad: ¿cómo es posible que lo que es manifiestamente obvio sea (hoy incluso) tan controvertido Seguir leyendo Marxismo: el valor explicativo de la teoría del desarrollo desigual y combinado

La burbuja robótica: las nuevas tecnologías preparan una nueva crisis

por Sonja Grusch //

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Lenin: Acerca del problema de las nacionalidades o sobre la “autonomización”

En mis obras acerca del problema nacional he escrito ya que el planteamiento abstracto del problema del nacionalismo en general no sirve para nada. Es necesario distinguir entre el nacionalismo de la nación opresora y el nacionalismo de la nación oprimida, entre el nacionalismo de la nación grande y el nacionalismo de la nación pequeña. Seguir leyendo Lenin: Acerca del problema de las nacionalidades o sobre la “autonomización”

El silencio de una generación (tras las huellas de la corriente trotskista de Nahuel Moreno en Chile, 1979-1993)

por Mariano Vega Jara //

Tal como en  la novela de Laura Restrepo, Demasiados Héroes, la investigación-memoria sobre el pasado de una ex militante trotskista colombiana en la última dictadura militar de Argentina –su historia personal—, los orígenes de la tradición fundada por Nahuel Moreno (Hugo Bressano) en Chile han permanecidos velados por los años de la transición pactada con la dictadura militar de Pinochet, mas, fundamentalmente, por la crisis y posterior ruptura con el el trotskismo como una corriente marxista revolucionaria luego de la caída de los Estados obreros y la URSS. El silencio de una generación sobre su experiencia militante se disolvió hacia una fase de subsidencia en sus vidas personales, cotidianas. El pasado militante quedó en ello. Pasado. Seguir leyendo El silencio de una generación (tras las huellas de la corriente trotskista de Nahuel Moreno en Chile, 1979-1993)

2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios. Seguir leyendo 2018: el mundo al revés

Simone de Beauvoir: la mujer y el materialismo histórico

La teoría del materialismo histórico ha sacado a la luz verdades importantísimas. La humanidad no es una especie animal: es una realidad histórica. La sociedad humana es una anti-physis: no sufre pasivamente la presencia de la naturaleza, la toma por su cuenta. Esta recuperación no es una operación interior y subjetiva, sino que se efectúa objetivamente en la praxis. De este modo, no podría ser considerada la mujer, simplemente, como un organismo sexuado; entre los datos biológicos, tienen importancia sólo los que adquieren en la acción un valor concreto; la conciencia que la mujer adquiere de sí misma no está definida por su sola sexualidad: refleja una situación dependiente de la estructura económica de la sociedad, estructura que traduce el grado de evolución técnica alcanzado por la humanidad. Hemos visto que, biológicamente, los dos rasgos esenciales que caracterizan a la mujer son los siguientes: su aprehensión del mundo es menos amplia que la del hombre; está más estrechamente esclavizada a la especie. Pero estos hechos adquieren un valor del todo distinto según el contexto económico y social. En la historia humana, la aprehensión del mundo no se define jamás por el cuerpo desnudo: la mano, con su pulgar aprehensor, ya se supera hacia el instrumento que multiplica su poder; desde los más antiguos documentos de la historia, el hombre siempre se nos presenta armado. En los tiempos en que se trataba de blandir pesadas clavas, la debilidad física de la mujer constituía una flagrante inferioridad: basta que el instrumento exija una fuerza ligeramente superior a la de la que ella dispone para que aparezca radicalmente impotente. Mas puede suceder, por el contrario, que la técnica anule la diferencia muscular que separa al hombre de la mujer: la abundancia no crea superioridad más que ante la perspectiva de una necesidad; no es preferible tener demasiado a tener suficiente.  Así, el manejo de un gran número de máquinas modernas no exige más que una parte de los recursos viriles: si el mínimo necesario no es superior a la capacidad de la mujer, ésta se iguala en el trabajo con el hombre. En realidad, hoy pueden desencadenarse inmensos despliegues de energía simplemente oprimiendo un botón. En cuanto a las servidumbres de la maternidad, según las costumbres, adquieren una importancia sumamente variable: son abrumadoras si se imponen a la mujer numerosos partos y si tiene que alimentar sin ayuda a los hijos; si procrea libremente, si la sociedad acude en su ayuda durante el embarazo y se ocupa del niño, las cargas maternales son ligeras y pueden compensarse con facilidad en el dominio del trabajo. Seguir leyendo Simone de Beauvoir: la mujer y el materialismo histórico

Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

¿Por qué Carlos Marx daba tanta importancia al papel de la clase trabajadora? No fue por la cantidad de personas que la componían. De hecho, cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista, los únicos dos países donde se había completado la Revolución Industrial eran Inglaterra y Bélgica. Seguir leyendo Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

Emma Goldmann recuerda Kropotkin

por Emma Goldman //

Entre los que yo deseaba ver cuando llegué a Rusia en enero de 1920, estaba Piotr Alekséyevich Kropotkin. Inmediatamente averigüé la manera de encontrarlo. Me informaron que el único medio sería cuando fuese a Moscú, debido al hecho de que Kropotkin vivía en Dmítrov, una pequeña aldea a unas 60 verstas de distancia de la ciudad. Debido al país estar tan devastado por la guerra, no me quedó otro recurso que esperar a una oportunidad de ir a Moscú, pero afortunadamente pronto se me presentó la oportunidad. Seguir leyendo Emma Goldmann recuerda Kropotkin

Bolivia: Tesis Política de la XLIV Conferencia de la Federación Departamental de Fabriles La Paz – 2017

Después de más tres décadas los trabajadores fabriles volvemos al escenario político nacional recuperando nuestras banderas de lucha revolucionaria socialista. Retornamos a ocupar nuestro lugar en la lucha de la nación oprimida contra la nación opresora. La clase obrera tiene la capacidad de aglutinar la lucha de toda la nación oprimida en un solo puño y darle al país una perspectiva revolucionaria para superar el atraso económico y la miseria. La lucha de clases sociales no se ha extinguido sino que se agudiza por la profundización de la crisis capitalista, por lo que la ideología revolucionaria del proletariado tiene plena actualidad, haciéndose impostergable la tarea de volver a ser asimilada y materializada por la clase obrera boliviana. Seguir leyendo Bolivia: Tesis Política de la XLIV Conferencia de la Federación Departamental de Fabriles La Paz – 2017

Navidad trágica: la matanza de comunistas en Vallenar.

 por Iván Ljubetic Vargas //

«Con el hambre y el plomo
el Gobierno civilista
asesina al proletariado»
(Bandera Roja, Santiago, 25-12-1931) Navidad

Volodia Teitelboim en “Un Muchacho del Siglo Veinte” escribió: “Un compañero nortino del Central entró de súbito, anunciando que había llegado la noticia de una matanza en Copiapó y Vallenar: la represión no cesaba… El relato del compañero nortino, que entró sin aviso en aquella noche de Pascua a la casa, era enredado y tremendo. Detalló la provocación. Un plan sintético para asaltar el batallón del Regimiento Esmeralda de Antofagasta apostado en Copiapó, a fin de atribuirlo a los comunistas que pretendían establecer en Chile el régimen proletario. Tramaron el asalto jefes de carabineros, que dirigieron a los conspiradores. Embaucaron a dos o tres entre los pobres y trataron de comprometer al doctor Osvaldo Quijada Cerda, un intelectual con simpatías marxistas… Así a las dos de la mañana del 25 de diciembre, dos grupos llegaron hasta la guarnición. Un soldado les abrió la puerta. Entraron y los recibieron amablemente con fuego de artillería. Por orden del capitán Villouta detuvieron a varios ‘conspiradores’ y los mataron. Se inventó una batalla. En aquella noche se calcula que fueron disparados entre 6 a 8 mil tiros de fusiles y ametralladoras… Seguir leyendo Navidad trágica: la matanza de comunistas en Vallenar.

De las Jornadas de Julio al golpe de Estado de Kornílov: el Estado y la revolución de Lenin

por Barry Grey //

Estamos publicando aquí el texto de la conferencia pronunciada el 14 de octubre por Barry Grey, editor nacional de Estados Unidos del World Socialist Web Site. Esta es la primera conferencia en línea de la segunda parte de la serie presentada por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional para marcar el centenario de la Revolución Rusa de 1917. Seguir leyendo De las Jornadas de Julio al golpe de Estado de Kornílov: el Estado y la revolución de Lenin

Argentina: se abre un debate en la izquierda revolucionaria.

TEXTO DE DISCUSION SOBRE SITUACION NACIONAL

  • Este texto trata de recoger una discusión con un amplio grupo de compañeros de nuestro grupo y no cuyo disparador del mismo fue el resultado electoral del pasado 22 de octubre (elecciones parlamentarias, de medio término, en la Argentina). El grupo SOCIALISMO REVOLUCIONARIO aportó al mismo su declaración política previa a dicho evento electoral (ver anexo). Lo que sigue son apuntes tomados con el objetivo de aportar a la continuidad del debate y de la acción política. Tienen la posibilidad del error o la omisión de quizás no poder recoger a fondo muchas intervenciones. Pero el valor creemos de sin intentar ser “un documento nacional” ni mucho menos, de un texto que permita desarrollar la discusión. Es en este sentido que nos proponemos (y proponemos) encarar en los próximos meses un estudio y debate sobre distintos temas como ser un análisis de la realidad económica de argentina ligada a la mundial y la no menos importante discusión sobre la organización de los revolucionarios, a la cal podríamos definir como la discusión del “partido”. Queremos hacerlo colectivamente y a esta discusión como las venideras te invitamos abiertamente

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Alexandra Kolontái: la feminista bolchevique que se convirtió en la primera mujer en un Gobierno

por Santiago Mayor //

Aunque sus líderes más conocidos fueron Lenin, Trotsky y Stalin, hubo una mujer que sobresalió en un mundo hegemonizado por los hombres: Alexandra Kolontái, la primera mujer que formó parte de un Gobierno en la historia, al frente del Comisariado del Pueblo [Ministerio] para el Bienestar Social. Seguir leyendo Alexandra Kolontái: la feminista bolchevique que se convirtió en la primera mujer en un Gobierno

Cómo la Revolución Bolchevique salvó el arte vanguardista

por Paul Mitchell // 

La exposición “Rusia Radical” en Norwich es un asunto pequeño en comparación con algunos shows exitosos que marcan el centenario de la Revolución de octubre de 1917 que se han organizado en Londres y mundialmente. Pero eso no debería desalentar a nadie que quiera ir. Seguir leyendo Cómo la Revolución Bolchevique salvó el arte vanguardista

Centenario de la Revolución Rusa:»Se atrevieron»

David Mandel

Cien años después, la cuestión del legado histórico de la Revolución de Octubre sigue sin ser sencilla para los socialistas: el estalinismo pudo echar raíces menos de una década después de la Revolución y la restauración del capitalismo encontró poca resistencia popular setenta años después.

Uno puede, por supuesto, señalar el papel fundamental del Ejército Rojo en la victoria contra el fascismo, o que la rivalidad entre la Unión Soviética y el mundo capitalista abrió el espacio para las luchas antiimperialistas, o también que la existencia de una enorme economía nacionalizada y planificada consiguió una moderación de los apetitos capitalistas. Aun así, incluso en dichas áreas, el legado está lejos de estar exento de ambigüedades.

Ahora bien, el principal legado de la Revolución de Octubre para la izquierda a día de hoy es, en realidad, el menos ambiguo. Puede sintetizarse en dos palabras: «se atrevieron». Con esto quiero decir que los Bolcheviques cumplieron auténticamente con su misión como partido de los trabajadores al organizar tanto la toma revolucionaria del poder político y económico, como su defensa posterior frente a las clases propietarias: proveyeron a los obreros -así como a los campesino- el liderazgo que necesitaban y deseaban.

Por tanto, es cuanto menos irónico que muchos historiadores, y bajo su estela, la opinión pública en general, hayan visto Octubre como un crimen terrible motivado por el proyecto ideológico de construir una utopía socialista. De acuerdo con este punto de vista, Octubre fue un acto arbitrario que desvió a Rusia de su sendero natural de desarrollo hacia una democracia capitalista. Octubre fue, además, la causa de la guerra civil devastadora que asoló el país durante casi tres años.

Hay una versión modificada de esta lectura que es abrazada incluso por personas de izquierda que rechazan el leninismo (o lo que creen ellos que fue la estrategia de Lenin) por culpa de las dinámicas autoritarias desatadas por la toma revolucionaria del poder y la subsiguiente guerra civil.

No obstante, lo que sorprende sobremanera cuando uno estudia la revolución desde abajo es lo poco que los Bolcheviques, y los obreros que les apoyaban, estaban, de hecho, guiados por una ideología, en el sentido de que fuesen una suerte de movimiento milenarista que ambicionase únicamente el socialismo. En realidad y sobre todo, Octubre fue una respuesta práctica a problemas sociales y políticos muy serios y concretos que debían afrontar las clases populares. Esto era también, por supuesto, la aproximación al socialismo de Marx y Engels – no una utopía que debía ser construida a partir de unos diseños preconcebidos, pero un conjunto de soluciones concretas a las condiciones reales de los trabajadores bajo el capitalismo. Por ello Marx siempre rechazó obstinadamente ofrecer «recetas para los libros de cocina del futuro» 1/.

El objetivo inmediato y principal de la insurrección de Octubre fue anticiparse a la contrarrevolución, apoyada por las políticas de guerra económica de la burguesía, que hubiese barrido todas las conquistas democráticas y promesas de la Revolución de Febrero y hubiese mantenido la participación rusa en la Guerra Mundial. Una contrarrevolución victoriosa -y ésta hubiese sido la única alternativa real a Octubre- hubiese probablemente dado nacimiento a la primera experiencia de un Estado fascista en el mundo, anticipándose así unos cuantos años a las posteriores respuestas de las burguesías italianas y alemanas a levantamientos revolucionarios similares pero fallidos.

Los Bolcheviques, y la gran mayoría de los obreros industriales urbanos en Rusia, eran, por descontado, socialistas. Pero todas las corrientes del marxismo ruso consideraban que Rusia carecía de las condiciones políticas y económicas para alcanzar el socialismo. Sin duda, existía la esperanza de que la toma revolucionaria del poder en Rusia alentase a los trabajadores de los países desarrollados al oeste a levantarse contra la guerra y contra el capitalismo, abriendo así perspectivas más amplias para la propia revolución rusa. En efecto, fue sólo una esperanza, y estaba lejos de ser una certidumbre. Aun así, Octubre hubiese podido acontecer sin ella.

