por Gustavo Burgos
La afirmación de Álvaro García Linera —“cuando hay problemas, o le impones impuestos a los ricos o le quitas dinero a los pobres”— tiene la eficacia de una consigna inmediata. Plantea una disyuntiva comprensible frente a la crisis fiscal: que paguen los capitalistas o que pague el pueblo trabajador. En ese plano elemental, la frase parece colocarse del lado correcto de la barricada social. Pero su límite aparece precisamente allí: reduce la lucha de clases a una disputa tributaria y deja intacto el problema fundamental, que es la propiedad capitalista de los medios de producción y el poder de clase que organiza la sociedad. La deriva capitalista del MAS de Evo Morales en Bolivia, de la que García Linera es su mentor, se encuentra en la base de este razonamiento, muy extendido en el progresismo latinoamericano.