Marcel Claude

Votar o no Votar: That´s the Question (Organizarse para Vencer)

por Marcel Claude

Participar guerreando

Cuando los trabajadores concurren a las mesas de negociación colectiva, en las oficinas de los gerentes, hay tres actitudes que pueden observar los trabajadores y trabajadoras.  Una es asistir sumisos a firmar; otra es no asistir, o sea, abstenerse; y una tercera es asistir altivos y desafiantes amenazando con detener el proceso productivo.  Las dos primeras actitudes llevan a un contrato colectivo de gustó de la empresa.  Solo la tercera actitud si se acompaña con huelgas y movilizaciones podría llevar a un contrato más favorable para la clase trabajadora.

Ahora bien, si una actitud guerrera y combativa nos llevara a participar en el proceso constitucional en curso, hay dos datos que debemos observar de dicho evento: primero, cuántos serán los votantes, el nivel de participación; y segundo, cuánto sacará la convención mixta y, dado que la derecha está llamando a esta opción, nos serviría para pesar al pinochetismo.  Si votarán 10 millones de chilenos o más (cifra muy superior a los 6,5 millones que siempre han votado) y si la conversión mixta no superara el 30%, se abre un espacio para la lucha política.  Significaría que los abstencionistas de siempre dejaron de serlo y entraron también en la política como potenciales electores, dejando cerca de 4 millones de votantes (contrarios al pinochetismo-laguista) disponibles para un triunfo electoral de un proyecto orientado a la refundación de las bases de la sociedad chilena.

El escenario descrito en el párrafo anterior, le daría un muy buen soporte a la opción de participar, pero cuidado, no se debe desatender bajo ninguna circunstancia que hay que participar guerreando, sin enterrar el hacha ni colgar los guantes, esto es, el pueblo debe seguir masivamente movilizado en las calles y con los trabajadores y trabajadoras llamando a la huelga y deteniendo el proceso productivo, levantando listas de independientes, exigiendo el voto por mayoría simple, o sea, convirtiendo esa convención en Asamblea Constituyente.  Así lo hicieron los revolucionarios franceses cuando el Rey Luis XVI convocó a los Estados Generales para resolver la grave crisis política y económica, en donde a pesar de que el pueblo tenía la mayoría de los votos, pesaban apenas un tercio por el modo predeterminado de participación que definía el monarca.  Pues bien, los revolucionarios franceses convirtieron los Estados Generales en una Asamblea Nacional Constituyente y se juraron no disolverla hasta darle al país una nueva Constitución.  Obviamente en contra de la voluntad del Rey, de la nobleza y del clero.  La clave fue que al mismo tiempo los franceses en las calles crearon su propia primera línea que reconoció esa asamblea formada por los revolucionarios como única autoridad, vigilaron las calles y cuando el Rey amenazó con sacar al Ejército, el pueblo asaltó el depósito de armas y ocurrió la Toma de la Bastilla y la Revolución.

Nada podrá ocurrir de bueno para Chile si no hay revuelta en las calles ni en los centros de producción.  Nada de nada.  Hay que seguir luchando, nunca las oligarquías van a dar algo.  Los derechos se conquistan y se luchan en todos los espacios y siempre con el viento en contra.  Así lo hizo Fidel cuando se levantó contra Fulgencio Batista que tenía a los yanquis atrás y así lo hizo a su modo Salvador Allende que siempre participó en las elecciones.  Si el problema es la confiabilidad del proceso, hay que saber que siempre los oligarcas manipulan las elecciones, que el cohecho y los fraudes son la más común forma de actuar de la derecha en política y en todo orden de cosas.  Es por ello que debemos exigir observadores internacionales, dado que en Chile el sistema de recopilación, sistematización y organización de los datos, y por lo tanto de los resultados agregados finales, es otro negocio más que se licita y se entrega a empresas privadas.

A veces sucede que triunfan los buenos

Con votos mayoritariamente de derecha y con alta abstención se obtuvo el Parlamento actual, el mismo que no tuvo más alternativa que convocar a un cambio constitucional mañoso.  Esto quiere decir que cuando el pueblo –léase el Poder Constituyente- sale a las calles y rinde batalla, los poderes constituidos se doblegan.  Como dijéramos antes en este artículo ¿Qué pasaría si votaran 10 millones y si la convención mixta sacara menos del 30%?  Simplemente ocurriría que un nuevo escenario se cierne sobre la esfera política.  Significaría que hay espacio para levantar listas de independientes que arrasen en la elección de constitucionales y si a eso se le agrega una presión en las calles como en octubre 18 2019 ¿Es posible imaginar que se pueda impedir que esa convención derive en una Asamblea Constituyente o que esos constitucionales asumirían obedientes los designios de la Ley 21.200 sin modificar el nefasto «acuerdo por la paz»? la realidad siempre puede ser diferente.