En mi labor historiográfica, presento pruebas documentadas y, en mi opinión, convincentes en favor de esta forma de presentar Octubre, aunque no voy a intentar resumirlas aquí. Prefiero explicar cuan dolorosamente conscientes eran los Bolcheviques, y los trabajadores que les apoyaban -el partido estaba abrumadoramente compuesto de obreros-, de la amenaza de la guerra civil; lo mucho que intentaron evitarla, y, fracasando en ello, lo mucho que quisieron disminuir su dureza. De este modo, quiero focalizarme con más insistencia explicar el sentido del «se atrevieron» en tanto que legado de Octubre.

El motivo por el cual los Bolcheviques, junto con la mayoría de los trabajadores, apoyaron el «poder dual» durante el periodo inicial de la revolución fue el deseo de evitar la guerra civil. Bajo esta forma de acomodar las cosas, el poder ejecutivo era ejercido por el gobierno provisional, inicialmente compuesto por políticos liberales, representantes de las clases propietarias. Al mismo tiempo, los Soviets, organizaciones políticas electas por los obreros y soldados, fiscalizaban el gobierno, asegurándose de su lealtad al programa revolucionario. Este programa estaba compuesto fundamentalmente por cuatro elementos: una república democrática, una reforma agraria, la jornada laboral de ocho horas, y una diplomacia enérgica que asegurase rápida y democráticamente el final de la guerra. Ninguno de estos puntos era socialista como tal.

El apoyo al poder dual marcó una ruptura radical con el rechazo tradicional del partido de aliarse potencialmente con la burguesía en la lucha contra la autocracia. Ese rechazo constituía los cimientos mismos del bolchevismo como partido de los obreros. Fue el motivo del estatus hegemónico del partido en el movimiento obrero a lo largo de los años de protesta obrera antes de la guerra. El rechazo a la burguesía (que era a su vez un rechazo al Menchevismo) se enraizaba en la larga y dolorosa experiencia obrera que veía cómo la burguesía se aliaba íntimamente con el Estado autocrático para aplastar sus aspiraciones sociales y democráticas.

El apoyo inicial al poder dual reflejó la voluntad de dar una oportunidad a los liberales, ya que las clases propietarias (el partido constitucional-democrático (los Kadetes) se convirtió en su primer representante político en 1917) se habían sumado, aunque bastante tardíamente, a la revolución, o eso parecía. Su adhesión a la revolución facilitó de manera considerable una victoria sin apenas derramamiento de sangre a lo largo del vasto territorio ruso y a lo largo del frente. La asunción del poder por parte de los Soviets en Febrero hubiese expulsado a las clases propietarias del poder, haciendo renacer así el espectro de la guerra civil. Por otra parte, los obreros no estaban preparados para asumir la responsabilidad directa de dirigir el Estado y la economía.

El posterior rechazo del poder dual y la demanda de transferir todo el poder a los soviets no fue, bajo ningún concepto, una respuesta automática al regreso de Lenin a Rusia y la publicación de sus Tesis de Abril. Fundamentalmente, estas tesis fueron una llamada de vuelta a las posturas tradicionales del partido, pero en condiciones de guerra mundial y de revolución democrática victoriosa. Si la posición de Lenin acabó ganando fue porque era cada vez más claro que las clases propietarias y sus representantes liberales eran hostiles a los objetivos de la revolución y querían, de hecho, revertirla.

Ya a mediados de abril, el gobierno liberal dejo claro su apoyo a la guerra y sus objetivos imperialistas. Incluso anteriormente a ello, la prensa burguesa puso término final a su breve luna de miel de unidad nacional con campañas en contra del supuesto egoísmo obrero al perseguir sus ’estrechos’ intereses económicos en detrimento de la producción para la guerra.

El motivo era claramente socavar la alianza obreros-soldados que hizo posible la revolución.

No sin conexión con esto era la creciente sospecha entre los obreros de un progresivo y creciente cierre patronal, enmascarado bajo una supuesta escasez de suministros; sospecha amplificada por el adamantino rechazo de los patrones industriales de la regulación gubernamental de esta economía vacilante. Los cierres patronales fueron desde tiempo atrás el arma favorita de los propietarios de las fábricas. Solamente en los seis meses anteriores al estallido de la guerra, los patrones industriales de la capital, en concierto con la administración de las fábricas de titularidad estatal, organizaron al menos tres cierres patronales generalizados que trajeron consigo el despido de un total de 300 000 trabajadores. Diez años antes, en noviembre y diciembre de 1905, dos cierres generales asestaron un golpe mortal a la primera revolución rusa.

A finales de la primavera y comienzos del verano de 1917, personalidades prominentes de la sociedad censal (las clases dominantes) solicitaban la supresión de los soviets y recibían grandes ovaciones por parte de las asambleas de su clase. Luego, a mediados de junio, bajo una fuerte presión de sus aliados, el gobierno provisional inició una ofensiva militar, poniendo punto y final al cese al fuego de facto que había reinado en el frente oriental desde Febrero.

Y entonces, ya en junio, una mayoría de los obreros de la capital abrazaron la demanda bolchevique de liberar la política gubernamental de la influencia de las clases propietarias. Éste era, en esencia, el significado del «todo el poder para los Soviets»: un gobierno que respondiese únicamente ante los obreros y campesinos. A esas alturas, los Bolcheviques y los obreros de la capital aceptaron la inevitabilidad de la guerra.

No obstante, eso no era en sí mismo tan terrorífico, ya que los obreros y campesinos (los soldados eran en su grandísima mayoría jóvenes campesino) eran la gran mayoría de la población. Mucho más preocupante eran las perspectivas de una guerra civil qu enfrentase a distintos bandos en el seno de las fuerzas que sostenían la «democracia revolucionaria». Los socialistas moderados, los Mencheviques, y los Socialistas Revolucionarios (eseristas), dominaban la mayoría de los soviets fuera de la capital, así como el Comité Ejecutivo Central (CEC) de soviets y el Comité Ejecutivo de campesinos, y apoyaban a los liberales, hasta el punto de enviar una delegación de sus líderes a la coalición gubernamental, en un esfuerzo por apuntalar la débil autoridad popular de esta última.

La amenaza de guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria resurgió con fuerza a comienzos de julio, cuando, junto con unidades de la guarnición, los obreros de la capital se manifestaron masivamente para presionar al CEC para que tomase el poder por sí solo. No solamente fracasaron en ello, sino que las manifestaciones fueron el primer derramamiento de sangre serio de la revolución, seguido de una ola de represión gubernamental contra la izquierda y tolerada por los socialistas moderados.

Los acontecimientos de julio dejaron a los Bolcheviques, y los obreros que les apoyaban, sin una ruta clara por la que avanzar. Formalmente, el partido adoptó un nuevo eslogan propuesto por Lenin: el poder para un «gobierno de los trabajadores y los campesinos pobres», sin mención alguna a los soviets, que se hallaban dominados por los socialistas moderados. Lenin entendía dicho eslogan como un llamamiento a preparar una insurrección que pudiese sortear a los soviets y que, de darse las circunstancias, se enfrentase a ellos. Ahora bien, en la práctica el eslogan no era aceptado ni por el partido ni por los obreros de la capital, ya que significaba dirigirse en contra de las masas populares que seguían apoyando a los moderados – por tanto, implicaba la guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria.

La actitud de los socialistas, esto es, de la minoría educada, de la intelligentsia de izquierdas, preocupaba particularmente. La intelligentsia de izquierda apoyaba casi en su totalidad a los socialistas moderados. Los Bolcheviques eran un partido plebeyo, y lo mismo era cierto para los social-revolucionarios de izquierda, que se escindieron de los eseristas en septiembre de 1917 y formaron una coalición de gobierno en los soviets junto con los Bolcheviques en noviembre. Las perspectivas de tener que dirigir un Estado, y probablemente también la economía, sin el apoyo de gente formada preocupaba profundamente, en particular a los militantes de los comités de fábrica, mayoritariamente bolcheviques.

El golpe de estado fracasado del general Kornilov a finales de agosto, que contó con el apoyo entusiasta de las clases dominantes, pareció despejar una solución al callejón sin salida al que se estaba llegando. Rindiéndose ante la obviedad, los socialistas moderados parecieron aceptar la necesidad de romper relaciones con los liberales (los ministros liberales dimitieron la noche anterior al levantamiento militar). Los obreros reaccionaron con una curiosa mezcla de alivio y alarma a las noticias sobre la llegada de Kornilov a Petrogrado. Sentían alivio porque podían al menos actuar al unísono en contra de la contrarrevolución en marcha – y así hicieron con gran energía-, y no enfrentándose con el resto de fuerzas de la democracia revolucionaria. Lenin, ya tras la derrota de Kornilov, ofreció el apoyo de su partido al CEC, actuando como una fuerza leal pero de oposición, siempre y cuando el CEC arrebatas el poder al gobierno.

Tras ciertas vacilaciones, los socialistas moderados rechazaron romper con las clases propietarias. Permitieron a Kerensky formar un nuevo gobierno de coalición que incluía personalidades de la burguesía particularmente odiosas como el patrón industrial S. A. Smirnov, que había cerrado recientemente sus fábricas textiles para echar a los trabajadores.

Pero para finales de septiembre, los Bolcheviques ya tenían la mayoría en casi todos los soviets de Rusia de manera que podían contar con una mayoría en el Congreso de los Soviets, convocado a regañadientes por el CEC el 25 de Octubre. Mientras todavía se encontraba escondido huyendo de una orden de detención, Lenin exigió al comité central del partido que preparase una insurrección. Pero la mayoría del comité central tenía dudas al respecto y prefería esperar a la convocatoria de una asamblea constituyente. Uno puede perfectamente comprender sus dudas. Después de todo, una insurrección podía desencadenar todas las condiciones para la todavía latente guerra civil. Era un salto terrorífico hacia lo imprevisible que pondría al partido en la situación de gobernar en condiciones de grave crisis política y económica. Por otra parte, la esperanza de que una asamblea constituyente pudiese superar la profunda polarización que caracterizaba a Rusia, o que las clases dominantes aceptasen su veredicto de ir en contra de sus intereses, era sin lugar a dudas una ilusión. Mientras tanto, el colapso industrial y la hambruna de masas estaban cada vez más cerca.

Si los líderes bolcheviques acabaron organizando la insurrección no fue por la autoridad personal de Lenin, sino por la presión de sus bases y cuadros intermedios, que estaban siendo interpelados por él. El partido contaba como 43 000 miembros en octubre 1917 sólo en Petrogrado, de los cuales 28 000 eran obreros (sobre un total de 420 000 obreros industriales), y 6000 eran soldados. Estos trabajadores estaban preparados para la acción.

No obstante, el estado de ánimo entre los trabajadores fuera del partido era más complejo.

Apoyaban sin miramientos la demanda de transferir todo el poder a los Soviets, pero no estaban por la labor de tomar la iniciativa. Esto suponía la situación opuesta a la de los cinco primeros meses de la revolución, en los cuales las bases obreras estaban a la vanguardia, obligando al partido a seguirlas: así fue en la revolución de Febrero, en las protestas de abril en contra de la política bélica del gobierno, en los movimientos por el control obrero de las industrias como respuesta a los cierres patronales en marcha, y en las manifestaciones de julio para exigir al CEC que tomase el poder.

Pero el derramamiento de sangre de julio y la represión que siguió después cambiaron significativamente las cosas. En efecto, la situación política había evolucionado desde entonces hasta el punto de que los Bolcheviques encabezaban los Soviets en casi todas partes. Ahora bien, los días que precedieron a la insurrección, la totalidad de la prensa que no fuese pro-bolchevique predecía con seguridad que la insurrección sería aplastada de manera aún más sangrienta que en los acontecimientos de julio.

Otra fuente de indecisión para los trabajadores era el amenazante espectro del desempleo de masas. El colapso industrial se avecinaba, y constituía así el argumento más potente para actuar inmediatamente, pero también una fuente de inseguridad que llenó de dudas a los trabajadores.

Por tanto, la iniciativa se encontraba del lado del partido, aunque ello no significase que los obreros bolcheviques estuviesen exentos de dudas. Ahora bien, tenían ciertas cualidades, forjadas tras años de lucha intensa contra la autocracia y los patrones, que les permitieron superarlas. Una de sus virtudes era su deseo de independencia como clase frente a la burguesía, que constituía a su vez el elemento definitorio del bolchevismo como movimiento de los trabajadores. En los años previos a la revolución, ese deseo se expresaba en la insistencia de los trabajadores de mantener sus organizaciones, ya sean políticas, económicas o culturales, libres de influencia de las clases dominantes.

En estrecha relación con lo anterior era el fuerte sentimiento de dignidad que tenían los trabajadores, tanto individualmente como en tanto que miembros de la clase obrera. El concepto de obrero consciente en Rusia recogía una cosmovisión y un código moral separados y opuestos a los de la burguesía. El sentimiento de dignidad se manifestaba por ejemplo, y entre otras formas, en la demanda de ser tratados educadamente que aparecía sin excepción en las listas de las demandas en huelgas. Demandaban ser tratados de usted por la administración de las fábricas y que no se dirigiesen a ellos en la segunda persona del singular, reservada para amigos, hijos y subordinados. En una compilación de estadísticas acerca de las huelgas, el Ministerio de Interior zarista puso en la columna de demandas políticas la exigencia de trato educado, presumiblemente porque implicaba un rechazo de los trabajadores a ser considerados como subordinados en la sociedad. En 1917, resoluciones emanadas de las asambleas fabriles solían referirse a las políticas del gobierno provisional como burlas a la clase obrera. En Octubre, cuando los obreros de la Guardia Roja rechazaban agacharse mientras corrían o rechazaban tener que combatir tumbados en el suelo, ya que lo consideraban una muestra de cobardía y deshonor para un obrero revolucionario, los soldados tuvieron que explicarles que no hay honor alguno en ofrecer tu frente al enemigo. Pero si bien el orgullo de clase era una carga a nivel militar, no parece que hubiese podido haber revolución de Octubre sin él.

Aunque la iniciativa de Octubre recayó principalmente sobre los hombros de los miembros del partido, la insurrección fue bienvenida por virtualmente todos los trabajadores, incluidos los impresores, tradicionalmente seguidores de los Mencheviques. Sin embargo, el problema de la composición del nuevo gobierno apareció de nuevo sobre la escena. Todas las organizaciones obreras, para entonces lideradas por los Bolcheviques, así como el propio partido, pedían una coalición de todos los partidos socialistas.

Una vez más, esto era la expresión del afán de unidad en el seno de las fuerzas de la democracia revolucionaria y el deseo de evitar una guerra civil que las enfrentase entre sí. En el comité central, Lenin y Trotski se oponían a incluir a los socialistas moderados (aunque no a los eseristas de izquierda ni a los Mencheviques-internacionalistas), ya que consideraban que iban a paralizar la acción del gobierno. No obstante, se mantuvieron de lado mientras las negociaciones tenían lugar.

