por Alejandro Valenzuela Torres
Las recientes declaraciones de Donald Trump, en las que amenaza con “borrar” a Irán “de la faz de la Tierra” y reducir su civilización a escombros por un siglo, no constituyen una simple hipérbole retórica ni un exabrupto propio de la política espectáculo. Se trata, en su forma más desnuda, de una formulación programática del genocidio como instrumento legítimo de la política exterior imperialista. La referencia a destruir “para siempre cualquier resto de la civilización persa” no alude a objetivos militares específicos, sino a la aniquilación deliberada de un pueblo, de su historia y de sus condiciones materiales de existencia. En términos jurídicos y políticos, estamos ante una declaración que encuadra sin ambigüedades en la lógica del exterminio: la voluntad explícita de provocar la muerte de millones de personas y de arrasar una nación entera.