Chile, en su laberinto político e histórico

por Juan Carlos Gómez Leyton

La sociedad chilena a siete mes del primer año de gobierno de la extrema derecha que preside José Antonio Kast y el Partido Republicano comienza a mostrar signos de un agotamiento prematuro. Este se expresa, por una lado, en el constante crecimiento de la desaprobación y descontento ciudadano de la gestión gubernamental, que según la última encuesta de Criteria, llega al 60%; y por otro, en la masiva movilización de estudiantes universitarios, secundarios y funcionarios de la salud primaria como de profesores en protesta por los “recortes” de beneficios y de programas sociales de diferentes áreas en el presupuesto 2027, que inicia su discusión parlamentaria.

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Miguel Woodward: el cura obrero de Valparaíso y el cristianismo que tomó partido

por Valeria Menéndez

La historia de Miguel Woodward Iriberry (en la foto de portada, de bigotes y maletín, marcha en primer plano) ocupa un lugar singular en la memoria política de Valparaíso. Sacerdote, ingeniero, obrero industrial, dirigente sindical y militante del MAPU, su trayectoria reunió en una sola vida varias de las corrientes que atravesaron la radicalización política de América Latina durante las décadas de 1960 y 1970: la irrupción del movimiento obrero como actor político independiente, la crisis del viejo orden oligárquico, la Revolución Cubana, la renovación de la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II y el surgimiento de un cristianismo que ya no se conformaba con predicar caridad hacia los pobres, sino que comenzaba a interrogarse acerca de las estructuras económicas que producían la pobreza. Woodward perteneció a esa generación de cristianos que llevó aquella conclusión hasta sus consecuencias políticas. Su vida terminó después del golpe militar de 1973: fue detenido por fuerzas vinculadas a la Armada, torturado y murió bajo custodia de agentes del Estado, mientras su cuerpo nunca fue recuperado. La documentación histórica registra su muerte el 22 de septiembre de 1973.

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Sergio Grez en el Plenario de Antofagasta: «Charla sobre historia y desafíos del movimiento sindical»

La intervención del historiador Sergio Grez en el Primer Plenario Laboral de Antofagasta, realizado el pasado 26 de agosto, tuvo un mérito que conviene destacar desde el comienzo: uno de los historiadores más importantes del movimiento popular y obrero chileno decidió hablar de la historia desde dentro de su objeto de estudio, asumiendo sin ambigüedades un compromiso de clase. No se trata de confundir investigación histórica con propaganda ni de sustituir el rigor documental por consignas. Se trata, precisamente, de reconocer aquello que buena parte de la academia contemporánea procura ocultar bajo el fetiche de una supuesta neutralidad: que la historia de los trabajadores es la historia de una sociedad dividida en clases y que estudiarla significa necesariamente enfrentarse al problema de la explotación, la propiedad y el poder. Grez lo formula de manera directa cuando recuerda que los sindicatos, correctamente concebidos, son «organizaciones de lucha de clases». No constituye una declaración retórica. Es la conclusión que extrae de la propia formación histórica del proletariado chileno: los trabajadores avanzaron desde las organizaciones de socorro mutuo hacia organizaciones específicamente sindicales cuando comprendieron que el problema ya no podía resolverse únicamente mediante la solidaridad entre explotados, porque su raíz estaba en la posesión de los medios de producción y en el poder social de la clase capitalista.

Esa reconstrucción histórica conduce directamente al presente. La derrota de 1973 no aparece en la exposición de Grez simplemente como la caída de un gobierno, sino como una derrota estratégica de la clase trabajadora, deliberadamente perseguida por la contrarrevolución para modificar las relaciones de fuerza sociales y asegurar una reorganización capitalista que sobreviviría largamente a Pinochet. El Plan Laboral, la atomización sindical, la negociación encerrada en los límites de la empresa y el debilitamiento de la huelga fueron instrumentos de esa operación. Pero Grez introduce una conclusión todavía más incómoda: la salida pactada de la dictadura no desmontó ese dispositivo, sino que permitió su consolidación y legitimación bajo los gobiernos civiles. De allí surgió un sindicalismo crecientemente integrado a las mesas de diálogo, dependiente de los partidos del régimen y reducido demasiadas veces a administrar los estrechos márgenes que la institucionalidad concede al conflicto entre capital y trabajo. En palabras de Grez, terminó predominando un «sindicalismo de colaboración de clases», precisamente cuando la burguesía jamás abandonó su propia conciencia de clase. La contradicción es brutal: mientras la CPC, la SOFOFA y las organizaciones empresariales actúan disciplinadamente en defensa de sus intereses históricos, a los trabajadores se les ha enseñado durante décadas que hablar de clase, independencia política o lucha de clases sería un anacronismo.

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Francia: movilización popular de los chalecos amarillos

por Léon Cremieux //

 

Desde hace casi un mes se desarrolla en Francia un movimiento que no tiene precedentes. El 17 de noviembre, a lo largo y ancho de Francia se produjeron no menos de 2500 bloqueos de carreteras y de peajes de autopistas, en una movilización que aglutinó a 300.000 chalecos amarillos (porque los manifestantes se colocan el chaleco amarillo obligatorio en los vehículos). Durante toda la semana posterior se han seguido manteniendo numerosos bloqueos en ciudades de tamaño medio. Y el sábado 24, de nuevo, se han desarrollado multitud de acciones en las que han participado más de 100.000 personas, de las cuales 8.000 a Paris en los Campos Elíseos, provocando más de 1.600 bloqueos

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