La coalición estaba condenada a no suceder. Las negociaciones se rompieron al entrar en la cuestión del poder de los soviets: los Bolcheviques, así como la inmensa mayoría de los trabajadores, querían que el gobierno fuese responsable únicamente ante los soviets -esto es, un gobierno popular libre de las influencias de las clases propietarias. Los socialistas moderados, en cambio, consideraban que los soviets eran una base demasiado débil para un gobierno viable. Continuaron insistiendo, aunque disfrazadamente, en la necesidad de incluir representantes de las clases dominantes, o al menos del «estrato intermedio» que no se encontraba representado en los soviets. Ahora bien, la sociedad rusa se encontraba profundamente dividida, y estos últimos estaban alineados junto a las clases dominantes. Así mismo, los moderados rechazaban de plano cualquier gobierno con una mayoría bolchevique, incluso si los Bolcheviques habían constituido la mayoría en el Congreso de los Soviets que votó asumir todo el poder. En resumen, los moderados demandaban anular la insurrección de Octubre.

Una vez que eso quedó claro, el apoyo obrero por una coalición amplia se desvaneció. A continuación, los eseristas de izquierda, que llegaron a la misma conclusión que los obreros, formaron una coalición de gobierno junto a los Bolcheviques. Hacia finales de noviembre, un congreso nacional de campesinos, dominado por los socialrevolucionarios de izquierda, decidió fundir su comité ejecutivo junto con el CEC de diputados obreros y soldados. Esta decisión fue recibida con alivio y júbilo por los Bolcheviques y los trabajadores en general: se había alcanzado la unidad, al menos desde abajo, aunque ésta no contase con la intelligentsia de izquierdas, alineada mayoritariamente con los socialistas moderados (ahora bien, ha de resaltarse, que los Mencheviques, a diferencia de los eseristas, no se levantaron en armas contra el gobierno de los soviets).

Este es por tanto el significado del «se atrevieron», como legado de Octubre. Los Bolcheviques, como genuino partido de los trabajadores, actuó de acuerdo a la siguiente máxima: «Fais ce que dois, advienne que pourra» (Haz lo que debas, que acontezca lo que se pueda). Trostky pensaba que esta máxima debía guiar el hacer de todo revolucionario 2/ . He tratado de demostrar que este reto no se aceptó a la ligera y que los Bolcheviques no eran aventureros temerarios. Temían la guerra civil, trataron de evitarla, y si ello no fue posible, al menos trataron de limitar su severidad y ganar cierta ventaja en ella.

En un ensayo escrito en 1923, el líder Menchevique, Fedor Dan, explicó el rechazo de su partido a romper relaciones con las clases propietarias incluso después del golpe de Kornilov. El motivo era que «las clases medias», esa parte de la «democracia» que no se encontraba representada en los Soviets (Dan hace referencia a un profesor, a un cooperativista, al alcalde de Moscú,…) no iba a apoyar una ruptura con las clases propietarias – estaban convencidos de que el país era ingobernable sin ellos – ni iba a considerar, bajo ningún concepto, participar en un gobierno junto con los bolcheviques. Dan continuaba así:

«Entonces -teoréticamente- sólo quedaba un camino para una inmediata solución a la coalición [con representantes de las clases propietarias]: la formación de un gobierno en conjunto con los Bolcheviques -una que no sólo no iba a contar con la democracia que no se hallaba representada en los soviets, sino que también iría en contra de ella. Considerábamos que ese camino era inaceptable, dada la postura bolchevique de aquel periodo. Comprendimos perfectamente que adentrarse en ese camino suponía adentrarse en el camino del terror y la guerra civil; es decir, hacer todo lo que los Bolcheviques se vieron forzados posteriormente a hacer. Ninguno de nosotros sentía que podía asumir la responsabilidad de esas políticas que nacerían de un gobierno de no-coalición» 3/. La postura de Dan puede ser contrastada con la de una figura extraña de los socialistas moderados, V.B Stankevich (que había sido comisario en el frente durante el gobierno provisional). En una carta fechada en febrero de 1918 y dirigida a sus camaradas de partido, escribió: «Debemos constatar que, a estas alturas, las fuerzas del movimiento popular se encuentran del lado del nuevo régimen… «Hay dos vías abiertas a los socialistas moderados: proseguir en su lucha irreconciliable contra el gobierno, o ser una oposición pacífica, creativa y leal… ¿Pueden las viejas fuerzas dirigentes afirmar que, a día de hoy, han adquirido la experiencia suficiente para gestionar la tarea de dirigir el país, una tarea que no se ha vuelto más sencilla sino más difícil? En realidad, no tienen programa alguno que oponer al bolchevique, y una lucha sin programa no es mejor que las aventuras de los generales mejicanos. Pero es que incluso si la posibilidad de crear un programa existiese, debéis comprender que no tenéis las fuerzas para ejecutarlo. Para derrocar a los Bolcheviques necesitáis, si no es formalmente al menos de hecho, el esfuerzo unificado de todas las fuerzas opositoras, desde los eseristas hasta la extrema derecha. Pero, incluso dándose dicha condición, los Bolcheviques seguirían siendo más fuertes… «Sólo hay un camino posible: el camino del frente popular unido, del trabajo nacional unido, de la creatividad en común… «¿Mañana qué? ¿Se continúa con los intentos inútiles, sin sentido y esencialmente aventureros de tomar el poder? ¡O trabajamos en conjunto con la gente esforzándonos de forma realista a ayudar en resolver los problemas que Rusia afronta, problemas que están vinculados con la lucha pacífica en pro de principios políticos eternos, en pro de unas verdaderas bases democráticas para gobernar el país!» 4/. Dejo en manos del lector decidir qué postura tuvo más mérito. No obstante, uno puede argumentar convincentemente que el rechazo a atreverse de los socialistas moderados contribuyó al desenlace que clamaban temer. Desde octubre 1917, la Historia está repleta de ejemplos de partidos de izquierda que no se atrevieron cuando debieron hacerlo. Por ejemplo, el Partido Social Demócrata Alemán en 1918, los socialistas italianos en 1920, la izquierda española en 1936, los comunistas franceses e italianos en 1945 y 1968-69, la Unidad Popular en Chile entre 1970-73, y más recientemente Syriza en Grecia. Lo que quiero decir no es, por supuesto, que fallaron al organizar una insurrección en algún momento en particular, sino más bien que rechazaron desde el comienzo adoptar una estrategia cuyo objetivo principal fuese arrebatar el poder económico y político a la burguesía, una estrategia que requiere necesariamente, en algún momento, una ruptura revolucionaria con el Estado capitalista. A día de hoy, cuando las alternativas a las que se enfrenta la humanidad están tan polarizadas, cuando, más que nunca, las únicas opciones reales son el socialismo o la barbarie, cuando el futuro de la civilización está en juego, la izquierda debe inspirarse de Octubre. Esto significa que, a pesar de las derrotas históricas sufridas por la clase obrera y las fuerzas sociales aliadas a lo largo de las pasadas décadas, se debe denunciar como ilusorio cualquier programa que quiera restaurar el Estado de bienestar keynesiano o quiera volver a una socialdemocracia genuina. Un programa así en el capitalismo contemporáneo está condenado a fracasar y a ser un agente desmovilizador. Atreverse significa hoy desarrollar una estrategia cuyo objetivo final sea el socialismo y aceptar que ese objetivo va a implicar necesariamente, en un momento u otro, una ruptura revolucionaria con el poder económico y político de la burguesía, y junto a ellos, con el Estado capitalista. David Mandel, politólogo e historiador marxista especializado en Rusia y Ucrania, es profesor de la Universidad de Quebec en Montreal, Canadá, y editor de la revista bilingüe, en ruso e inglés, Alternatives. Es autor de The Petrograd Workers in the Russian Revolution, Brill-Haymarket, Leiden and Boston, 2017. http://www.bitacora.com.uy/auc.aspx?9411,7 Traducción:Pablo Muyo Bussac, de http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42404 Notas: 1/ K. Marx, «Afterword to the Second Edition of Capital. vol. I, International Publishers, N.Y., 1967, p. 17. 2/ Trotsky, L., My Life, Scribner, N.Y., 1930, p. 418.F. 3/ I., Dan, «K istoriiposlednykhdneiVremennogopravitel’stva, Letopis’ Russkoirevolyutsii, vol. 1, Berlin, 1923 (https://www.litres.ru/static/trials/00/17/59/00175948.a4.pdf) 4/ I.B. Orlov, «Dvaputistoyatperednimi …» Istoricheskiiarkhiv, 4, 1997, p. 79.

Entrevista a Juan Dal Maso: “Gramsci es un autor que es de todo el mundo”

 

por Brais Fernández y Victor de la Fuente

Juan Dal Maso es autor de un libro titulado El marxismo de Gramsci, públicado originalmente en Argentina y recién publicado en España. Lo entrevistamos a raíz de la presentación de su libro en Madrid Seguir leyendo Entrevista a Juan Dal Maso: “Gramsci es un autor que es de todo el mundo”

La identidad de clase del Frente Amplio y las tareas de la izquierda

por Gustavo Burgos //

Raúl Zurita, uno de los más grandes poetas chilenos vivos e insigne figura de la izquierda criolla, ha difundido una carta en la que emplaza dramáticamente al Frente Amplio a votar por Guillier el próximo 17 de diciembre: “No son sólo cuatro años, son los próximos cien años, y la lucha de ahora es decisiva, si la partida la ganan ellos, los que no queremos, no serán cuatro años, no se equivoquen. No crean que pasado este “retroceso” serán ustedes los que estarán allí para remediarlo. No repitamos el error histórico de menospreciar al verdadero enemigo. No dejen que ellos les roben a ustedes el porvenir, no permitan que nosotros, sus padres, muramos en un país gobernado por los mismos que nos diezmaron, que nos exiliaron, que nos mataron”. Conmueve Zurita, se trata de los próximos cien años y de dejar morir a los padres. Seguir leyendo La identidad de clase del Frente Amplio y las tareas de la izquierda

Y ahora ¿por quién votar?

por Osvaldo Costa

Tenemos una contienda entre los dos perdedores de la primera vuelta. Mientras, el conglomerado perdedor de la primera vuelta, ha quedado como el gran triunfador y toma distancia señalando que no da lo mismo quien gane, que Piñera es un retroceso, pero que no apoya explícitamente a Guiller, dejando en libertad de acción a sus bases para votar en conciencia. Una propuesta que tras su aparente novedad, muestra la misma política que aplicó sistemáticamente el PC durante la mal llamada transición. Todo ha cambiado para que no cambie nada. Seguir leyendo Y ahora ¿por quién votar?

La Revolución de Octubre y la guerra de las interpretaciones

por Pepe Gutiérrez-Álvarez //

1. Introducción

Estas notas se inscriben en el espacio de la “gran derrota” del “desafío soviético”, pero también en el inicio de una nueva coyuntura en la que el “pensamiento único” sobre Octubre del 17 está siendo contestado, de una réplica que se está manifestando en la propia amplitud que el centenario está logrando en muchas partes. De alguna manera, este combate por la historia está resultando como una reedición de otras “resurrecciones”, solamente que esta vez el pozo de la derrota ha sido infinitamente mayor. También sucede que después de todo lo que ha caído, la explicación del siglo ha perdido en homogeneidad y ha ganado, si acaso, en matiz, ahora ya no solamente hay debate entre las escuelas, es que cada escuela representa puntos de mira bastante diversificados Seguir leyendo La Revolución de Octubre y la guerra de las interpretaciones

Un 29 de noviembre de 1941: el fascismo asesinaba a la partisana soviética Zoya Kosmodemyanskaya, «Tania»

La joven de solo 18 años participo en sabotajes contra los jerarcas nazis y tras su arresto fue torturada. Antes de ser ahorcada por los nazis Zoya gritó: «rendíos antes de que sea tarde, podréis ahorcar a muchos de nosotros, pero nunca a 170 millones».

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Dimitri Shostakóvich, polémico

por Andrés Navarro //

La figura del compositor ruso Dimitri Shostakóvich no deja de estar de actualidad y su “presencia”, por un motivo o por otro, ocupa un lugar destacado tanto en el ámbito musical como en el cultural, ya sea por la continua programación de sus obras por orquestas, grupos de cámara o solistas, como por la publicación de libros o ensayos donde se analiza su vida y su obra y donde su contradictoria relación con el régimen soviético a lo largo de muchos años, sirve para alimentar todo tipo de reflexiones y análisis sobre la naturaleza de la creación artística en cualquiera de sus manifestaciones; sobre los propios autores y sobre la relación de estos y su libertad creativa con los condicionamientos impuestos por el poder político. (“El ruido que no cesa” es uno de los últimos libros de reciente publicación sobre este compositor

A modo de presentación, las composiciones de Shostakóvich a las que se puede acceder desde los enlaces que se incluyen en este texto son interpretadas por el Trio Ramales. Este trio compuesto por violín, violonchelo y piano es un grupo de cámara formado por alumnos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía en el año 2015. Su trayectoria musical en el presente año ha sido intensa: bajo el patrocinio de la A.I.E. (Asociación de Intérpretes y Ejecutantes) han ofrecido una serie de conciertos por diversas localidades (León, Mérida, Albacete, Ciudad Real…), han obtenido premios en los concursos en los que han participado: primer premio en el “XIV Concurso Internacional de Música de Cámara de Trasmiera” (Santander) en el mes de marzo donde interpretaron entre otras obras, los dos tríos de Shostakóvich que aquí se comentan y premio a la mejor interpretación de una obra de un compositor español en el “5º Concurso Internacional de Música de Cámara Antón García-Abril” celebrado en mayo donde interpretaron música de Turina. Cierran el año en Madrid, en el Auditorio Nacional en el ciclo “Primer Auditorio” organizado por la Fundación “Piú Mosso”.

Los tríos de Shostakóvich: Trio nº 1 en Do menor, Op. 8 y Trio nº 2 en Mi menor Op. 67

Para situar estas dos composiciones hay que señalar en primer lugar que Shostakóvich fue un compositor con una producción musical muy extensa. A lo largo de su vida (1906-1975) compuso nada menos quince sinfonías, media docena de conciertos, un elevado número de obras para música de cámara, varias óperas así como música para ballets y cine. Entre las composiciones para cámara destaca el elevado número de obras para cuartetos para cuerda, sin embargo los dos tríos son sus únicas composiciones para violín, violonchelo y piano. Estas dos obras tiene además la particularidad de estar separadas en el tiempo por más de veinte años.

