por El Porteño
La decisión de Gendarmería de Chile de impedir que Héctor Llaitul Carrillanca concurriera al funeral de su hermano en Osorno constituye un acto de crueldad penitenciaria difícilmente compatible con los principios humanitarios que deben regir el cumplimiento de una condena. No se trataba de una petición de libertad, de modificación de la pena ni de un beneficio penitenciario ordinario. Se solicitó algo mucho más elemental: que un hombre privado de libertad pudiera despedir a su hermano muerto y acompañar a su madre anciana en uno de los momentos más dolorosos de la vida familiar.