por Alejandro Valenzuela Torres
Lo que el Gobierno denomina “megarreforma” empieza a revelar su verdadero contenido. No estamos frente a una reforma tributaria, una modificación de las relaciones laborales o una nueva política de seguridad consideradas aisladamente. Estamos frente a una ofensiva política, económica y coercitiva de conjunto, probablemente la más formidable desplegada contra los trabajadores chilenos desde el golpe de Estado de 1973. La comparación no significa identificar mecánicamente ambos momentos históricos: en 1973 la contrarrevolución adoptó directamente la forma del terrorismo militar y la destrucción física de las organizaciones obreras. Hoy el ataque se desarrolla todavía bajo las formas jurídicas del régimen constitucional. Pero precisamente por eso debe advertirse su profundidad: la burguesía intenta modificar simultáneamente la distribución del ingreso, las relaciones laborales, las capacidades represivas del Estado y las condiciones políticas en que puede organizarse cualquier resistencia social.