Shostakóvich destacó por su gran precocidad. El trio nº 1 es claramente una obra de juventud compuesta a los 17 años, en 1923, siendo todavía estudiante del Conservatorio de San Petersburgo donde se graduaría en 1925, a los 19 años, con su “Sinfonía nº 1” estrenada con éxito. Para Shostakóvich son años de intensa actividad creadora (dos años después, en 1927, escribe su primera ópera) favorecida por el extraordinario impulso cultural que se desarrollará tras la Revolución de Octubre de 1917 y que abarcará todo tipo de actividades artísticas: pintura, música, teatro, poesía, cine… (en 1925 se estrena el “Acorazado Potemkin” de Eisenstein ) dando lugar a un conjunto de movimientos artísticos englobados en el término “vanguardia rusa” cuyo impulso se prolongará a lo largo de la década de los años veinte.

El trio nº 1 es una partitura dedicada a lo podríamos llamar su “primer amor”, la atracción sentimental que siente por una de sus amigas, Tatiana Glivenko, le lleva a componer y dedicarle esta partitura (al parecer Tatiana no correspondió al deseo de Shostakóvich de entablar relaciones con ella). Esta obra que en un primer momento fue titulada como “Poema”, consta de un sólo movimiento con forma sonata con multitud de cambios de tempo y de dinámica que separan unas secciones de otras.

El primer tema del trío comienza con un cromatismo descendente que realiza el cello en primer lugar después el violín y por último el piano y que sirve como motivo generador de temas posteriores. El carácter del inicio es misterioso e inestable desde el punto de vista armónico. Más adelante se sucede el segundo tema mucho más expresivo e íntimo. Tras un desarrollo en el que los temas escuchados durante la exposición se combinan, llegamos a la reexposición y a una coda que acaba en Do mayor con un carácter muy enérgico y apoteósico.

La actividad musical de Shostakóvich se desarrolló sin graves contratiempos en sus relaciones con el poder hasta principios de los años treinta. A raíz del estreno de su ópera “Lady Macbeth” todo cambió. A pesar del éxito que acompañó su estreno, el artículo publicado en 1936 el periódico oficial Pravda titulado: “Caos en lugar de música” provocó un cambio radical en la consideración del compositor. La obra fue rechazada y criticada por su “formalismo”, por ser “antipopular”, por caer en el “decadentismo burgués” … y a continuación fue prohibida su representación y el propio autor sufrió un sinfín de ataques acompañados por la exclusión de sus obras en representaciones y conciertos.

El rechazo a la obra de Shostakóvich tenía una justificación de carácter más general por su no adecuación a las pautas y criterios establecidos por la doctrina oficial del llamado “realismo socialista” que todos los creadores debían aceptar y asumir en su la producción intelectual y artística.

Para Shostakóvich se abre un período negro en un contexto político caracterizado por las purgas stalinistas y los procesos de Moscú que durará hasta final de la década de los treinta. En este período intensifica su actividad compositiva para grupos de cámara.

La invasión de URSS por la Alemania nazi en 1941 da un giro completo a la situación. Shostakóvich en pleno cerco de Leningrado por las tropas de Hitler (en el que participaron las tropas españolas encuadradas en la llamada “División Azul”) inicia la composición de su séptima sinfonía titulada precisamente “Leningrado” como homenaje a la resistencia del pueblo ruso frente a la invasión. Su relación con el poder cambia, llega de nuevo un amplio reconocimiento por parte de las autoridades soviética que llevan a Shostakóvich al parecer, a comentar: “….volví a la vida después de la Septima…”

Es en el año 1944 cuando compone el segundo trio que comentamos, en este caso la motivación para esta composición es radicalmente distinta. Este trio está dedicado a la memoria de su amigo Iván Sollertinsky fallecido en dicho año. La importancia de Sollertinsky en la vida de Shostahóvich queda patente en este párrafo de la carta que le envía a su viuda:

«Querida Olga Pantaleimonovna, no puedo expresar con palabras el dolor que he sentido al recibirla noticia de la muerte de Iván Ivanovich. Iván Ivanovich era mi amigo más íntimo y querido. A él debo toda mi educación. Para mí será increíblemente duro vivir sin él. Los tiempos nos apartaron, y en estos últimos años no tuve la oportunidad de verle o de hablar con él a menudo. Pero siempre tuve el convencimiento de que Iván Ivanovich, con su mente privilegiada, su claridad de ideas y su incombustible energía, estaba cerca de mí. Su ausencia es desde ahora un golpe muy amargo…”

Sollertinsky, musicólogo y hombre de vasta cultura al parecer influyó de manera notable en la formación, no solo musical, de Shostakóvich.

En este trio el primer movimiento “Andante”, trasmite en general una sensación de tristeza y desolación y lo refleja de una forma muy peculiar. Al inicio esta sensación se transmite con armónicos para el cello, que se desarrolla a lo largo del movimiento en un denso movimiento muy rico en el aspecto polifónico y en el contrapunto, empleando la fuga en algunas ocasiones.

El segundo movimiento “Allegro ma non troppo”, marcatissimo, pesante, es el movimiento técnicamente más difícil para los tres instrumentos. Las indicaciones metronímicas de Shostakóvich son imposibles de seguir y todas las interpretaciones se realizan de un modo más lento de lo que está indicado en la partitura.

El tercer movimiento “Largo”, es el más profundo en cuanto a emoción se refiere. El piano repite una serie de acordes sobre los que el violín y el cello van desarrollando la melodía y en algunos casos dialogan entre sí. El carácter de este movimiento es muy dramático.

Para finalizar Shostakóvich escribe un “Alegretto” en estilo de la música folclórica judía y con temas que utiliza en el primer movimiento de su famoso cuarteto nº 8 Op. 110. Tras la reaparición del tema inicial del primer movimiento con un carácter muy distinto al que apareció al principio. El trio acaba con un Adagio intenso que congela el ambiente.

En sus relaciones con el poder, la trayectoria musical y vital de Shostakóvich tras la segunda guerra mundial, de nuevo estuvo jalonada por distintos períodos de conflicto y de distensión. En este último caso la distensión se produjo tras la muerte de muerte de Stalin en 1953. (En 1960 ingresó en el Partido Comunista).

Esta trayectoria ha dado pie a distintas interpretaciones y valoraciones sobre su actitud ante el poder, sobre si se mantuvo siempre fiel a sus convicciones y combatió por la libertad creadora a pesar de las difíciles condiciones en las que llevó a cabo su obra o si cedió en ocasiones a las imposiciones y presiones del poder para sobrevivir a la represión del aparato estalinista.

En cualquier caso al margen de estas posibles y diferenciadas visiones, no cabe ninguna duda de que Shostakóvich es uno de los grandes, uno de los más importantes compositores del siglo XX y que su obra ofrece un océano de posibilidades para el disfrute musical.

 

El socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética 1917-1991

por Roger Keeran  y Thomas Kenny //

Este libro trata del colapso de la Unión Soviética y de su significado para el siglo XXI. La magnitud de la debacle dio lugar a declaraciones extravagantes por parte de los políticos de derechas. Para ellos, el colapso quería decir que la Guerra Fría había terminado y que el capitalismo había ganado. Significaba «el fin de la historia». De ahí en adelante, el capitalismo iba a representar la forma más elevada, la cumbre, de la evolución económica y política. La mayoría de los que simpatizaban con el proyecto soviético no compartían este triunfalismo de derechas. Para estas personas, el colapso soviético tuvo consecuencias decisivas, pero no alteró la utilidad del marxismo para comprender un mundo que se formaba, más que nunca, a través del conflicto de clases y las luchas de los colectivos oprimidos contra el poder corporativo, ni hizo tambalear los valores y el compromiso de los que estaban de parte de los trabajadores, los sindicatos, las minorías, la liberación nacional, la paz, las mujeres, el medio ambiente y los derechos humanos. A pesar de todo, lo que le había ocurrido al socialismo representaba tanto un desafío teórico al marxismo como un desafío práctico con respecto a las posibilidades futuras de las luchas anticapitalistas y del socialismo. Seguir leyendo El socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética 1917-1991

Segunda vuelta electoral: Chile en la hora de la Izquierda

por Gustavo Burgos //

Pocas veces -no ocurría desde el Plebiscito de 1988- un acto electoral acompaña con tanta claridad el desarrollo de la lucha de clases, actuando como un catalizador de las fuerzas en pugna. En efecto, el proceso electoral en el que nos encontramos inmersos da cuenta de este hecho: un simple cambio en el sistema electoral originó un cambio en la composición del Congreso el cual comienza a reflejar de forma menos distorsionada que antes, la fuerza electoral de los partidos políticos legales. Así, cualquiera sea el resultado de la segunda vuelta el próximo 17 de diciembre, la derecha –oficialmente- es minoría en el parlamento. Seguir leyendo Segunda vuelta electoral: Chile en la hora de la Izquierda

Lenin: cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial

Informe pronunciado ante el IV Congreso de la Internacional Comunista el 13 de noviembre de 1922

Camaradas: En la lista de oradores figuro como el informante principal, pero comprenderéis que, después de mi larga enfermedad, no estoy en condiciones de pronunciar un informe amplio. No podré hacer más que una introducción a los problemas de más importancia. Mi tema será muy limitado. El tema Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial es demasiado amplio y grandioso para que pueda agotarlo un solo orador y en un solo discurso. Seguir leyendo Lenin: cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial

El discurso final de Allende y la revolución proletaria: Reforma o Revolución.

por Gustavo Burgos//

No debemos amar a los hombres, sino a la llama que no es humana y que los hace arder. No debemos luchar por la humanidad, sino por la llama que transforma en fuego a esta paja húmeda, inquieta, ridícula, a la que llamamos Humanidad.

Nikos Kazantzakis

El 11 de septiembre de 1973 no sólo tuvo lugar la más profunda derrota sufrida por el proletariado y los explotados de Chile, una derrota arquetípica, como la alemana del 23 o la española que culmina con el franquismo. Ese día culminó, además, la colisión entre la política reformista, de la vía pacífica (chilena) al Socialismo y los requerimientos históricos de la revolución proletaria: el choque abierto entre reforma y revolución. Seguir leyendo El discurso final de Allende y la revolución proletaria: Reforma o Revolución.

Colombia: El partido político de las FARC será democratizante desde su nacimiento

El diario El Espectador de Colombia publicó un artículo haciendo referencias al documento denominado con pretensión “tesis de abril” ya que recuerda obligadamente las famosas tesis de Lenin de 1917. También Página 12 de Argentina publicó un artículo similar.

Es de importancia conseguir el texto completo para hacer una valoración precisa de todos sus planteos. Pero ya podemos anticipar algunos comentarios partiendo de los extractos publicados. Se trata de las tesis preparatorias del Congreso fundacional del partido de las Farc.

No es una organización cualquiera, ha tenido influencia de décadas en Colombia (54 años) y en todo Latinoamérica, se trata de una de las organizaciones guerrilleras más antiguas del continente.

Hubiéramos querido tener la oportunidad de debatir directamente con los compañeros este documento ya que las cuestiones que abarca son de interés estratégico para la clase obrera del Continente.

No hay citas que hagan referencia al balance de su experiencia de tantas décadas, que es fundamental debatir. Para entender las razones de su derrota política, antes que militar. Para evitar que vuelvan a ser derrotados, ahora por las ilusiones en las vías legales, porque las consecuencias serán nefastas.

Las tesis están siendo discutidas, por casi “8.000 hombres en armas en los 26 territorios transitorios de normalización”, en las zonas veredales y puntos de normalización, expuestas por los comandantes políticos, y estudiadas por grupos o células según instrucción del Secretariado.

Según se dice, es el trabajo preparatorio para las asam- bleas que se están llevando a cabo desde mayo, para en agosto convertirlas en principios de su nuevo partido polí- tico. Las tesis serían continuidad de lo acordado en la últi- ma Conferencia en 2016, en los Llanos del Yarí.

Los periodistas interpretan que se señalan las ideas que los conducirán al poder, dicen, esta vez por la vía legalesperanza de miles de mujeres y hombres que han dejado de disparar para soñar un país sin guerra y luchar por él en el terreno político. Así, paso a paso, cada amanecer trae nuevas tesis, nuevas dudas, pero también renovados compromisos de los ex combatientes con una sociedad futura sin guerra.

El documento afirma que EL PARTIDO SE FUNDA- MENTARÁ EN “EL MARXISMO, EL LENINISMO, el pensamiento emancipatorio bolivariano y en general, en las fuentes del pensamiento crítico y revolucionario de los pueblos”.

Eso puede leerse en la tesis 47 que detalla, además, que “la construcción partidaria que iniciamos, al tiempo que da continuidad a nuestra larga trayectoria de lucha y a nuestra ideología (…) deberá comprender esfuerzos por nuevos desarrollos que posibiliten ganar el corazón de los humil des, los expropiados y los desposeídos”.

No es suficiente definirse marx-leninista para serlo real- mente, pero muestra una definición ideológica de gran importancia, ya que de ella reniega hoy gran parte de la izquierda.

Algunos aspectos centrales que definen la orientación ideológica marx-leninista son: a) definir con la mayor precisión el objetivo estratégico: el socialismo, el comunismo, la dictadura del proletariado (gobierno obrero-campesino) (porque corresponde a la definición del Estado por su con- tenido de clase), la destrucción del Estado burgués; b) la única vía para alcanzar ese objetivo estratégico es la revolución social, (no hay ninguna otra vía); c) para que esa revolución social sea realmente popular, la clase obrera debe dirigir al resto de los oprimidos, a la mayoría de la población; d) se debe definir que los principales medios de producción serán expropiados y puestos en funcionamiento bajo control colectivo de los trabajadores, que se realizará una revolución agraria; e) lo que corresponde con estos principios es la construcción de un partido obrero, comunista, basado en el centralismo democrático, un verdadero estado mayor de la clase obrera; f) propagandizar permanentemente la desconfianza en las instituciones del Estado burgués, sus leyes, su Justicia, las elecciones; g) señalar que la burguesía es incapaz de resolver las tareas democráticas y nacionales, que sólo la clase obrera en el poder podrá resolver esas tareas combinándolas con las tareas socialistas; etc.

Estas cuestiones vitales, nos parece que aparecen difusas en los textos que se conocen del documento.

Por ejemplo, cuando se dice en la nota: “Campesinos en su mayoría con escasos años de escolaridad hacen parte de las filas guerrilleras convencidos y comprometidos con lo que sus comandantes les han dicho: que la dejación de armas no es el fin de su lucha revolucionaria sino una transición para continuar su camino al poder ahora por la vía política.”

