La biografía de Trotsky escrita por Isaac Deutscher, tan grande en extensión como en imaginación y aparato intelectual, hace que uno vuelva a preguntarse: ¿por qué cayó Trotski? ¿Qué condujo a la catástrofe al virtuoso táctico de la Revolución bolchevique, hombre que igualaba, y en algunos momentos superaba, a Lenin en previsión y brillantez de mente?
Las causas son complejas y las raíces de éstas se encuentran en el triunfo de la victoria. En diciembre de 1919, Trotski estaba en el pináculo de sus triunfos políticos y militares. A lo largo de una circunferencia de unos ocho mil kilómetros, los ejércitos blancos habían sido derrotados, articulados y puestos en fuga. Yudenich y sus carros blindados británicos fueron detenidos a las puertas de Petrogrado. En el frente austral, los guardias blancos estaban retirándose en desorden de Kiev y Poltava. En Siberia, el mito del almirante Kolchak de una Rusia antisoviética tocaba macabramente a su fin. En el Séptimo Congreso de los Soviets, Trotski, de nuevo izada, la bandera roja, parecía personificar aquella inventiva, osadía e impasibilidad de las esperanzas que habían hecho posible la victoria. Para el mundo, su nombre era leyenda.