por Gustavo Burgos
Además de organizar fiestas en La Moneda y regalarles rebajas tributarias a los poderosos, Kast ha dispuesto impúdicamente atacar las becas alimentarias de la JUNAEB, urgentes planes de salud y todo beneficio en favor de los más explotados. Esto no es un accidente, la llegada de José Antonio Kast a La Moneda constituye la expresión coherente de uno de los polos de la articulación política del régimen surgido del Acuerdo por la Paz. Lejos de representar una ruptura, su gobierno se inscribe en la lógica de alternancia que ha estructurado la dominación en Chile durante las últimas décadas: una oscilación entre variantes políticas que administran, con distintos lenguajes, un mismo programa de preservación del orden capitalista. En ese sentido, Kast no viene a desmantelar lo realizado por el progresismo, sino a llevarlo a su forma más descarnada, del mismo modo que el progresismo preparó las condiciones políticas y sociales para su ascenso. Como se ha observado en otros procesos —donde la extrema derecha emerge como resultado de derrotas previas de la clase trabajadora y de la descomposición del progresismo—, no se trata de accidentes, sino de momentos de una misma secuencia histórica .