por Fernando López MacKenzie
La evolución reciente de la guerra en Irán revela, bajo la forma de un repliegue discursivo, una tendencia objetiva a la derrota del imperialismo norteamericano encabezado por Donald Trump, cuya política ha transitado desde la proclamación de objetivos maximalistas —cambio de régimen, neutralización total del aparato militar iraní y reapertura del estrecho de Ormuz— hacia una redefinición pragmática que permite declarar “cumplidas” metas que, en los hechos, no han sido alcanzadas. Tal como señala The Times of Israel, el propio gobierno estadounidense estaría dispuesto a poner fin a la campaña incluso si el régimen iraní permanece en pie y conserva capacidad de amenaza, lo que equivale a reconocer que el núcleo político de la guerra —la transformación del régimen— ha fracasado. A su vez, la información demuestra que Washington comienza a abandonar uno de sus objetivos estratégicos más concretos, la reapertura del estrecho de Ormuz, desplazando la responsabilidad hacia terceros países y reduciendo así el conflicto a una operación limitada de desgaste, compatible con una retirada ordenada.