por Valeria Menéndez
La muerte de Camilo Escalona Medina, ocurrida este 4 de septiembre, ha dado lugar a una sucesión previsible de homenajes en los que se lo presenta como uno de los grandes dirigentes del socialismo chileno contemporáneo. La fórmula se repite: dirigente popular, resistente a la dictadura, constructor de la unidad socialista, presidente del Partido Socialista, parlamentario y presidente del Senado. Todo ello es, formalmente, cierto. Pero justamente por eso resulta insuficiente. Porque si alguna significación histórica posee la trayectoria de Escalona no radica simplemente en la continuidad de una militancia iniciada en su adolescencia, sino en la formidable transformación política experimentada por una parte sustancial de la izquierda chilena durante las últimas décadas del siglo XX: aquella que comenzó hablando en nombre de la clase trabajadora y terminó administrando, legitimando y defendiendo las instituciones económicas y políticas del orden capitalista.