Allende: el discurso final, la derrota del reformismo y la memoria confiscada

por Gustavo Burgos

Cada 11 de septiembre el último discurso de Salvador Allende vuelve a escucharse como si el tiempo se hubiese detenido a las nueve de la mañana de 1973. Su voz sobreviviendo al estruendo de los Hawker Hunter, el palacio en llamas, las últimas palabras transmitidas por Radio Magallanes y la decisión personal de no rendirse han adquirido la condición de una escena fundacional de la memoria política chilena. Pero precisamente porque se trata de una escena extraordinaria, cargada de una potencia moral difícilmente comparable en la historia universal, existe la obligación de hacer con ella algo más que emocionarse. Allende no habló únicamente como un hombre que sabía que iba a morir. Habló como jefe de un proceso político derrotado y, en sus palabras finales, quedaron condensados tanto la extraordinaria dignidad personal del Presidente como los límites históricos de la estrategia que había conducido a la Unidad Popular hasta aquel callejón sin salida. Ya hemos sostenido que la grandeza moral de Allende no puede ocultar el contenido político de aquellos discursos: mientras el golpe destruía materialmente el gobierno, la convocatoria a los trabajadores continuaba subordinada hasta el último instante a la institucionalidad y a las instrucciones presidenciales; el poder independiente de la clase obrera, cuya expresión embrionaria habían sido los Cordones Industriales, nunca apareció como alternativa estatal frente al derrumbe del aparato constitucional.

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Seis días antes del golpe, los Cordones Industriales plantearon la cuestión del poder: ¿Dónde está el nuevo Estado?

por El Porteño

Seis días antes del golpe de Estado —la carta está fechada el 5 de septiembre de 1973—, los Cordones Industriales formularon algo considerablemente más profundo que una advertencia desesperada a Salvador Allende. Leída junto a los últimos textos de Luis Corvalán y al discurso pronunciado por Carlos Altamirano el 9 de septiembre, la carta permite reconstruir la contradicción fundamental que atravesó a la Unidad Popular: mientras la movilización obrera había comenzado a producir organismos que planteaban embrionariamente el problema del poder, las principales direcciones de la coalición continuaban concibiendo la crisis dentro del horizonte del Estado existente. La diferencia entre su ala derecha y su ala izquierda fue enorme en el lenguaje, en la actitud frente a la Democracia Cristiana y en la disposición al enfrentamiento; pero resultó mucho menor —y finalmente insuficiente— respecto de la cuestión decisiva: qué poder debía sustituir al poder burgués que preparaba abiertamente la contrarrevolución.

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A cuarenta años del atentado a Pinochet: la revolución que la transición quiso borrar

A la memoria de José Carrasco Tapia, Gastón Vidaurrázaga Manríquez, Felipe Rivera Gajardo y Abraham Muskatblit Eidelstein, secuestrados y asesinados por agentes de la dictadura en una operación de terror de Estado desplegada inmediatamente después del atentado y que acompañó la declaración del Estado de Sitio ordenada por el régimen de Pinochet.

por Gustavo Burgos

El 7 de septiembre de 1986, hace exactamente cuarenta años, un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez emboscó la comitiva de Augusto Pinochet en la cuesta Las Achupallas, en el Cajón del Maipo. La llamada Operación Siglo XX movilizó a una veintena de combatientes, armas automáticas, explosivos y lanzacohetes contra el núcleo material del poder dictatorial. Pinochet sobrevivió; cinco integrantes de su escolta murieron y otros resultaron heridos. La operación fracasó en su objetivo inmediato, pero consiguió algo que la reconstrucción posterior de aquellos años se ha empeñado sistemáticamente en disminuir: demostrar materialmente que la dictadura podía ser golpeada, que su jefe no era intocable y que, en el Chile de 1986, la cuestión del poder no se planteaba exclusivamente —ni siquiera principalmente— en los términos electorales mediante los cuales posteriormente sería narrado el final del régimen. La Operación Siglo XX se produjo, además, en el punto culminante de un ciclo de movilización iniciado con las protestas nacionales de 1983 y desarrollado mediante paros, barricadas, enfrentamientos poblacionales, movilizaciones estudiantiles, huelgas y formas crecientes de autodefensa popular. No fue un meteorito militar caído desde fuera de la lucha de clases, sino una de sus expresiones más extremas.

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Jeannette Jara acerca de Galvarino Apablaza: sacándose el muerto

por Ricardo Candia Cares

Jeannette Jara se inhibe de una manera torpe tanto como traidora de opinar acerca de lo que sucede con Galvarino Apablaza, del cerco que se ha tendido sobre él, de la fruición con que la ultraderecha asiste a su posible extradición a Chile y a quien la ignara vocera gubernamental da por condenado.

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Reseña de «De la rebelión popular a la sublevación imaginada» de Luis Rojas: la política armada como problema histórico de la revolución chilena

por El Porteño

De la rebelión popular a la sublevación imaginada. Antecedentes de la Historia Política y Militar del Partido Comunista de Chile y del FPMR (1973-1990), de Luis Rojas Núñez, es una obra imprescindible para cualquiera que pretenda abordar con seriedad la cuestión militar en la historia reciente de Chile y, sobre todo, para quienes buscan extraer lecciones políticas vivas para el presente. Lejos del tono apologético o del relato memorialista despolitizado, el libro asume desde el inicio que el problema central no es solo narrar “lo ocurrido”, sino comprender por qué un proyecto político-militar de masas, con niveles inéditos de organización y combatividad popular, no logró imponerse frente a la dictadura, mientras sí lo hizo la salida pactada que aseguró la continuidad del orden neoliberal.

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Anticipando nuevas derrotas: el Informe del Pleno del Comité Central del PC y la renuncia a la lucha de clases

por Gustavo Burgos

El Informe del Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Chile, constituye un esfuerzo sistemático por dotar de épica y respetabilidad política a la derrota electoral de Jeannette Jara en la segunda vuelta presidencial de diciembre de 2025. El documento se presenta con un tono rigurosamente técnico y burocrático, y se inscribe en una tradición larga del PC: explicar las derrotas no como producto inmediato de errores propios, sino como expresión de circunstancias externas, de ciclos históricos más amplios, en este caso caracterizados por una “ola reaccionaria” de alcance mundial, un “nuevo clivaje pueblo-élite” y una profunda despolitización social inducida por el neoliberalismo y amplificada por los medios de comunicación y las redes sociales. El informe afirma, en términos explícitos, que la elección “no puede ser leída de manera aislada ni reducida exclusivamente a factores internos de campaña”, sino como parte de un proceso estructural que excede al propio partido y a la coyuntura nacional.

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