por Cédric Durand
En El capitalismo tardío, la obra magna de Ernest Mandel, publicada por primera vez a principios de los años setenta, el militante y pensador marxista señalaba que esta etapa del capitalismo “lejos de representar una sociedad postindustrial, aparece así como el período en el que todas las ramas de la economía están completamente industrializadas por primera vez” 1. En su opinión, la industrialización plena no se refiere al desarrollo de la industria manufacturera en sentido estricto, sino a la generalización de la lógica industrial a todas las ramas de la producción y a la sociedad en su conjunto. Esta lógica industrial es la lógica del trabajo abstracto: la comparabilidad universal de los procesos de trabajo concretos a través del intercambio de mercancías, que se deriva de la dinámica de la valorización y de su expansión constante en alcance y profundidad. Bajo la amenaza de la eliminación, la competencia entre los capitales implica “una presión permanente para acelerar la innovación tecnológica, (…) una constante búsqueda de rentas tecnológicas que solo pueden obtenerse mediante la renovación tecnológica permanente” 2.