Nadie imaginó ni cercanamente el estallido social.  En una encuesta reciente dada a conocer por la radio de la Universidad de Chile[1] se puede apreciar que el 68,5% de los chilenos se declara favorable a que sea una Asamblea Constituyente quien redacte la nueva Constitución; el 97,7% a lo largo de todo Chile se manifiesta favorable a que sean solo independientes los que participen en dicha asamblea; el 69,8% se declara favorable a que la aprobación del nuevo texto sea por mayoría simple, es decir, con el 50% más uno de los constituyentes; el 80,3% no está de acuerdo en que no se puedan alterar los tratados de libre comercio.  Si esta encuesta es correcta, queda claro cuál es la voluntad soberana del pueblo y si ocurriera una gran participación y una baja opción por las preferencias del pinochetismo de una convención mixta, entonces, las posibilidades de construir un camino político para derrotar al pinochetismo-laguista son bastante buenas.  Pero insisto, la clave será siempre que en las calles el pueblo esté rindiendo batalla y que los y las trabajadoras detengan el proceso productivo, que avancemos a una huelga general.  Las calles no deben dejar de poner el grito de los desheredados en la política chilena.  Y si no participáramos bajo este contexto favorable ¿Cuándo sería el tiempo propicio? ¿El día en que Lavín convoque a una Asamblea Constituyente o cuando el Frente Amplio se deje de fastidiar con Venezuela y llame al pueblo a decidir? A la derecha laguista pinochetista no le va a importar que el 70% no vote pues han gobernado con el 27%, y de lo que digan los abstencionistas a nadie de la derecha ni de la Concertación le importará un comino.

Sobre el abstencionismo

El problema con el abstencionismo es que si vota solo el 20% y gana el rechazo, la derecha dirá «ganamos» y el 80% bien poco le importará pues la legitimidad de la derecha viene de las FFAA y las instituciones «republicanas».  Los abstencionistas no pesarán nada de nada porque nunca han pesado para deslegitimar los resultados electorales.  Mas, si vota solo un 20% y gana el apruebo, la derecha dirá que no vale, pues no habría mayorías representativas.  Esto es así porque la derecha es figura y fondo, y para eso sí que van a pesar a los abstencionistas muy bien.  Su descaro tiene precedentes incontables en la historia de Chile.  El abstencionismo no es funcional a los cambios.  Insisto, con las movilizaciones en la calle y la clase trabajadora en huelga, los constitucionales independientes podrían imponer la Asamblea Constituyente disolviendo el fraude de la Convención Constitucional, con el fundamento de que el poder constituyente es soberano y no puede ser amordazado y porque es la fuerza del movimiento en las calles que dicta veredicto y sentencia.  El abstencionismo legitimará la continuidad.  Eso es lo que ha hecho en los últimos tiempos.  A nadie y menos a la derecha le ha importado el abstencionismo de casi un 50% en las últimas décadas ¿Para qué serviría hoy?

Tengo fe en Chile y su futuro

No tengo fe alguna en la clase política.  Ese grito de «no son 30 pesos son 30 años» me identificó completamente, pues yo pertenezco a esa generación de jóvenes que hace 30 años nos propusimos eliminar la herencia de Pinochet y hace 30 años que nos dimos cuenta que la Concertación se había acostado en la cama de la oligarquía.  No solo durante la dictadura militar me comprometí de diversas formas en la lucha política anti Pinochet, también, siempre y en todo lugar contra esta Concertación miserable y rastrera.  Yo no tengo fe en nada que hagan estos señores.  Tengo fe en lo que el pueblo pueda hacer con esto, más bien tengo fe en que si el pueblo se organiza, se levanta y sigue luchando en la calle, quienes entren en la Convención Constitucional pueden partir decretando resoluciones como autoproclamarse Asamblea Constituyente y modificar de facto la forma en que operará y se tomarán las decisiones.  Eso requiere dos cuestiones centrales: 1.- Millones de chilenos en la calle protestando y doblando las protestas junto a los trabajadores llamando y ejerciendo el derecho a huelga; 2.- Un frente político que represente esta voluntad de quitar piedra por piedra la herencia Pinochet-Lagos y que levante una lista de independientes que logre el 50% más uno (al menos) de los miembros de esa Convención.  Esos dos elementos son suficientes para tomar decisiones políticas como autoproclamarse Asamblea Constituyente y decidir por mayoría simple la nueva Constitución.  Pero, el pueblo debe en la calle seguir luchando y los y las trabajadoras en las huelgas.  El pueblo trabajador en la calle y en la huelga debe respaldar a la Asamblea Constituyente y ésta al pueblo en su lucha por la calle.  Creo que si hacemos eso, Chile podría cambiar su rumbo.  Tengo más de 40 años de lucha contra esta dictadura del capital como para que alguien pueda pensar que puedo tener fe alguna en esa Concertación hermafrodita que con su lado izquierdo ha sodomizado al pueblo, manipulándole y abusando miserablemente de éste, y con su lado derecho ha dormido cada noche de estos 30 años en la cama de la oligarquía, satisfaciendo los placeres de la carne de los oligarcas.  Tampoco podría tener fe alguna en el Frente Amplio que no es más que un engendro político nacido de esa cópula demoníaca entre la derecha y la Concertación.

Mi fe está puesta en eso que dijo al final de su vida Salvador Allende… «Tengo fe en Chile y su futuro«…


[1] https://radio.uchile.cl/2020/10/08/encuesta-nacional-constituyente-977-por-ciento-de-los-entrevistados-esta-a-favor-de-la-participacion-de-independientes/

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