por Enrico Tomaselli
Uno de los aspectos cruciales en un conflicto armado es la gestión de la escalada. Quien logre controlarla tendrá, automáticamente, una poderosa herramienta para moldear el conflicto. Parece bastante claro que, en la guerra ruso-ucraniana, el mayor esfuerzo de Rusia consistió precisamente en gestionar la escalada de la OTAN, lo cual, sin embargo, logró principalmente intentando contenerla. Durante los últimos 51 meses de guerra, las fuerzas ucranianas y la Alianza Atlántica han traspasado innumerables líneas rojas, y Moscú siempre ha intentado, fundamentalmente, no responder elevando el nivel del conflicto, prefiriendo recibir el golpe y demostrar su ineficacia estratégica. Obviamente, esto no ha desanimado en absoluto a los atlantistas, quienes siempre lo han interpretado como una oportunidad para dar un paso más allá, que es precisamente lo que han hecho.