por Alejandro Valenzuela Torres
La intervención política revolucionaria en medio de una campaña electoral como la que hoy vive Chile —marcada por la polarización entre la extrema derecha y la candidatura social-liberal de Jeannette Jara— representa uno de los desafíos tácticos y estratégicos más complejos para el activismo clasista y revolucionario. En tales coyunturas, el campo político se estrecha en torno a la falsa dicotomía entre «democracia» y «autoritarismo», que no es otra cosa que la disputa entre facciones del mismo régimen burgués por el control del aparato de Estado. En efecto, la lógica plebiscitaria que impone la polarización borra del horizonte a la clase trabajadora como sujeto político y reduce toda la acción política al campo institucional. En este marco, el dilema para los revolucionarios no es si participar o no, sino cómo intervenir sin ser absorbidos por la lógica del régimen. Se trata de participar sin integrarse, de usar las elecciones no como un fin en sí mismo, sino como un medio subordinado a la estrategia de construcción de poder obrero.