1973, frente al Golpe: «Defender a la clase obrera chilena»

de Comité Internacional IV Internacional

Estalinismo y contrarrevolución

‘Defiendan sus derechos democráticos no a través de los frentes populares y el parlamento, sino a través del derrocamiento del estado capitalista y el establecimiento del poder obrero. No confiar en el estalinismo, la socialdemocracia, el centrismo, el revisionismo o la burguesía liberal, sino construir un partido revolucionario de la Cuarta Internacional cuyo programa será la revolución en permanencia’.

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Roma pide la extradición de los asesinos del Juan Montiglio, GAP de Salvador Allende

por Elena Basso

Salvador Allende tiene una escolta especial: se llama GAP, es el grupo de amigos del presidente. Son personas sin uniforme, pero dispuestas a morir por sus ideales. Es 1973 y en Sudamérica tener ciertos valores es peligroso. Allende logró ser elegido presidente y fue el primer candidato marxista nominado democráticamente en el continente. Una verdadera revolución, los ojos de todo el mundo están enfocados en ese país que tiene la cordillera de los Andes a sus espaldas y el infinito mar salvaje frente a él. El 11 de septiembre de 1973, aviones y bombas golpearon la Moneda, el edificio del gobierno chileno, y Santiago se convirtió en un infierno: los militares, encabezados por el general Augusto Pinochet, querían sacar a Allende del camino.

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Razones políticas para patrocinar a los candidatos de la Lista del Pueblo

Hace 34 años el Partido Socialista Salvador Allende (PSSA) adoptó la decisión política de que no iba a participar electoralmente en la institucionalidad política establecida por la dictadura pinochetista. Lo cual suponía no inscribirse en los registros electorales ni sufragar en el plebiscito sucesorio de 1988. El diagnóstico político que fundamentaba dicha decisión estaba en que ese proceso político constituía una vía para proyectar en el tiempo la institucionalidad autoritaria, el régimen económico y social fundado a sangre y fuego por la dictadura desde 1973 en adelante. La postura allendista señalaba que la derrota electoral del dictador era insuficiente para superar todo lo establecido desde el golpe de Estado, se quedaba corta política e históricamente. Para terminar con la obra de la dictadura había que derrotarla integralmente. Para ello era necesario impulsar todas las formas de lucha social y política posible, sin excluir, la violencia revolucionaria. La derrota del dictador debía ser simultánea con la caída del régimen.

Documentos exponen complot de la dictadura brasileña para derrocar a Allende

por Tomás Castanheira

El pasado 31 de marzo marcó el 57 aniversario del golpe militar respaldado por Estados Unidos en Brasil que derrocó al presidente electo João Goulart e inició 21 años de un brutal gobierno de Estado policial contra la clase trabajadora brasileña.

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Votar o no Votar: That´s the Question (Organizarse para Vencer)

Marcel Claude

por Marcel Claude

Participar guerreando

Cuando los trabajadores concurren a las mesas de negociación colectiva, en las oficinas de los gerentes, hay tres actitudes que pueden observar los trabajadores y trabajadoras.  Una es asistir sumisos a firmar; otra es no asistir, o sea, abstenerse; y una tercera es asistir altivos y desafiantes amenazando con detener el proceso productivo.  Las dos primeras actitudes llevan a un contrato colectivo de gustó de la empresa.  Solo la tercera actitud si se acompaña con huelgas y movilizaciones podría llevar a un contrato más favorable para la clase trabajadora.

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Chile entre dos derechas

por Diego Ancalao

Mucho antes del denominado “estallido social”, se fue larvando una sensación de que las cosas llegaban a un límite insostenible. Pero esa sensación no tuvo como escenario ni el gobierno, ni el parlamento, ni los grandes malls, ni algunos balnearios elegantes. Desde las alturas de La Dehesa, no se alcanza a percibir las amarguras de la pobreza, ni la desesperación de gente que no puede llegar a fin de mes, ni la madre que vive la incertidumbre del futuro incierto de sus hijos, ni la impotencia del anciano que recibe una pensión que no alcanza ni siquiera para comer. Desde allí, las cosas se ven tan pequeñas que parecen no existir.

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Apuntes sobre el reformismo, la izquierda ante el proceso constituyente

por Joaquín Araneda

Estamos a poco más de un mes para el plebiscito por el cambio constitucional, los partidos del pacto formulan y fijan las fronteras de lo posible. La izquierda anticapitalista necesita jugar un rol. Antiguos debates se reactualizan, septiembre y nuestra historia nos permite repasar el pasado para trazar la acción en el presente.

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Testamento político de un revolucionario: «Memorias de la Unidad Popular»

por Pepe Burgos

Los pequeños le preguntaban al abuelo:
Abuelo cuéntanos esa historia de joven cuando salíste a defender Allende El viejo se quedo en silencio un largo rato….
una lagrima se le escapó de sus ojos ya cansado
….Insisten los nietecitos,
¿Como lo defendiste tata ?.
El viejo responde ……con pasión
¿ y ahora que eres viejito, cómo lo defenderías ?.
Con pasión.
Porque los recuerdos y la memoria se va apagando.
…..y la revolución es siempre joven,
nace del corazón.

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Carmen Castillo, una revolucionaria de todos los tiempos

por Marco Álvarez Vergara 

“Hay hombres [y mujeres] que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores. 
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. 
Pero los hay que luchan toda la vida:
esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht

Carmen, 75 años

La cultura de izquierdas, tan litúrgica como la cristiana, tiende a conmemorar a sus referentes en los aniversarios de su fallecimiento. Esto se exacerba ante la violenta Latinoamérica del siglo XX, donde millares de militantes en nombre del socialismo y la emancipación perdieron sus vidas en “el largo y difícil camino de la revolución obrera y campesina”[1]. Sin embargo, al concentrarnos sólo en el último destello de rebeldía de estos dignos hombres y mujeres cargados de heroicidad, nos lleva a navegar por las tinieblas del culto a la muerte, que lamentablemente trae consigo nublar la riqueza de su praxis revolucionaria y, con ello, termina limitando el diálogo histórico y su recreación política en virtud de la construcción de un proyecto de transformación social.

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