Este comentario aparece contradictorio. El camino al poder para la clase obrera, para los campesinos, para la mayoría oprimida, es la revolución social. No hay otra vía para alcanzar el poder. La historia nos ha dado numerosos ejemplos en este sentido.

¿Cómo debe entenderse la idea de la vía política? ¿Como un camino electoral, parlamentario, pacífico? Si así fuera sería el abandono de toda perspectiva revolucionaria.

UN PARTIDO PARA LOS TRABAJADORES

Según el documento conocido por GeneracionPaz.Co las Farc se proponen fundar un partido “que logre representar y expresar las aspiraciones históricas de la clase tra- bajadora en los centros urbanos y las zonas rurales”. Las aspiraciones de la guerrilla van incluso hasta conquistar a la clase media. En la tesis 47 se lee que “además de ser un partido de la clase trabajadora, nuestro partido deberá tener la capacidad de dialogar con otros sectores de la población particularmente de las llamadas capas medias e interpretar sus intereses y aspiraciones. En ese sentido, su estructura, manteniendo la solidez y coherencia debidas, deberá contener una capacidad adaptativa a los cambios que registre la formación socioeconómica y sociopolítica en su conjunto a fin de preservar sus posibilidades de respuesta y de elaboración de su línea polí- tica en la búsqueda de sus propósitos del orden táctico y estratégico”.

“la situación de la clase trabajadora demanda una alternativa política que contribuya a mejorar sus vidas presentes, al tiempo que ofrece perspectiva histórica de cara a las futuras generaciones”.

La construcción del partido, dicen las Farc, debe estar basada en “el ejercicio pleno de la democracia interna” el cual “construirá sus decisiones basado en la más amplia deliberación y tomará decisiones que comprometiendo al conjunto de la organización establecerán reglas de reco- nocimiento y regulación frente a quienes se encuentran en posición minoritaria”

…. principios para continuar su transformación de ejército ilegal a partido político.

De la tesis 46 a la 61, la final, se profundiza sobre la comprensión del partido “en el nodo del campo revolucionario”. La tesis 48, por ejemplo, se titula “un partido para la superación del orden social capitalista y la construcción de una nueva sociedad” y más adelante se refieren al comunismo como fundamento de su futura lucha política sin armas.

Esta es una cuestión esencial, aparecen planteadas muchas ideas.

cuando dice “un partido para la superación del orden so- cial capitalista y la construcción de una nueva sociedad” y más adelante se refieren al comunismo como fundamento de su futura lucha política sin armas.

Aparece confusamente la cuestión estratégica, lo que indicaría que no hay un balance correcto de la experiencia guerrillera. No hay, ni puede haber, superación del orden social capitalista por medios pacíficos. Hay que decirlo con total claridad para evitar confundir o engañar a la militancia. Sólo se puede superar el orden social capitalista por medio de una revolución social, que expropie a los grandes capitalistas y transforme su propiedad en propiedad social (de todos en general y de nadie en particular).

Mucho menos se puede alcanzar el comunismo si previa- mente no hemos derrotado al capitalismo en todo el mundo, por la única vía posible. La lucha política no se divide en lucha con armas o sin armas. Se puede luchar con armas por un programa reformista o nacionalista y no por eso son revolucionarios.

Lo que define el carácter revolucionario es su programa, su estrategia de poder, cómo hace para ganarse a todos los oprimidos para esa estrategia, es decir cómo fusiona la teoría y la práctica. Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria (Lenin).

La cuestión de las armas no se resuelve al margen de la lucha de clases, de la madurez política de la clase obrera y las masas. Las armas en sí mismas no son un programa, aunque pueden encubrir la ausencia de un programa revolucionario. Por el contrario, aquellos que reniegan de las armas, que reniegan de la violencia revolucionaria y se pontifican como pacifistas y partidarios de la legalidad burguesa, sabemos desde el principio que rechazan la estrategia de la revolución social, aunque no lo digan explícitamente.

La expresión “clase trabajadora” “partido de trabajadores” es ambigua. Es un tema delicado cuando se está debatiendo la constitución de un partido revolucionario por parte de miles de combatientes.

El partido que hay que construir en Colombia, y (en cada uno de nuestros países), es el partido revolucionario, el que encarne la estrategia. Un verdadero partido de clase, obrero, comunista.

El término trabajador incluye a sectores de las clases medias asalariadas, que trabajan, que perciben un salario, pero que no son obreros. Trabajador se considera también el artesano, el comerciante, el pequeño productor, que trabaja. Y hasta sectores de la burguesía pequeña que se considera trabajadora, y por supuesto también la clase obrera, es par- te de esa definición, sea de la ciudad o del campo. El obrero rural es hermano de clase directo del obrero urbano.

Como vemos el término “trabajador” incluye sectores de distintas clases y capas de la sociedad que no son obreras.

Esto no quiere decir que en su composición haya sólo obreros, quiere decir que el contenido de clase de ese partido no deja lugar a dudas, que su perspectiva política no puede ser otra que la lucha por el poder para destruir el Estado de la burguesía, instaurar la dictadura del proletariado, para comenzar a construir la nueva sociedad.

Esta no es la perspectiva de la pequeñaburguesía, de las clases medias del campo y de la ciudad, que tienen ataduras con el régimen de la propiedad privada, porque ellas mismas aspiran a tenerla o incrementarla.

Es muy saludable la preocupación por construir un partido y no un movimiento.

Esto se nota cuando se preocupan por la organización, por el debate interno, el centralismo, y cómo garantizar los derechos de las minorías dentro de la organización. Lo que asegura la mayor cohesión interna es el programa partida- rio. El partido es el programa. Lo esencial en este período es definir el programa, sus lineamientos principales.

Cuando habla de “… contener una capacidad adaptativa a los cambios que registre la formación socioeconómica y sociopolítica en su conjunto a fin de preservar sus posibilidades…”

La formación socioeconómica no modificará su estructura bajo el capitalismo, Colombia seguirá siendo semicolonia del imperialismo, atrasada y de desarrollo desigual y combinado hasta la toma del poder por el proletariado, que empezará a transformar la sociedad desarrollando las fuerzas productivas, llevando adelante las tareas que la burguesía no pudo, no supo y no quiso llevar adelante.

El proyecto de unidad latinoamericana que planteaba Bolívar solo podrá materializarse en los Estados Unidos Socialistas de América Latina, producto de las revoluciones triunfantes en nuestros países. Las recientes experiencias de unidad latinoamericana en manos de corrientes que defienden el orden capitalista han fracasado o han terminado sirviendo a los intereses de las multinacionales.

En cuanto a las modificaciones sociopolíticas, el partido efectivamente debe poder adaptarse a los períodos de legalidad para hacer propaganda, y avanzar con su penetración en los movimientos de masas y también poder adaptarse a los momentos de mayor represión, para mantener en pie la estructura del partido. Esto se garantiza con la cohesión programática, la disciplina, la politización de todos los militantes.

Destacan en el documento “la necesidad de avanzar hacia una convergencia nacional, un gobierno nacional” y resaltan la necesidad de crear “un bloque popular alternativo”.

El documento se denomina “Tesis de Abril por un partido para construir la paz y la perspectiva democrática popular”

En este punto, la guerrilla es enfática en resaltar la cultura como escenario fundamental para la paz. En la tesis 22 “El papel central de la cultura” las Farc afirman que: “Se está frente a la perspectiva de emprender la transformación cultural más importante de la historia reciente: la construcción de una paz estable y duradera de cara a las generaciones futuras”. Luego, en el siguiente bloque “Acompañamiento internacional verificación y participación social” se incluye una tesis sobre el reconocimiento del gobierno de Donald Trump, en EE.UU., al acuerdo de paz.

El sexto y último capítulo está titulado “Transición Política y gobierno de transición”. Y sus artículos los ratifican:

Tesis 57. El gobierno de transición como necesidad de la transición política; Tesis 58. Naturaleza del gobierno de transición; Tesis 59. Contenidos básicos de un programa

de gobierno de transición; Tesis 60. La base política y social para un gobierno de transición; Tesis 61. Posibilidades de ampliación de la base política y social del gobierno de transición.

El “gobierno de transición” será un gobierno burgués si se basa en el respeto a la propiedad privada de los principales medios de producción y en la explotación del trabajo. Insistimos, el punto de partida para comenzar a construir el socialismo es terminar con la burguesía y su Estado por medio de la revolución social.

Es necesario desarrollar este tema, ¿convergencia con quién? ¿con qué sectores?, ¿para desarrollar qué política? No hay que colaborar con ningún partido burgués, ni con el Gobierno. Ni participar en gobiernos con sectores burgueses. Es contradictorio con desarrollar una política que cuestione la democracia burguesa y el régimen de propiedad.

“Perspectiva democrática popular” No hay etapas en la revolución. Para realizar las tareas democráticas y conquistar una verdadera democracia, hay que hacer una revolución social. La burguesía de nuestros países es una clase que se ha entrelazado con los terratenientes, con el capital financiero, y ha renunciado a las tareas que le hubieran correspondido, eso es irreversible. Las masas conquistarán la democracia cuando se apoderen de todos los medios de producción, cuando puedan decidir sobre ellos, cuando se autogobiernen, cuando construyan sus propias organiza- ciones de masas.

“Bloque popular alternativo”, lo mismo, ¿a quien va dirigido este planteamiento? cualquier acuerdo político tiene que incluir cuestiones estratégicas y debe aparecer la política revolucionaria, de la clase obrera. De lo contrario, como enseña la historia, esos bloques son dirigidos por la burguesía o la pequeño-burguesía.

Estas expresiones, “bloque popular alternativo” y “perspectiva democrática popular” no son originales, no provienen del marx-leninismo, por el contrario, su origen debe encontrarse en el revisionismo, en el stalinismo (de cuño castrista o maoísta). Son contrarias a la formulación de gobierno obrero-campesino, (dictadura del proletariado).

“Construir la paz”, “la construcción de una paz estable y duradera” es imposible mientras el imperialismo y el gran capital mantengan la dominación sobre nuestros países. Cuando el régimen burgués no logra contener a las masas dentro de su legalidad apela a la represión, más violenta cuanto más radicales son los movimientos. Es una ilusión peligrosa pensar que se puede alcanzar la paz en una época de descomposición avanzada del capitalismo, donde predominan las tendencias a la guerra, a la imposición violenta de las políticas del imperialismo.

El documento es coherente con su entrega de las armas, aunque introduce análisis correctos de la realidad, no acierta en precisar cuál es su política, su estrategia, lo cual desembocará, si no se corrige a tiempo, en una nueva derrota política para su militancia, ya que el nuevo partido será democratizante.

 

(artículo de Comité de Enlace por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional, CERCI)

 

León Trotsky:Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundia

Publicamos este manifiesto en conmemoración al luctuoso asesinato del último de los clásicos del marxismo, León Trotsky. Un 20 de agosto de 1940, México, Coyoacán, el líder bolchevique, el militante, el teórico y el genio militar, caía asesinado por el stalinismo contrarrevolucionario. Trotsky -como todo revolucionario- muere en su ley y precisamente por eso, le recordamos con un texto profético, de mayo de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, en cuyas líneas se anticipa la post guerra que en muchos sentidos seguimos viviendo hoy. Honor y gloria, hasta el socialismo, siempre!!!
EP
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Documental: Tomé, memoria obrera.

Documental realizado por José Burgos, documentalista audiovisual del taller audiovisual Llalliypacha, producción inserto en el género de la memoria histórica, realizado entre el año 2012 y 2014. editado en el 2015.

Le damos las gracias por la motivación , los contactos y el tremendo apoyo moral del compañero Hector Coloma quien nos habló y nos hizo interesar en este importante proceso histórico y social de gran significancia en los años en que Chile vivió cambios profundos en el período de 1970 a 1973 proceso encabezado por el doctor Salvador Allende. Este documental fue autogestionado integralmente, no se recibió apoyo económico de ONGs o alguna institución del estado, ni de particulares.

Lo invitamos a conocer este documental.

 

León Trotsky: Su moral y la nuestra

1.- EMANACIONES DE MORAL

En épocas de reacción triunfante, los señores demócratas, socialdemócratas, anarquistas y otros representantes de la izquierda se ponen a desprender, en doble cantidad, emanaciones de moral, del mismo modo que transpiran doblemente las gentes cuando tienen miedo. Al repetir, a su manera, los Diez Mandamientos o el Sermón de la Montaña, esos moralistas se dirigen, no tanto a la reacción triunfante, cuanto a los revolucionarios perseguidos por ella, quienes, con sus «excesos» y con sus principios «amorales», «provocan» a la reacción y le proporcionan una justificación moral. Seguir leyendo León Trotsky: Su moral y la nuestra

León Trotsky: Las Tácticas del Frente Único

I. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL FRENTE ÚNICO

 

1.- La tarea del Partido Comunista es la de dirigir la revolución proletaria. A fin de orientar al proletariado hacia la conquista directa del poder, el Partido Comunista debe basarse en la predominante mayoría de la clase trabajadora.

En tanto el Partido no cuente con esa mayoría, debe luchar para lograrla.

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La unidad de los revolucionarios y la revolución proletaria (2001)

por Gustavo Burgos //

           La evolución de la crisis del régimen político nos muestra con claridad tres cuestiones: que la burguesía chilena atraviesa un proceso terminal de entrega al imperialismo, en el cual no puede sino profundizar su entrega a los monopolios transnacionales; que, este mismo proceso de sumisión al imperialismo motoriza las “iniciativas políticas” más elementales, como las reformas laborales, el avance también terminal de las privatizaciones e inclusive la presión sobre Pinochet; y, finalmente, que en este marco todas estas cabriolas de la burguesía se hacen posible exclusivamente, por la falta de una dirección revolucionaria de los explotados y por la política entreguista y democratizante de la principal referencia política de izquierda, el PC. Seguir leyendo La unidad de los revolucionarios y la revolución proletaria (2001)

Inversiones del PS: el hundimiento del ideario socialdemócrata

por Gustavo Burgos//

Ponemos término a una época. Se repite insistentemente, una catástrofe azota a la izquierda tradicional chilena y la hunde de forma irremisible. La prolongada reacción democrática con la que el régimen viene conteniendo el accionar de las masas, ha terminado en la descomposición de sus partidos, poniendo en evidencia el carácter patronal, burgués de nuestra democracia y república. Seguir leyendo Inversiones del PS: el hundimiento del ideario socialdemócrata

Trotsky: El proletariado y los campesinos

// Capítulo III de la Historia de la Revolución Rusa//

El proletariado ruso había de dar sus primeros pasos bajo las condiciones políticas de un Estado despótico. Las huelgas ilegales, las organizaciones subterráneas, las proclamas clandestinas, las manifestaciones en las calles, los choques con la policía y las tropas del ejército: tal fue su escuela, fruto del cruce de las condiciones del capitalismo que se desarrollaban rápidamente y el absolutismo que iba evacuando poco a poco sus posiciones. El apelotonamiento de los obreros en fábricas gigantescas, el carácter concentrado del yugo del Estado y, finalmente, el ardor combativo de un proletariado joven y lozano, hicieron que las huelgas políticas, tan raras en Occidente, se convirtiesen allí en un método fundamental de lucha. Las cifras relativas a las huelgas planteadas en Rusia desde primeros de siglo actual son el índice más elocuente que acusa la historia política de aquel país. Y aun siendo nuestro propósito no recargar el texto de este libro con cifras, no podemos renunciar a reproducir las que se refieren a las huelgas políticas desatadas en el período que va de 1903 a 1917. Nuestros datos, reducidos a su más simple expresión, se contraen a las empresas sometidas a la inspección de fábricas. Dejamos a un lado los ferrocarriles, la industria minera, el artesano y las pequeñas empresas en general, y, mucho más naturalmente, la agricultura, por diversas razones en que no hay para qué entrar. Con esto no pierden el menor relieve los cambios que acusa la curva de huelgas durante ese período.

