Conmemoran 11 de septiembre en Valparaíso

por Guillermo Correa

Este año durante la conmemoración del 11 de septiembre en región de Valparaíso se realizaron variadas y múltiples actividades, ya sea en sitios de memoria, memoriales, instituciones, colegios, universidades, lo que indicaría una activación importante de parte de las diferentes organizaciones de derechos humanos, sociales, culturales y colectividades políticas por mantener viva la memoria histórica popular de manera potente y masiva, especialmente en tiempos donde el gobierno está en manos de la derecha pinochetista que impulsa con fuerzas una política negacionista en materia de derechos humanos. 

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Allende: el discurso final, la derrota del reformismo y la memoria confiscada

por Gustavo Burgos

Cada 11 de septiembre el último discurso de Salvador Allende vuelve a escucharse como si el tiempo se hubiese detenido a las nueve de la mañana de 1973. Su voz sobreviviendo al estruendo de los Hawker Hunter, el palacio en llamas, las últimas palabras transmitidas por Radio Magallanes y la decisión personal de no rendirse han adquirido la condición de una escena fundacional de la memoria política chilena. Pero precisamente porque se trata de una escena extraordinaria, cargada de una potencia moral difícilmente comparable en la historia universal, existe la obligación de hacer con ella algo más que emocionarse. Allende no habló únicamente como un hombre que sabía que iba a morir. Habló como jefe de un proceso político derrotado y, en sus palabras finales, quedaron condensados tanto la extraordinaria dignidad personal del Presidente como los límites históricos de la estrategia que había conducido a la Unidad Popular hasta aquel callejón sin salida. Ya hemos sostenido que la grandeza moral de Allende no puede ocultar el contenido político de aquellos discursos: mientras el golpe destruía materialmente el gobierno, la convocatoria a los trabajadores continuaba subordinada hasta el último instante a la institucionalidad y a las instrucciones presidenciales; el poder independiente de la clase obrera, cuya expresión embrionaria habían sido los Cordones Industriales, nunca apareció como alternativa estatal frente al derrumbe del aparato constitucional.

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Seis días antes del golpe, los Cordones Industriales plantearon la cuestión del poder: ¿Dónde está el nuevo Estado?

por El Porteño

Seis días antes del golpe de Estado —la carta está fechada el 5 de septiembre de 1973—, los Cordones Industriales formularon algo considerablemente más profundo que una advertencia desesperada a Salvador Allende. Leída junto a los últimos textos de Luis Corvalán y al discurso pronunciado por Carlos Altamirano el 9 de septiembre, la carta permite reconstruir la contradicción fundamental que atravesó a la Unidad Popular: mientras la movilización obrera había comenzado a producir organismos que planteaban embrionariamente el problema del poder, las principales direcciones de la coalición continuaban concibiendo la crisis dentro del horizonte del Estado existente. La diferencia entre su ala derecha y su ala izquierda fue enorme en el lenguaje, en la actitud frente a la Democracia Cristiana y en la disposición al enfrentamiento; pero resultó mucho menor —y finalmente insuficiente— respecto de la cuestión decisiva: qué poder debía sustituir al poder burgués que preparaba abiertamente la contrarrevolución.

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