por Eric Toussaint
Durante casi tres décadas, Washington consideró a China como un socio económico indispensable del que se beneficiaba y que estaba llamado a prosperar dentro del orden capitalista internacional dominado por Estados Unidos. Este enfoque se ha hecho añicos. En el espacio de diez años, China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un competidor cooperativo a un «adversario estratégico principal ». Esta transformación no es el resultado de un cambio de régimen en Pekín ni de una ruptura de China con el sistema capitalista globalizado, sino todo lo contrario: el rápido ascenso de una potencia que ha sabido explotar las reglas del orden capitalista existente hasta el punto de amenazar su jerarquía. Comprender esta evolución es indispensable para entender la lógica de confrontación que ahora asume Washington, especialmente en el Indo-Pacífico, y los riesgos de nuevas conflagraciones que ello supone para los pueblos del planeta.