Huelgas políticas

Años Número de huelguistas
1903 87.000 (1)
1904 25.000 (1)
1905 1.843.000
1906 651.000
1907 540.000
1908 93.000
1909 8.000
1910 4.000
1911 8.000
1912 550.000
1913 502.000
1914 (primera mitad) 1.059.000
1915 156.000
1916 310.000
1917 (enero-febrero) 575.000
Nos hallamos ante la curva, única en su género, de la temperatura política de un país que albergue en sus entrañas una gran revolución. En un país rezagado y con un proletariado reducido -el censo de obreros de las empresas sometidas a la inspección fabril pasa de millón y medio de obreros en 1905, y unos dos millones en 1917- nos encontramos con un movimiento huelguístico que alcanza proporciones desconocidas hasta entonces en ningún otro país del mundo. Frente a la debilidad de la democracia pequeñoburguesa y a la atomización y ceguera política del movimiento campesino, la huelga obrera revolucionaria es el ariete que la nación, en el momento de su despertar, descarga contra las murallas del absolutismo. Nos bastaría fijarnos en la cifra de 1.843.000 huelguistas políticos de 1905 -claro está que los obreros que tomaron parte en más de una huelga figuran en esta estadística por diferentes conceptos- para poner el dedo a ciegas en el año de la revolución, aunque no tuviéramos más dato que éste sobre el calendario político de Rusia.

En 1904, primer año de la guerra ruso-japonesa, la inspección de fábricas no señalaba más que 25.000 huelguistas en todo el país. En 1905, el número de obreros que toman parte en las huelgas políticas y económicas en conjunto asciende a 2.863.000, ciento quince veces más que en el año anterior. Este salto sorprendente induce por sí mismo a pensar que el proletariado, a quien la marcha de los acontecimientos obligó a improvisar una actividad revolucionaria tan inaudita, tenía que sacar a toda costa de su seno una organización que respondiera a las proporciones de la lucha y a la grandiosidad de los fines perseguidos: esta organización fueron los soviets, creados por la primera revolución y que no tardaron en convertirse en órganos de la huelga general y de la lucha por el poder, tardaron en convertirse en órganos de la huelga general y de la lucha por el poder.

Derrotado en el alzamiento de diciembre de 1905, el proletariado pasa dos años -años que, si bien viven todavía el impulso revolucionario como la estadística de huelgas revela, son ya, a pesar de todo, años de reflujo- haciendo esfuerzos heroicos por mantener una parte, al menos, de las posiciones conquistadas. Los cuatro años que siguen (1908-1911) se reflejan en el espejo de la estadística e huelgas como años de contrarrevolución triunfante. Coincidiendo con ésta, la crisis industrial viene a desgastar todavía más el proletariado, exangüe ya de suyo. La hondura de la caída es proporcional a la altura que había alcanzado el movimiento ascensional. Las convulsiones de la nación tienen su reflejo en estas cifras.

El período de prosperidad industrial que se inicia en el año 1910 pone otra vez en pie a los obreros e imprime nuevo impulso a sus energías. Las cifras de 1913-1914 repiten casi los datos de 1905-1907, sólo que en un orden inverso: ahora, el movimiento no tiende a remitir, sino que va en ascenso. Comienza la nueva ofensiva revolucionaria sobre bases históricas más altas: esta vez, el número de obreros es mayor, y mayor también su experiencia. Los seis primeros meses de 1914 pueden equipararse casi, por el número de huelguistas políticos, al año de apogeo de la primera revolución. Pero se desencadena la guerra y trunca bruscamente este proceso. Los primeros meses de la guerra se caracterizan por la inactividad política de la clase obrera. Pero el estancamiento empieza ya a ceder en la primavera de 1915, y se abre un nuevo ciclo de huelgas políticas que, en febrero de 1917, produce la explosión del alzamiento de los obreros y los soldados.

Estos flujos y reflujos bruscos de la lucha de masas hacen que el proletariado ruso parezca cambiar de filosofía en el transcurso de unos cuantos años. Fábricas que dos o tres años antes se lanzaban unánimemente a la huelga con motivo de cualquier acto de arbitrariedad policíaca pierden de pronto su empuje revolucionario y dejan sin respuesta los crímenes más monstruosos del poder. Las grandes derrotas producen un abatimiento prolongado. Los militantes revolucionarios pierden autoridad sobre las masas. En la conciencia de éstas vuelven a aflorar los viejos prejuicios y las supersticiones aún no esfumadas. Al mismo tiempo, la penetración de los elementos grises procedentes del campo en las filas obreras hacen que se destiña -por decirlo así- el carácter de clase de ésta. Los escépticos menean irónicamente la cabeza. Tal fue lo que aconteció en los años 1907 a 1911. Pero los procesos moleculares se encargan de curar en las masas las lesiones síquicas. Un nuevo giro de los acontecimientos o un impulso económico subterráneo abre un nuevo ciclo político. Los elementos revolucionarios vuelven a encontrar quien les preste oídos, y la lucha se enciende de nuevo y con mayores bríos.

Para comprender las dos tendencias principales en que se escinde la clase obrera rusa, conviene no olvidar que el menchevismo cobra su forma definida durante los años de reacción y reflujo, apoyado principalmente en el reducido sector de obreros que habían roto con la revolución, mientras que el bolchevismo, sañudamente perseguido durante el período de la reacción, resurge enseguida sobre la espuma de la nueva oleada revolucionaria en los años que preceden inmediatamente a la guerra. «Los elementos, las organizaciones y los hombres que rodean a Lenin son los más enérgicos, los más audaces y los más capacitados para la lucha sin desmayo, la resistencia y la organización permanentes»; así juzgaba el Departamento de policía la labor de los bolcheviques durante los años que preceden a la guerra.

En julio de 1914, cuando los diplomáticos clavaban los últimos clavos en la cruz destinada a la crucifixión de Europa, Petrogrado hervía como una caldera revolucionaria. El presidente de la República francesa, Poincaré, depositó su corona sobre la tumba de Alejandro III en el mismo momento en que resonaban en las calles los últimos ecos de la lucha y los primeros gritos de las manifestaciones patrióticas.

¿Cabe pensar que, al no haberse declarado la guerra, el movimiento ofensivo de las masas que venía creciendo desde 1912 a 1914 hubiera determinado directamente el derrocamiento del zarismo? No podemos contestar de un modo categórico a esta pregunta. No hay duda que el proceso conducía inexorablemente a la revolución. Pero ¿por qué etapas hubiera tenido ésta que pasar? ¿No le estaría reservada una nueva derrota? ¿Qué tiempo hubieran necesitado los obreros para poner en pie a los campesinos y adueñarse del ejército? No puede decirse. En estas cosas, no cabe más que la hipótesis. Lo cierto es que la guerra marcó en un principio un paso atrás, para luego, en la fase siguiente, acelerar el proceso y asegurarle una victoria aplastante.

El movimiento revolucionario se paralizó al primer redoble de los tambores guerreros. Los elementos obreros más activos fueron movilizados. Los militantes revolucionarios fueron trasladados de las fábricas al frente. Toda declaración de huelga era severamente castigada. La prensa obrera fue suprimida; los sindicatos estrangulados. En las fábricas entraron cientos de miles de mujeres, de jóvenes, de campesinos. Políticamente, la guerra, unida a la bancarrota de la Internacional, desorientó extraordinariamente a las masas y permitió a la dirección de las fábricas, que había levantado cabeza, hablar patrióticamente en nombre de la industria, arrastrando consigo a una parte considerable de los obreros y obligando a los más audaces y decididos a adoptar una actitud expectante. La idea revolucionaria había ido a refugiarse en grupos pequeños y silenciosos. En las fábricas, nadie se atrevía a llamarse bolchevique, sí no quería verse al punto detenido e incluso apaleado por los obreros más retrógrados.

En el momento de estallar la guerra, la fracción bolchevique de la Duma, foja por las personas que la componían, no estuvo a la altura de las circunstancias. Se juntó a los diputados mencheviques para formular una declaración en la que se comprometía a «defender los bienes culturales del pueblo contra todo atentado, viniera de donde viniese». La Duma subrayó con aplausos aquella capitulación. No hubo entre todas las organizaciones y grupos del partido que actuaban en Rusia ni uno solo que abrazase la posición claramente derrotista que Lenin mantenía desde el extranjero. Sin embargo, entre los bolcheviques, el número de patriotas era insignificante: muy al contrario de lo que hicieron los narodniki y mencheviques, los bolcheviques empezaron ya en el año 1914 a agitar entre las masas de palabra y por escrito contra la guerra. Los diputados de la Duma se rehicieron pronto de su desconcierto y reanudaron la labor revolucionaria, de la cual se hallaba perfectamente informado el gobierno, gracias a su red extensísima de confidentes. Baste con decir que, de los siete miembros que componían el Comité petersburgués del partido en vísperas de la guerra, tres estaban al servicio de la policía. El zarismo gustaba, como se ve, e jugar al escondite con la evolución. En noviembre fueron detenidos los diputados bolcheviques y empezó la represión contra el partido por todo el país. En febrero de 1915, la fracción parlamentaria compareció ante los tribunales. Los diputados mantuvieron una actitud prudente. Kámenev, el inspirador teórico de la fracción, se desentendió, al igual que Petrovski, actual presidente del Comité Central Ejecutivo de Ucrania, de la posición derrotista de Lenin. Y el Departamento de policía pudo comprobar con satisfacción que la rigurosa sentencia dictada contra los diputados bolcheviques no provocaba el menor movimiento de protesta entre los obreros.

Parecía como si la guerra hubiera cambiado a la clase trabajadora. Hasta cierto punto, así era: en Petrogrado, la composición de la masa obrera se renovó casi en un 40 por 100. La continuidad revolucionaria se vio bruscamente interrumpida. Todo lo anterior a la guerra, incluyendo la fracción bolchevique de la Duma, pasó de golpe a segundo término y cayó casi en el olvido. Pero, bajo esta capa aparente y precaria de tranquilidad, patriotismo y hasta en parte de monarquismo, en el seno de las masas se incubaba una nueva explosión.

En agosto de 1915, los ministros zaristas se comunican unos a otros que los obreros «acechan por todas partes,, venteando traiciones y sabotajes en favor de los alemanes, y se entregan celosamente a la busca y captura de los culpables de nuestros fracasos en el frente». En efecto, durante este período, la crítica de las masas que empieza a resurgir se apoya, en parte sinceramente y en parte adoptando ese tinte protector, en la «defensa de la patria». Pero esta idea no era más que el punto de partida. El descontento obrero va echando raíces cada vez más profunda, sella los labios de los capataces, de los obreros reaccionarios y de los adulones de los patronos, y permite volver a levantar cabeza a los bolcheviques.

Las masas pasan de la crítica a la acción. Su indignación se traduce principalmente en los desórdenes producidos por la escasez de subsistencias, desórdenes que, en algunos sitios, toman la forma de verdaderos motines. Las mujeres, los viejos y los jóvenes se sienten más libres y más audaces en el mercado o en la plaza pública que los obreros movilizados en las fábricas. En mayo, el movimiento deriva, en Moscú, hacia el saqueo de casas de alemanes. Y aunque sus autores obren bajo el amparo de la policía y procedan de los bajos fondos de la ciudad, la sola habilidad del saqueo en una urbe industrial como Moscú atestigua que los obreros no están aún lo bastante despiertos para poder infiltrar sus consignas y su disciplina en la parte de la población urbana sacada de sus casillas. Al correrse por todo el país estos desórdenes, destruyen el hipnotismo de la guerra y preparan el terreno a las huelgas. La afluencia de mano de obra inepta a las fábricas y el afán de obtener grandes beneficios de guerra se traducen en todas partes en un empeoramiento de las condiciones de trabajo y resucitan los más burdos métodos de explotación. La carestía de la vida va reduciendo automáticamente los salarios. Las huelgas económicas se tornan en un reflejo inevitable de las masas, tanto más tumultuoso cuanto más se le ha querido contener. Las huelgas van acompañadas de mítines, de votación de acuerdos políticos, de encuentros con la policía y, no pocas veces, de tiroteos y de víctimas.

La lucha se corre, en primer término, por la región textil central. El 5 de junio, la policía dispara sobre los obreros tejedores de Kostroma: cuatro muertos y nueve heridos. El 10 de agosto, las tropas hacen fuego sobre los obreros de Ivanovo-Vosnesenk (2): dieciséis muertos, treinta heridos. En el movimiento de los obreros textiles aparecen complicados soldados del batallón destacado en aquella plaza. Como respuesta a los asesinos de Ivanovo-Vosnesenk, estallan huelgas de protesta en distintos puntos del país. Paralelamente a este movimiento, se va extendiendo la lucha económica. Los obreros de la industria textil marchan, en muchos sitios, en primera fila.

Comparado con la primera mitad de 1914, este movimiento representa, así en lo que se refiere a la intensidad del ataque como en lo que afecta a la claridad de las consignas, un gran paso atrás. No tiene nada de particular: es una huelga en la que toman parte principal las masas grises; además, en el sector obrero dirigente reina el desconcierto más completo. Sin embargo, ya en las primeras huelgas que estallan durante la guerra se pulsa la proximidad de los grandes combates. El 16 de agosto declara el ministro de Justicia, Ivostov: «Si actualmente no estallan acciones armadas es, sencillamente, porque los obreros no disponen de organización.» Pero todavía se expresaba más claramente Goremikin: «El único problema con que tropiezan los caudillos obreros es la falta de organización, pues la detención de los cinco diputados de la Duma se la ha destruido». Y el ministro del Interior añadía: «No es posible amnistiar a los diputados de la Duma (los bolcheviques), pues son el centro de la organización del movimiento obrero en sus manifestaciones más peligrosas.» Por lo menos, aquellos señores sabían muy bien dónde estaban sus verdaderos enemigos: en esto, no se equivocaban.

