Carta de Albert Einstein, Hannah Arendt y otras personalidades judías al New York Times el 2 de diciembre de 1948: «Los dirigentes israelíes son fascistas»

Entre los fenómenos políticos más inquietantes de nuestra época tenemos, en el Estado de nueva creación de Israel, la aparición del «Partido de la Libertad» (Tnuat Haheteur) (1), un partido político con un enorme parecido en cuanto a su organización, métodos, filosofía política y planteamientos sociales, a los partidos nazi y fascista. 

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Einstein y Landau: genios científicos y en consecuencia… ¡anticapitalistas antiestalinistas!

por Yorgos Mitralias

Prácticamente todo el mundo conoce el nombre de Einstein [1], pero el nombre de Lev Landau [2] le suena solo a algunos adeptos a las ciencias exactas. Y sin embargo, los dos presentan varios puntos en común: ocupan un lugar destacado en la pequeña lista de los mayores genios del siglo pasado. Se distinguieron por su libertad de pensamiento y el anticonformismo de su vida. Y sobre todo, ¡compartieron posiciones políticas tratadas, a menudo y con razón, de extremistas, de revolucionarias y de subversivas con todo orden establecido! Y de las que, naturalmente nadie os ha hablado nunca…

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La batalla de la gravedad: Newton vs. Einstein

por Simon Singh

Las ideas de Einstein eran tan iconoclastas que los representantes de la comunidad científica convencional necesitaron algo de tiempo para aceptar a este sedentario funcionario entre sus filas. Aunque publicó su teoría especial de la relatividad en 1905, no fue hasta 1908 que obtuvo su primer cargo académico en la Universidad de Berna. Entre 1905 y 1908, Einstein continuó trabajando en la oficina de patentes de Berna, donde fue promovido a “técnico experto de segunda clase” y donde dispuso del tiempo suficiente para proseguir sus esfuerzos encaminados a ampliar el poder y el alcance de su teoría de la relatividad.

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La canción del universo

por Anthony Zee

Unas cuantas notas tenues

Finalmente, la larga espera había llegado a su fin; la raza humana en el planeta Tierra había escuchado colectivamente la canción del universo.[1] Sí, nosotros, los miembros de una especie más bien malévola aunque bastante inteligente, podemos afirmar con orgullo que hemos detectado las ondas del espaciotiempo, tan solo unos miles de millones de años después de que la vida emergiera del limo primordial.

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Albert Einstein, ciencia y conciencia

por Francisco Fernández Buey

Se cumplen ahora cien años de la publicación, en Annalen der Physik, de los artículos en que Einstein dejó formulada la teoría de la relatividad especial. Y se cumplen también cincuenta años de la muerte del físico que fue unas cuantas cosas más. En los cincuenta años que transcurrieron desde la publicación, en 1905, de aquellos artículos pioneros que cambiaron el curso de la física hasta la muerte de Einstein, en 1955, éste se había convertido en una leyenda en vida. Y, en los siguientes cincuenta años transcurridos desde que nos dejó hasta la fecha en que escribo, esta leyenda no ha dejado decrecer.

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Albert Einstein. Constructor de Universos

El 7 de noviembre de 1919 Gran Bretaña se disponía a celebrar el primer aniversario del armisticio que había puesto fin a la Primera Guerra Mundial. Aquél día, los artículos del Times de Londres estaban en gran parte dedicados a recordar los acontecimientos del año anterior y a honrar a los soldados de Su Majestad caídos en combate. Pero uno de los titulares destacaba entre todos los demás anunciando con énfasis una Revolución en la ciencia, y añadiendo de modo perentorio: Demolidas las ideas de Newton. Fue precisamente este aspecto de la noticia el que atrajo la atención de los lectores: ¿quién osaba destronar al mayor científico inglés de todos los tiempos? Podemos fácilmente imaginar la turbación de quien, al avanzar en la lectura del artículo, descubría que quien había cometido el increíble sacrilegio había sido un representante de la nación enemiga, un alemán llamado Albert Einstein.

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La temperada racionalidad del ateísmo

por Salvador López Arnal //

No puedo imaginar a un Dios que recompense y castigue a sus criaturas, o que tenga una voluntad parecida a la que experimentamos dentro de nosotros mismos. Ni puedo ni querría imaginar que el individuo sobreviva a su muerte física […] Yo me doy por satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con la conciencia de un vislumbre de la estructura maravillosa del mundo real, junto con el esfuerzo decidido por abarcar una parte, aunque sea muy pequeña, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.

ALBERT EINSTEIN (1934),

El mundo tal como yo lo veo.

Pistas y creencias

Los asuntos teológicos pueden ser un buen material para excelentes bromas filosóficas. Un ejemplo. Cuando a Bertrand Russell, el autor de Por qué no soy cristiano, le preguntaron qué le diría al Altísimo si se lo encontrase cara a cara en las puertas del paraíso, respondió con admirable rigor metodológico: “Oh, Señor, ¿por qué no nos diste más pistas?”

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