Cada cierto tiempo se confunde mi larga estadía en el barrio Yungay (1958-1973 y luego 1986-2024, o sea 53 años de vida de los 71 año que he vivido), para que se crea que mi poema Bello Barrio está dedicado o inspirado en el Barrio Yungay. Pero no es así.
Lo he contado en múltiples ocasiones. Y no está de más decirlo otra vez. Rastreaba yo a fines del año 85 del siglo pasado (o siglo pesado), digo, rastreaba yo nidos de rockeros para una investigación que realizaba como novel sociólogo recién titulado en The City University de la ciudad de Londres, Inglaterra, que había denominado “La Sub-Cultura del Rock en Chile”, cuando un amigo (hoy ex-amigo), me sugirió visitar a unos hermanos que tenían un taller de reparaciones de automóviles por Mapocho a la altura del 4 mil y tantos. Y allá fui.