Creo, luego apruebo

por Guillermo Correa

Las creencias son elaboraciones que se instalan profundamente en nuestras mentes y nos llevan a efectuar  determinadas acciones, convencidos que con ellas obtenemos lo que nuestras creencias nos indican. Este razonamiento lógico, respaldado por nuestras creencias, no tiene una connotación positiva o negativa por sí misma, sino que la valoración de los resultados obtenidos obedecerá también a otras creencias y razonamientos subjetivos.

En el mundo del mercado capitalista, la publicidad es un instrumento muy poderoso  y efectivo para instalar creencias, que nos llevan a asumir, casi de manera inconsciente, acciones destinadas a la adquisición y al consumo de determinados productos que se quieren vender.

Este fenómeno de las creencias es el que, a mi modo de ver, se fue instalando de forma paulatina después del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, fenómeno que fue adquiriendo cada vez más fuerza y cuerpo, rompiendo las barreras  de quienes rechazaban rotundamente dicho Acuerdo en un primer momento, denunciándolo como una maniobra de las élites y la clase política institucional destinada a frenar la rebeldía popular y al mismo tiempo dividir el heterogéneo movimiento popular rebelde. De esta forma, paso a paso, se fue instalando como una poderosa creencia la “idea fuerza” de que el proceso constituyente institucional era un gran triunfo del movimiento popular y, además, que permitiría “redactar soberanamente” una “nueva Constitución” que pondría definitivamente fin al modelo económico y político imperante.

Así, este mecanismo -destinado a salvaguardar la institucionalidad creada en dictadura, aunque ya más bien obedezca a la institucionalidad perfeccionada por los gobiernos civiles de la post dictadura, que mediante una serie de reformas de maquillaje transformaron la “Constitución de Pinochet del 80”, en la “Constitución de Lagos del 2005” y que ha mantenido sin modificaciones los pilares fundamentales sobre los que se cimienta la expresión neoliberal del capitalismo- se transformó, por el arte de las creencias, en un instrumento que arrasará con esta sociedad mercantilista, desigual, opresora y represiva, permitiendo “redactar de manera democrática y soberana” la tierra prometida en una supuesta “hoja en blanco”.

Esta creencia, gracias a la manipulación mediática y la publicidad en sus más variadas formas de expresión, se instaló con tal fuerza en quienes asumieron participar de este proceso constituyente institucional, que incluso esconden las limitaciones y el poderoso candado que las élites armaron con astucia y prolijidad, cerrojo que quedó plasmado de manera explícita y clara, sin dobles lecturas, en la Ley 21.200 que regula el Plebiscito del 25 de octubre y la Convención Constitucional que le seguirá.  De este modo, aún cuando lean y estudien detenidamente esta normativa legal, su creencia será más fuerte, subvalorando su contenido, negándolo o acomodándolo a su propia creencia. O tal vez ni siquiera la hayan leído y solo han aceptado lo que la publicidad ofrece apelando a las emociones, como un producto de mercado que será escrito sobre una “hoja en blanco”, propuesta que es concordante con su creencia.

Esta legislación, que define el cuándo, el cómo y el qué se podrá retocar de la actual Constitución heredada de la dictadura cívico militar, pero manteniendo intactos los pilares fundamentales sobre los cuales se sustenta el modelo económico y político actual, ni siquiera es mencionada y menos cuestionada por quienes participaran en este proceso constituyente de las élites, creyendo las maravillosas ofertas publicitadas para reafirmar la creencia ya establecida como una verdad absoluta.Advertisement

Pero existen también otros sectores del campo popular que no han asumido esta creencia y han optado por no participar en el Plebiscito, entre los cuales me incluyo. Es una incógnita el universo que representan, pero su voz crece cada día con más fuerza.

Fotografía facilitada por pobladorxs de Valparaíso

Quedan unos pocos días para que se cumpla un año de la erupción volcánica con que se inició la rebelión popular del 18 de octubre de 2019 y para que,  una semana después, se realice el Plebiscito.

Es probable que las manifestaciones de expresión popular rebelde que se produzcan durante esa jornada, con todas las limitaciones determinadas por el estado de emergencia sanitaria en que nos encontramos y toque de queda incluido, puedan entregar algunas respuestas que hagan tambalear las sólidas bases sobre las que se sustenta la creencia del “gran triunfo popular” que significa el proceso constituyente institucional al que los poderosos de siempre y la clase política institucional han convocado, ya que allí estarán también expresándose las voces de los que no votarán.

“Creo, por lo tanto Apruebo”, deberá confrontarse con otras posiciones presentes en los sectores del movimiento popular rebelde que no han asumido esta creencia, aunque no faltarán quienes criticarán con fuerza estas expresiones de rebeldía -que sin duda se manifestarán antes del Plebiscito y especialmente el 18 de octubre conmemorando un año de la rebelión popular- como negativas para el desarrollo pacífico y republicano del Plebiscito del 25 , apoyándose naturalmente para ello en la creencia que ya tienen instalada y asumida.

Las serenas aguas de la creencia del “creo luego apruebo” han comenzado a agitarse,  en un debate ideológico incipiente y necesario, que ha comenzado a formar pequeñas olas disidentes del discurso “oficial del apruebo”, pero que será necesario ir profundizando para continuar la lucha en contra del injusto modelo económico y social imperante, que permita al mismo tiempo al movimiento popular rebelde organizar y construir un nuevo instrumento que defina y oriente los caminos de la rebeldía y la unidad en la acción.

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