por David North
Mi vida: un intento de autobiografía comienza así: “Nuestros tiempos vuelven a ser ricos en las memorias, quizá más ricos que nunca. Es porque hay tanto que contar.” La observación era acertada. La década de 1920 fue testigo de la publicación de numerosas autobiografías de políticos que habían desempeñado un papel fundamental en los acontecimientos previos, durante y después de la Primera Guerra Mundial. No solo había mucho que contar: también había mucho que justificar, explicar o sobre lo que descargar la culpa. La obra en varios tomos La crisis mundial de Winston Churchill llevó a cabo las tres tareas, con su característica grandilocuencia reaccionaria. Las memorias de otros titanes políticos de la época se desvanecieron rápidamente de la conciencia. En su mayoría, sus libros han disfrutado de una retirada tranquila y duradera en librerías de segunda mano, donde encuentran pocos compradores, y en bibliotecas públicas, donde descansan sin ser molestados. Los minoristas online han salvado, quizás, a algunos autores de memorias del olvido. Incluso La Crisis Mundial de Churchill casi ha sufrido el mismo destino, y habría sido totalmente olvidada de no ser porque la Segunda Guerra Mundial le brindó la oportunidad de celebrar sus logros en otro conjunto de memorias un millón de palabras más largas que la primera.