Al tiempo que el gobierno, aun en los momentos de mayor desconocimiento, en que se mostraba propicio a hacer concesiones a los liberales, creía imprescindible dirigir los tiros a la cabeza de la revolución obrera, es decir, a los bolcheviques, la gran burguesía pugnaba por llegar a una inteligencia con los mencheviques. Alarmados por las proporciones que iban tomando en las huelgas, los industriales liberales hicieron una tentativa para imponer una disciplina patriótica a los obreros, metiendo a los representantes elegidos por éstos en los comités industriales de guerra. El ministro del Interior se lamentaba de lo difícil que era luchar contra la iniciativa de Guchkov: «Todo esto se lleva a cabo bajo la bandera del patriotismo y en nombre de los intereses de la defensa nacional.» Conviene tener en cuenta, sin embargo, que la policía se guardaba muy mucho de detener a los socialpatriotas, en quienes veía unos aliados indirectos en la lucha contra las huelgas y los «excesos» revolucionarios. Todo el convencimiento de la policía de que, mientras durase la guerra, no estallarían insurrecciones, se basaba en la confianza excesiva que había puesto en la fuerza del socialismo patriótico.

En las elecciones celebradas para proveer los puestos del Comité industrial de guerra fueron minoría los partidarios de la defensa, acaudillados por Govosdiev, un enérgico obrero metalúrgico, con el que volveremos a encontrarnos más adelante de ministro del Trabajo en el gobierno revolucionario de coalición. Sin embargo, contaba no sólo con el apoyo de la burguesía liberal, sino también con el de la burocracia, para derrotar a los boicotistas, dirigidos por los bolcheviques, e imponer al proletariado de Petrogrado una representación en los organismos del patriotismo industrial. La posición de los mencheviques aparece expuesta con toda claridad en el discurso pronunciado poco después por uno de sus representantes ante los industriales del comité: «Debéis exigir que el gobierno burocrático que está en el poder se retire, cediéndoos el sitio a vosotros como representantes legítimos del régimen actual.» La reciente amistad política entre estos elementos, que había de dar sus frutos más sazonados después de la revolución, iba estrechándose no ya por días, sino por horas.

La guerra causó terribles estragos en las organizaciones clandestinas. Después del encarcelamiento de su fracción en la Duma, los bolcheviques viéronse privados de toda organización central. Los comités locales llevaban una existencia episódica y no siempre se mantenían en contacto con los distritos. Sólo actuaban grupos dispersos, elementos sueltos. Sin embargo, el auge de la campaña huelguística les infundía fuerza y ánimos en las fábricas, y poco a poco fue estableciéndose el contacto entre ellos y se anudaron las necesarias relaciones. Resurgió la actuación clandestina. El Departamento de policía había de escribir más tarde: «Los leninistas, a los que sigue en Rusia la gran mayoría de las organizaciones socialdemócratas, han lanzado desde el principio de la guerra, en los centros más importantes (tales como Petrogrado, Moscú, Jarkov, Kiev, Tula, Kostroma, provincia de Vladimir y Samara) una cantidad considerable de proclamas revolucionarias exigiendo el término de la guerra, el derrocamiento del régimen y la instauración de la República. Los frutos más palpables de esta labor son la organización de huelgas y desórdenes obreros.»

El 9 de enero, aniversario tradicionalmente conmemorado de la manifestación obrera ante el palacio de Invierno, que el año anterior había pasado casi inadvertido, hace estallar, en el año 1916, una huelga de extensas proporciones. En estos años, el movimiento de huelgas se duplica. No hay huelga importante en que no se produzcan choques con la policía. Los obreros hacen gala de su simpatía por los soldados, y la Ocrana apunta más de una vez este hecho inquietante.

La industria de guerra se desarrolla desmesuradamente, devorando todos los recursos a su alcance y minando sus propios fundamentos. Las ramas de la producción de paz languidecían y caminaban hacia su muerte. A pesar de todos los planes elaborados, no se consiguió reglamentar la economía. La burocracia era incapaz ya para tomar el asunto por su cuenta: chocaba con la resistencia de los poderosos comités industriales de guerra: no accedía, sin embargo, a entregar un papel regulador a la burguesía. No tardaron en perderse las minas de carbón y las fábricas de Polonia. Durante el primer año de guerra, Rusia perdió cerca de la quinta parte de sus fuerzas industriales. Un 50 por 100 de la producción total y cera del 75 por 100 de la textil hubieron de destinarse a cubrir las necesidades del ejército y de la guerra. Los transportes, agobiados de trabajo, no daban abasto a la necesidad de combustible y materias primas de las fábricas. La guerra, después de devorar toda la renta nacional líquida, amenazaba con disipar también el capital básico del país.

Los industriales mostrábanse cada vez menos propicios a hacer concesiones a los obreros, y el gobierno seguía contestando a las huelgas, fuesen las que fuesen, con duras represiones. Todo esto empujaba el pensamiento de los obreros y lo hacía remontarse de lo concreto a lo general, de las mejoras económicas a las reivindicaciones políticas: «tenemos que lazarnos a la huelga todos de una vez». Así resurge la idea de la huelga general. La estadística de huelgas acusa de modo insuperable el proceso de radicalización de las masas. En el año 1915, toman parte en las huelgas políticas dos veces y media menos obreros que las puramente económicas. Basta apuntar una sola cifra para poner de relieve el papel desempeñado por Petrogrado en este movimiento: durante los años de la guerra, corresponden a la capital el 72 por 100 de los huelguistas políticos.

En el fuego de la lucha se volatilizan muchas viejas supersticiones. La Ocrana comunica «con harto dolor» que, si se procediera como la ley ordena contra «todos los delitos de injurias insolentes y abiertas a su majestad el zar, el número de procesos seguidos por el artículo 103 alcanzaría cifras inauditas». Sin embargo, la conciencia de las masas no avanza en la misma medida que su propio movimiento. El agobio terrible de la guerra y del desmoronamiento económico del país acelera hasta tal punto el proceso de la lucha, que hasta el momento mismo de la revolución, una gran parte de las masas obreras no ha conseguido emanciparse, por falta material de tiempo, de ciertas ideas y de ciertos prejuicios que les imbuyeran el campo o las familias pequeño burguesas de la ciudad de donde proceden. Este hecho imprime su huella a los primeros meses de la Revolución de Febrero.

A fines de 1916, los precios empiezan a subir vertiginosamente a saltos. A la inflación y a la desorganización de los transportes viene a unirse la gran escasez de mercancías. El consumo de la población se reduce durante este período a más de la mitad. La curva del movimiento obrero sigue ascendiendo bruscamente. Con el mes de octubre, la lucha entra en su fase decisiva. Todas las manifestaciones de descontento se mancomunan: Petrogrado toma carrerilla para lanzarse al salto de Febrero. En todas las fábricas se celebran mítines. Temas: La cuestión de las subsistencias, la carestía de la vida, la guerra, el gobierno. Circulan hojas bolcheviques. Se plantean huelgas políticas. Se improvisan manifestaciones a la salida de las fábricas y talleres. Aquí y allá obsérvanse casos de fraternización de los obreros de las fábricas con los soldados. Estalla una tumultuosa huelga de protesta contra el Consejo de guerra formado a los marinos revolucionarios de la escuadra del Báltico. El embajador francés llama la atención del primer ministro, Sturmer, sobre el hecho de que unos soldados dispararan contra la policía. Sturmer tranquiliza a Paleologue con estas palabras: «La represión será implacable.» En noviembre envían al frente a un grupo numeroso de obreros movilizados en las fábricas de Petrogrado. El año acaba bajo un cielo de tormenta.

Comparando la situación actual con la de 1905, el director del Departamento de policía, Vasiliev, llega a esta conclusión, harto poco tranquilizadora: «Las corrientes de oposición han tomado proporciones excepcionales que no habían alcanzado, ni mucho menos, en aquel turbulento período a que aludimos.» Vasiliev no confía en la lealtad de la guarnición. Ni la misma policía le parece incondicionalmente adicta. La Ocrana denuncia la reaparición de la consigna de huelga general y el peligro de que vuelva a resurgir el terror. Los soldados y oficiales que retornan del frente dicen, refiriéndose a la situación: «¿A qué esperáis? Lo que hay que hacer es acabar de un bayonetazo con esa canalla. Si de nosotros dependiera, no nos pararíamos a pensarlo», y por ahí, adelante.

Schliapnikov miembro del Comité central de los bolcheviques, antiguo obrero metalúrgico, había del estado de nerviosismo en que se encontraban los obreros por aquellos días: «Bastaba con un simple silbido, con un ruido cualquiera, para que los obreros lo interpretasen como señal de parar la fábrica.» Este detalle es interesante como síntoma político y como rasgo sicológico: antes de echarse a la calle, la revolución vibra ya en los nervios.

Las provincias recorren las mismas etapas, sólo que más lentamente. El acentuado carácter de masa del movimiento y su espíritu combativo hacen que el centro de gravedad se desplace de los obreros textiles a los metalúrgicos, de las huelgas económicas a las políticas, de las provincias a Petrogrado. Los dos primeros eses de 1917 arrojan un total de 575.000 huelguistas políticos, la mayor parte de los cuales corresponden a la capital. Pese a la nueva represión descargada por la policía en vísperas del 9 de enero, el aniversario del domingo sangriento, se lanzaron a la huelga en la capital. 150.000 trabajadores. La atmósfera está cargada, los metalúrgicos van en la cabeza, los obreros tienen cada vez más arraigada la sensación de que ya no hay modo de volverse atrás. En cada fábrica se forma un núcleo activo que tiene casi siempre por eje a los bolcheviques. Durante las dos primeras semanas de febrero, las huelgas y los mítines se suceden sin interrupción. La policía, al aparecer el día 8 en la fábrica de Putilov, es recibida con una lluvia de pedazos de hierro y escoria. El 14, día de apertura de las sesiones de la Duma, se ponen en huelga en Petersburgo cerca de noventa mil obreros. También en Moscú paran algunas fábricas. El 16, las autoridades deciden implantar en Petrogrado los bonos de pan. Esta innovación aumentó el nerviosismo de la gente. El 19 se agolpa delante de las tiendas de comestibles una gran muchedumbre, formada principalmente por mujeres, pidiendo a gritos pan. Al día siguiente fueron saqueadas las panaderías en distintos puntos de la ciudad. Eran ya los albores de la insurrección que había de desencadenarse algunos días después.

La intrepidez revolucionaria del proletariado ruso no tenía su raíz exclusivamente en su seno. Ya su misma situación de minoría dentro del país indica que no hubiera podido dar a su movimiento tales proporciones, ni mucho menos ponerse al frente del Estado, si no hubiese encontrado un poderoso punto de apoyo en lo hondo del pueblo. Este punto de apoyo se lo daba la cuestión agraria.

Cuando en 1861 se procedió con gran retraso a emancipar a medias a los campesinos, el nivel de la agricultura rusa era casi el mismo que dos siglos antes. La conservación del viejo fondo de tierras comunales escamoteado a los campesinos en beneficio de la nobleza al implantarse la reforma, agudizaba automáticamente con los métodos arcaicos de cultivo imperantes la crisis de la superpoblación en los centros rurales, que era a la par del cultivo alterno de tres hojas. Los campesinos se sintieron cogidos en una celada, tanto más cuanto que esto no ocurría precisamente en el siglo XVI, sino en el siglo XIX, es decir, bajo un régimen muy avanzado de economía pecuniaria que exigía del viejo arado de madera lo que sólo podía dar de sí el tractor. También aquí volvemos a tropezar con la coincidencia de varias ases distintas del proceso histórico, que dan como resultado una exacerbación extraordinaria de las contradicciones reinantes.

Los eruditos, agrónomos y economistas sostenían que había tierra bastante con tal que se cultive de un modo racional, lo cual equivalía a proponer al campesino que se colocara de un salto en una fase más alta de técnica y de cultivo, pero sin tocar demasiado al terrateniente, al uriadnik (3) ni al zar. Sin embargo, no hay ningún régimen económico, y mucho menos el agrario, que se encuentre entre los más inertes, que se retire de la escena histórica antes de haberse agotado todas sus posibilidades. Antes de verse obligado a pasar a un cultivo más intensivo, el campesino tenía que someter a una última experiencia, para ver lo que daba de sí, su sistema de cultivo alterno en tres hojas. Esta experiencia sólo podía hacerse, evidentemente, a expensas de las tierras de los grandes propietarios. El campesino que se asfixiaba en su pequeña parcela de tierra y que vivía azotado por el doble látigo del mercado y del fisco no tenía más remedio que buscar el modo de deshacerse para siempre del terrateniente.

El total de tierra laborable enclavada dentro de los confines de la Rusia europea se calculaba, en vísperas de la primera revolución, en 280 millones de deciatinas. Las tierrascomunales de los pueblos ascendían a unos 140 millones, los dominios de la Corona a cinco millones, aproximadamente; los de la Iglesia sumaban, sobre poco más o menos, dos millones y medio de deciatinas. De las tierras de propiedad privada, unos 70 millones de deciatinas se distribuían entre 30.000 grandes hacendados, a los que correspondían más de 500 deciatinas por cabeza, es decir, la misma cantidad aproximadamente con que tenían que vivir unos 10 millones de familias campesinas. Esta estadística agraria constituía, ya de por sí, todo un programa de guerra campesina.

La primera revolución no había conseguido acabar con los grandes terratenientes. La masa campesina no se había levantado en bloque ni el movimiento desatado en el campo había coincidido con el de la ciudad; el ejército campesino había vacilado hasta que, por último, suministró las fuerzas necesarias para sofocar el alzamiento de los obreros. Apenas el regimiento de Semionov hubo sofocado la insurrección de Moscú, la monarquía se olvidó de poner la menor cortapisa a las propiedades de los grandes terratenientes ni a sus propios derechos autocráticos.

Sin embargo, la revolución vencida dejó profundas huellas en el campo. El gobierno abolió los antiguos cánones que venían pesando sobre las tierras en concepto de redención y abrió las puertas de Siberia a la colonización. Los terratenientes, alarmados, no sólo hicieron concesiones de monta en lo referente a los arriendos, sino que empezaron a vender una buena parte de sus latifundios. De estos frutos de la revolución se aprovecharon los campesinos más acomodados, los que estaban en condiciones de arrendar y comprar las tierras de los señores.

