La vía institucional versus resistencia y control territorial

por Héctor Llaitul Carrillanca

Bajo un Estado capitalista y colonial es imposible garantizar los derechos fundamentales de los pueblos originarios. En una semana se inicia el juicio en mi contra. Un juicio que es sin lugar a dudas, contra la Coordinadora Arauco Malleco – CAM y su propuesta política de liberación nacional Mapuche. Un juicio que se avecina y que se levanta como una expresión clara de persecución política al movimiento autonomista mapuche, y que se da en momentos en que observamos una mayor derechización del gobierno actual, bajo la presión de los sectores más conservadores de la ultraderecha chilena.

Una realidad que se ve expresada no sólo por la militarización del Wallmapu, sino por la entrega del litio a los empresarios inescrupulosos y fascistas, también por en el llamado al COSENA y las últimas limitaciones de los derechos «civiles y democráticos» que permiten implementar un Estado policiaco de carácter represivo y autoritario al servicio de los poderosos de siempre.

Bajo estas condiciones en pocos días, Chile deberá rendir su examen periódico ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Se trata del cumplimiento e implementación del Pacto de los Derechos Civiles y Políticos por parte del Estado chileno, que los obliga a exponer respecto de la situación de los DD.HH en general y del conflicto que mantiene el Estado con el pueblo Mapuche.

En ese informe que presentará el Estado chileno debiera pronunciarse en otras cosas, sobre lo ocurrido en la región de Aysén, para nosotros territorio ancestral, acerca de la aplicación de la Ley Nº 20.249 o la llamada ley Lafkenche, una bandera esgrimida desde la seudo izquierda o el mal llamado progresismo.

Se suponía que con esta ley se crearían los espacios costeros marinos de pueblos originarios, al menos eso decía el discurso oficial. Pero el jueves 29 de febrero quedó una vez más en evidencia, la alianza entre el gobierno, los poderes locales y el gran empresariado, al rechazar la petición de las comunidades de la zona que hace 7 años vienen pidiendo el uso del borde costero como lo señala dicha ley. Así también, queda de manifiesto el fracaso de la vía institucional, porque nunca garantizará los derechos humanos de los pueblos originarios cuando se reclama por demandas ancestrales y culturales.

Los hechos y las contradicciones se reflejan claramente en lo ocurrido con la Ley Lafkenche, lo mismo que les sucedió antes con la discusión del primer texto constitucional, donde se debatió el derecho de las comunidades a salvaguardar su cosmovisión basado en los derechos culturales, políticos y económicos de las comunidades, una propuesta de los constituyentes, la cual también resultó un fiasco.

En definitiva, bajo la institucionalidad actual con un Estado capitalista y de naturaleza profundamente colonial siempre prevalecerán las posiciones conservadoras, racistas y los intereses económicos de la oligarquía, por lo que se hace necesario indicar que todas las medidas que implementa el Estado no sólo resultan infructuosas sino funcionales al sistema, perpetuando el despojo y dando luz verde por parte de la gobernanza a la devastación de nuestra ñuke Mapu. Situación que trae aparejado la nula garantía de defensa de los derechos de los Mapuche, lo cual inviabiliza uno de los derechos fundamentales de todo pueblo y colectivo humano, que es el derecho de autodeterminación, al ejercicio de la autoridad en el territorio, entiéndase la soberanía, así como la práctica de otros derechos, por ejemplo, el de aplicar un tipo de justicia consuetudinaria basado en las tradiciones.

Por lo tanto, con esto se cae todo lo esgrimido por los especialistas en el derecho consuetudinario indígena ligados a la seudoizquierda para supuestamente proteger los espacios territoriales de importancia para las comunidades Mapuche. En definitiva, nada está garantizado de forma segura por la institucionalidad chilena, y esto queda demostrado al observar que cuando la institucionalidad está comprometida con el sistema capitalista, a través de un programa de gobierno neoliberal, no será capaz nunca de salvaguardar a las comunidades ni sus tradiciones, menos el uso de recursos naturales ya sea en el borde costero o en cualquier otro espacio de la territorialidad en disputa.

En el fondo y como siempre, todo queda reducido a declaraciones vacías y propuestas fracasadas. Quedando en evidencia concreta y, sin lugar a dudas, que con esta institucionalidad y los mecanismos que ofrece, ya sea en el plano social, económico o cultural son una absoluta falacia. Y solo demuestra que por esta vía el pueblo Mapuche seguirá desprotegido frente a la ambición y los intereses de los privados que ya cuentan con todo el respaldo jurídico, político e institucional del Estado, para continuar con la expoliación y depredación de la territorialidad ancestral. En definitiva y en este caso es de comprender por qué el gobierno del presidente Boric se alineó con las salmoneras y la industria pesquera.

Un hecho que reafirma lo que hemos sostenido permanentemente: existe una constante discriminación y racismo por parte de la institucionalidad opresora, toda vez que la clase política económica chilena refuerza el poder de dominación en nuestro territorio. Y que cuando el sistema dominante se entrampa en un falaz intento por compatibilizar el sistema de producción extractivista (capitalista colonial) con el modo de vida de los Mapuche, su respuesta final será el golpe de timón a favor de una salida que beneficie al gran capital.

Es por lo anterior, que hemos de reafirmar una vez más, que como movimiento autonomista estamos en la senda correcta y viable para la recuperación y defensa de nuestro territorio histórico y ancestral. Que nuestra propuesta política, basada en la lucha frontal por el territorio y la autonomía para la causa mapuche, está más vigente que nunca. Y es en esa dirección que hacemos la convocatoria a extender las experiencias de control territorial para desarrollar la autonomía de facto, la autonomía en los hechos hasta lograr un tipo de autonomía revolucionaria y reinstalar así el mundo mapuche tal como nos legaron nuestros futa keche kuifi. Por lo mismo, es que debemos luchar decididamente por la recuperación y defensa de los territorios sin tranzar y resistiendo al verdadero enemigo, hoy representado en el Estado capitalista y colonial.

Por territorio y autonomía, avanzamos en la liberación Nacional Mapuche.

   Héctor LLaitul Carrillanca    werken CAM
Ir al contenido