Fue, sin embargo, la ley de 9 de noviembre de 1906 la reforma más importante implantada por la contrarrevolución triunfante la que abrió más ancho cauce a la formación de una nueva clase de hacendados capitalistas en el seno de la masa campesina. Esta ley, que concedía incluso a pequeñas minorías dentro de los pueblos el derecho a desglosar, contra la voluntad de la mayoría, parcelas pertenecientes a los terrenos de comunas, fue como un obús capitalista disparado contra el régimen comunal. El presidente del Consejo de ministros, Stolipin, definía el carácter de la nueva política campesina emprendida por el gobierno como un «anticipo a los fuertes». Dicho más claramente se trataba de impulsar a los campesinos acomodados a apoderarse de las tierras comunales rescatando mediante compra las parcelas «libres» para convertir a estos nuevos hacendados capitalistas en otras tantas columnas del orden. Pero este objetivo era más fácil de plantear que de conseguir. Aquí, en esta tentativa para suplantar el problema campesino por el problema del kulak (4) fue precisamente donde se estrelló la contrarrevolución.

El 1 de enero de 1916 había dos millones y medio de labradores que tenían adquiridas e inscritas como de su propiedad 17 millones de deciatinas. Otros dos millones pedían que se les adjudicasen 14 millones de deciatinas en el mismo concepto. En apariencia, la reforma había alcanzado un triunfo colosal. Lo malo era que estas propiedades carecían en su mayoría de toda viabilidad y no eran más que materiales para una selección natural. En tanto que los terratenientes más atrasados y los labradores modestos vendían aprisa; unos, sus latifundios, y otros, sus parcelas de tierra, entraba en escena como comprador una nueva burguesía rural. La agricultura pasaba, indudablemente, a una fase de progreso capitalista. En cinco años (1908-1912), la exportación de productos agrícolas subió de 1.000 millones a 1.500 millones de rublos. Esto quería decir que las grandes masas de campesinos se proletarizaban y que los labradores acomodados lanzaban al mercado cantidades de trigo cada vez mayores.

Para suplir el régimen comunal obligatorio desplazado organizóse la cooperación voluntaria que, en el transcurso de pocos años, logró adentrarse bastante en las masas campesinas, y que no tardó en convertirse en un tema de idealismo liberal y democrático. Pero el hecho era que la cooperación no favorecía verdaderamente más que a los campesinos ricos, que era a los que, a fin de cuentas, querían servir. Los intelectuales populistas, al concentrar en la cooperación campesina sus principales esfuerzos, lo que hacían era encarrilar su amor al pueblo por los sólidos raíles de la burguesía. De este modo, se contribuyó muy eficazmente a preparar el bloque el partido «anticapitalista» de los socialrevolucionarios con el partido de los kadetes, capitalista por excelencia.

El liberalismo, guardando una actitud de oposición aparente frente a la política agraria de la reacción, no dejaba de contemplar, esperanzadamente, la destrucción capitalista del régimen comunal. «En los pueblos -escribía el príncipe liberal Trubetskoi- surge una pequeña burguesía potente, tan ajena por su formación y por su espíritu a los ideales de la nobleza como a las quimeras socialistas.»

Pero esta magnífica medalla tenía también su reverso. Del régimen comunal no sólo salió una «potente pequeña burguesía», sin que salieron también sus antípodas. El número de campesinos que habían tenido que vender sus parcela insuficientes llegaba, al comienzo de la guerra, a un millón, y este millón representaba, por lo menos, cinco millones de almas proletarizadas. También formaban un material explosivo bastante considerable los millones de labriegos pauperizados condenados a llevar la vida de hambre que les proporcionaban sus parcelas. Es decir, que se habían trasplantado al campo las mismas contradicciones que tan pronto torcieron en Rusia el desarrollo de la sociedad burguesa en su conjunto. La nueva burguesía agraria destinada a apuntalar las propiedades de los terratenientes más antiguos y poderosos demostró la misma enemiga irreconciliable contra las masas campesinas, que eran la médula del régimen agrario que los viejos terratenientes sentían contra la masa del pueblo. Lejos de brindar un punto de apoyo al orden, la propia burguesía campesina se hallaba necesitada de un orden firme para poder mantener las posiciones conquistadas. En estas condiciones, no tenía nada de sorprendente que la cuestión agraria siguiese siendo el caballo de batalla de todas las Dumas. Todo el mundo tenía la sensación de que la pelota estaba todavía en el tejado. El diputado campesino Petrichenko declaraba en cierta ocasión desde la tribuna de la duma: «Por mucho que discutáis, no seréis capaces de crear otro planeta. Por tanto, no tendréis más remedio que darnos éste.» Y no se crea que este campesino era un bolchevique o un socialrevolucionario; nada de eso, era un diputado monárquico y derechista.

El movimiento agrario remite, igual que el movimiento obrero de huelgas, a fines de 1907, para resurgir parcialmente a partir de 1908 e intensificarse en el transcurso de los años siguientes. Cierto es que ahora la lucha se entabla primordialmente alentada con su cuenta y razón por los reaccionarios en el seno de los propios organismos comunales. Al hacerse el reparto de las tierras comunales fueron frecuentes los choques armados entre los campesinos. Mas no por ello amaina la campaña contra los terratenientes. Los campesinos pegan fuego a las residencias señoriales, a las cosechas, a los pajares, apoderándose de paso de las parcelas desglosadas contra la voluntad de los labriegos del concejo.

En este estado se encontraban las cosas cuando la guerra sorprendió a los campesinos. El gobierno reclutó en las aldeas cerca de 10 millones de hombres y unos dos millones de caballos. Con esto, las haciendas débiles se debilitaron más todavía. Aumentó el número de los labriegos que no sembraban. A los dos años de guerra empezó la crisis del labriego modesto. La hostilidad de los campesinos contra la guerra iba en aumento de mes en mes. En octubre de 1916, las autoridades de la gendarmería de Petrogrado comunicaban que la población del campo no creía ya en el triunfo: según los informes de los agentes de seguros, maestros, comerciantes, etc., «todo el mundo espera con gran impaciencia que esta maldita guerra se acabe de una vez»… Es más: «por todas partes se oye discutir de cuestiones políticas, se votan acuerdos dirigidos contra los terratenientes y los comerciantes, se crean células de diferentes organizaciones… No existe todavía un organismo central unificador; pero hay que suponer que los campesinos acabarán por unirse por medio de las cooperativas, que se extienden por minutos a lo largo de toda Rusia». En estos informes hay cierta exageración; en ciertos respectos, los buenos gendarmes se adelantan a los acontecimientos, pero es evidente que los puntos fundamentales están bien reflejados.

Las clases poseedoras no podían hacerse ilusiones creyendo que los pueblos del campo dejarían de ajustarles las cuentas; pero esperaban salir del paso como fuera, y ahuyentaban las ideas sombrías. Por los días de la guerra, el embajador francés Paleologue, que quería saberlo todo, conversó sobre el particular con el ex ministro de Agricultura Krivoschein; con el presidente de la Duma, Rodzianko, con el gran industrial Putilov y con otros personajes notables. Y he aquí lo que descubrió: para llevar a la práctica una reforma agraria radical se necesitaría un ejército permanente de 300.000 agrimensores que trabajasen incansablemente durante quince años por lo menos: pero como en este plazo de tiempo el número de haciendas crecería a 30 millones, todos los cálculos previos que pudieran hacerse resultarían fallidos. Es decir, que, a juicio de los terratenientes, los altos funcionarios y los banqueros, la reforma agraria venía a ser algo así como la cuadratura del círculo. Excusado es decir que estos escrúpulos matemáticos no rezaban con el campesino, para el cual lo primero y principal era acabar con los señores, y después ya se vería lo que había que hacer.

Si, a pesar de esto, los pueblos se mantuvieron relativamente pacíficos durante la guerra, ello fue debido a que sus fuerzas activas se encontraban en el frente. En las trincheras, los soldados no se olvidaban de la tierra en los momentos que les dejaba libres el pensamiento de la muerte, y sus ideas acerca del porvenir se impregnaban del olor de la pólvora. Pero, así y todo y por muy adiestrados que estuviesen en el manejo de las armas, los campesinos no hubieran hecho nunca por su exclusivo esfuerzo la revolución agrario-democrática, es decir, su propia revolución. Necesitaban una dirección. Por primera vez en la historia del mundo, el campesino iba a encontrar su director y guía en el obrero. En esto es en lo que la revolución rusa se distingue fundamentalmente de cuantas la precedieron.

En Inglaterra, la servidumbre de la gleba desaparición de hecho a fines del siglo XIV; es decir, dos siglos antes de que apareciera y cuatro y medio antes de que fuera abolida en Rusia. La expropiación de las tierras de los campesinos llega, en Inglaterra, a través de la Reforma y de dos revoluciones, hasta el siglo XIX. El desarrollo capitalista, que no se veía forzado desde fuera, dispuso, por tanto, de tiempo suficiente para acabar con la clase campesina independiente mucho antes de que el proletariado naciera a la vida política.

En Francia, la lucha contra el absolutismo de la Corona y la aristocracia y los principios de la Iglesia obligó a la burguesía, representada por sus diferentes capas, a hacer, a finales del siglo XVIII, una revolución agraria radical. La clase campesina independiente salida de esta revolución fue durante mucho tiempo el sostén del orden burgués, y en 1871 ayudó a la burguesía a aplastar a la Comuna de París.

En Alemania, la burguesía reveló su incapacidad para resolver de un modo revolucionario la cuestión agraria, y en 1848 traicionó a los campesinos para pasarse a los terratenientes, del mismo modo que, más de tres siglos antes, Lutero, al estallar la guerra campesina, los había vendido a los príncipes. Por su parte, el proletariado alemán, a mediados del siglo XIX, era demasiado débil para tomar en sus manos la dirección de las masas campesinas. Gracias a esto, el desarrollo capitalista dispuso en Alemania, si no de tanto tiempo como en Inglaterra, del plazo necesario para sostener a su régimen, a la agricultura tal y como había salido de la revolución burguesa parcial.

La reforma campesina realizada en Rusia, en 1861, fue obra de la monarquía burocrática y aristocrática, acuciada por las necesidades de la sociedad burguesa, pero ante la impotencia política más completa de la burguesía. La emancipación campesina tuvo un carácter tal, que la forzada transformación capitalista del país convirtió inexorablemente el problema agrario en problema que sólo podía resolver la revolución. Los burgueses rusos soñaban con un desarrollo agrario de tipo francés, danés o norteamericano, del tipo que se quisiera, con tal de que, naturalmente, no fuera ruso. Sin embargo, no se les ocurría asimilarse la historia francesa o la estructura social norteamericana. En la hora decisiva, los intelectuales demócratas, olvidando su pasado revolucionario, se pusieron al lado de la burguesía liberal y de los terratenientes, volviendo la espalda a la aldea revolucionaria. En estas condiciones, no podía ponerse al frente de la revolución campesina más que la clase obrera.

La ley del desarrollo combinado, propia de los países atrasados -aludiendo, naturalmente, a una peculiar combinación de los elementos retrógrados con los factores más modernos- se nos presenta aquí en su forma más caracterizada, dándonos la clave para resolver el enigma más importante de la revolución rusa. Si la cuestión agraria, herencia de barbarie de la vieja historia rusa, hubiera sido o hubiera podido ser resuelta por la burguesía, el proletariado ruso no habría podido subir al poder, en modo alguno, en el año 1917. Para que naciera el Estado soviético, fue necesario que coincidiesen, se coordinasen y compenetrasen recíprocamente dos factores de naturaleza histórica completamente distinta: la guerra campesina, movimiento característico de los albores del desarrollo burgués, y el alzamiento proletario, el movimiento que señala el ocaso de la sociedad burguesa. Fruto de esta unión fue el año 1917.

1929-1932

https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo1/cap_03.htm

Notas

1/ Los datos referentes a los años 1903 y 1904 abarcan todas las huelgas en general, aunque entre ellas predominen, indudablemente, las de carácter económico.

2/ El centro más importante de la producción textil al que, por esta razón, se ha llamado «Manchester ruso». [NDT.]

3/ Agente de la policía rural. [NDT.]

4/ Campesino rico. [NDT.]

 

La Clase Media y la Revolución Socialista

por Gustavo Burgos

 

El jueves pasado, en su temperado estilo oficialista, The Clinic, el portavoz de la pequeña burguesía educada, visualiza la perspectiva del fascismo. “Furia y fascismo”, anticipa la editorial, son los elementos que erosionan el diálogo político republicano y preparan el terreno para liderazgos antidemocráticos. Con su impotencia proverbial nos propone la necesidad de que “todos juntos” podamos superar este momento. Seguir leyendo La Clase Media y la Revolución Socialista

El misterio de la Asamblea Constituyente

por Gustavo Burgos//

El misterio como tal, es un instrumento de civilización. Etimológicamente, aunque no está del todo despejado, proviene del griego y está ligado al acto de cerrar de ojos y murmurar. El reconocimiento de lo misterioso parece entonces, desde la antigua Grecia, al “decir” sobre algo que no puede conocerse o –lo que es lo mismo- se encuentra reservado para los iniciados, otro de los conceptos ligados a la etimología del misterio. Seguir leyendo El misterio de la Asamblea Constituyente

Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana

por Gustavo Burgos

Para quienes militamos en las filas de la revolución socialista, despertar esta mañana con la noticia de la muerte de Fidel Castro, es un golpe, una llamada de atención y una advertencia. La prensa burguesa –hacemos abstracción de la prensa gusana que celebra- se ha solazado haciendo panegíricos al otrora líder de la guerrilla y figura señera de aquél proceso revolucionario que pariera la primera revolución latinoamericana, el primer territorio libre de nuestro continente americano. Seguir leyendo Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana

Parar a Trump luchando contra el imperialismo

por Gustavo Burgos

La prensa burguesa ha enmudecido frente al triunfo electoral de Trump. Desde Valparaíso, hay un cierto deja vú, al analizar un nuevo resultado electoral inesperado, de aquellos que revuelven el naipe.

No nos puede sorprende que un gorila como Donald Trump haya llegado a la Casa Blanca. En la historia reciente, Nixon, Reagan y Bush Jr., se han distinguido por su incultura, su torpeza y brutalidad, por referirnos a sus atributos personales. En lo que no se distinguen ninguno de los Presidentes de EE.UU. -de forma unánime- es en haber encabezado el ataque la clase obrera y a las naciones oprimidas y haber perpetrado masivos crímenes de guerra que sólo la revolución podrá castigar. Seguir leyendo Parar a Trump luchando contra el imperialismo